Inicio en el sexo

Gay, Osos. Mi mejor amigo me inició en el sexo

Esta es la historia de cómo me inicié en el sexo.

Yo tenía en ese entonces 18 años, era un muchacho alto 1,85, delgado, piel blanca, los ojos castaños y no podía quejarme de mi pija ya que tenía y tengo una pija de unos 17 cm de largo y 14 de grosor, pero tengo muy poco vello en el cuerpo.

A esa edad todavía no pensaba demasiado en sexo, veía a mis compañeros del colegio que se cargaban a nuestras compañeras o iban a bailes para enganchar alguna minita, pero como que a mí no me interesaba el tema, me dedicaba simplemente a los estudios.

En ese entonces conocí a Eduardo, que tomaba el mismo colectivo que yo. Eduardo era un muchacho de mi misma edad, yo soy dos días mayor. En ese tiempo también era delgado, pero el físico mas fornido, tenía un pecho muy desarrollado y una espalda anchísima, un poco mas alto que yo, de ojos castaños y muy simpático. Y lo que me llamaba mas la atención de él, como lo había visto desnudo en los vestuarios del colegió y cuando nos bañábamos después de hacer deportes, es que tenía un vello larguísimo y oscuro, pese a que era muy blanco, que le cubría casi todo el cuerpo, tenía pelos hasta en la espalda. La mata de vellos en el pubis era tan abundante que le cubría los huevos que eran grandes, peludos y largos, tanto que cuando caminaba le iban golpeando entre las piernas y la verga también era grandísima, en estado de reposo era tan grande como la mía parada. Siempre que lo veía, envidiaba su cuerpo, quería parecerme a él, ya que me parecía que era flor de machote con todos sus atributos. Cuando lo miraba en los vestuarios era sólo por curiosidad, por compararme con otros hombres.

Aunque en ese momento no me daba cuenta, siempre me llamaron más la atención mis compañeros de clase que mis compañeras.

Mi historia comenzó un día que decidimos estudiar juntos para preparar un examen de matemáticas que teníamos.

Decidimos estudiar en su casa. Cuando llegué me presentó a sus padres y a un hermano mayor que era bastante parecido a él, casi parecían gemelos. Comenzamos nuestros estudios, luego sus padres me invitaron a cenar y a nosotros nos pareció bien así continuábamos estudiando después de la cena. Eduardo entonces me dijo que ya que me quedaba a cenar, porque no me quedaba a dormir también, así podíamos estudiar hasta tarde. Yo le dije que me parecía bien, pero antes tenía que pedir permiso a mis padres. Los llamé por teléfono y ellos me autorizaron a quedarme en la casa de Eduardo sin ningún problema, ya que me tenían mucha confianza. Cenamos y continuamos hasta tarde con él estudió. Cuando estábamos agotados de tanto estudiar decidimos irnos a dormir.

Yo le pregunte a Eduardo que donde iba a dormir, y me contestó que en su cama ya que era grande, de plaza y media.

Entramos al cuarto sin hacer ruido ya que su hermano estaba durmiendo. Como yo no había ido preparado para quedarme a dormir no tenía pijama, por lo que me quede en calzoncillos. Eduardo me dijo que él acostumbraba a dormir desnudo, que si yo no tenía problemas, yo le dije que hiciera como si estuviera en su cama. Yo me acomodé a un lado de la cama dándole la espalda, Eduardo apago la luz y se acostó del otro lado también de espaldas a mí.

En ese tiempo era muy ingenuo y sin sospechar nada empecé a quedar dormido.

Al rato siento que se da vuelta y empieza a pegarse a mi espalda, yo pensé que ya estaba dormido y se daba vueltas como todos cuando dormimos y no le di ninguna importancia.

Pero seguía acercándose, ya sentía el vello de su pecho contra mi espalda y la mata de pelos en su pubis traspasaba mi calzoncillo haciéndome cosquillas en la cola. Me pasó una mano por el pecho y comencé a sentir su respiración cálida en mi cuello y su miembro que estaba caliente sobre mi cola. Hacía todos los movimientos muy lentos y yo no me animaba a hacer ni a decir nada. Con sus brazos fuertes y peludos me acariciaba todo el pecho y el abdomen lentamente, sin prisas. Y con su cuerpo peludo me acariciaba la espalda y las nalgas. Luego empezó a meter su mano dentro de mis calzoncillos y comenzó a acariciar mi pubis, como siempre dulce, lenta y sin prisas. Yo empezaba a sentirme raro con tantas caricias, mi cuerpo comenzó a sensibili

zarse y a erizarse como con piel de gallina.

