FOTOS… FANTASIAS QUE SE CUMPLEN Y SE DEJAN LLEVAR (IV: YOLANDA SE LO PIENSA).

Mi hermana entró en el cuarto golpeando la puerta muy rápido. Sin decirme nada abrió el armario y buscó por los cajones de abajo, los cajones donde yo guardaba la ropa de Yolanda o los mismos cajones en donde nuestra madre creía que Belén guardaba la ropa que no cabía en su cuarto. Después de remover todas mis faldas y braguitas nuevas mi hermana cruzó los brazos y me miró muy seria.

– ¿Dónde cojones está la camisa negra, herma?

Yo me di la vuelta y deje de chatear por unos segundos.

– ¿la negra tan ceñida?, y yo que sé, joder, te la pusiste tú la última…

Mi hermana rebuscó quitando unos jerséis grises de tío y levantó la camisa negra de manga corta con ambas manos.

– ¿Cuantas veces te he dicho que tu ropa es tu ropa y la mía es mía?…

Yo la miré con cara culpable y ladeé la cabeza un poco. Aquella camisa me quedaba de muerte junto con los pechos que me había comprado en una tienda especializada del centro. Me hacía parecerme a las modelos de wander-bra, pero no sabía donde encontrarla igual… mi hermana siempre tenía la mejor ropa. Ella me miró cruzando los brazos.

– Y no me pongas caras raras, herma, que ya sabes que no te aguanto cuando te pones así… esta camisa es mía…

La olió por encima, sonrió y bajó la voz. Nuestros padres estaban en el salón y todavía eran ajenos a mi transformación.

– Porque sé que me la coges para ponértela y no para hacerte pajas con ella, que si no… y coño, date prisa con eso del Chat que hemos quedado para ir al cine a las ocho y son las siete y media, tía, que siempre tardas una barbaridad en ponerte guapa…

Salió del cuarto con la misma rapidez con la que había entrado; así era mi hermana. Yo volví al Chat. Estaba hablando con un par de chicos que intentaban ligar conmigo:[YolandaKiss]. Me había puesto aquel Nick hacía exactamente un mes, y ya empezaba a conocer gente interesante en un canal hispano. Incluso me había atrevido a mandar algunas fotos a la Web del canal.

Dos meses. Habían pasado dos meses desde que mi hermana y su amiga Sonia me rebautizaran como Yolanda, un mes y 28 días desde que le comí la polla a Marcos por primera vez en una discoteca y el mismo tiempo desde que mi culo, o mejor, mi nuevo coño, se había abierto a nuevas sensaciones. Durante aquellos días no sabía a donde me llevaba mi morbo, mi fetichismo… mi subconsciente, pero sentado en la pantalla del ordenador todavía me ponía caliente recordar el roce de mis primeras botas de plataforma contra mis rodillas o las uñas postizas contra la tela de mi falda verde. Y es que si antes Yolanda estaba escondida entre mis miedos, agazapada entre fantasías, ahora tenía que sujetarla muy fuerte para que no saliera delante de todo el mundo. Y mi propia hermana se esforzaba en referirse a mí como tía… Solo pensar en ello me puso cachondo, y lo puse rápidamente en la pantalla.

– Me estoy poniendo súper cachonda, chicos…

Las respuestas surgieron en el monitor casi antes de que le diera al enter.

Me puse rojo de leer algunas de ellas, no porque me asustaran, sino porque ya me gustaría a mí que me hicieran todo aquello que escribían… aunque seguro que el noventa por ciento se echaría para atrás al saber que tenía un secreto que se alargaba cuanto me ponía tan cachonda.

Mi polla se puso dura en ese momento, así que decidí que ya era hora de dejarlo. Sonia vendría a casa a las ocho a buscarnos con una amiga, para hacer el paripé. Yo me vestía y arreglaba y después bajábamos todas juntas a la calle, así mis padres no se daban cuenta. El plan de mi hermana de llevar una doble vida estaba funcionando. A mis colegas solo les veía en la universidad, y todos los jueves, viernes y fines de semana salía como Yolanda a quemar la noche. Pero aquello me estaba atrapando más de lo que en un principio había creído.

