INSTITUTO UNIVERSITARIO ORAL

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Cuando Rebeca recibió la llamada de aquella secretaria se puso pensativa. Le habían dado una cita para entrevista de trabajo para el puesto de maestra de preparatoria en el Instituto Universitario Coral, preparatoria de la cual tenía malas referencias pues la madre de su amiga María Teresa tres años atrás le había asegurado que las maestras que trabajaban en ese centro educativo tenían fama de practicar el sexo con alumnos, e incluso había quien eliminaba la letra "C" al nombre de la escuela para llamarla "Instituto Universitario Oral", refiriéndose a la preferencia de las maestras.

Sin embargo, estaba en un punto de indecisión, ya que recientemente se había enterado de que ahí estaba dando clases Georgina, maestra que rodeaba los cincuenta y que había sido colega suya en Las Américas, otra preparatoria hacía apenas un año. Por otro lado, las aseveraciones de la mamá de María Teresa podían ser solamente rumores, pues la señora no tenía mucha información acerca del por qué de la fama de aquella escuela. Habían pasado ya tres meses y aún no conseguía nada después de haber trabajado dos años en Las Américas, por lo que decidió tomar el riesgo de hablar al Instituto Universitario Coral hacía una semana con ganas de que no le contestaran, pero la llamada de ese día significaba una puerta abierta a la posibilidad de un nuevo trabajo y al mismo tiempo hacia algo desconocido.

Con el fin de clarificar sus dudas, consiguió el teléfono de Georgina para investigar su suerte en la infame preparatoria.

-Ay Rebe – le dijo Georgina – no creas todo lo que te dicen. ¿Si así fuera crees que estaría yo dando clases aquí? Por favor…

Ante tal panorama, Rebeca acudió a la cita, donde fue entrevistada por Juan Carlos, el subdirector, bigotón de unos cuarenta años, de cabello castaño, quien se mostró muy formal y después de ofrecerle un café llevó la entrevista con mucha seriedad, mostrando interés en el desempeño de Rebeca como maestra en las otras dos instituciones en donde había dado clases anteriormente. Así, después de unos quince minutos la presentó ante el Licenciado Miranda, el director, como la nueva maestra de inglés. El Licenciado pidió a Juan Carlos que le enseñara todas las áreas del plantel, a lo que éste accedió con gusto. Rebeca conoció las instalaciones del lugar, pero no tuvo la oportunidad de apreciar la escuela en su real dimensión, ya que la cita había sido por la tarde, cuando no había clases, sin embargo, aquella entrevista le había dado confianza y sus dudas se desvanecieron. Todo indicaba que los rumores eran infundados, y que éste era el comienzo de una etapa llena de posibilidades de crecimiento personal y profesional.

A la semana siguiente Rebeca comenzó con sus actividades, por lo que se presentó puntual a su clase de las 10:00 a.m. con el primero de cuatro grupos donde impartiría su materia de idioma extranjero. Antes de entrar al salón, notó que varios alumnos se asomaban hacia adentro con curiosidad, pero su atención fue desviada al escuchar comentarios de estudiantes de otro grupo que permanecían afuera antes de entrar a su clase.

-¿Ya la viste? Está bien buena.

-Sí, está como para comérsela, quién sabe cuándo empezará a "entrar en funciones".

Rebeca, pelirroja que a sus 26 años se mantenía en buena figura gracias a las visitas al club deportivo los fines de semana, hizo caso omiso a la conversación, y se sintió algo orgullosa de su posicionamiento como digno ejemplar del sexo femenino, pero guardó la compostura y entró al salón de clases. Al dirigirse a la mesa ubicada junto al pizarrón, se dio cuenta de que el piso parecía haber sido manchado ligeramente con un líquido blanquecino, pero le restó importancia y comenzó por presentarse, indicar los objetivos de la materia y establecer la forma de evaluar su cl

ase.

-Separen sus bancas, por favor – indicó a una pareja de novios cuyos cuerpos estaban unidos en un abrazo, gracias a lo junto que se encontraban los mencionados escritorios. Al separarse, Rebeca alcanzó a ver la mano de la chica salir del pantalón del muchacho, y dudando haber visto bien, acomodó sus anteojos. El resto de la clase no tuvo novedad alguna y transcurrió con normalidad. Así fueron también las siguientes clases del día.

Al día siguiente, al aproximarse al salón de clases, se repitió el tumulto antes de entrar al salón, y al entrar se encontró con un alumno que se cerraba el cierre del pantalón, mientras una estudiante se daba la vuelta escondiendo la cara… Rebeca percibió manchas en el piso al pedir una explicación de lo que pasaba no obtuvo respuesta alguna. Comenzó a sospechar que algo pasaba, pero la ausencia de evidencias le impidió establecer una idea de las causas de extraños comportamientos que se repitieron durante la semana. Sin embargo, el viernes por la tarde se esclarecerían los hechos, cuando a mitad de la clase ocurrió un acontecimiento cuando practicaba una lectura. Rebeca había percibido que una alumna ajena al grupo hacía señas a uno de los alumnos desde la ventana, pero para su sorpresa, la alumna entró al salón sin anunciarse y se hincó frente al escritorio de Mario, el alumno en cuestión, quien sin ningún pudor se desabrochó el pantalón, para dejar fuera el pene, que fue tomado por la alumna y sin decir "agua va" comenzó a dar una colosal mamada, abriendo la boca, chupando los huevos de Mario, y disfrutando de las lamidas que daba a la cabeza del joven estudiante.

