FOLLANDO CON MI JEFA: Una historia real (Tercera parte)

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Al día siguiente, Nora no fue a trabajar y recién lo hizo al segundo día. Llegó silenciosa y con grandes anteojos negros; pasó con la cabeza gacha a mi lado, murmurando apenas un “buenos días” y se dirigió directamente a su oficina, en la cual estuvo encerrada la mayor parte del día. A la hora de salir, me sorprendió que su marido viniera a buscarla, cosa que nunca había hecho antes.
No entendía que pasaba, pero a pesar de mi curiosidad le resté importancia al suceso. Volví a mi casa (vivo solo), comí algo y me acosté a dormir, pensando que mañana sería otro día. Así transcurrió otro día y al siguiente Nora me llamó a su despacho. Me preguntó dónde podíamos conversar de manera discreta y sin peligro. “Sin peligro” pensé, ¿Qué ocurría? Podemos ir a mi casa, le dije, allí estaremos bien. Así lo hicimos y, mientras nos apoltronábamos en los sillones, serví un par de whiskies. Se sacó los anteojos oscuros y pude observar la presencia de un moretón en su mejilla, sabiamente disimulado por el maquillaje. “¿Qué pasó?” le pregunté preocupado, mientras la apretaba entre mis brazos. Rompió a llorar entrecortadamente y cuando pudo calmarse un poco, me contó que la noche en que hizo el amor conmigo, su marido también quiso poseerla; como ella se resistió la tomó por la fuerza. Le introdujo un dedo en la vagina y se encontró con todo el semen que yo le había eyaculado adentro; tras lo cual le propinó dos sonoras cachetadas en la cara y se fue a dormir a un hotel. “Y así estamos hasta el día de hoy” me dijo, almorzamos juntos pero no me habla y cuando llega la noche, se marcha a su hotel”. “¿Consideras que es mejor dejarnos de ver por un tiempo hasta que la situación mejore?” le pregunté. “¡De ninguna manera!” exclamó con fuerza. “Soy tu esclava y ahora soy tu mujer; quiero que entiendas que estoy loca por ti y NADA podrá cambiar eso”. Dicho lo cual se desnudó completamente (yo hice otro tanto) y tomados de la mano fuimos hasta la cama, se recostó blandamente y abriendo la vagina con ambas manos, me susurró entrecortadamente: “Ven a ocupar tu casa, de hoy en más será únicamente tuya”. La penetré con fuerza y comenzó a jadear enloquecida; pude notar que iba a acabar pronto porque enterró sus uñas en mi espalda y gritando una vez más, me bañó con un orgasmo delicioso; de esos que solamente ella podía dar. “Hazme acabar otra vez” –me urgió, hambrienta. Verdaderamente era multiorgásmica, como me lo había dicho; pues bastaba que moviera un poco la verga en su interior, para que inmediatamente le sobreviniera un tremendo orgasmo. ¡No lo podía creer, poseer semejante hembra! ¡Y era mía! Coño, comenzaba a enamorarme y eso no estaba en mis planes. Me apronté para acabar dentro de ella, pero sacó la verga de su chocho y se la puso en la boca. Comenzó a mamarla mirándome fijo a los ojos. “¡Mírame, hijo de puta” – me gritó- “porque soy tuya y te daré todo!” En verdad no sé cómo lo hizo, pero metió mi gruesa verga hasta su garganta, momento que aproveché para acabar con fuerza. Sentí como se atragantaba, parecía que le faltara el aire, que no podía respirar. Finalmente cuando pudo tragar todo el semen entrecortadamente alcanzó a murmurar: “Tienes que alimentarme siempre, por distintos lugares”. Esto último me sonó a una promesa de mejores cosas aún. ¿No lo creéis vosotros?

Continuará (última parte)

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