Historia de un esclavo sexual II

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Eso de poder hacerte el amor en frente de tu marido, es muy morboso, y no lo dudes que quiero hacer parte de ello, para mí no es ningún sacrificio sería el placer más grande que nunca hubiera podido imaginar, me han dicho otras mujeres que soy atractivo, pero atractivo o no, lo que me siempre quise, fue encontrar una mujer como tú, que me encantas, y hacerla sentir como una reina a mi lado.

El Inicio (Segunda Parte)

Entramos al apartamento y las niñas estaban dormidas en sus alcobas, nos dirigimos a nuestra habitación y sin más preámbulos Alexandra me atrajo hacia ella y me besó, pasaba su lengua por toda mi boca y la enredaba con la mía. Yo podía percibir en ella el sabor desconocido de otra boca y un olor y sabor extraño (la verdad no tan extraño, porque todo parecía indicar que era a semen).

Yo estaba como loco y, desesperadamente, le quité el vestido que llevaba, dejándola solamente con la media pantalón de malla y las sandalias de tacón alto que tenía.  Bajé por sus pechos chupándolos con rabia y deseo incontenible y sintiendo en cada chupada la evidencia inconfundible de que otro ya había pasado muchas veces por cada centímetro que recorría de su piel.  Ella empezó a hablar diciendo: no te alcanzas a imaginar lo rico que la pasé y como disfruté ponerte los cachos con ese machote que me conseguí, y cómo me deseaba ese tipo.  Con todo lo que me hizo y cómo me lo hizo me demostró que se moría por comerse a tu mujer, y a fe que se la comió y se la gozó como quiso.  Eso es lo que te mereces, por cabrón.

Yo, mientras tanto, había bajado hasta su concha, y arrodillado, lamía su vulva por entre los huecos de la media pantalón, constatando, sin ninguna duda, que le habían vaciado una abundante descarga de leche en su concha, y ahora, mezclada con sus jugos, eran el más delicioso brebaje que inmediatamente sube al cerebro y lo destroza con todo el morbo que produce. Yo alucinaba, lamiendo lo que más podía por todos lados, mientras desesperadamente la despojaba de la media pantalón para no encontrar ningún obstáculo y poder introducir mi lengua en ese pozo lleno de fluidos mezclados.

Ella ponía esa expresión de puta en celo que tanto me fascina y se dedicaba a gozar cada lengüetada que le daba. Murmuraba: como eres de cabrón, es bueno que te acostumbres a lamer la leche de otros en mi cuca porque eso es lo que te va a tocar hacer de ahora en adelante, maldito cornudo  Yo ya no tenía voluntad, y la embriaguez del morbo era total, y quería beber toda la humedad que salía de su cuca.  Finalmente ella no soportó más y se retorció víctima de un intenso orgasmo, que con toda seguridad no era el primero de la noche, agarrándome con fuerza por el pelo y pegando mi cara todo lo que podía a su vulva, como queriendo tragarme con su vagina.

Ella me retiró, se recostó en la cama, sacó la cámara de video que había llevado y me la entregó para que la conectara al televisor.  Así lo hice, sin darle “play” porque ella me lo pidió, me desnudé y me recosté a su lado.  Alexandra tomó mi miembro, que estaba a punto de reventarse de lo duro que estaba por toda la excitación que sentía, y lo empezó a masajear de arriba a abajo.  Yo le lanzaba miradas suplicantes, queriendo escuchar lo que había pasado y ver el video.  Alexandra decidida dijo: Damián, lo que antes era una fantasía se volvió realidad, tengo un amante, como siempre lo desee, fue todo tan rico.  Con ese tipo te pongo los cachos a diario si él lo quiere. Está buenísimo, es un repapazote, y me cogió tan rico.

Yo me enloquecía con lo que ella me decía y le pedí: por favor cuéntame desde el principio, con todos los detalles.  Alexandra dijo: listo mi cornudito, te voy a dar gusto.

En el estadero que me dejaste miré si ya Luis había llegado, pero aún no.  Busqué entonces una mesa en la que pudiéramos hablar tranquilos sin mucha gente alrededor y me senté y pedí un coctel.  Te puedo asegurar que no hubo hombre que no me mirara, deseando meterle mano a tu mujercita.  Luis llegó en unos pocos minutos, realmente antes de la hora acordada y me encontró fácilmente, yo me paré para saludarlo, él se acercó y me dio un beso en la mejilla, diciéndome que era muy puntual, que él esperaba llegar primero.

