Gangbang con Maria Jesus, una madura insaciable

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Un tiempo después de la aventura con la profesora deje la universidad ya que el estudio no era lo mío. Entonces mientras decidía que hacer de mi vida pasaba largos ratos en el gimnasio de una urbanización donde mi primo Javi es monitor. Javi suele enrollarse con algunas de las mujeres que acuden al gimnasio. En particular, con una que se lama María Jesús,  una mujer que tiene 36 tacos, rubia de bote, pelo corto, de 1.70 de estatura, rellenita, ojos claros, un pandero inmenso pero firme, unas piernas tremendas con unos muslazos enormes, prietos y duros. Pero lo que más llama la atención son sus tetas. María Jesús tiene un buen par de tetas, con implantes de siliconas que agrandan los que de por si deben haber sido un buen parte de tetas de forma natural. Sus tetas son dos melones gordos, grandes, llenos, globosos que  llaman la atención del público masculino.  Además la tía es  una calientapollas que sabe como ponérsela tiesa a los tíos. Siempre sale vestida con blusitas blancas, trasparentes, flojas, con escotes que enseñan el canal de sus tetorras. Y gracias a esas blusas se le trasparenta el sujetador que es siempre de encaje de media copa, un sujetador de puta que trasparenta el pezón. Además, ella  tiene las tetas  tan gordas que llenan la blusa y al moverse se le bambolean dentro de la camisa y le sobresalen las tetas por los bordes del sostén.

Al llenar al gimnasio una mañana, mi primo me dijo – Llegas justo para participar del regalo de cumpleaños de María Jesús. Si te apetece, te sumas a la gangbang que le tengo montada.  Al rato llega María Jesús, con un catsuit de lycra que le transparentaba la braguita y el corpiño. Después de hablar tonterías y de que ella se insinuase, mi primo le dijo que pasase a la sala de usos múltiples donde está el tatami para hacer Pilates. Ambos se dirigieron a la sala y mi primo hizo un gesto de complicidad el resto de los que estábamos en el gimnasio. Matías, uno de los habituales, cerró con llaves la puerta del gimnasio y todos nos dirigimos tras ellos.  Ella al principio no lo notó. Una vez en la sala, mi primo le dijo – Puta, arrodíllate y hazme una mamada.  Ella no se hizo rogar. Le sobaba la polla y jugaba con su glande. Mi primo estaba muy caliente y casi la ahogó con su dura y caliente polla metiéndosela  en un solo envión en la boca, al grito de putita hoy vas a gozar como te mereces!!! Entre los  ahogos de María Jesús y las embestidas de mi primo, éste acabó en ella, ordenándole que bebiera hasta la última gota. Ella obedeció sumisamente pasándose la lengua por sus labios para que no quede ningún rastro de semen.

Al terminar la mamada, María Jesús vio que  no estaban solos y le preguntó a mi primo que hacíamos ahí. Él le contesto –Puta, son tu regalo de cumpleaños, cinco pollas además de la mía. Ella entonces se paró y nosotros la rodeamos y comenzamos a tocarla y desnudarla. Un  grandote llamado Santi entonces la forzó a inclinar el torso y tomándose con la mano derecha su falo erecto lo llevó hasta la boca de María Jesús, dejándola anonada del semejante pedazo que este cargaba!!! Ella rodeó con sus labios la polla, lamiéndola suavemente, a la vez que su lengua recorría parte del tronco de la polla que ella sostenía con su mano. Mientras otro de los muchachos, un mulato, hurgaba con sus dedos dentro del chocho de María Jesús, pasando rápidamente a darle ligeros lengüetazos. Entonces, otro se apoderó de su ano, y se lo comenzó a dilatar con la punta de la lengua.