Todavía no se lo había dicho a mi hermana, pero había tomado una decisión respecto a Yolanda. Ya no solo me ponía a mil verme vestido como mi hermana, comerme las pollas de los ligues o que me pene

traran por mi nuevo coño… me ponía a mil pensar que aquello fuera para siempre. No podía seguir aparentando ser un hombre porque yo ya era Yolanda en todos los sentidos… estaba decidido a cambiar mi aspecto para el resto de mi vida… quería tener mis propios pechos… mis uñas… mi pelo…

Mi hermana volvió a entrar en el cuarto. La camisa negra le quedaba perfecta, sobre todo cuando se abría el escote lo suficiente como para ver un collar precioso blanco que se ponía muy corto alrededor del cuello y un top morado elástico debajo. Sonreí al ver que llevaba puesto un pantalón mío: blanco muy ajustado que se acampanaba en los extremos, donde una especie de dragón negro estaba pintado en forma de tatuaje que subía por una de las piernas. Nos hacía un culo rompedor a ambas. Por eso me sentía mujer… por eso apareció Yolanda por primera vez. Mi hermana me tiró unas bragas del armario.

– Venga, tía, que no quiero llegar tarde.

Yo me levanté y abrí el cajón que mi hermana había removido antes.

– Pero cuando vuelvas me devuelves el pantalón que llevas puesto…

Cogí unas braguitas especiales que empujaban mi polla lo suficiente para que esta no me traicionara en ningún momento, cogí el sujetador y miré el cajón de arriba abajo. Aquella noche íbamos a ir a unos bares de la zona sur y debía ponerme cañón. Necesitaba sentirme cañón. Marcos estaba haciendo las pruebas para el destino militar en una base de Melilla y tardaría seis meses en volver. Desde entonces no he tenido más que ligues de una noche que acababan siempre en una buena enculada ya sea en los baños o en los aparcamientos. Había aprendido que la única forma que tenía de que los tíos no buscaran por mi entrepierna era dejarles que introducirán su polla por mi agujerito. Le debía mucho a Marcos pero esa noche estaba dispuesta a sentir a Yolanda en plenitud.

Después de romperme la cabeza buscando algo que ponerme… algo que no era tarea fácil pues todo lo que tenía me hacía tener orgasmos cuando me veía puesto con ello, elegí una falda corta elástica negra apretadísima, un top blanco y unas botas negras altas de mi hermana que eran una delicia. La plataforma hacía que mis caderas subieran un par de centímetros convirtiéndome en la Yolanda que me imaginaba ser cuando fantaseaba encerrado en mi cuarto meses atrás…

Me metí corriendo en el baño mientras mi hermana me daba otro top por la rendija de la puerta.

– Toma, anda… este me lo ha dejado Sonia… dice que te quedaría muy bien… y por cierto, las uñas blancas están debajo de mi neceser…

Yo lo mire y lo cogí cerrando la puerta del baño. Si Sonia lo decía sería verdad. Me puse frente al espejo y una noche más me quité los pantalones vaqueros para enfundarme una faldita estrecha. Me puse los pechos falsos, el sujetador bien fuerte, me subí la falda y después me até el top blanco de Sonia. Estaba completamente abierto por detrás. Era de esos que se atan con finas tiras cruzadas por la espalda y que hacen que las tetas se estiren tanto que es una delicia verlos cuando se excitan los pezones.

Di un paso pequeño hacía atrás con las botas puestas y cogí aire. Me puse la peluca, porque a mi pelo le quedaban un par de meses para estar como yo lo quería, tan largo y rizado como lo llevaba Nuria, la otra amiga de mi hermana. Me puse un imperdible muy disimulado para sujetarla y entonces volví a mirarme en el espejo.

Yolanda estaba preciosa, pensé. Yo estaba preciosa. Aquello era la recompensa por haberme atrevido a hacer algo que siempre había deseado: Ser como mi hermana. Cerré los ojos deseando no ponerme nunca mas los pantalones y después, con cuidado comencé el ritual de ponerme las uñas postizas. Ese día eran blancas y muy largas, y para no desentonar me maquille mucho, sobre todo perfilándome los ojos de negro para parecer mas loba que de costumbre. Aquella noche necesitaba un hombre que me hiciera olvidar por unos momentos el consolador que mi hermana me había regalado tiempo atrás y al que tanto me había encariñado.

Pensé en el consolador y sonreí. ¿Por qué nunca me había atrevido a hacerlo antes?. Estaba segura que cualquier hombre se volvería loco al sentir que le abren el culo. A mi me pasó, y después de todos

esos primeros días de entrenamiento, hacía un mes más o menos había tenido que cambiar el tamaño por otro mas grande y gordo que me llenaba tanto como las pollas de verdad.

Tocaron a la puerta mientras me subía un escalofrío por la espalda.

– Yolanda… venga… que llevas media hora ahí dentro…

Yo me puse nerviosa. Siempre me ponía atacada cuando salía del baño. Era la prueba de fuego de todos los días. Me retoqué un poco los mechones rizados de la peluca y abrí la puerta decidida. Ya estaba preparada para disfrutar de la mujer que llevaba dentro..