A todo esto comenzó a bajarme el calzoncillo y luego con los pies termino de quitármelo y lo hecho fuera de la cama. Seguía con sus caricias sobre mi cuerpo y ahora también acariciaba de vez en cuando mis huevos y mi pija que ya estaba bien parada. Luego me dijo al oído: que lindo que sos, que suave que tenes la piel y comenzó también a lamer mi oreja y a darme pequeños besos en el cuello y hombros.

Yo sentí que tenía las orejas coloradas y el cuerpo me hervía. Nunca había tenido esas sensaciones y estaba bastante desorientado, no podía pararlo aunque pensaba que lo que me estaba haciendo no estaba bien, había perdido toda noción de la realidad, sólo dejaba que siguiera con su juego y no podía mas que gemir continuamente.

No se cuanto duraron sus abrazos, sus caricias y sus besos, recupere la razón cuando sentí que el hermano le preguntaba: “¿Ya lo tenes pronto?” y Eduardo le contestaba “Siii!! mirá!! esta caliente como caldera de lata” El hermano se acercó a nosotros nos destapo, se mojo un dedo con saliva y me toco, entonces le dijo: “si tenes razón casi mas me quemo” Entonces Eduardo me dio vuelta quedando cara a cara y me apretó fuertemente contra él. Yo era como una marioneta en sus manos. Sentir su pecho contra el mío, su pubis peludo apretando el mío y su verga contra la mía era lo máximo. El seguía acariciándome con todo su cuerpo y dándome besos ahora en la boca tratando de meter su lengua.

A mí me salían unos no, no, no sin mucha convicción. Pero terminé abriendo la boca para recibir su lengua y comenzamos a darnos un beso interminable, donde intercambiamos nuestra saliva y nuestras lenguas.

A todo esto el hermano de Eduardo se había acostado a mi espalda, era tan peludo como Eduardo y me estaba haciendo lo mismo que Eduardo un rato antes. Para entonces mis gemidos ya no los podía parar.

Luego de un rato Eduardo le dice a su hermano: ” ya esta pronto, esta bien calientito y relajado, ponle un poco de aceite y prepáramelo, que después sigo yo” Como yo no sabía ni donde estaba, no entendía bien que se estaban diciendo, sólo sé que sentí algo frío que me pusieron en el culo, y luego al hermano que intentaba penetrarme con un dedo. Éste entró fácilmente, entonces agrego otro y otro, tratando de agrandar mi esfínter anal, llegó a meter todos los dedos. Luego los retiro y yo inconscientemente empecé a mover mi cola pidiendo lo que me habían sacado, pero enseguida comenzó a trabajarme con su verga. Metió solo el glande, yo estaba tan relajado y con tanto aceite en el culo que puedo decir, que me dolió sólo un poco al principio. Quise gritar pero Eduardo ahogo el grito con un beso. Cuando vio que ya no me dolía y que me había vuelto a relajar, le dijo al hermano que continuara, pero con cuidado que no quería que me lastimara. Este continuo con su trabajo y pronto me metió toda su pija. Como me vieron que estaba tenso devuelta por el dolor, se mantuvo quieto y me siguieron acariciando hasta lograr calmarme nuevamente y que se adaptara mi ano a su visitante. Entonces empezó con su mete y saca primero lentamente y aumentando la intensidad poco a poco. Mientras tanto Eduardo seguía besándome y acariciándome y me decía: te gusta mi amor, decime si te duele. Entre los dos me estaban llevando hasta las nubes y por mas que quería contestarle no podía articular palabra. Gemía como un loco y Eduardo trataba de tapar mis gemidos con sus besos, para que no nos sintieran sus padres, aunque el dormitorio de ellos quedaba bastante alejado del de los padres y dudo mucho que pudieran escucharnos. La cogida que me estaba dando su hermano era cada vez mas fuerte y sabrosa. Yo acabé sin siquiera tocarme llenando de leche el abdomen y pecho de Eduardo, al sentir los espasmos de mi orgasmo el hermano también empezó a correrse dentro de mí, largando unos trallazos de leche a presión y calientes que parecían quemar mi recto. Luego, Eduardo se levanto y me apoyo de cara en la cama con el hermano encima mío y le dijo al hermano: “quedate un momento así para que no se le cierre el culo y trata de abrírselo lo más posible, porque sino le va a doler mucho cuando le meta la mía” Yo seguía gimiendo y tan excitado que no entendía lo que estaban diciéndose.

