JUGANDO CON LA HERMANA DE MI NOVIA

¡Comparte!

Como ya os he contado, mi novia quería llegar virgen al matrimonio, y a pesar de mis intentos estaba consiguiendo que yo también llegase. No os he dicho que mi novia es una diosa, con un cuerpo 10 y una personalidad que plantearme dejarla sería el mayor error de mi vida.

Realmente pensar en ella mientras me masturbo es ya una gran fuente de placer. Tras la primera felación contada en el relato anterior (su cara subiendo y bajando por mi pene y el recuerdo del tacto de su pechos duros e inmaculados, pezones que sólo yo he tocado, ¡¡hum!!…) sólo vivía para el momento en que pudiera desvirgarla y sentirla entregada a mí por completo. Mientras tanto intentaba mitigar mis ganas de sexo de las manera más variadas.

La familia de mi mujer, de mi novia en aquel momento, siempre me trató con mucho cariño y siempre quisieron que me sintiese como uno más de la familia cuando vieron que lo de Ana y yo iba en serio. Así que su casa estaba siempre estaba abierta para mí en todas las celebraciones familiares, también en el 25 cumpleaños de su hermana Beatriz.

Bea es otra maravilla de la naturaleza, 1,80 de altura 90-60-90 y un cara que a veces es con la que yo me corro en mis noches de soledad, pues es tan guapa como su hermana pero con unos labios más carnosos y llenos de sensualidad.

Era verano y los preparativos en casa de mis suegros los hicimos entre Bea y Yo. Ana tenía que estudiar para septiembre y tenía remordimiento de conciencia por no poder organizar el cumpleaños de su hermana mayor, así que me pidió que la acompañase e hiciese lo que ella me mandase, nunca imaginé que iba a ser tan placentero.

Recogí a Bea en su casa, vestía con minifalda y un top ceñido que le marcaba su perfecto pecho y le dejaba al descubierto su ombligo. No pude evitar mi excitación y ella notó el bulto de mi pantalón, sonrió y me dio un beso algo más prolongado de lo habitual en la mejilla mientras me decía:

-¿Te alegras de verme? -¿Claro, no me voy a alegrar? -¿y tu amiguito? Dijo mientras miraba al bulto que intentaba asomarse a través de mi pantalón.

Arranqué el coche.

– Él también, no hemos podido evitarlo.

-¿Querías evitarlo? Me dijo ella.

– Realmente no, porque estás preciosa. Me atreví a decir.

– Oye, que eres el novio de mi hermana.

– Precisamente por eso te lo puedo decir. Intenté salir airoso.

– Ah, tendrás que arreglarlo con un buen regalo de cumpleaños ¿ya lo tienes? – No, pero a mi amiguito se la ha ocurrido uno. Dije sin pensar.

– Pero bueno, ¿Qué pasa que con Ana no tienes bastante? – La verdad es que me tiene a dieta y nunca me da todo el menú.

– Pobre, ¡aparca aquí que tengo que encargar la tarta!.

Giré bruscamente a la derecha y por el giro se le movió el brazo y su mano fue a parar a mi paquete. Mi polla estaba dura y mi mente caliente por como había ido la conversación. Su mano no se movió, aparqué y me quedé quieto, esperando su reacción que no llegaba, sólo me apretaba el pene a través del pantalón con su cuerpo todavía inclinado hacia mi lado. La rodeé con mi brazo y le puse la mano en el culo. Sólo se nos oía respirar y nuestros rostros se empezaron a juntar.

Empecé a masajearle el culo mientras ella me imitaba recorriendo su mano arriba y abajo en mi entrepierna. La besé mientras metía mi mano debajo de su minifalda y por dentro de su tanga tocándole su precioso culo. Con la otra mano me desabroché el pantalón y me bajé la bragueta. Ella se inclinó y besó la punta de mi glande, se subió el top y dirigió mis manos para que le tocara el pecho. Ella se concentró en mi verga.

Yo no me podía creer la situación, ya me había olvidado de la increíble mamada de mi novia y ahora tenía a su hermana dispuesta a hacerme otra. Su pechos eran perfectos y a pesar de mis esfuerzos no conseguía que me cupiesen en

cada mano. Bea se apoderó de mi polla con las dos manos y empezó a subirlas y bajarlas apretando fuertemente.

Cada vez que sus manos estaban en la base del pene y mi glande estaba a punto de estallar lo besaba poniendo sus labios en forma de piñón y otra vez sus manos arriba. ¡Qué placer! Finalmente se decidió a comerme la polla, que aparecía y desparecía según ella subía y bajaba su cabeza cada vez a mayor ritmo. Su pezones estaban duros como piedras y yo los pellizcaba para mayor placer de Bea, que me pedía que siguiese. Con su lengua en el interior de su boca terminaba de darme ese placer que nunca pensamos que existe hasta que nos ocurre. Arriba, abajo, lengüeteo, ¡más!, mete saca de su boca que no paraba hasta que sentí que mi semen estaba a punto de salir.

-¡córrete en mi boca! Si no se manchará el coche y Ana preguntará.