Mi hermana me miró de arriba abajo. Sonia apareció por detrás.

– Joder, hoy vas a por todas… ¿te gusta el top?

– Es precioso… gracias, Sonia, espera aquí un segundo…

Mi hermana entró conmigo en el baño y cerró la puerta dejando a Sonia fuera. Me sonrió pícaramente.

– Venga, tía, rápido que nos vamos.

Yo ya sabía a que entraba mi hermana. Me fui hasta el lavabo y me subí la falda. Saqué mi polla fuera y lentamente comencé a hacerme una paja delante del espejo. Mi hermana me miraba con cara divertida sin perder ni un detalle. Sabía que aquello le gustaba, pero a veces me resultaba un poco violento. Subí y baje el ritmo continuamente, pero desde hacía un tiempo aquello no era suficiente. Y mi hermana lo sabía.

– Joder, espera… eres una puta viciosa, hermanita…

Se levantó y de un neceser que tenía con candado sacó su consolador. Me agaché un poco y le mostré todo el agujero del culo a mi hermana. Ella untó de crema el capullo del consolador y en unos segundos ya lo tenía ella dando vueltas dentro de mí. Eso si era placer. Ella dio varias vueltas apretando fuerte hacía arriba hasta que ya no pude más y mi leche cayó al lavabo. Me limpié la polla y la introduje ya mucho más pequeña dentro de mis bragas negras.

– Te lo juro… me encanta ver como disfrutas de ser tía, hermanito… nunca me acostumbraré… pero tendrías que hacer algo con esa polla… tu ya eres una mujer, herma, no puedes ir con eso colgando…

Mi hermana me alcanzó el bolso, uno negro de adidas muy pequeño que me había comprado esa misma mañana, cogió el consolador después de que yo lo limpiara bajo el lavabo y salimos después de que ella volviera a meterlo en su neceser. Sonia iba como siempre, con sus pantalones grises muy ajustados, unas botas como las mías y un top triangular plateado muy ceñido. Estábamos magnificas.

– ¡Nos vamos!

En el ascensor nos encendimos un cigarrillo cada una mientras nos poníamos los abrigos. Yo me había comprado uno violeta muy ceñido y corto, demasiado caro, me dijo mi hermana, pero era una pasada. Me quedaba tan ajustado que parecía que era mi propia piel. Ellas iban con unos plumas muy abultados.

Ya me había acostumbrado a salir a la calle como Yolanda, aunque casi siempre solo salía de noche. Incluso las últimas veces disfrutaba cada vez que pasaba por la esquina donde mis antiguos amigos que ya casi no veía nos gritaban y silbaban. Si supieran que yo era una de ellas…

– Bueno, he quedado con unos amigos de Ángel.

Dijo Sonia.

– Y uno de ellos está buenísimo, así que Yolanda… ese es para ti.

Yo me reí en voz alta de forma muy aguda. Comenzaba a pillarle el truco a eso de la voz femenina… era como si desde siempre hubiera querido hablar así… tanto que a veces se me escapaba cuando no debía. Sonia me agarró del brazo y a su vez yo se lo agarré a mi hermana. Íbamos las tres andando por la acera haciendo sonar nuestros tacones cuando al cruzar la esquina nos encontramos con Ángel y dos chicos más. Uno era Pedro, que ya le conocía y estaba medio liado con Sonia. El otro era verdad… estaba buenísimo. Sus ojos azulones y un metro ochenta de músculo… Ángel nos presentó.

– Esta es Yolanda, la prima afónica de Belén… este es Toni.

Toni me pegó dos besos en la mejilla y fuimos hasta el cine. Sabía que el tal Toni me miraba el culo a cada paso que daba, así que las tres nos pusimos delante exagerando el movimiento. Al llegar al cine la cola daba la vuelta a la manzana.

– ¿Qué hacemos?

Pregunto Toni.

– Yo paso de esperar tanta cola… vámonos

al parque.

Como siempre mi hermanita tomaba las riendas de la noche.

– Esperarnos a la entrada del parque, que aprovechamos para ir al eleven a por algo, ¿vale?

Sonia me cogió del brazo y me llevó junto con mi hermana hasta la entrada del parque. Había mogollon de gente bebiendo en los bancos y sentados en los escalones del edificio gris que daba a la parte de atrás del cine. Encontramos un banco y corriendo nos sentamos.