Eduardo me colocó unos almohadones bajo el abdomen para levantarme mas la cola y separaró bien mis piernas. O como se dice me dejo

el culo bien en pompa, para poder cogerme a su antojo. Le dijo al hermano que me la sacara y me puso un chorro de aceite en el ano, que como lo tenía tan abierto, realmente me lo puso dentro del ano. El hermano se fue a su cama a dormir ya que al día siguiente tenía que ir a trabajar y nos dejó solos.

Al sentir el chorro de aceite helado en mi culo mire para atrás a ver que estaba haciendo, y al ver el miembro de Eduardo que ya estaba parado en todo su esplendor, pronto a penetrarme, recién tome conciencia del terrible calibre de verga que me iba a comer. Luego supe que tenía 28 cm de largo y unos 15 cm de grosor.

Pero no me importo en ese momento, estaba tan caliente que lo único que quería era tener la verga de mi macho bien adentro y no importaba el tamaño que tuviera, aunque después me di cuenta que el tamaño si importaba, no para el dolor sino para el placer que me daría.

Eduardo consciente del tamaño que calzaba me había preparado primero con su hermano y ahora se preparaba a seguir con el trabajo recién comenzado de desvirgarme.

Al igual que su hermano, primero me metió el glande, que era inmenso, y espero a que me acostumbrara, como no podía ahogar mis gritos con sus besos me dio una almohada para que mordiera. Luego de un rato comenzó a introducir en mi pobre anito el resto de su verga. Yo mordía la almohada y quería que me la sacara, sentía que me partía al medio, pero me aguantaba porque al mismo tiempo la quería tener toda adentro. Sentía que me estaban empalando. En determinado momento pensé que me iba a desmayar del dolor, pero empezó a ganar terreno el placer, empecé a gemir devuelta como una puta, y este fue el signo que esperaba Eduardo para que empezara su cogida con todas las de la ley. Eduardo empezó un mete y saca cada vez mas fuerte y yo empecé a acompañar sus movimientos con mi colita, calentándolo más. Parecíamos dos animales en celo, totalmente acompasados nuestros movimientos, tratando de llegar al placer. No demoró mucho en llegar al orgasmo Eduardo, durándole como 5 minutos las convulsiones y llenándome tanto y con tanta fuerza el culo de leche que se empezó a salir por los costados. Con los huevos tan grandes que tenía era lógico que tuviera tanta leche.

Después del tremendo orgasmo que tuvo, todavía encima de mí, me pregunto si me había gustado, y le dije que si, que era la primera vez que tenía relaciones y que me había gustado mucho, sobre todo porque había sido con el.

El me dijo: te amo, hace tiempo que quería hacer esto contigo pero no me animaba, ahora que se que vos también me queres, estoy contento de haberte obligado a hacerlo, y le doy gracias a mi hermano que tuvo la idea.

Seguimos charlando sobre lo mucho que nos queríamos y nos quedamos dormidos, el encima mío y con su verga bien adentro de mi culito, se podrán imaginar que con lo grande que es no se iba a salir fácilmente.

Al otro día me desperté empalado todavía por mi amor, ya estaba pronto para otra arremetida, y me decía tiernamente que dormido no se valía, que me despertara bien para gozarla plenamente.

Levantó entonces un poco su cuerpo junto con mi cola, que la tenía bien ensartada en su verga, y me pidió que girara alrededor de su verga para quedar los dos de frente y con las piernas sobre sus hombros, así me podía coger mas cómodamente. Me encanto esta posición porque mientras me cogía, me daba mas libertad para besar a mi amor y acariciarle el pecho peludito, los pezones rozaditos, el pubis frondoso, los sobacos, bueno todo lo que mis manos pudieran alcanzar, para calentarlo a tope y me cogiera con mas ganas.

El también mientras me daba una cogida bestial me besaba y acariciaba. Hasta que en un momento tuvimos como una descarga eléctrica entre los dos y empezamos a eyacular los dos, yo sin siquiera tocarme sobre el pecho y él en mi culito.

Como la noche anterior su descarga de leche fue abundantísima, y me empezaba a chorrear fuera del culo.

En la cama no se sentía mas que olor a leche y las sábanas estaban quedando húmedas por nuestra transpiración. En eso sentimos que la madre nos grita desde la cocina: “Bueno dormilones, a levantarse que tienen que estudiar. El desayuno ya esta pronto” Nos empezamos a reír y le contestó que no se preocupara que ya íbamos.

