Fumando y follando

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Un gemido profundo salió de su boca acompañado de una gran bocanada de humo y yo noté como mi culo se lubricaba por la leche que derramaba en el. Fue una corrida muy larga que parecía no acabar nunca. Era increíble el pacer que se reflejaba en su cara. No podía creer que yo hubiera sido capaz de provocar tanto a un tío tan bueno. Acabó de correrse pero no dejó de follarme.

Hola a todos. Tengo 26 años y me pongo muy cachondo leyendo estos relatos. Soy de una ciudad de provincias de España, alto (1,84), fibrado y castaño, con ojos verdes. Desde que era adolescente me gustan los tíos y sobre todo, me ponen increíblemente caliente los chicos guapos fumadores. Un tío guapo con un cigarrillo en la boca es mucho más guapo. No lo puedo evitar, me gusta ver cómo los tíos fuman. Para mí, el tabaco está totalmente unido al sexo, por lo que si veo a un tío feo fumando, me da asco, pero si está bueno, me pone a mil. Fumar forma parte de mis prácticas sexuales. Me encanta compartir un cigarrillo con el tío con el que voy a follar, fumar juntos, echarnos el humo en la boca, en la polla, por el cuerpo. Incluso me gusta follar fumando, y que el tío al que estoy dando por el culo esté fumando también.

Cuando tenía 18 años, hicimos una fiesta en el instituto. Al final de la noche, me quedé con un tío 2 años mayor que yo que había repetido varios cursos y no estaba siquiera en mi clase. No sé cómo nos quedamos solos y decidimos seguir bebiendo por ahí. Cuando cerraron el último bar, yo estaba bastante borracho. Él, que conocía a los camareros, les convenció para ponernos unos cubatas en unos vasos de plástico y nos los llevamos fuera, para seguir bebiendo en una plaza ajardinada y poco concurrida. Nos sentamos en la hierba, fumamos y bebimos. El tío estaba muy bueno. Era el típico chulito que se llevaba a todas las tías de calle y estaba siempre posando. Sus poses fumando eran brutales. Yo no podía dejar de mirarle y encendía un cigarrillo cada vez que él lo hacía para fumar a la vez. Como estábamos sentados bastante juntos, algunas de las veces que exhalaba el humo, me llegaba a la cara y yo lo podía aspirar.

Yo no pensé que pudiera pasar nada porque entonces era virgen y ni me planteaba follar con un tío (no lo tenía asumido), y él era un machito. En una de estas, echó el humo y yo lo respiré. Fue una bocanada grande, así que al espirar yo, salió su humo de mi boca y él se fijó.

– Ostia, que guay. A ver cómo lo haces otra vez, me dijo. Dio una calada y echó el humo hacia mí. Yo aspiré y exhalé de nuevo su humo. – Ostia chaval, qué de puta madre. Eso mola. ¿Me lo haces a mí?, preguntó.

Di una calada y le eché el humo lo más directamente que pude a su boca. Le gustó y dio una calada profunda. Se apoyó en el suelo y se inclinó hacia mí para echarme el humo en la boca, a poca distancia. Me estaba mareando y poniendo muy caliente. Su paquete quedó sobre el dorso de mi mano y noté su bulto. No retiré la mano y él tampoco se movió. Dio otra calada y esta vez juntó su boca a la mía para echar el humo. Me besó y metió su lengua mientras soltaba el humo en mi boca. Le correspondí y me encantó. Me encanta el sabor del humo de otro mientras me besa. Me agarró por el cuello y me morreó a base de bien. Ninguno de los dos soltó el cigarrillo. De vez en cuando parábamos para fumar y seguir besándonos.

– Esto del humo me ha puesto cachondo, me dijo echándose un poco hacia atrás y manoseándose la polla por encima del vaquero.

Encendió otro cigarro y lo dejó en sus labios, dándole caladas mientras se tocaba. Ponía su mejor cara de chulo con el cigarrillo colgando, mientras se tocaba y me miraba sonriendo de lado. Se empezó a desbrochar el vaquero y vi asomar su bulto tapado por la tela del calzoncillo. Se sobaba cada vez más la polla. Empezó a hablar de una tía de su clase con la que había estado tonteando en la fiesta. Se habían enrollado un poco pero al final ella se había marchado.

–Me ha dejado super caliente y con la polla a mil. Necesito vaciar mis huevos. Estoy por hacerme una paja aquí mismo. – Por mí no te cortes, le contesté. – ¿No tienes ganas de cascártela tú también?  – No, contesté acojonado.- Pues yo voy a hacerlo.