Después de unas cuantas frases sobre el sitio, que si me gustaba, que si ya había estado allí, que me veía preciosa, etc., me dijo que me agradecía mucho por haber aceptado salir con él, le dije que lo hacía muy gustosa y que, como le había insinuado por teléfono en la mañana, tenía varias cosas que hablar con él de manera directa.  Me contuve de decirle que él se veía todo un papacito, que olía delicioso y que me provocaba comérmelo allí mismo.  En vez de eso saque fuerzas para ser muy directa e ir al grano de lo que quería lograr de él.  Le dije: Luis, la verdad es que ayer que te me acercaste en el centro comercial, me sentí muy alagada y, para no darle muchas vueltas, flechada por ti. Me gustas mucho y quiero arriesgarme a tener algo contigo.  A Luis le brillaban lo ojos, me tomó las manos y me dijo que él estaba a dispuesto a todo conmigo.  A mí me palpitaba el corazón aceleradamente y sentía ese cosquilleo que sentí cuando por primera vez me besaste o cuando me pediste que hiciéramos el amor la primera vez.  Sólo que en este caso quien iba a llevar la iniciativa era la putica de tu mujer.

Continué diciéndole que me disculpara si le sonaba atrevido todo lo que le iba a decir, pero dadas las circunstancias de ser una mujer casada y teniendo muy claro lo que quería consideraba que no debía titubear para decírselo.  Ya sabes que soy casada, tengo dos hijas, y la verdad, adoro a mi familia. Puede sonarte extraño, pero amo a mi marido profundamente.  Tenemos una relación, diría yo, muy especial, y hemos sido lo bastante sinceros para decirnos lo que queremos y confiamos completamente el uno en el otro, y por ello tenemos esta relación tan especial, abierta, donde nos damos ciertas posibilidades.

Él está enterado de tu existencia, él me trajo aquí para encontrarme contigo, yo no quiero que tú pienses que estoy jugando contigo, ni que me aprovecho de ti, aunque la verdad es que de alguna manera me estoy aprovechando porque eres la posibilidad de hacer realidad varias de mis fantasías, y de mi marido; pero si tu aceptas lo que te voy a proponer, sin que haya ningún engaño de por medio, pues tienes la posibilidad de disfrutarlo.  Tú puedes decir con toda tranquilidad que no aceptas hacer parte de una relación así, y yo lo voy a entender, y simplemente nos despedimos, o puedes disfrutar de lo que te voy a proponer.

Alexandra me contó que en Luis se veía perplejidad, pero que se notaba ansiedad por saber lo que le iba a proponer, y que le dijo: cuéntame cuál es la propuesta, ya te dije que estoy dispuesto a todo, espero que no sea grave lo que me propongas.

Alexandra continuó: mi marido y yo, creo que como cualquier pareja, tenemos fantasías sexuales, sólo que nosotros siempre hemos manifestado el deseo de volverlas realidad, y hemos hablado mucho sobre ellas, lo que nos permite saber que no son sólo palabras y fantasías, sino que de verdad podemos llevarlas a la práctica.  Una de ellas, de las que más hemos deseado juntos, es la de que yo pueda tener un amante.  La parte mía de la fantasía, que tal vez Damián, mi esposo, no conoce completa, es la de encontrar un hombre, que no es por alagarte simplemente, sino que ni que te hubieran hecho a la medida de mi fantasía, fuera un papacito como tú, creo que no soy la primera que te dice que eres un hombre muy atractivo.

Luis sonrió, y yo tomé valor para seguir: pero lo más importante para mi es que yo le atraiga a ese hombre, tanto o más, como le atraigo a mi marido, y tú me lo has expresado así. Quiero ser consentida por un hombre diferente a Damián y claro, poder consentirlo a él.  La única condición es que no será a espaldas de mi marido, como normalmente lo hacen los amantes, sino preferiblemente en su presencia.  Te puede parecer muy extraño, pero lo consideramos nuestra manera muy personal de disfrutar la sexualidad. Yo disfruto sometiendo sexualmente a mi marido, fantaseamos con que yo lo haga con otros hombres en frente de él, que lo obligue a ver como otros hombres disfrutan de su mujer y como su mujer disfruta con otros hombres.

Me excita mucho insultarlo y humillarlo, y él lo disfruta a plenitud.  Insisto, puede que te parezca muy raro, pero simplemente es una forma más de disfrutar nuestra sexualidad, no nos hacemos daño ni le hacemos daño a nadie.  Si tú decides hacer parte de esta relación, la idea no es lastimarte, sino que disfrutes de ello.  Como te dije, hemos hablado mucho de esto, hay muchas cosas más que hemos fantaseado.  Creo que en una relación así se pueden abrir un sinnúmero de posibilidades. Aún hay muchas cosas más por contarte, pero quiero saber qué piensas.

Alexandra me contó que Luis estaba como aturdido, mientras ella no pudo evitar mojarse mientras le hablaba a ese hombre así.  Luis, después de tomar un sorbo de su trago, y retomando las manos de Alexandra en las suyas dijo: Uno nunca se llegaría a imaginar o a esperar tener la fortuna de encontrarse una mujer como tú, que me fascina, y adicionalmente, enterarse que tiene unas fantasías que quiere volver realidad, que son alucinantes para mí, no hubiera nunca fantaseado de manera tan perfecta con algo tan rico, tan, discúlpame, morboso, y poder hacer parte de ello. Te repito, para mí sería alucinante poder hacer parte de una relación así.

