Irma, la vecina madura

Milfs, sexo con maduras. Esto me pasó hace poco con una vecina. Se llama Irma y tiene unos 60 años.

Vive en el departamento vecino al mío junto a su marido y dos hijos de veintipico de años. Es una mujer que está muy bien para su edad. No porque aparente menos años, porque a ella se lo nota la edad, y eso, hay que decirlo, es parte de su atractivo. Es una mujer alta, de pelo teñido de un rubio casi blanco, tiene unas innegables buenas tetas, grandes, no demasiado caídas. Casi siempre se viste de manera muy recatada, como toda una señora: polleras por debajo de la rodilla, zapatos de taco bajo, medias negras casi siempre. Con Irma teníamos hasta ese momento una relación puramente de vecindad y cruzar pocas palabras. A su familia la conocía solo de vista. Nada podia anunciar que pasara lo que finalmente pasó.

Ese día la encontré a irma en el pasillo cuando volvía del trabajo, nos saludamos y cuando estaba por abrir la puerta ella me peguntó si iba a ir a la reunión de consorcio.

  • No creo – le dije – me parecen muy aburidas e inútiles, nunca se decide nada.
  • Esta vez hay un tema muy importante -me respondió.
  • Cuál?
  • Hay que echar al portero. Es un degenerado.
  • Por qué? Qué pasó?
  • El otro día un vecino fue al subsuelo y encontró revistas pornográficas. La unica llave l tiene el portero, es obvio que usa ese lugar para hacer sus cosas.
  • Bueno, pero la verdad, Irma, no me parece algo suficiente para echarlo. Las revistas se venden en cualquier lado, no son ilegales.
  • No, pero además hay otras cosas.
  • Qué cosas?Ya me empezaba a poner nervioso. Esa vieja me retenía cuando yo lo unico que quería era entrar en casa y relajarme. Miré el reloj, suspiré, quería darle cualquier indirecta de que me estaba impacientando.
  • Le grita groserías a las chicas que pasan por la calle.
  • Eso, Irma, sí que no es ningún crimen. Podemos…
  • Groserías mucho peores y guarangas que las que se dicen normalmente. No son piropos, son bestialidades.
  • Cómo qué, por ejemplo?
  • No vas a esperar que te las repita. Me da vergüenza pronunciarlas.Eso lo dijo como indignada. Obviamente que esa señora tan pulcra no iba a mencionar esas groserías. Sin embargo, a pesar de mi fastidio, la charla me empezó a poner curioso. Qué hacía yo hablando con mi vecina de 60 años de los piropos callejeros? Un poco por todo eso le volví a preguntar como eran los piropos del portero.
  • Ni loca lo repito. Y menos adelante de un hombre.
  • Dele, dígame, sino no la puedo apoyar en la asamblea. Tengo que conocer las pruebas para poder votar el despido del portero.

Eso la hizo titubear un poco. Pude ver en sus ojos un cierto brillo y en su boca un rictus de sonrisa.

  • Bueno, pero te comprometés a respaldarme en la asamblea
  • Por supuesto. Ahora, escuchemos las pruebas.
  • Bien. Qué vergüenza, dios. Todo sea por despedir a ese bestia. La vez que lo escuché yo dijo: “Mamita, con ese culo te invito a cagar a casa”.

No pude menos que reírme. Me reí mucho, como hace años que no me reía. Irma me miraba sorprendida y un poco indignada.