Y dicho esto, sacó su tranca del calzoncillo y se la empezó a menear muy despacio. Echó la cabeza hacia atrás y entrecerró los ojos. Encendí un cigarro con el corazón a mil. No podía dejar de mirar su polla, pero vigilaba que no abriera los ojos. Echó la piel de la polla hacia atrás y me quedé ensimismado viendo la cabeza de su rabo brillante, con unas pequeñas gotas transparentes que asomaron y empezaron a resbalar por el tronco y su mano. Quitó la mano de su polla y la llevó hacia su cara. Seguí el movimiento con la mirada y me di cuenta de que me estaba mirando. Me avergoncé. Él se sonrió, escupió la colilla de su boca y se llevó la mano a los labios, mojándolos con su presemen. Entonces llevó esa misma mano hacia mis labios y me quitó el cigarrillo que yo tenía y se lo llevó a su boca. No dejaba de sonreír. Aspiró y soltando el humo me dijo.

– Pero lo que necesito, tío, es que alguien me haga una paja. Esa tía me ha dejado con las ganas de que otra mano apriete mi polla. Me quedé callado. – Vamos tío, cógela, que no pasa nada.

Se inclinó hacia mí. Su pitillo y su humo cerca de mi cara me hicieron perder la razón. Tomó mi mano por la muñeca y la llevó a su polla. La agarré, pero no hice nada. Él, despacio, cubrió mi mano con la suya, apretó e inició el movimiento de arriba abajo. Cuando vio que seguía solo, soltó mi mano y se tumbó en el suelo, siempre con el cigarrillo en su boca. Era la primera polla de otro tío que tocaba y la notaba dura y caliente, pulsante. No podía dejar de mirarla. No sé si fue el pedo que llevaba o la calentura, o ambas, o que todo había ocurrido de forma tan sencilla, pero no pude evitar agacharme y probar aquella polla con la boca. Me metí sólo el capullo y lo saboreé con la lengua. Me gustó, y a él más, porque gimió al notar mi saliva caliente, me miró y se dejó hacer. Se sentó para alcanzar el paquete de tabaco, sacó otro cigarro y lo encendió con la colilla del anterior. Dio tres caladas profundas y me dijo.

– Me encanta que me la chupen mientras fumo.

Eso me volvió loco y empecé mamar más profundo. Era mi primera mamada, pero no debía de hacerlo mal por cómo se tensionaba todo su cuerpo con mis chupadas. A mí me estaba encantando tener esa polla en la boca. Era algo más grande y más gruesa que la mía y con venas duras marcadas. Me fascinaba porque hasta entonces sólo había visto y agarrado mi propia polla y la de este machito ocupaba más sitio en mi mano, lo cual me ponía más cachondo si cabe. Se agarró la polla con la mano con la que sujetaba el cigarrillo y con la otra me tomó del pelo y me marcó el ritmo. Ver su polla y su cigarrillo en la misma mano me excitó tanto que tenía el rabo a reventar. Me dolía tenerlo dentro de los pantalones.

Me levantó la cabeza de su polla y me puso el cigarro en la boca. Di una calada y eché el humo para seguir mamando, pero me paró, me volvió a poner el cigarro en los labios y cuando aspiré me dijo.

– Échalo en mi polla mientras la chupas.

Joder, eso era una pasada. Noté cómo se excitaba más. Su polla se hinchó y su capullo se puso a reventar. Me agarró del pelo y me paró. Se reía y respiraba agitadamente. Dio una calada y se guardó el humo mientras me daba a aspirar su cigarrillo a mí. Di una calada y nos besamos echándonos el humo. Notó como intentaba incorporarme para quitar algo de la presión de mi paquete.

– Suéltate los pantalones, me dijo.

Me puse de rodillas y solté el cinturón y abrí la bragueta. Entonces noté su mano sobándome el culo. La metió entre mis pantalones y el calzoncillo y luego directamente por dentro de los calzoncillos. Noté su mano en el culo y mi polla casi estalla. Al mismo tiempo sentía miedo, y con razón. Me bajó los pantalones y la ropa interior, así como estaba de rodillas, colocándose detrás de mí. Yo me la cascaba despacio porque no podía evitarlo pero no podía hacerlo rápido porque estaba a punto de correrme por la calentura. Me empujó hacia delante hasta apoyarme con una mano en el suelo. Con la otra sujetaba mi polla. Me abrazó por detrás y noté su miembro en la raja. Me asusté mucho. No quería que me follara, nunca lo había hecho y no quería que pasara. Él lo notó y me dijo pegando su boca al oído.

– Tranquilo, tío, que no te va a doler. – No, dije.

Y me revolví un poco, pero él me sujetó con fuerza. Se separó un poco y escuché un escupitajo. Luego, sentí algo húmedo y viscoso en la entrada de mi culo. Se había escupido en los dedos y me lo estaba echando en el agujero, untándolo con un movimiento circular. Quitó los dedos y noté algo duro y caliente en la entrada de mi culo. Empecé a incorporarme pero me paró.