Eso de poder hacerte el amor en frente de tu marido, es muy morboso, y no lo dudes que quiero hacer parte de ello, para mí no es ningún sacrificio, sería el placer más grande que nunca hubiera podido imaginar. Sí, me han dicho otras mujeres que soy atractivo, pero atractivo o no, lo que me importa y siempre quise, fue encontrar una mujer como tú, que me encantas, y hacerla sentir como una reina a mi lado.

Alexandra me contó que esta respuesta produjo en ella la salida de chorros de fluidos de su vagina, y empezó a preocuparse porque pensaba que se iba a notar la humedad en su vestido.  Alexandra le dijo atrevidamente: ¿te gusta entonces eso de comerte la mujer de otro en sus narices? ¿Por qué? Y Luis le respondió pícaramente y acercándosele: imagínate como sería de morboso yo cogiéndote con bastantes ganas en las narices del cabrón de tu marido, tu gimiendo de placer, y verle a él la cara de cornudo, y pasarle por la cara mi verga untada de tus líquidos, y la tomó por el cuello, la atrajo hacia él y la besó apasionadamente, mientras Alexandra no resistía ya la excitación.

Me contó que el tipo le metió la lengua descaradamente mientras una de sus manos avanzaba por sus muslos.  A ratos la dejaba de besar y le murmuraba al oído cosas como: te voy a hacer mía, mamacita.  Le vamos a dar el gusto a tu maridito de que un hombre de verdad te coma como te lo mereces.  Te voy a hacer mi putica. Y la seguía besando.  Alexandra se sentía a su merced.  Yo se que Alexandra, aunque disfruta aprovechándose de lo cabrón que soy, sometiéndome, en verdad sueña con que un macho la someta y la coja por su cuenta, y estar rendida a sus pies, o más bien a su verga, y por lo que me contó, puedo decir que seguramente sentía que había encontrado al macho que la haría sentir hembra a plenitud, sometida a sus caprichos sexuales, y que no le daría tregua, como ella lo deseaba.

Luis tomó entonces la iniciativa y le pidió que se fueran a otro lugar, y Alexandra, que hubiera querido aún decir más cosas y acordar con él algunas otras, ya no tenía voluntad para resistirse a sus designios, y aceptó instantáneamente, sin pensar ni un segundo en su marido, sabiendo perfectamente que ese otro lugar era claramente un motel o el apartamento de Luis, donde inevitablemente ese hombre, que no era su marido, se la iba a comer sin ninguna consideración, pero en ese momento Alexandra era puro instinto animal y sólo deseaba estar en los brazos de ese macho que deseaba sin ningún pudor.

En el trayecto desde el estadero hacia el motel, hacia donde finalmente se dirigió Luis en su camioneta, todo fue besos, mientras esperaban el cambio de un semáforo, y toqueteo descarado de la vulva de Alexandra, a través de la media pantalón de malla, sin ningún otro obstáculo, que Luis descubrió rápidamente apenas se subieron a la camioneta. Sus dedos largos y gruesos jugueteaban con la humedad de la cuca de Alexandra, torturándola, teniéndola a punto del éxtasis, pero evitándolo para prolongar el sufrimiento.

Luis, que ya sabía que la tenía sometida a su voluntad, le decía descaradamente, y ya sin ningún recato, que no veía la hora de llegar al motel para clavársela de todas las maneras, que no podía aguantar más las ganas de hundírsela hasta el fondo, que se la  iba a comer un hombre de verdad, que la iba a hacer su putica.

En la cabeza de Alexandra sólo pasaban ráfagas de imágenes donde se imaginaba a ese enorme hombre tomándola en sus brazos, poseyéndola hasta el cansancio, y ella sumisa y gozosa recibiendo sus embestidas.  Mientras lo besaba y escuchaba sus susurros, que la hacían temblar febrilmente, sobaba asombrada el enorme bulto de Luis por encima de su jean, que le despertaba el morbo que toda mujer debe sentir pensando en el placer que le produciría la introducción del enorme miembro que se adivinaba en su pantalón. Al llegar al motel Luis pidió una de las mejores suites, que encontraron disponible inmediatamente.

Parqueó su carro.  Alexandra bajó, y Luis la recibió con un beso y llevándola cargada hasta la cama, la depositó sobre ella y descargó su gran cuerpo sobre su menudo cuerpo femenino, cubriéndola totalmente, besándola violentamente, y recorriendo con sus manos, con mucha seguridad, todo el cuerpo de Alexandra.  Masajeó sus tetas, tomó su cuca en su mano con todo el descaro hasta que Alexandra le pidió suavidad y le dijo que quería grabar todo para torturar a su marido con el video.

Luis la liberó y permitió entonces que Alexandra alistara la cámara y la pusiera a grabar.  Luis, mientras, sirvió unos tragos y Alexandra procedió a quitarse el vestido, bailando sensualmente frente a la cámara.  En ese momento del relato, Alexandra me pidió que le diera “play” a la cámara para que viera lo que había pasado de ahí en adelante en el video, dándome antes una chupada en la verga que me dejó más atontado de lo que ya estaba.

Autor: Alexandra y Damián

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Escrito por Marqueze

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