HISTORIAS DE HOTELES II

Vista la experiencia ocurrida en Madrid (ver primera historia), decidí visitar esporádicamente los hoteles de Barcelona. Me fijaba en señoras solas de mediana edad.

Después de visitar en vano muchos hoteles, y cuando ya daba por perdida esta posibilidad de aventura, apareció ella.

Estaba en el bar de un hotel, situado en una pequeña calle cercana a la calle Pelayo, alta (1,80 cm), de edad media (sobre 40 años), y bien vestida.

La abordé de la forma más tonta, como estaba sentada al lado de la puerta del lavabo, me dirigí hacia él y simulé que me tropezaba, caí delante de ella, y naturalmente simulé un pequeño mareo, ella me ofreció que me sentara a su mesa, y yo en agradecimiento le invité a una botella de cava, enseguida comprobé que le gustaba, y me ofrecí a invitarla a cenar.

Salimos a un restaurante cercano y me explicó que era comercial y que vendía complementos para la mujer, especialmente bolsos y cinturones, durante toda la cena estuve dándole vueltas a la manera de decirle que nos fuéramos a su habitación.

Ella me ahorró el proceso, abiertamente me dijo que yo le gustaba y que le apetecía montárselo conmigo, solo que había que resolver un pequeño problema, su marido que también se dedicaba a la venta de complementos, estaba cenando con un cliente importante, y tenía desconectado el móvil, y no sabía si quería apuntarse a la fiesta.

Cuando estábamos en los postres le llamó el marido, ella rápidamente le explicó la situación, el marido estaba de acuerdo en participar. Ya había llegado al hotel, nos esperaría en la habitación.

Nos dirigimos al hotel y nada más entrar en el ascensor, la señora se lanzó en a darme un beso de tornillo y ya fuimos abrazados hacía la habitación. Nos abrió el marido, un hombre de unos 50 años, 1,90 de estatura y aspecto elegante, aunque salía duchado y con albornoz.

Después de los saludos de rigor nos dirigimos al lavabo para ducharnos. Ella me pidió que entrásemos juntos en la bañera, el marido había tenido el detalle de llenarla, enseguida me acarició la entrepierna con sus pies, yo estaba completamente erecto, y ella aprovechó la circunstancia para inclinarse sobre mi miembro, una buena mamada bajo el agua, es uno de los mejores placeres que se pueden conseguir.

Cuando ya no podía aguantar más le pedí que fuéramos a la habitación.

Después de secarnos salimos, el marido ya esta desnudo sobre la cama, tenía un pene grande pero flácido, ella se lanzó sobre el miembro de su marido, mientras yo se la metía por detrás, él no tardó en llenar de semen la boca de su mujer, esta tuvo también su primer orgasmo, a continuación se giró sentándose en la cama, me cogió el miembro y no paró hasta que mi semen se unió al de su marido en su boca.

Después de lavarnos volvimos a la carga, menos el marido que se quedó en el sofá mirando, con un 69 volvimos otra vez en forma, ella se colocó encima, primero mirándome y luego al revés, ella tuvo un par de orgasmos, que me llenaron de flujo mi entrepierna.

Descansamos un poco, y estuvimos hablando los tres, eran de Alicante y habituales de los locales de intercambio de esa zona, especialmente del Bilítis. Y que siempre que viajaban aprovechaban para visitar los locales de la zona, pero que no habían podido ir esta vez, por falta de tiempo, en consecuencia mi visita les había ido perfectamente.

Ella me preguntó como quería tener mi segundo orgasmo, como ya había probado dos agujeros, me dio morbo probar el tercero, ella me contestó que no había problema. Se puso a cuatro patas y yo le trabajé con la lengua el ano, se la metí poco a poco, mientras su marido le chupaba el clítoris desde abajo, mi orgasmo coincidió con el último de ella.

Antes de marchar me prometieron que cada vez que viniesen me llamarían, pero eso ya es

otra historia.

Autor: Buenrollo

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Escrito por Marqueze

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