  • perdon, perdón, Irma. Es que es muy gracioso que usted lo quiera echar por decir uno de los versos más famosos del piropo porteño. Pobre tipo, debe estar muy aburrido y muy solo.
  • Me sorprende mucho que vos apoyes esas agresiones.
  • No las apoyo, entiendo que forman parte de esta ciudad, anque no me gusten personalmente.
  • Me parece que alguien así no puede ser parte de este edificio. Pensé que a vos te molestaría.
  • No me parece nada lindo lo que dijo el portero, pero no creo que alcance como para echarlo. Hoy dias se dicen en la calle cosas mucho peores. Es casi inocente eso.
  • Inocente? Bueno, es verdad que se dicen cosas peores. Yo las escucho todos los días.Ahí me di cuenta que sino cambiaba el tono la charla iba a morir, y la verdad es que hablar con la vieja me estaba resultando muy placentero, más interesante que entrar a casa a ver la tele y tomar una cerveza solo.
  • Se las gritan a usted?
  • No, como me las van a decir a mi – me dijo riendose, mucho más relajada – a las chicas jovenes. Guarangadas mucho peores que la del portero, la verdad.
  • Sí, las chicas sufren bastante todo eso – dije como concediendo algo.
  • Yo por suerte no tengo hijas mujeres. Los chicos más jóvenes son los peores. Hasta a mi me gritaron varias veces.Bien. Bien. Estábamos llegando a lugares interesantes. Lo único que rogaba en ese momento era que no apareciera el marido o uno de sus hijos e irma tuviera que volver a entrar a su casa.
  • Sí? le dicen muchos piropos en la calle?
  • No todos los días, pero sí, bastantes
  • Y todos son muy groseros?
  • La mayoría. Algunos son agradables. Pero la mayor parte de las veces son muy groseros.
  • Acá en el barrio le pasa eso?
  • En el centro también. Los hombres ya no saben decirle algo lindo a una mujer. Son muy brutales. Acá cerca hay una barrita que para en una esquina y que siempre que paso me gritan cosas. Chicos jovenes tendran 16, 17 años.
  • Que le gritan? – yo ya estaba bastante caliente con la situación y me importaba poco como terminara.
  • Inmundicias. Yo podría ser su abuela.
  • Pero por ejemplo, qué le dicen?
  • Otra vez, no. Me da mucha vergüenza. Me dicen mamita, mamá, vení a darme… bueno, no, no puedo.
  • Están muy descontrolados los chicos. Decir esas cosas… porque piropear a una linda mujer está bien.
  • No así
  • No, claro. Pero a usted le gusta que la piropeen, si es con altura…
  • sí claro. A mi edad siempre es lindo recibir halagos, pero no esas cosas.
  • Esos chicos son un estúpidos, verla pasar a usted todos los días y decir esas cosas… cuando uno podría decirle cosas mucho más elegantes.
  • Muchas gracias.Me gustó como tomó el halago, con gran tranquilidad. No podíamos seguir parados en el pasillo eternamente, meos aun cuando su familia podía llegar en cualquier momento. Me animé y le propuse tomar un café en casa con la excusa de coordinar nuestra participación en la reunión de consorcio. Gracias a dios. Aceptó. Se sentó en el sofá y yo fui a preparar el café. Mientras el agua hervía, me senté a lado de ella y retomé la conversación.
  • Hay una gran falta de educación, una generación perdida… – arriesgué tratando de simular preocupación y copiar el tono solemne de los conductores de television.
  • Yo digo eso siempre. Que chicos tan chicos hablen así, a una mujer mayor, que podria ser su madre o su abuela inclusive. No entiendo como se les ocurre.
  • Bueno, Irma, pero admitamos que usted es una señora que no pasa desapercibida. – me tiré a la pileta. Pronto sabría si había agua.
  • Qué quiere decir eso?
  • Que es una señora que está muy bien, que resalta en las calles y que esos chicos, bueno, también saben darse cuenta de la belleza.Me miró extrañada. Después giró la cara, sonrió y dijo:
  • Vos estás muy piropeador. Yo soy una señora grande..
  • Sí, pero eso no quita que resulte atractiva… esos chicos lo demuestran
  • esos chicos le dicen cualquier cosa a cualquiera
  • No creo, creo que se fijaron en usted por algo.No aguanté más y le apoyé una mano en la piena. Se la acaricié y medí su reacción. La dejó ahí a la mano, mientras sin mirarme cerraba los ojos. Me acerqué al cuello y empecé a besarla. No hacía ningún movimiento ella. Unos segundos largos pasaron hasta que sentí su mano agarrándome del pelo y llevando mi boca hasta la suya. Nos comenzamos a besar apasionadamente, como queriendo comernos vivos.
  • Que hacés? Qué estamos haciendo? Es una locura. – dijo jadeando
  • Irma, qué lindo esto. Hace cuanto que queria que pasara esto.
  • Sí? hace mucho que me querías coger?
  • Hace mucho. Desde la primera vez que te vi. Me gustas mucho.
  • Ah, que lindo… pero no podemos… yo soy una señora.
  • Una señora muy puta
  • Si, muy puta. Pero señora.

