FOTOS… FANTASÍAS QUE SE CUMPLEN… Y SE DEJAN LLEVAR. (V: TANIA).

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Miguel estaba en la puerta de mi cuarto petrificado. Notaba como sus ojos se movían por todo mi cuerpo mientras me terminaba de ajustar los pechos falsos rellenos de silicona por debajo de la camisa negra de manga corta que siempre le cogía a mi hermana y que tan deliciosamente bien me quedaba.

Mire a Miguel. Aquella misma mañana le había llamado a casa y le había dicho que si quería cumplir lo que me había pedido la noche anterior, viniera a casa a partir de las cuatro de la tarde. Pese a que siempre había creído que Miguel era muy tímido y algo inseguro, su determinación al decirme que vendría me dejo un poco perplejo. Estaba seguro que en cuanto colgué el teléfono se había ido corriendo al baño a pajearse pensando en mí y en ella como dos tías cachondas, exactamente como yo había hecho con él toda la noche hasta que pude dormirme.

Le miré a través del espejo con la boca abierta. Cerré un poco los labios para extender el carmín de la misma manera que me había enseñado mi hermana y me di la vuelta poco a poco. Quería que se fijara en mí. Era como un pequeño sueño el poder vestirme así delante de un tío, y que ese tío fuera un amigo de toda la vida lo hacía mucho más excitante. Su mirada me hacía parecer tan deseada… tan mujer…

Nuestros padres se habían largado a la sierra de nuevo, gracias a dios, y mi hermana estaba en casa de Sonia. Aunque había conseguido llevar el mismo ritmo de marcha que ellas, y prácticamente éramos uña y carne las tres, ese día lo quería solo para mí y mi nueva amiga… porque Miguel no saldría de la habitación sin antes sentirse tan mujer como yo.

Di dos pasos pequeños con mis botas blancas y altas haciendo mucho ruido con los tacones, moviendo mis caderas dentro de la falda negra y abierta, echando mis hombros para atrás para que mis pechos se expandieran sobre la camisa negra haciendo que los botones se agarraran para no salir despedidos. Lo hice lentamente, como un encantador de serpientes que conseguía que aquel chico de la puerta se excitara hasta sudar.

Me puse dos pendientes con forma de aro plateados muy grandes y me encendí un cigarrillo para calmarme sacando el humo en un hilo fino y continuo que se perdió cerca de su cara. Miguel parpadeó mirándome el culo por el espejo. Le sonreí quitándome el pelo rizado y negro que me caía por la cara. Ya me comportaba como una tía… mis gestos, mis movimientos de cabeza… Miré a Miguel. Miguel había tenido los cojones necesarios para venir, y seguro que tendría los ovarios para salir de allí como una diosa. Seguro.

– ¿No hablas, Miguel?

Le dije con mi voz casi femenina. Todavía tenía que acostumbrarme a no hablar muy grave. Miguel sonrió de forma nerviosa.

– No… bueno… es que… joder, esto es muy fuerte…

Yo me reí de forma un tanto pija y le di una calada al cigarrillo con un gesto de mandíbula como fumaban mi hermana y Sonia. Solté el humo.

– ¿Fuerte?… todavía no has visto nada.

Miguel entró en la habitación.

– ¿Y desde cuando…?… bueno, ya sabes…

– ¿Desde cuando me visto de tía?… pues desde que la mujer que tenía dentro de mí quiso salir… así de sencillo… y también desde que mi hermana me enseñó a ser esa mujer que siempre quise ser…

Miguel arrugó la frente.

– ¿La… la gilipollas bakala de tu hermana?… pero si tu la odias…

– Mi hermanita es increíble… cuando tu te transformes la admirarás… de verdad. Y espero que lo hagas pronto, porque cuanto antes salgamos a la calle de marcha con ellas antes se te quitara el miedo.

Ese último comentario le hizo ponerse un poco rígido. Estaba nervioso, lo notaba, y sobre todo estaba indeciso… como yo en el baño cuando mi hermanita me pilló por primera vez con sus pantalones. Me acerqué con pequeños pasos y le pasé la mano por la mejilla. Mis uñas postizas, negras y largas, rozaron su piel blanca. Miguel lo tenía todo para ser otra amiga más el grupo. Puse mis labios rojos y carnosos cerca de su oído.

– Miguel, te entiendo perfectamente… s

e como te sientes… Pero mira:

Saqué del armario un pantalón blanco ajustado, el del dragón negro en forma de tatuaje subiendo por una pernera hasta el culo, un top plateado pequeño, unas braguitas blancas, un sujetador relleno con una especie de espuma gelatinosa especial que me compré de prueba y unas botas marrones con una plataforma anchísima. Al lado de todo puse una peluca negra de pelo liso y corto. Le miré mostrando todo con la mano.

