GALLETITAS CON LECHE

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Cuando era chico me gustaban las galletitas con leche como merienda. Nunca pensé que a los 22 años, con manteca en el agujero del culo recibiría leche de mis amigos por adelante y atrás, mientras yo saboreaba las galletitas con chips de chocolate. Mi boca y mi trasero recibían abundante semen o leche de jóvenes compañeros. Eso me abriría la mente a ricas experiencias culinarias y sexuales. Ahora contaré mi historia reciente. Soy Enrique y buscaba una vocación y un trabajo

No es fácil conseguir trabajo sin estudios en computación. Yo soy medio lento para estudiar esas cosas, pero tengo habilidad con las manos. Dentro de las cosas de moda están los cursos de cocina y repostería. Me anoté y pagué en un curso de cocina joven con salida laboral. Allí estaba junto a otros 19 muchachos, con ganas de aprender. Los delantales y los gorros blancos nos daban un aire jocoso, aunque eran parte del uniforme. En las duchas y vestidores nos hicimos amigos ya que compartíamos todo para la higiene y buena presentación. Marcial (23), Leonardo o Leo (25), Javier (24) y yo, Enrique (22), formábamos un grupo para estudio y práctica. Veníamos de distintos lugares lejanos del conurbano de Buenos Aires y siempre nos olvidábamos algún instrumento o algún ingrediente para las prácticas de cocina. Leo tenía más experiencia porque había trabajado en una confitería, pero recibía nuestras bromas porque tenía un pene enorme que le colgaba como una trompa de elefante. La escuela tenía como costumbre hacer una fiesta mensual, con lo que nosotros preparábamos y unos buenos tragos. Por sorteo me tocó preparar galletitas con chips de chocolate, como primer examen. Realmente me puse nervioso al mezclar los azucares blanco y moreno con la manteca, los huevos y la esencia de vainilla.

Cada uno hacía lo suyo, aunque Leo que estaba cerca de mí me hacía pequeñas señas que me daban confianza. Cuando acomodé la masa preparada sobre la placa enmantecada, las formas de las galletas fueron irregulares. Las cociné a 160 grados y las presenté.

-Quiero probar una galleta -me dijo Leo. De sabor están buenas, pero todas parecen tener forma de pene. ¿En qué pensás, Enrique? -Estoy nervioso y no me acuerdo bien de las recetas -dije como respuesta, mientras me tomaba mi primer trago con el estómago vacío. Gracias a Leo pude terminar bien estas galletas de forma rara…pero que todos quieren probar.

Esa tarde Leo me llevó a su departamento para que durmiera un poco antes de volver a mi casa, ya que la tensión y los tragos me tenían adormecido. Me ayudó a sacarme la ropa, mientras me metía su mano en mi trasero y no era para que no me cayera…

-Te voy a preparar una receta casera que va bien con tus galletas -me dijo al oído y se fue a la heladera. Yo me dormía de a ratos. Buscó manteca en la cocina y en tiritas la metió por mi ano empujándolas como supositorios con su dedo mayor. Algo más de dolor cuando puso dos dedos. No quiero contar lo que sentí cuando de costado me fue metiendo, a fuego lento, la mitad de su pene. Sentí los espasmos de su descarga de semen o leche en mi recto. Aunque dolorido por esta iniciación, me dormí.

Cuando desperté fui a la sala y allí estaban Marcial, Javier y el dueño de casa, tomando tragos y comiendo unos sándwiches de miga. En una bandeja estaban algunas galletitas con chips de colócate que yo había preparado.

-Te falta tomar tu copa de leche con las galletas -dijo Leo. Todos los demás se reían, pero asentían.

-¿No se cómo? -dije, ya que esperaba tomar una cervecita fría.

-Es muy sencillo -dijo Javier, bajándose el pantalón y los calzoncillos. Enrique, come un pedacito de galleta y mama mi pene hasta que termine en tu boca.

No tuve opción ya que me hicieron arrodillar mientras masticaba una galleta. La verga de un cocinero siempre está lista, ya sea por el calor de las hornallas o por lo que sea. Tragué la leche de Javier y después de Marcial, aunque lo difícil fue con Leo ya que llegaba a mi garganta y era enorme. Así me c

omí las últimas galletas que me parecieron deliciosas.

Las prácticas fueron intensas y ante todos, éramos el equipo triunfador. Al poco me fui a convivir con Leonardo y las prácticas fueron rutina. Al principio, todos gozaban de mi culito que iba dilatando mi agujero; de a uno, me daban lo que tenían como si yo fuera el único pasivo. Cuando formé pareja con Leo, tuve oportunidad de romper la virginidad de Marcial quien había formado también pareja con Javier. Cuando había que celebrar una nueva receta de cocina o un premio, teníamos, para los cuatro, una sesión con galletitas y semen recién ordeñado.

Nuestro renombre nos dio un espacio en algunos congresos y conferencias donde se colocaban los productos para degustar y de paso se hacían reuniones de intercambio. Así recibimos de Alemania dos muchachos que eran oficiales pasteleros: Otto (20) y Kart (21), quienes se alojaron en un hotel modesto del centro de Buenos Aires. Cada uno de nosotros debía llevarlos a los distintos lugares de demostraciones, pero después del primer día, anduvimos juntos todo el tiempo. Realmente tienen un cuerpo joven, trabajado por deportes y con caras nórdicas que son como para besarlos. Por eso, hablamos de hacer una fiestita con Marcial, Leo, Javier, yo y ellos. Les explicamos que cada uno tenía que traer algo que degustáramos los demás.

La tarde de la fiesta, en nuestro departamento, tomamos unos licores fuertes que Otto y Kart trajeron como regalo. Hablamos de chicas y chicos, ya que nuestra visita parecía que traían un fuerte paquete entre las piernas que estaban abiertas para nuestra fascinación. No se cuando pasamos de la gastronomía al sexo, y no se si nuestros visitantes entendieron bien o qué, pero la fiesta tuvo sorpresas. Marcial trajo una baguette dulce que se podía lamer, que en definitiva era un dildo de gran porte, con miel y melaza que le calzamos en el orto de Otto, quien no se resistió mientras se lo introducíamos. Yo degustaba mis galletas mientras mamaba la tremenda pija de Karl. Leopoldo untaba el agujero de Kart con tiritas de manteca fría, lo que mostraba un refinamiento antes de cogerlo con su pene de 25×5. Marcial dejaba que Kart le lamiera el agujero adornado con manjar blanco que estaba en su punto. Javier estaba de bajo de Otto quien hacia esfuerzos por tragar por su trasero toda la baguette.

Después de dos días de cocina y cama, nuestros visitantes volvieron por Ezeiza a su país. Aprendimos algunos trucos de repostería para el sexo gay como decía Kart y ellos volvieron con nuestros sabores en la boca y el ano.

Como despedida, les obsequié una caja de galletas con chips de chocolate que deben comerse con leche recién ordeñada de algún macho bien dotado.

Autor: PATRICIO ALONSO patricioalonso2003 (arroba) yahoo.com.ar

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Escrito por Marqueze

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