Le había subido la pollera hasta la cintura y estaba manoseando su concha por encima de las medias. Otra mano la tenía en el pelo de Irma, sujentándolo fuerte para que tirara hacia atrás la cara y me dejara besarle el cuello. La atraje haci mi y le metí la mao en el culo, por adentro de la medibacha.

  • Sí…. tocame la cola. Te gusta?
  • Me encanta, es hermoso tu culo. Quiero tocártelo todo. Me gusta mucho, mamá.

La puse de rodilla en el sillón, mirando la pared. Quería ver ese culo en todo su esplendor. Le subí la pollera y le bajé las medias y la bombacha. Era un culo blanco, gordo, con algunos pelitos negros en la raja. Lo acaricié y le dije:

  • Le puedo dar un beso?
  • Sí, nene, mamá te deja besarle el culo. Besalo todo, mi amor.
  • Te gusta, mami? Te gusta como te beso la cola?
  • Sí, amor., me encanta. Meteme la lengua en el culo, hijo. Chupame ahí.
  • Mamá, que rico culo.

Ya era un descontrol el panorama. Me estaba cogiendo a mi vecina de 60 años y lo mejor era que los estaba pasando muy bien. Me gustaban las cosas que decía. Me gustaba mucho llamarla mamá y que ella me llame hijo.

  • Mami, quiero metertela
  • Sí, amor, metemela en la concha
  • No quiero que te duela, ma
  • no, tranquilo, que ya entraron muchas pijas ahí

Se la empecé a meter en la concha, una concha apretada para una mujer de su edad. Supongo que el marido no se la cogía hace mucho. Era una concha muy peluda pero estrecha. Cuando sentí la pija entrando, le besé el cuello y dije:

  • Es hermosa tu concha. Muchas veces lo cuernaeste a tu marido?
  • Unas cuantas. No me da bola
  • Es un boludo.
  • Vos me cojerías todos los días?
  • Sí, ma, todos los días, me encanta.

A todo esto seguíamos con casi toda la ropa puesta. Ella se había abierto la blusa para que yo le tocara mejor las tetas, pero no se había sacado ni los zapatos. Cambiamos de posición y ella se sentó sobre mi, dándome la espalda. Las medias las tenía enrrolladas a la altura de las pantorrillas.

  • Ufff, como necesitaba esto – dijo.
  • Sí? hacía mucho que no te cogían?
  • Bastante. Con mi marido lo hacemos una vez por mes.
  • Pero te debes coger a otros, no?
  • Y sí… el último fue un amigo de mi hijo
  • Qué puta…. de cuantos años?
  • 19, 20 creo. Pero acababa muy rápido. Ah, sí, ahí, ahí, bebé.

Lo que me contaba me calentaba mucho más. Empecé a sentir que estaba por acabar. Ella se tocaba la concha y resoplaba.

  • Voy a acabar, mamá
  • Ahhhh… yo también, nene. Métemela más fuerte.
  • Sí, mami, tomá, tomá…. ah….
  • Acábame adentro de la concha, por favor.

Terminó de decir eso y exploté con mi leche adentro de su concha. Hacía mucho que no acababa tanto. Nos estuvimos besando un rato más, diciéndonos las cosas más sucias. Ella decía por ejemplo que se iba a quedar con la bombacha empapada de leche todo el resto del día, que a la noche se iba a coger a su marido con esa bombacha sucia de mi leche. También me contó que uno de sus hijos la estaba mirando de forma muy rara. Y que ella, con disimulo, no perdía oportunidad de insinuarse. Entraba, por ejemplo, al baño cuando el chico se estaba duchando con la excusa de hacer pis. Y que después se pajeaba furiosamente reconstruyendo mentalmente la situación.

Nos besamos por última vez antes de abrir la puerta.

  • Chau, ma
  • Nos vemos, nene.

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