– Tu nueva ropa. ¿Te gusta?. A mi me alucina, te lo juro, es súper cañera.

Miguel me miró indeciso.

– Venga. Quítate el pantalón.

El bajó la vista y volvió a mirar a la cama. Se llevó la mano al primer botón pero se paró.

– Esto… esto es un error…

Me acerqué corriendo antes de que se diera la vuelta y puse mi mano en su paquete. Apagué el cigarrillo con la otra y después le sujeté la polla con ambas manos.

– Miguel, si fuera un error no estarías tan empalmando… vas a ser muy bella… tanto que todos los tíos van a creer que somos las más guapas del barrio… venga…

Mi voz casi en un susurro le puso la carne de gallina, y el primer botón estaba desabrochado. El segundo. El tercero. El pantalón estaba en el suelo junto con su camisa, el calzoncillo, los calcetines…

Su cuerpo era igual de femenino que el mío, igual de blanco y suave. Mi mano recorriendo su espalda le erizó los pocos pelos, casi una pelusa incolora, que tenía en el brazo. Seguí bajando hasta tocar sus huevos imberbes… su polla completamente dura. Otra vez me fui hasta su oído.

– Ponte todo eso… preciosa mía…

Miguel cogió las bragas y se las puso con dificultad. La polla se le escapaba por arriba por mucho que él intentara esconderla dentro. Se puso después el pantalón tirando de la parte de atrás. Por fortuna éramos de la misma talla y por esa razón, su culo respingón era maravilloso. Después le ayudé a ponerse el sujetador y encima el top plateado. Su estomago formado quedaba perfectamente plano entre el top y el pantalón. La peluca dio un poco mas de guerra al no tener él demasiado pelo para sujetarle el imperdible, pero todo había merecido la pena, incluidas las botas que le estilizaban una barbaridad. Le miré al espejo y mi polla se puso también como una piedra.

– Mírate…

Miguel se miró con los ojos muy abiertos. Miguel ahora era ella… la amiga que había soñado tener… alguien que me iba a comprender como yo la comprendería a ella.

El dragón en su culo le sentaba de muerte, tanto como el top que reflejaba la luz en pequeños destellos. Su cara… su cara resultaba tan… tan femenina… pero a su vez tan fuerte y perfilada…

– ¿Qué te había dicho?… estas preciosa…

Miguel seguía mirándose ensimismado al espejo. Su paquete iba a estallar dentro del pantalón blanco.

– Es… es increíble…

– Y eso que todavía no estas maquillada… ya veras cuando aprendas a tener tus ojos y cara siempre maquillada… te dije que no habías visto nada todavía, tía…

Miguel se llevó la mano a la entrepierna y comenzó a frotarse sin despegar la mirada del espejo. Yo estaba igual de excitada que él, y mi polla necesitaba también descargar los nervios del momento. Detrás de él le acaricié el cuello, los hombros, sus tetas… falsas pero por experiencia sabía que él las sentiría como unas de verdad, su ombligo… su nuevo coño…

Miguel cerró los ojos cuando con mi mano le agarré la polla lentamente y mi dedo anular le toco el glande muy mojado ya. Me coloqué muy pegado detrás de él para que sintiera mi paquete contra sus nalgas… para que fuera sintiendo la mujer que tenía dentro de aquella mujer que ya estaba fuera. Comencé a subir y bajar mi mano por toda su polla algo desviada a la izquierda mientras le comía el lóbulo de la oreja derecha.

– Eres una mujercita increíble…

Le dije suavemente… tanto que soné como sonaba mi hermana cuando me masturbaba delante suya. Miguel comenzó a gemir de forma sutil pero continua.

Lentamente me fui dando la vuelta y me puse de rodillas frente a él. Miré al espejo y no pude reprimir una sonrisa cómplice. Era espectacular ver dos tías cañón, dos tías

en el sentido mas sexy de la palabra tan juntas, con aquellas botas… con aquellos pantalones… y con esos pedazos de vergas. Cerré los ojos y ataqué su polla como nunca lo había hecho… ni siquiera como con Marcos aquel día en la discoteca.

Comencé a tragarme toda su carne a un ritmo frenético mientras él seguía gimiendo suave y en ocasiones inaudible. Después de relamerme las primeras gotas de semen me di la vuelta de nuevo.

– Ahora vas a sentir como sienten las mujeres.

Del cajón saqué el consolador y lo unté de gel de baño mientras él me miraba con los ojos inyectados de pasión. Le toqué la polla por detrás entre sus piernas y el mismo las abrió. Aquel era un buen síntoma… Miguel estaba dejando de ser Miguel… Bajé el pantalón con cuidado y le abrí las nalgas con cuidado. El me mostró el agujero del culo bajando las caderas.