-Pero…¿qué está pasando aquí? – protestó abrumada por lo sorpresivo de la situación.

Nuevamente, tanto el resto de los alumnos como el mentado Mario se mantuvieron en actitud de no responder, y sin la posibilidad de evitar lo que estaba sucediendo, Rebeca tuvo que esperar un minuto más a que la chica terminara por darle una corrida ejemplar a Mario, para después levantarse secándose el semen de la boca con un pañuelo facial y retirarse del salón en el mismo silencio que había entrado. Rebeca estaba como petrificada, mirando a Mario, que estaba sentado en su butaca, todavía con semen escurriendo del glande y mirando a su maestra con una ligera sonrisa que denotaba desfachatez.

-¿Quiere seguirle, Miss? – dijo Mario, y como respuesta tuvo la orden implacable de Rebeca indicándole que saliera del salón de inmediato, cosa que obedeció de mal gusto el indecente muchacho.

Después de unos instantes, Rebeca recuperó la compostura, sin embargo tuvo dificultades para saber qué actitud tomar ante lo que acababa de suceder y cometió algunos errores al explicar unas conjugaciones en inglés, por lo que alumnos y alumnas se reían y hacían comentarios entre sí, que obviamente eran de burla. Finalmente, Rebeca tuvo que terminar la clase diez minutos antes de lo normal. Estaba totalmente impresionada. Tenía la imagen de aquella jovenzuela grabada en la mente y sobre todo la de su boca aprisionando el miembro de Mario.

Después de visitar el sanitario para refrescarse, Rebeca se dirigió al siguiente salón de clases donde para su sorpresa se encontró con un cuadro de proporciones mayores: Tres parejas de alumnos se encontraban en un descarado concurso de sexo oral. Las alumnas, de rodillas, metían y sacaban de sus bocas los húmedos falos de sus novios, los labios de ellas ya presentaban restos de eyaculaciones anteriores y se miraban unas a otras en una imparable actividad. Una de ellas se sacó de la boca la verga del novio para masturbarla mientras ésta escupía semen para todos lados. La chica le mostró el pene que tenía en las manos a Rebeca, invitándola a unirse, sin embargo, ella salió inmediatamente del salón, en total estado de shock debido a la confusión e inexperiencia de encontrarse con una situación así, caminó y caminó hasta llegar a las escaleras, que bajó torpemente con la suerte de no caerse hasta llegar al primer nivel, después se dirigió a la oficina directiva de la institución, tenía que saber el subdirector lo que estaba pasando.

Por fin, Rebeca se acercó a la oficina, le costaba trabajo respirar después de su apresurada salida. Trataba de serenarse un poco. Tomó aire profundamente, esperó unos segundos. Por fin, abrió la puerta desesperadamente buscando ayu

da y al fondo de la oficina estaba el subdirector, Juan Carlos, sentado en su silla de cuero negro. Y a sus pies, arrodillada, estaba su amiga, la maestra Georgina, con los ojos cerrados, y un hermoso ejemplar de miembro masculino, el de Juan Carlos, dentro de su boca. De las comisuras de los labios de Georgina escurría suculento esperma lentamente. Sus labios parecían acomodarse a cada milímetro de la piel del palpitante pene mientras éste entraba y salía de esa suave prisión que era la boca de la madurona Georgina. Rebeca estaba asombrada, miró con todo detalle, dio dos pasos lentamente para apreciar mejor. Sin quererlo, la tensión en sus quijadas cambió por un relajamiento muscular, y abrió la boca involuntariamente, y de no tragar saliva ésta se le hubiera escurrido. Georgina daba lengüetazos a la colosal pieza de carne, mientras que Juan Carlos hacía discretos gemidos y permanecía también con los ojos cerrados, disfrutando tranquilamente. Georgina nuevamente abrió la boca, golosa, y en eso percibió la presencia de su amiga, de alguna manera.

Ella volteó a ver a Rebeca, se sacó la deliciosa verga interrumpiendo una estupenda mamada.

-Ay Rebe, no te quería mentir, pero si no lo hacía no hubieras venido a la entrevista, mi amor.

Rebeca no sabía qué hacer, se quedó parada en el quicio de la puerta, observando cómo su amiga se volvía a meter la enorme verga en la boca, cerraba los ojos nuevamente y retomaba su actividad.

-Mmmmmm….-fue el sonido que hizo Georgina al encontrarse con lo que parecía ser un estupendo manjar. Se veía que no le importaba estar en esa posición que en otras circunstancias sería degradante, en estado de total sumisión.

Rebeca miró a Juan Carlos, que la miró un instante y luego volvió a entrecerrar sus ojos para continuar disfrutando. Rebeca se dirigió hacia atrás para abrir la puerta, sin dejar de mirar, no podía, estaba embelesada y apreciaba cada movimiento que hacía Georgina con su boca. Discretamente, salió de la oficina y cerró la puerta lentamente y tuvo que hacer un gran esfuerzo para terminar de cerrar la puerta.

Rebeca volvió al salón de clases. Algunos estudiantes estaban fuera, esperándola. Ella entró como si nada hubiera pasado, y dejó hacer un ejercicio sobre comprensión de lectura. Mientras sus alumnos trabajaban, ella se sentó en el escritorio, y con la mirada perdida hacia fuera del salón reconstruyó con su mente una y otra vez la escena en la que había visto a su amiga Georgina durante el resto de la clase.

Autor: Vitorio Cachondo

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Escrito por Marqueze

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