No hacía falta más. Mi semen inundó la boca de Bea y mis piernas temblaban mientras ella se tragaba toda mi descarga, yo gemía de placer y ella me lamía la verga para que quedase toda limpia. Me subió la bragueta y me abrochó el pantalón. Se puso bien el top mientras se sentaba en el asiento del copiloto y sonreía.

– Bueno, yo ya te he hecho un regalo, tu amiguito me tiene que hacer uno a mí en la fiesta.

El resto del día lo pasé con ella, con una sonrisa picarona se me arrimaba y permitía que me rozase con ella, los pechos, el culo, la cadera, cualquier contacto con su cuerpo me ponía caliente. Yo andaba aturdido, pero sabía de su silencio ¡y ella del mío!.

Dos días después era la fiesta, fue un éxito de organización y Beatriz estaba súper sexy, no me la podía quitar de mi cabeza y por unos día mis pajas sólo eran pensando en ella, ¿Cuándo le devolvería el regalo?. Todo el mundo se fue y nos pusimos a recogerlo todo, al terminar, ya tarde, mis futuros suegros me dijeron que me quedase, por supuesto en el pabellón de invitados y no pararon hasta que Ana se metió en su cuarto y le cerraron con llave.

En cuánto se apagó la última luz vi por la ventana como una mujer cruzaba por el jardín en camisón. ¿Cómo es que Ana se arriesgaba a venir si le habían cerrado con llave? Me equivoqué, era Bea que venía a por su regalo.

Yo estaba desnudo pues no había traído pijama. La puerta se abrió y mientras yo me hacía el dormido Bea se deslizó dentro de mi cama, pude ver a contraluz su hermoso cuerpo mientras se quitaba el camisón cuando entró por la puerta. Mi verga se puso dura. Ella no lo dudó, arrimó su cuerpo contra el mío y de un profundo beso en los labios esperó a que abriese mis ojos.

– Vengo a por mi regalo. ¡Cómeme el coño!. No dijo más, yo tampoco.

Se giró boca arriba y yo quedé encima de ella. Le di un suave beso en los labios. Seguí bajando y le fui dando besos por todo el cuerpo, en el cuello, hombro, un pecho, el otro, sólo mis labios la tocaban y a cada beso ella levantaba su cuerpo como no queriendo que mi boca se despegase de su cuerpo. Le di un beso prolongado en uno de su pezones, se estremeció y con sus manos me agarró la cabeza, le besé el otro pezón, gimió. Seguí bajando y en su ombligo saqué la lengua y le fui lamiendo el resto del camino hasta llegar a su vagina. Se había depilado para mí me confesó más tarde. Su piel estaba suave y su chochito estaba empezando a rezumar jugos. Sus labios mayores estaban voluminosos y los rodeé con mi lengua. Ella no podía más y clavó su dedos en mi nuca.

– ¡Cómeme!. Repitió.

Mi pene estaba duro y pidiendo desahogarse, pero era el momento de la chica del cumpleaños y de cumplir sus deseos. Con los dedos de mi mano izquierda le abría el coño para poder llegar mejor con mi lengua a su clítoris. Con la mano derecha empezaba a masturbarme. Ella tenías sus manos en sus pechos, retorciéndose de placer mientras con mi lengua le iba trabajando el clítoris. Mi lengua se movía con rapidez de derecha a izquierda, luego de arriba abajo, metí su clítoris en mi boca, besándolo con mis labios, luego le metí la lengua por su vagina, su jugos me sabían a gloria, era la primera vez que me comía un coño, ¡qué bueno estaba!. Mi paja también avanzaba y mi excitación era máxima.

Bea gemía y gritaba y ahora con toda mi lengua

apoyada en su vulva movía la cabeza y la clavaba entre sus piernas. Su cuerpo se retorció, arqueó su espalda y sus piernas mientras su culo se despegaba de las sábanas y su coño se apretaba contra mi cara. Parecía que todo se paraba en ese momento, mi semen estaba en la punta de mi glande, como esperando una señal para correrme. Con mis manos le agarré las nalgas y la apreté más aún contra mi cara. Todo estaba a punto para el estallido final. Ella gritó, yo gemí, mi semen salió despedido hacia su espalda mientras de su coño salían jugos y más jugos, su cadera bajaba y subía con la ayuda de mis manos, gritó otra vez y los dos caímos exhaustos sobre la cama. Subí hasta la almohada y la abracé.

– Cuando quieras otro regalo me lo pides. Le dije con ironía.

– Mientras sea nuestro secreto. Y me dio un beso.

Estaba agotado, el día había sido muy largo. Me dormí pero no recuerdo cuando ella se fue del pabellón. ¿cómo es que yo seguía siendo virgen?. Al día siguiente cuando estaba desayunando apareció Beatriz, con la misma minifalda y top del día de los preparativos, yo desayudaba con Ana y ambos le sonreímos.

-¡Uy!, qué sonrisa más pícara, ¿os habéis portado bien esta noche?.

Autor: fogoso y casado fogosoycasado (arroba) yahoo.es

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.