JUEGO PELIGROSO CON MI CUÑADA V

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Los encuentros con mi cuñada Maika iban surgiendo esporádicamente, en cuanto podíamos quedábamos y echábamos el polvo de rigor para saciar nuestra pasión el uno por el otro.

La última vez que lo hicimos fue hace una semana atrás, ellos tenían obras en su piso por reformas y claro el dormir allí era un poco incómodo por todo lo que conlleva un obra, que si polvo, runas, herramientas por medio etc.. Así que mi esposa le dijo a su hermana y mi cuñado que esa semana de tanto ajetreo estuviesen en nuestro piso.

Ellos aceptaron la propuesta y les preparamos una de las habitaciones que teníamos libres, así que yo estaba nervioso y alegre a la vez por que iba a pasar más tiempo con mi cuñada.

Una vez ya instalados los dos en nuestra casa no organizamos de que hacia cada uno dentro del piso. Realmente solo coincidíamos juntos los cuatro lo que era tarde noche, ya que no nos levantábamos a la misma hora, mi cuñado se iba a las 6:00 de la mañanas, nosotros yo y mi mujer a las 8:00 y mí cuñada que no trabajaba se quedaba en casa.

Fueron pasando los días de la semanas y todo iba bien yo y mi cuñada cruzábamos alguna que otra mirada de deseo del uno por el otro en momentos que no nos viera nadie.

Uno de los días mi mujer no se encontraba bien por la noche y decidió quedarse en cama al día siguiente y no ir a trabajar, yo cogí esa mañana y me levanté a las 6:30 para desayunar, me vestí y me fui a la cocina, dejando a mi mujer dormida en la cama y cerrando la puerta de la habitación para que no le molestara ningún ruido.

Llevaba cinco minutos en la cocina en eso que aparece mi cuñada por la puerta de esta, me pregunta por su hermana y le digo que estaba en cama por que no se encontraba bien y allí la había dejado durmiendo, de mientras ella se dirigía al mármol para beber agua de la jarra.

En esos segundos de contoneo de su cuerpo, por el mío comenzó a surgí un calentón incontrolable, estábamos allí los dos solos, ella en camisón y que camisón, ceñidito a su cuerpecito marcando todas sus curvas a la perfección y resaltando sus largas y finas piernas.

La tenia enfrente mío y de espaldas a mi intentando coger un vaso del armario y yo solo tenia una cosa en la mente, así que sin pensarlo dos veces y sabiendo que mi mujer estaba en el dormitorio durmiendo a escasos 50 metros, me acerqué a ella poco a poco por detrás y comencé a besarle su cuello suave y fino que tenia al descubierto.

Maika no puso ningún impedimento aquella situación tan peligrosa, teniendo a su hermana tan cerca y que nos podría pillar a los dos, pero eso creo que era lo más excitante de la situación para ambos.

Mientras yo no paraba de besarle el cuello ella comenzó a reclinar su culito hacia mis partes y una vez hecho el contacto comenzó a frotarlo suavemente sobre mi polla, que ya comenzaba a despertarse del sueño.

Yo de mientras continuaba besando y lamiendo a lo largo de su cuello y mis manos estaban posadas sobre sus caderas siguiendo el vaivén de sus movimientos. Los pezones de ella comenzaron a resaltar sobre el camisón como si de dos caninas se trataran, una de mis manos fue dirigiéndose lentamente recorriendo su cintura hacia dicha señal que eran esos dos pezones duros y comencé acariciarlos con las yemas de mis dedos por fuera del camisón, mientras la otra mano comenzaba su exploraciones por debajo del camisón primero acariciando sus muslos y luego llegando a la parte delantera de sus bragas que ya comenzaba a notarse algo húmedas.

Ella continuaba frotándose con mi polla y su rostro y respiración indicaba que estaba poniéndose a mil, mientras yo no paraba de besar su cuello mientras acariciaba su coño con una de mis manos, y sus dos pechitos que ya estaban fuera del camisón, ya que le había bajado los tirantes de este.

Era tal la excitación y el calor que desprendíamos los dos en aquel momento, que ella comenzó a susurrarme que se la metiera ya, que no perdiera tiempo.

A mi la polla se me iba a salir del pantalón, no tardé en bajarme la cremallera de este y sacarla de la opresión que tenia dentro del pantalón, mi dura polla, que estaba ya dispuesta a entrar en acción.

Ella se me

reclinó un poco más poniendo las manos sobre el mármol de la cocina y abriéndose de piernas, mientras yo le iba bajando sus braguitas de color beige con corazoncitos de colores, y subiéndole un poco el camisón, allí estaba su tesoro todo húmedo y rapadito, parecía un pistacho abierto.

Cogí mi polla con una de mis manos y la guié hacia su culo prieto y redondito y comencé a metérsela poco a poco y ella comenzó a gemir con más intensidad que antes. Después de metérsela varias veces por el culo decidí de disfrutar de esa maravilla de coño que estaba esperando que lo tomara con mi polla toda dura y tiesa.

Una vez dentro de ella comencé a moverme muy suavemente de nuevo para poder encajar bien todo mi rabo hasta el fondo de su coño, una vez ya dentro comencé a follármela allí en la cocina y con mi mujer a escasos 50m de donde estábamos, su hermana y yo, disfrutando de un polvo matutino.

Según iba metiendo ella iba aumentando el ritmo, y sus pechos se iban balanceando al mismo ritmo que yo iba implantando mis penetraciones sobre su coño húmedo y rapado, ya que no quería que mi mujer nos pillara.

Además tenia que irme al trabajo, así que antes de que llegáramos al orgasmo se la saqué de su delicioso coño y acogiéndola de la cintura me la llevé a una de las sillas donde ella se posó encima mío y comenzó a cabalgar sobre mi, frotando cada vez con más energía su coño sobre mi polla y mientras yo le comía con mi boca sus dos pechos firmes, hasta que llegamos al orgasmo, y nos fundíamos en un beso apasionado, para que no se nos oyera gritar de placer nadie.

Una vez acabado la corrida ella se levantó de encima mío y agachándose hacia mi polla, comenzó a chupármela sobretodo el prepucio.

Se la introdujo en su boca un par o tres de veces hasta el fondo, acariciando su lengua esponjosa mi larga verga, para así limpiarme la corrida del polvo que habíamos tenido, me la puse de nuevo dentro del pantalón me subí la cremallera me tomé el café que ya tenia frío y me fui al trabajo, pensando en el polvo tan intenso que habíamos tenido hacia unos minutos.

Esos 10 minutos pero intensos, mientras mi cuñada volvía de nuevo a la cama como si nada hubiese pasado.

Autor: El Peque de NEMO

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Escrito por Marqueze

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