– Por… por favor…

Sabía como sonaba ese "por favor". Era el mismo que le dije yo a mi hermana aquella primera vez. Un "por favor" de suplica… un "por favor" que significaba que ya no podía sentir más el placer como un hombre y un deseo infinito de que me hiciera mujer costara lo que costara.

Le introduje primero el rotulador negro que utilizaba mi hermana de vez en cuando conmigo, sobre todo al principio. El rotulador delgado entró hasta la mitad con bastante facilidad mientras sentía a Miguel temblar de placer.

– Si… oh… si… joder….

Me puso caliente de nuevo oír aquel primer lamento agudo, como de mujer, y di vueltas al rotulador abriendo todo su ojete. Por un segundo pensé en meterle el consolador, pero con que él se lo creyera bastaba de momento. Ya jugaría él solo con aquel juguete el resto de la semana, seguro. Tras unos segundos en aquella posición, cogí su mano y la lleve hasta el rotulador. Le dejé solo como hizo mi hermana conmigo y disfruté del espectáculo. Estaba buenisima, con un cuerpo totalmente moldeado dando caderazos… disfrutando de su primer coño…

– Ah… ¡ah!… Miguel se iba a correr, así que me senté debajo de su polla, le agarré de las botas bajo el pantalón y esperé el tiro justo entre mis labios rojos y brillantes… la leche cayó espesa hasta mi garganta y comencé a chuparle la polla más rápido que antes. El seguía metiéndose el rotulador hasta el fondo de su culo, incluso con más fuerza de lo que yo había hecho antes. Entonces la puerta del cuarto se abrió. Mi hermana entró con Sonia.

Las dos se quedaron paradas contemplándonos, y mi hermana, como siempre, fue la primera en hablar.

– Joder… esto es súper fuerte… vaya dos viciosas…

Miguel abrió los ojos corriendo pero en ese momento no había marcha atrás y continuó moviendo las caderas al ritmo del rotulador. Yo miré a mi hermana y me saqué la polla de la boca antes de que cayera el último chorro de semen. Escupí en un vaso pequeño un poco y me levanté deprisa. Mi hermana se acercó, cogió el vaso y se lo puso en los labios a Miguel, que tragó aquello como si fuera un manjar.

– Eres una guarra., tía… mírate…

dijo mi hermana en su oído.

Miguel se cayó al suelo exhausto con el rotulador en la mano. Se lo quité con cuidado y lo deje al lado del cenicero. Sonia se encendió un cigarrillo y me lo pasó.

– ¿Quién es?

Me preguntó mientras me lo daba expulsando el humo.

Mi hermana llevaba un pantalón vaquero ajustadísimo sin bolsillo y decolorado de fábrica en algunas partes y una camiseta blanca con unas gafas de sol alargadas de peineta. Sonia llevaba una falda negra corta encima de un pantalón negro y un top verde oscuro con forma triangular.

– Es… yo creo que le conoces… ¿Te acuerdas de Miguel?.. Un amigo mío…

– Una amiga tuya, querrás decir…

Dijo Sonia guiñándome el ojo izquierdo maquillado de azul con algo de purpurina.

– Bueno… eso tiene que decidirlo él… pero yo creo que esta claro que sí…

Miguel nos miraba desde el suelo. Se levantó con la cara roja de vergüenza. Mi hermana se acercó a mí.

– Herma… te… te has quedado a medias…

Yo me miré la polla y ciertamente estaba todavía bastante caliente.

– Venga… termina y después hablamos.

Sonia miró a mi hermana subiendo las cejas. Como siempre, mi hermanita haciendo de las suyas.

– Venga… herma, termina…

Yo comencé a hacerme una paja rápida mientras Sonia se reía y Miguel me miraba ensimismado pensando en sus nuevas experiencias. Cerré los ojos y me senté en la cama. Mi hermana sabía que aquello no era suficiente, así que enseguida la vi que se acercaba con el consolador en la mano.

– Mira, Miguel… eso es un coño perfecto.

Me introdujo el consolador hasta el fondo con facilidad y allí comenzó a moverlo dando vueltas… como sabía que me gustaba.

Sonia se acercó y me metió un dedo en la boca. Notaba su anillo plateado junto con mi lengua y me excitó más.

– Miguel… ven aquí…

Miguel se acercó todavía con la polla dura y vi por el espejo como mi hermana le tocaba la entrepierna.

– Chúpasela… venga… hazle una gran mamada… como una buena tía… como lo haríamos nosotras…

Miguel pareció que dudaba pero en unos segundos noté como me mamaba la polla de forma salvaje. Mi hermana me cogió la mano, me dio el consolador y ella y Sonia se fueron hasta la puerta.