Allí estábamos las tres. Quien me lo iba a decir después de todo lo que había pasado que iba a estar en aquel parque acompañado de dos tías… siendo yo una más de ellas. Sonreí para dentro. Estaba tan orgullosa de mí que casi me puse a cantar a voz en grito una canción que se oía de la discoteca.

– Shh… tía, baja la voz… que estamos dando el cante.

Me encendí un cigarro y me senté en cuclillas al lado de Sonia. La falda se estiraba lo suficiente para no enseñar mi secreto a nadie. Estábamos guapísimas aquella noche. Tomé nota de cómo se había maquillado.

– ¿Cómo te encuentras?

Sonia todavía flipaba conmigo.

– Estoy súper excitada… ¿y tu?

Sonia me dio un beso en la mejilla mientras unos chicos se nos acercaban.

– ¿Tenéis fuego?

Yo les miré y comencé a sudar. Era algunos de mis colegas. Los cuatro nos miraban con cara de mala leche. Uno de ellos era Miguel, un chico bastante tímido que se me había quedado mirando fijamente. El resto hablaba con Sonia cogiendo el mechero. Recé para que se fueran pronto. Cuando mi hermana se dio la vuelta ellos la miraron con cara de asco. Julián, el mas alto y macarra abrió la boca.

– Joder, la bakala… oye, ¿no habrás visto a tu hermanito?… hace siglos que no le vemos…

Mi hermana me miró y comenzó a reírse. Yo estaba sudando.

– Pues no.. creo que se ha echado novio… ehhh novia, quería decir novia….

Sonia se reía también. Miguel nos miró a las dos.

– Mira que sois niñatas, joder.

Antes de irse Miguel me miró fijamente y se quedo callado arrugando la frente. Yo estuve a punto de salir corriendo, pero Miguel se fue dando zancadas grandes detrás de los demás cuando vinieron Ángel, Pedro y Toni.

Sacaron las botellas y comenzamos a beber vodka con cocacola durante dos horas. Yo cada vez me iba poniendo más caliente de ver el paquetón de Toni y por la tensión de haber estado con los colegas. Cada vez estaba más borracha. A las hora siguiente Sonia se estaba pegando el lote con Pedro, mi hermana lo mismo con Ángel y yo tenía la lengua de Toni introducida hasta la campanilla.

Su cuerpo estaba caliente y me reconfortaba. Sus labios eran tan suaves que me estaban llevando al infinito. Toqué su paquete con mis uñas postizas y note que se ponía mas duro. Le agarré de la mano y fuimos detrás de un coche a lo lejos. Allí le bajé corriendo el pantalón y comencé a chuparle la polla de forma compulsiva.

Me había pasado un mes viendo por internet como ellas chupaban las pollas, así que estaba muy preparada. Subía cuando él se echaba para atrás y bajaba cuando me la acercaba. Mi lengua repasaba todo su fresón una y otra vez, y mis manos movían todo el conjunto al mismo ritmo.

– Joder… tía… sigue….

Oír aquello era mi premio. Reconozco que había estado practicando con el consolador grande una y otra vez, e incluso mi propia hermana me decía como hacerlo.

Le saqué la polla de mi boca y rápidamente me mojé los dedos y lo esparcí por mi culo para lubricarlo. Me di la vuelta y le enseñé mi coño. Él, como hombre que era sonrió… no sabía que fijación tenían los hombres con los culos, pero aquello les ponía una barbaridad. Me agarro cerrando los dientes muy fuerte y me la introdujo con violencia. Yo emití un gemido muy agudo. Cerré los ojos al notar lo caliente que estaba su polla dentro de mi. Disfruté de los golpes de sus testículos contra mis nalgas durante un buen rato. Gracias a dios Toni aguantaba más que la mayoría saciando mi calentón.

Me estaba llevando al infinito. Sus sacudidas continuas me atravesaban y los gemidos se hacían más fuertes. Pero no sabía que me gustaba más, si que me partieran por la mitad o s

aborear su caldo viscoso, así que tras diez minutos en los que Toni me sujetó las caderas con fuerza, me di la vuelta corriendo justo cuando su leche comenzó a salir a borbotones contra mi cara. Aquello era el segundo premio. La leche… desde que mi hermana me la había hecho probar no podía terminar una mamada sin notar su viscosidad dentro de mi boca… Me relamí como una puta y me levanté tragando.

– Es…. Es verdad….

Empezó a decir Toni.

– Eres… eres una zorra…

Le vi alejarse mientras corriendo me masturbaba detrás del árbol. Pese a que mi hermana me dijo que las cosas del culo las hiciera con cuidado y después de la segunda cita, porque no quería que la gente llamara puta a su hermanita, otra vez no había podido reprimirme.