– Tranquilo, dijo sin quitar su polla pero sin empujar.

Y cogió el paquete de tabaco. Sacó un cigarrillo, lo encendió y me lo dio.

– Dale una caladas, te relajará.

Quité la mano de mi polla, cogí el cigarro y fumé a cuatro patas, apoyado en una sola mano, con los pantalones en las rodillas y una polla apoyada en la entrada de mi ano. Agarró entonces mis caderas con sus dos manos y empujó. Sólo empujó un poco, ni siquiera llegó a entrar, pero la presión me dolió terriblemente. Me eché hacia delante pero en vez de parar, me sujetó firme y dio un envión.  Atravesó mi esfínter y metió toda la cabeza dentro. Grité. Me dolió horriblemente y las lágrimas afloraron a mis ojos.

– Sss, sss, no pasa nada, tío, tranquilo, me dijo suave.

Pero sus brazos me sujetaban con una fuerza increíble que contrastaba con sus palabras. Yo quería irme de ahí. Seguía hablándome. Su voz era muy suave y cálida pero sus brazos eran como de acero y se sujetaban con una fuerza increíble, dejando claro que me iba a follar, o a violar si no me dejaba. Me sentía obligado. Obligado a la fuerza por un chico que me gustaba mucho y me excitaba pero que me estaba haciendo daño. Duramos así mucho rato, yo llorando y él sin ceder un ápice. Hasta que me calmé. No sé cómo paso pero me tranquilicé. El culo me escocía y era super incómodo notarlo abierto y no poder cerrarlo. Oí como juntaba saliva en su boca. Escupió sobre su polla para mojar lo que quedaba fuera y sin haber aflojado nada tiró de mis caderas hacia atrás. Era increíble que aquellos brazos aún pudieran ejercer más fuerza. Su polla entró despacio pero sin pararse. Era una sensación muy desagradable, hasta que entró del todo, sobrepasó todo mis esfínteres y se quedó en el fondo de mi culo. Entonces noté el placer.

Una vez vencidas todas las resistencias de mi ano, notar su pollón en el fondo de mi culo y poder apretarlo contrayendo el ano me provocó de repente un placer inmenso. Se me escapó un suspiro y él aflojó por fin los brazos con los que me atenazaba y lo convirtió en un abrazo que me rodeaba por completo. Me sentía protegido por sus brazos y su pecho apoyado en mi espalda. Su piel estaba muy caliente y me encantaba sentirla pegada a la mía. Entonces empezó a moverse, pero sin sacarla de mi culo, sólo empujando lo más profundamente que podía y relajando. Nunca había sido follado, pero si era siempre así, no querría que acabara nunca. Notaba su glande chocar con el fondo de mi culo y a cada empujón mi polla pulsaba más y más. Casi no podía tocármela o me correría instantáneamente. Su respiración empezó a hacerse más agitada y sus movimientos más amplios. Ahora sacaba un poco la polla y la volvía a meter.

El roce contra las paredes de mi culo me escocía. Separó su cuerpo del mío para tener más recorrido y empezó una follada terrible. Ya no se preocupaba por mí, sólo le importaba su propio placer. Jadeaba cada vez más fuerte y sudaba. Las gotas de sudor caían sobre mi espalda. Yo intenté aguantar el dolor pero no pude y empecé a gritar. Él sacó su polla de repente y con una fuerza brutal me tiró sobre mi espalda y tumbándose encima me tapó la boca. Había fuego en sus ojos, odio y violencia. Yo le miraba con los ojos llenos de lágrimas.

–No grites gilipollas, me espetó-, que nos van a oír los vecinos.

Se incorporó un poco y lo pude ver bien. Estaba en todo su esplendor, cachondo como un perro y todo sudado. Se había quitado la camiseta y podía ver todo su cuerpo en tensión, la piel blanca muy lisa, delgado pero fuerte y con los músculos bien marcados. Su tripa, con los abdominales dibujados se hinchaba por los jadeos  a la vez que su pecho subía y bajaba al compás de la respiración. Cuando parecía que iba a pegarme, me besó salvajemente, metiendo la lengua muy adentro y con la boca abierta para seguir jadeando. Era pura pasión y deseo.

Me miró de nuevo. En sus ojos vi que estaba decidido a terminar lo que había empezado. Me levantó las piernas y las puso sobre sus hombros. Se inclinó sobre mí, apoyando una mano junto a mi cara. Acercó su cara a la mía. La cara de un chico guapo llena de placer, sólo pensando en el placer, es una de las cosas más excitantes del mundo y yo la veía tan de cerca. Escupió en su mano libre, untó su polla con la saliva y la enfiló de nuevo a mi ojete. La puso en la entrada y de un solo viaje la dejó ir hasta el fondo. Esta vez no se paró y empezó a bombear directamente, sin preocuparse de si me dolía o no. Yo sabía que no podía hacer nada aunque el roce se me hacía insoportable. Pese al dolor, estaba muy excitado y mi erección no bajaba.

