Hacía poco que ella y yo cogiamos..

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Nos habíamos conocido en un chat porno, allí ella estaba arreglando con otro loco para reunirse con la específica finalidad de tener sexo. Lo estaban concertando en la sala general, y alguna expresión de ellos me hizo comprender que eran de aquí, de Montevideo…

Lo que pasó a continuación, sin embargo, es asunto de otro relato.

Ahora quiero concentrarme en lo que pasó luego de ¿dos o tres? veces que habíamos estado juntos. Unos pocos datos más, para hacer comprensible la historia. Digamos que ella se llamaba Lucy, yo a mi vez me llamo Alberto. El otro amigo con quién ella estaba charlando ese día que entramos en contacto, también se llamaba Alberto.

Bueno ahora a la acción.

Esa noche estaba muy caliente.

Busqué un teléfono público y la llamé. Su vos salpicaba en gotas frescas a través del teléfono

-Hola, soy Alberto

-Hola, ¿en que andás?

-Con muchas ganas de hacerte una visita

-Venite entonces Así me dijo, y rápidamente me fui hasta su casa. Cuando me abrió la puerta yo ya deseaba tocarla, lamerla, morderla, pero debíamos llegar primero hasta su apartamento. Caminé en silencio no por no desear hablar con ella, sino por contenerme de no comenzar algo en un sitio en que podía dejarla en evidencia frente a sus vecinos.

Una vez que entramos en su casa, noté que estaba chateando. Ella estaba muy entusiasmada. “Paciencia, -me dije-. Déjale que se complazca tranquila, así luego los dos estaremos mejor”. No me es difícil la paciencia, siempre he pensado que la demora estimula el placer.

Traté de concentrarme en ella. Miraba con ansiedad la pantalla, sus labios se entreabrían, su nariz demostraba lo intenso de su respiración. Realmente lo que el le escribía le estaba llegando. Así que decidí mirar en su pantalla.

No se qué le habría dicho antes, pero en ese momento le estaba pidiendo el número de teléfono para llamarla. Yo noté que ella se sentía entre dos fuegos. Por un lado deseaba contactar con él, por otro quería que comenzacemos lo nuestro.

-Dale el número -le dije-. No hay problema, tengo que chequear mail.

Ella no se resistió mucho, le dio el número, y me dejó la computadora.

Como tiene la PC en el dormitorio, al sentarme y comenzar la rutina de chequear mensajes la ví como se iba con el teléfono inalámbrico a la cama, se tendía y recibía la llamada del ignoto y anónimo visitante. La veía sonreír, la veía moverse sinuosa y delectante, la veía complacida y complaciente.

No se cuánto tiempo estuve chequeando cosas, pero tras el mail, revisé otros temas. Ellos seguían hablando, su conversación subía de tono, estaban en pleno preámbulo sexual. Así que decidí dejar a un lado la computadora.

Ella me hizo un gesto indicándome que la acompañase en la cama y yo no me hice rogar. Entonces ella le preguntó su nombre ¡y hete aquí que el también se llamaba Alberto!. Si alguna duda me quedaba, esto despejó cualquiera que quedase.

Comencé a tocarla, a acariciarla a través de las ropas. Me encantan sus tetas. Tiene los senos grandes, redondos, como frutas bien jugosas. Mis manos los recorrían mientras mi lengua buscaba su oreja libre, mientras mi lengua se introducía en su oído, mientras mis dientes mordían su lóbulo.

Ella estaba complacida, conmigo y con él. El le estaría diciendo quién sabe qué, pero ella le jadeaba y le pedía más, yo comencé a desvestirla y a desvestirme. Me introduje entre sus piernas y comencé a chuparle la concha.

Me encanta la concha de Lucy. Tiene una choncha grande, con labios muy carnosos, jugosa, con un clítoris bien fácil de excitar. Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación. Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones (sus pezones son grandes, son oscuros, y contrastan con su piel blanquísima). Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Ella deliraba de placer, y comenz&oa

cute; a dejarme escuchar lo que él le decía. En realidad no eran ya palabras, sino gemidos. Era claro que él se estaba pajeando y que del otro lado jadeaba con fuerza. Todo esto no hacía sino calentarme más y más, a mí, que -Alberto el Silencioso-, debía por un nunca pronunciado acuerdo, permanecer oculto para el que cojía con nosotros a la distancia.

Ella hizo entonces algo que no había yo imaginado fuese posible. Rápidamente me tumbó sobre mi espalda y comenzó a chuparme la pija. ¡Cómo la chupa esta mujer!. Eso sólo debería ser tema de varios relatos, pero ahora quiero contar como entre chupada y chupada se las ingeniaba para hablarle y decirle

-Sí si si, hacemelo -chupaba y su cabeza subía y bajaba- quiero más, más, más -y yo volvía a sentir mi pija en su boca húmeda, tibia, acariciante-, ah ah ah aaah -y otra vez sentía como mi pija se iba hasta el mismo fondo de su garganta Entonces quise cojerla, quise que mi pija se hundiera en su concha de una buena vez, así que esta vez yo la puse sobre su espalda, y separando sus piernas, las elevé para que quedaran sobre mis hombros. En esa posición la penetré y sentí la tibieza y la presión de su vagina sobre mi verga.

Con firmeza y con pasión una y otra vez iba yo repitiendo el sempiterno movimiento que todos tantas veces hemos disfrutado. Ella seguía con el inalámbrico junto a su oído, y de vez en vez me lo ponía en el oído, para que pudiese escuchar sus gemidos, a un tiempo que tapaba mi boca para que él no me oyese.

Yo sentía que llegaba el momento de acabar. Lo retuve una vez, lo retuve dos veces, sabía que la próxima vez sería la definitiva. No me gusta acabar allí donde natura ideó la cosa, siempre prefiero otros sitios. Pero siendo que ella seguía hablando no podía pedirle a Lucy su opinión. Así que me salí y comencé a frotar mi pija contra sus tetas. Cuando ya faltaba poco, me pajée un poquito, y mi leche salió sobre sus tetas, tibia y viscosa, derramándose sobre su seno y su pezón.

Una cosa que me encanta es saborear mi propio semen y compartirlo con quién se halla conmigo. Así que fui a lamer mi leche sobre el pezón de Lucy. Un poco me lo comí, -ella a su vez estaba tomando con su dedo una muestra para llevárselo a la boca-, y otro poco con mi lengua se lo llevé hasta sus labios.

Acá, natura manda, el esfuerzo me había dejado algo cansado y necesitaba tomar aliento, pero ella aún no estaba, así que se tendió boca abajo y con la mano que no tenía el auricular comenzó a pajearse. Mientras lo hacía yo le acariciaba la raya del culo. Mi intención había sido meterle un dedo en el culo, pero en realidad ella al pajearse apreta mucho su culo y ello no era posible.

No es posible explicar bien, el placer que siento cuando habiendo yo terminado, la veo pajearse para llegar ella. Me encanta ser testigo del placer que se causa, me encanta ver cómo su cuerpo tiembla, como su cara va tomando una expresión enajenada, poseída por el goce, abstraída, turbia y concentrada.

Bueno, que la llamada llego a su fin, y ella alcanzó lo que buscaba, y quedamos allí tendidos, dichosos, pegajosos, acariciándonos, besándonos, abrazándonos y prometiéndonos nuevos momentos de placer.

Autor: hardland2002

hardland2002 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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