Me limpié la polla y volví con ellos en el momento que se despedían.

– Bueno, nosotros nos vamos.

Dijo Toni con cara de cansado. Ángel ya se había ido con mi hermana a otro parque. Yo miré a Sonia y me abracé al bolso. El frío se me metía por debajo de la falda y estaba un poco borracha para seguir, asi que me despedí de Sonia y me fui a casa aguantando algún que otro borracho que me quería meter mano. Andaba con cuidado de no hacer mucho ruido con los tacones.

– ¿Dónde vas?

Al oír la voz me di la vuelta asustada. Era Miguel, mi amigo de la pandilla… Iba también borracho. En ese momento supe que me había descubierto y me puse a temblar de miedo.

– A… a casa.

Contesté rápido mientras cruzaba el semáforo.

– ¿Qué haces así vestido?

Me paré en seco. Miguel se acercó a mí despacio.

La cabeza me daba vueltas. Era lo peor que me podía pasar. Le mire sonriendo de forma patética.

– Miguel… yo… joder…

Entonces el se acercó a mi. Estaba nervioso, algo que me sorprendió.

– Joder… con lo normalito que tu eras…

– Mi…miguel… no… no se lo iras a decir a nadie, ¿verdad?…

– ¿Y quien me iba a creer?…

Yo saque un cigarro y lo encendí con prisa. Estaba muerta de vergüenza.

– ¿Te puedo hacer una pregunta?

Miguel me miraba de forma extraña, entrecerrando los ojos. Mi vista se fue a su entrepierna y vi que su bultito estaba a reventar.

– Claro, Miguel…dime…

Fue una sorpresa que me sintiera mas relajada. Si había que hacerlo publico para todos… lo haría. Miguel me miraba de arriba abajo. Abrió y cerró la boca, hasta que la volvió a abrir. El vaho salía de su boca como el humo de las alcantarillas.

– ¿Qué… que se siente?

– ¿Cómo?

Miguel buscó las palabras mirando a todos lados.

– Que… que se siente al ir así por la calle.

No sabía a donde quería ir a parar… pero lo mejor era seguir su rollo hasta que se fuera. Después ya vería como lo arreglaba.

– Pues no sé… es algo tan especial… tan… excitante…

Miguel se acercó mucho a mí y me asusté. Puso su boca en mi oido y susurró.

– Yo… yo también quiero…

Di un paso hacía atrás. ¿Miguel?…

– ¿De que coño estas hablando, Miguel?

El se puso rojo. Yo también. Ante su silencio sonreí. No me lo podía creer.

– ¿Qué quieres hacer?

Miguel bajo la vista.

– Eh… no lo sé… es que… bueno…

Aquello si que era sorprendente. Mas de cualquier cosa que me hubiera imaginado. ¿Miguel siendo mujer?. La verdad es que el tipo lo tenía, porque se parecía mucho a mí, y tampoco tenía pelo en el cuerpo… ¿Por qué no?, me dije. Pero iría con mucho cuidado, porque todavía no sabía si aquello era una broma.

– ¿E… estas seguro?

Miguel sonrió de vergüenza.

– No… no he dicho nada… es… es que estoy un poco borracho…

Se acercó más a mí.

– Si me dejas hacerlo… no diré nada a nadie nunca.

Miré el semáforo y comencé a cruzar deprisa. Miguel se quedó parado.

Al llegar a casa entré corriendo en mi cuarto y me quite la ropa corriendo guardándola en el último cajón del armario. ¿Miguel?… joder… pero me excitaba saber que no era el único con una mujer dentro. Y necesitab

a un compañero de confidencias… porque aunque mi hermanita era perfecta ella jamás comprendería ciertas cosas. Me metí en la cama después de cepillarme los dientes, quitarme las uñas y el maquillaje y me hice un dedo tremendo imaginando lo guapas que podíamos quedar Miguel y yo. Seguro que él estaba en la cama en ese momento fantaseando como lo hacía yo… Por la mañana le llamaría y comenzaría a recoger información sobre la operación… yo era una mujer y si mi Miguel me acompañaba, el viaje lo haríamos juntas…

Bueno, esta es la cuarta entrega. Como siempre espero no haberos defraudado. Si queréis comentarme algo, ya sabéis: esclavoparasiempre (arroba) hotmail.com

Atención a los lectores: la quinta entrega de este relato está ya publicada desde el 8 de Enero de 2003. No dejéis de leerla.

Autor: Ocaso

esclavoparasiempre ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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