Apoyó sus dos manos en el suelo y sobre mí me bombeó salvajemente durante unos minutos. Entonces incorporó el torso y sin apoyo de nada, sólo con la fuerza de sus abdominales me follaba frenéticamente, con su cuerpo levantado como un dios hacia el cielo y la cabeza un poco hacia atrás, los ojos cerrados, concentrándose solamente en el placer de su polla y con todos los músculos en tensión, como demostrándole al mundo su fuerza de chaval joven y muy caliente. Entonces abrió los ojos. Sin pararse ni un momento cogió un cigarro, se lo llevó a los labios y lo encendió. Tiró el mechero y dejó el cigarrillo encendido colgando de sus labios. Esa visión hizo que mi polla se hinchara al máximo. Dio tres caladas profundísimas y seguidas, fruto de su agitada respiración. Pareció marearse por la falta de oxígeno, pero en lugar de venirse abajo se tensó aún más, noté mucha más presión en mi ano, como si su polla hubiese engordado aún más y estalló.

Un gemido profundo salió de su boca acompañado de una gran bocanada de humo y yo noté como mi culo se lubricaba por la leche que derramaba en el. Fue una corrida muy larga que parecía no acabar nunca. Era increíble el pacer que se reflejaba en su cara. No podía creer que yo hubiera sido capaz de provocar tanto a un tío tan bueno. Acabó de correrse pero no dejó de follarme. Con las entradas y salidas de su polla, su lefa se me escurría fuera del agujero por las nalgas. Me miró. Se inclinó un poco hacia mí y me abrió la boca con su mano izquierda. Llevó la derecha al cigarro, dio una calada y lo quitó de sus labios. Con el humo aún dentro juntó saliva y la dejó caer en mi boca abierta. Ver a aquel tío escupiéndome en la boca y el sabor de su saliva me hicieron enloquecer.

Agarré mi rabo y me pajeé unos segundos. No necesité más para correrme. Mi polla escupió semen como nunca y salpiqué los abdominales y el pecho de mi amante. Me encantó pringarle con mi lefa, como una pequeña venganza por lo que me había hecho sufrir. Como una forma de dejarle claro que se había excitado y corrido con un tío y que por tanto, a él también le tocaba llenarse de semen. Lo miró con cierto asco, pero antes de que reaccionase, llevé mi mano a su cuerpo y se lo extendí todo sobre su piel sudada. Entonces por fin paró de follarme y se separó. Sacó la polla de mi culo y tras ella salieron los restos de su corrida que aún quedaban dentro.

Se tumbó a mi lado fumando. No me miró. Con su mano llevaba el cigarro de su boca a la mía. Lo compartimos hasta que se acabó. En silencio se levantó. Yo lo miraba desde abajo, desnudo, como la estatua de un dios. El no me miró. Se vistió y se fue sin volverse atrás. Sólo se paró un momento pero fue nada más que para sacar otro cigarro, encenderlo y seguir andando. Yo me quedé tirado y dolorido, viendo cómo se alejaba el tío más cachondo de todo el instituto. Cuando desapareció, dolorido, empecé a moverme para vestirme e irme a mi casa.

Fue el primer polvo de mi vida y ocurrió tal y como lo he contado. No volví a estar con aquel chico. Él siguió ligando con las chicas del instituto. Cuando nos cruzábamos, me saludaba con un “Hey, tío” muy varonil y con mucha pose, con un gesto que me hacía estremecer de lo guapo que se ponía, y seguía su camino. Para mí, lo que pasó fue una experiencia increíble. Al poco tiempo él empezó a salir con una chica del instituto. Los veía en los descansos cuando salían a la calle a fumar juntos y me los imaginaba follando, él sobre ella moviéndose como un salvaje y con su cigarro en la boca.

Utilicé esa imagen para mis pajas nocturnas durante mucho tiempo, deseando siempre ser ella. Me preguntaba si con las tías también fumaría mientras se la mamaban y mientras se corría. Con lo que para mí significa fumar, ese polvo fue el mejor de mi vida. Después de aquello empecé a animarme y follé con más tíos, pero casi siempre de forma normal, sin fumar, porque a la mayoría de la gente eso le da asco. Pero para mí, el mejor sexo es hacer exactamente a un chico guapo y joven lo que él me hizo a mí, bombearle el culo hasta la extenuación mientras le echo el humo en la boca.
Autor: Jon

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Escrito por Marqueze

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