Entonces me sacó lentamente la verga del culo y con la mano me lo tapo, diciéndome no dejes salir mi semen que sino no voy a poder tener hijos contigo

, tenes que dejártelo todo adentro, así quedas preñado.

Yo con una sonrisa le conteste que si que quería tener todos sus hijos, que quería tener algo de él dentro de mí todo el día. Luego con una sonrisa irónica le dije: “pero todavía no tome la lechita de la mañana y mi amor tendría que dármela” Enseguida entendió la indirecta y me puso la mamadera en la boca, yo como un niño bien enseñado empecé a tomar mi mamadera. Como la verga de Eduardo estaba flácida me entró bien en la boca, tenía restos de leche de su anterior acabada y un gusto fuerte a mi ano, así que empecé a limpiársela lengüeteando y lengüeteando. Se la lamí desde la base hasta la punta, sin dejar ningún resquicio sin lamer. Le lamí también los huevotes y como no me entraban los dos en la boca los chupé de a uno. Era el placer mas grande de mi vida, poder disfrutar de semejante armamento. Seguí chupándole la verga pero cuando empezó a tomar sus dimensiones normales, creí que me desencajaba las mandíbulas, no me entraba mas de la cuarta parte. Aunque con paciencia y saliva me la trague hasta la mitad, me provoco algunas arcadas, pero me fui acostumbrando. Seguí chupando y chupando. El empezó a gemir cada vez mas fuerte. Luego estaba tan caliente y se la chupaba con tal vehemencia y placer, que en determinado momento no se como me trague casi toda esa verga, creo que me llego hasta el estómago. Le miraba a los ojos y veía el placer que le estaba dando, así que se la chupaba con mas bríos, hasta que le llegó el orgasmo y me empezó a llenar la boca de leche, me ahogaba tanta leche y la empecé a tragar para no desperdiciar nada y lo que chorreó por la comisura de mis labios luego me las ingenie para tomármela también.

Después de semejante ración de leche ya no tenía ganas de desayunar otra cosa.

La madre de Eduardo volvió a llamarnos para desayunar y no tuvimos mas remedio que levantarnos, ducharnos rápidamente bien juntitos e ir a desayunar.

Cuando la madre de Eduardo nos trajo el café con leche a la mesa, Eduardo le dijo “Danny ya tomó un buen vaso de leche caliente, no creo que quiera tomar más”. La madre asombrada le contesto: “Que raro no los vi cuando vinieron a la cocina a buscarla”.

Nosotros nos reímos y ella se sonrió y siguió con su trabajo.

Desde ese día fuimos inseparables con Eduardo, estudiábamos siempre juntos en la casa de Eduardo o en la mía. En el colegio siempre encontrábamos una oportunidad para besarnos o para que me diera una buena cogida. En clase como nos sentábamos en el fondo y estábamos en el mismo asiento, cuando nadie se daba cuenta, me hacía meter mi mano por el bolsillo del pantalón que lo había descosido y me deleitaba masturbándolo. Y alguna vez hasta me animé a ponerme de rodillas en el escritorio para hacerle una buena mamada. Y por las noches cuando estudiábamos o veíamos la TV me gustaba sentarme en la falda, siempre disfrutábamos juntos yo de su enorme verga y el de mi culito sabroso. Con su tremenda verga me masajeaba tanto la próstata que tenía varios orgasmos durante cada cogida que me daba, mis convulsiones durante los orgasmos lo calentaban, y mas fuerte me cogía. Me decía que su pija me había convertido en una mina, ya que con sólo cogerme y sin tocarme tenía orgasmos múltiples, que tendría que llevarme a Guines. Me había convertido en un adicto a esa verga y cuando podía la tenía o en la mano o en mi boca o en mi culo. Y con el tiempo creo que de tanto manoseársela y usársela continuamente se le he agrandado mas aún.

Ahora después de 20 años de pareja nos seguimos queriendo como el primer día. Vivimos en un apartamento los dos solitos y Eduardo “mi osito de peluche” como le digo ahora, nunca olvida traerme la mamadera bien calientita por las mañanas para que yo tome toda su lechita, bueno y algunas otras cosas.

Y el hermano de Eduardo, aunque se casó y ya tiene 2 hijos, aún nos sigue visitando para que yo tenga dos ositos para jugar, y a veces nos trae los dos ositos chicos para que jueguen con los tíos, pero esa ya es otra historia.

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Escrito por Marqueze

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