Mientras tanto, yo, mi primo, y el sexto chico nos masturbábamos a centímetros de su cara sin quitar la vista de la escena. El que estaba en el culo dejó su lengua para meter primero un dedo, luego dos, moviéndolos circularmente como haciendo lugar. Quitaba los dedos y los llevaba a la boca de María Jesús para que ésta los lamiera. Ella sacó entonces la polla que tenía en su boca, y chupo los dedos con devoción, relamiéndose como una prostituta a la que luego recompensarían por su trabajo. Excitadísimo, abriéndole las nalgas con ambas manos, el chico la penetró por el culo que él mismo ya había dilatado. Él lo hacía con movimientos toscos, como si nunca hubiera penetrado a una mujer por la puerta trasera. Ella le suplicaba que lo hiciera más suave, pero esto lo enfureció y la penetró bruscamente hasta el fondo, arrancándole una mezcla de gemidos y de dolor.

En ese momento, el grandote, dejando el cuerpo de María Jesús casi en el aire, metió su gran polla por el chocho, con embestidas casi brutales se la mandó hasta el fondo. María Jesús parecía sentirse en la gloria mientras la follaban por los dos agujeros salvajemente, sus gemidos parecían aullidos de loba en celo en pleno acto de procreación.

Una vez desahogaron sus pollas, los dos chicos levantaron a María Jesús en vilo y la depositaron en el tatami. Los otros cuatro, nos acercamos a ella, la hicimos arrodillar e hicimos turnos para llenar su boca con nuestras pollas. En un arrebato de calentura mis huevos explotaron de lo cargados de leche que ya estaban, bañando las tetas de María Jesús, quien comenzó a lamérselos. Mientras yo aún me retorcía de placer, uno de los chicos pasó a apretarle las tetas con ambas manos,  juntándolas y metiendo su miembro en medio de ellas. Así se masturbo a un ritmo descontrolado sin parar y cuando se vio venir agitándolo la polla esparció todo su semen en las tetas de María Jesús. Esta entonces nos miró y lamió las tetas hasta dejarlas tan limpias como habían llegado.

Acto seguido mi primo se acercó a ella. La puso en cuatro patas y le taladró el culo. Mientras este la enculaba, los demás nos pusimos en fila frente a ella, para que de uno en uno nos mamara las pollas. A su trasero no le dábamos respiro. Cuando mi primo lo dejó, lo ocupó otro. El pobre estaba tan caliente que al tercer bombeo se corrió dentro de ella y así con la leche aun saliendo de su agujero fui yo y la empale sin piedad, encontrándolo tan agrandado de tanto traqueteo me yo metía y sacaba la polla sin dificultad hasta los huevos. María Jesús mientras tanto estaba en un lujurioso sin fin de orgasmos. Sus gemidos ya no eran tales, sino más bien eran gritos. Yo la premie con una terrible eyaculación. Aún sin sacarla, dando mis últimas embestidas sentía como chorreaba el líquido hacía afuera.

María Jesús parecía exhausta. Había disfrutado con pollas de todo tipo y después del último orgasmo se puso tumbada con las piernas bien abiertas. Entonces el grandote,  comenzó  a comerle el coño. El resto, estábamos todos metiéndole mano en las tetas, y el mulato lo acercó su polla a la boca diciéndole – Putita cachonda. Entonces ella se levantó bruscamente, y cogiendo al grandote de la camiseta lo tumbó bruscamente sobre ella dicendele – Fóllame cabrón. Al penetrarla el grandote ella grito-  ¡Que polla Dios! Sus gemidos yo creo que se escucharon hasta fuera del gimnasio. Mientras tanto uno de los chicos le metió la polla en la boca y se corrió rápidamente dentro de ella.

Entonces mi primo le dijo- Puta quieres aún más. Esta sin responder hizo un gesto de que sí. Entonces la hizo poner en cuatro y nosotros nos pusimos los seis en  fila india. Ella sólo pido que el grandote esperara para el final. Uno a uno fuimos follándola. Ella no tardó nada en ponerse como una moto otra vez, aquello era indescriptible. Cuando le tocó el turno al grandote ella tuvo un orgasmo que yo pensaba que se moría de la forma que temblaba.

Después de ello, María Jesús su ducho y cambió. Mi primo abrió una botella de champan francés y brindamos. Ella nos dijo que estaba algo cansada y dolorida, que lo había disfrutado mucho. Que había sido su mejor regalo de cumpleaños en treinta y seis años. Después nos dijo que ya era muy tarde y se marchó a su casa, mientras nosotros nos quedamos hablando sobre las tetas y el culo de María Jesús.

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