– Ohh… vaya dos zorritas que tenemos aquí… venga… vamos… chúpasela entera… y Yolanda… tu hasta el fondo…

La voz de mi hermana me ponía a mil… y Miguel lo estaba haciendo muy bien para ser la primera vez que chupaba una polla…

Sin avisarle me corrí en su cara aposta mientras el se echaba para atrás y se corría a la par. Terminé y al darme la vuelta vi que Miguel se limpiaba los labios de semen relamiéndose como yo la primera vez. Éramos todas iguales, lo odiamos hasta que lo probamos, me dije.

– Belén, eres una guarra…

Sonia y ella se rieron.

– No… herma… vosotros necesitáis siempre un empujoncito… ¿verdad Sonia?

Sonia asintió.

– Bueno… ¿y tu Miguel?… ¿Mi hermanita te ha metido en esto o eras otro reprimido que se hacía pajas vistiéndose con mis braguitas?

– Belén… joder… para ya… Miguel… bueno, él creo que era como yo… lo que pasa es que no se había atrevido nunca…

Miguel se levantó y se sentó. Estaba como ido mirándose al espejo.

– Miguel…

Mi hermana le sacó de donde estuviera.

– ¿Ha sido la primera vez?

Miguel asintió.

– No… no se lo digáis a nadie… por favor…

Mi hermana me miró y mi guiñó también el ojo izquierdo.

– Miguel… no diremos nada… porque no hay nada que decir… tu eres una mujer como mi hermanita ¿verdad?, como nosotras, no tienes que tener miedo de nada.

Miguel me miró confundido.

– Miguel… ya te dije que mi hermana molaba un huevo.

Mi hermana se acercó de nuevo a Miguel y le pasó su mano por la cabeza. Se encendió un cigarro y le dio un beso en la mejilla.

– ¿Y has pensado tu nombre de tía?…

Miguel negó.

– Yo en cuanto entré vi que tenías cara de… Tania… si, eso es Tania. Me encanta buscar nombres para vosotras.

Yo sonreí. Tania le quedaba muy bien y era un buen nombre.

– ¿Te gusta Tania?

Miguel asintió sin mirarnos.

Mi hermana se levantó y salió por la puerta con Sonia.

– Me parece genial que tengas una amiguita, Yolanda, pero antes dos cosas: Mi ropa es mi ropa… incluida esa puta camisa negra que llevas puesta, así que si quiere ropa, os vais de compras juntitas como hice yo contigo. Y segundo… espero que esto no sea una epidemia… que ya sois dos del mismo grupo que deciden pasarse a nuestra orilla… joder, espero que mi Ángel no acabe siendo la cuarta.

Sonia soltó una carcajada y salió con mi hermana del cuarto. Yo me arrodillé enfrente de Miguel, o Tania.

– ¿Cómo estas, preciosa?

Miguel me miró con los ojos vidriosos.

– Joder… es.. es increíble…

Le toqué la cara con las uñas.

– No… Tania… lo increíble está aún por pasar… necesitas aprender muchas cosas… cosas que solo las vas a aprender en la calle… porque nosotras somos tías, y las tías salen de compras… salen a ligar… Vamos a ser perfectas…

Tania se levantó y se estir&oacute

; el pantalón. Tiró los hombros para atrás y sonrió.

– Ya me gustaría tener una hermana como la tuya.

Sonreí.

– Me tienes a mi, Tania… vamos a ser grandes amigas… sobre todo cuando te cuente como lo vamos a pasar a partir de ahora… si me quieres acompañar en el viaje…

El se encendió un cigarrillo.

– Me siento… me siento tan bien… joder… tenía que haberlo hecho antes…

Me puse a su lado sonriendo. Estábamos muy bien las dos.

– Tengo que enseñarte como se maquilla una, y además te tienes que organizar para ser Tania sin levantar sospechas. Pero eso mas tarde… porque yo estoy decidida a ser Yolanda para siempre..

Miguel, Tania, me miró de nuevo.

– ¿Para… para siempre?… pero para eso hay que operarse… ¿vas… vas a…?

Yo sonreí y le di un beso en la mejilla tocándole el culo.

– No aguanto más como, Miguel… a ti te pasará lo mismo…

Fui al baño dejándole disfrutar de su nueva vida a solas mientras recordaba la pagina aquella de Internet donde informaban sobre las operaciones y todos los costes. Era muchísimo dinero, pero siempre había una solución. Además, las dos estábamos muy buenas y en cualquier lugar del mundo habría sitio para dos bellezas… dos bellezas como Tania y como yo, Yolanda.

Bueno, otra entrega más de Yolanda… y van… cinco. Espero que os gusten, bueno, se que a algunos os están gustando porque me lo decís… gracias por vuestros mensajes de ánimo… esto es para vosotros. Como siempre, para cualquier cosa que queráis comentarme a mí o a Yolanda: esclavoparasiempre (arroba) hotmail.com

Autor: Ocaso

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Escrito por Marqueze

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