Julia, mi hermana

¡Comparte!

Los dos comenzamos a gritar sin importarnos si alguien en la casa nos escuchaba, porque ya habíamos pasado todos los limites de la calentura y estábamos en otro mundo, bajo el embrujo del deseo por la Julia yo sentí que me estaba vaciando en el interior de la Rosa y ella feliz me decía que la llenara, porque nunca había sentido eso y ella me mordía con su tubo todo el grosor de mi verga.

Pensando como hombre debía admitir que Julia me tenía loco. Yo había pasado ya todos límites y solamente me faltaba actuar. Tan solo que Julia era mi hermana. No resulta nada de fácil hacerlo. Me di cuenta que en la literatura y sobre todo en el cine la cosa resulta muy expedita, pero en la realidad, el proceso que lleva hasta el objetivo es más bien tortuoso.

Yo había recorrido ya la parte difícil. Admitir que estaba caliente con ella. Esto es como la enfermedad de los alcohólicos. Lo fundamental es admitir que uno esta enfermo. Y yo estaba enfermo de caliente con ella, era más que una obsesión, era una necesidad vital. Había elegido lo más difícil. Mis dos hermanas son hermosas, con cuerpos de diosas, pero aunque a los ojos de todos Rosa era la más rutilante, a mi se me había dado por Julia. La más difícil.

Sí. Porque mientras Rosa era de carácter abierto, simpática, sin pudores, buena compañera, sin inhibiciones y comunicativa, Julia era más bien taciturna, recatada, silenciosa, reflexiva y pudorosa. Mientras todos en la familia habíamos visto a la Rosa desnuda más de una vez, porque ella no trepidaba en caminar en cueros por la casa sin causas que motivaran tal conducta, esa actitud era impensable en Julia y la única vez que yo vi una parte de su cuerpo, fue la noche de año viejo último, en que al entrar apresuradamente en el cuarto de baño, pude ver a Julia con la falda levantada arreglándose las medias y vi sus piernas perfectas sus muslos enloquecedores y ese pequeño triangulo blanco de sus bragas con un vértice maldito que me pareció apreciar ligeramente húmedo.

Esa fugaz visión, primero me impactó, luego me persiguió durante toda la noche y al día siguiente ya se había transformado en una obsesión maldita que me retiró definitivamente de la realidad normal. Desde ese día y completamente asumida mi locura, me di a la tarea de observarla, de espiarla, de tener cualquier cosa de ella en forma indirecta, porque yo sabia que abordarla directamente seria destruir conscientemente toda posibilidad. Julia era una mujer sagrada, inabordable. Y por eso mismo doblemente seductora.

Así fue como traté de fotografiarla, dentro del contexto familiar, de hacerle videos furtivos, de encontrar entre su correspondencia algunas frases excitantes, y de substraerle algunas prendas intimas. Me hice fetichista empedernido y voyerista enfermizo. Pero después de todo eso, lo único que había logrado era tener una colección impresionante de fotografías, donde la más preciada era una, que amplié hasta la saciedad y en la cual ella lucía el perfil inquietante de sus tetas enloquecedoras apretadas por un suéter rojo y otra en que sentada con las piernas cruzadas, mostraba un tercio de muslo satánico. Ese mismo que yo había visto entero en el cuarto de baño.

Con esos magros tesoros yo me daba a masturbarme en las noches en forma desesperada, gritando ahogadamente su nombre en la oscuridad y ni siquiera mis corridas furiosas me calmaban, porque no soportaba la idea de que cuatro metros más allá, ella estuviese desnuda en su cama. Porque la Rosa me había dicho que la Julia dormía desnuda. Era por eso que creí morir, cuando mi madre anunció esa noche en la cena, que la Julia se casaría con el primo Andrés a fines agosto. O sea que me quedaban dos meses de vida, porque de verdad creí que moriría, sí eso se hacia realidad.

Pero solamente estuve desconcertado unas horas, porque enseguida se me hizo la luz en mi mente calenturienta y me di cuenta que para lograr mis objetivos a tiempo necesitaba un aliado o más bien una aliada. La Rosa. Le conté todo a la Rosa.

Le abrí no solo mi corazón sino mi mente y mi cuerpo. Le narré mis calenturas desesperadas en todos sus detalles y la Rosa no solamente me comprendió sino que también se fue calentado, como es ella, y cuando termine mi historia la Rosa estaba en pelotas abrazada a mí; y me dijo que yo podía disponer de ella para lo que yo quisiera.

En realidad yo dispuse de ella ese mismo día y le dije que fuera a mi cuarto a media noche y allí en mi cama en pelotas los dos yo le fui confidenciando mi angustia mientras se la metía hasta el fondo y me solazaba con sus tetas monumentales y ella con una tremenda buena voluntad me chupaba la polla para hacerme acabar en su boca porque tenía miedo a embarazarse. Yo como buen hermano le retribuía haciéndola gritar de placer mamándole su clítoris que lo tiene delicioso de grande y hermoso. Y cuando yo me agotaba de tanto comérmela y a ella aun le quedaban ganas, me decía que ella era la Julia y se montaba sobre mí y así yo me calentaba de nuevo y le seguíamos dando como locos.

Con la Rosa vivía yo la fantasía de estar con la Julia y cada noche inventábamos acrobacias nuevas que de alguna manera mitigaran mis deseos tan irreprimibles, como sin destino, de poder montarme a la Julia.

La Rosa me contaba como era la Julia, ya que ella la veía desnuda todas las noches pues compartían el mismo cuarto. Me describía con lujo de detalles la curva de sus nalgas, me decía que se median las tetas y que la Julia las tenia más grande y más duras, que su sexo estaba completamente cubierto de pelos negros ensortijados, que le gustaba acariciarse ella misma las tetas y las nalgas y que veces hasta se pasaba la mano por entre las nalgas pero que nunca la había visto tocarse el coño.

Que al verla, ella se calentaba con la figura de su hermana y que una noche le había propuesto que se masturbaran mutuamente, pero que la Julia la había rechazado elegantemente diciéndole que ella prefería morirse si no llegaba virgen al matrimonio. Yo me calentaba de tal manera con lo que la Rosa me contaba que me corrí pajas casi dolorosas y le tiraba el semen en las tetas a la Rosa y luego se lo lamía imaginándome que era la Julia, para besarnos luego y comenzábamos a tirar como malos de la cabeza bajo el conjuro caliente que nos producía pensar en la Julia.Pero el tiempo pasaba y solo faltaban unas dos semanas para el matrimonio de la Julia y yo estaba cada día más desesperado y más caliente.

Entonces fue cuando una noche, mientras yo masticaba mi calenturiento desvelo, excitado como un potro, sentí que la Rosa entraba en mi cuarto en pelotas como siempre. Traía sus calzones en la mano y tenia una mirada entre misteriosa y picara. Ahí fue cuando me dijo, pasándome los calzones que en realidad no eran los suyos.

– Toma – …Estos son los calzones que la Julia se acaba de sacar.

Yo me creí morir de caliente. Los pequeños calzones blancos conservaban aun el calor del cuerpo de la Julia. Los extendí con cuidado y pude apreciar claramente que estaban tibios y húmedos en la parte delantera, aquella parte que debería haber cubierto el chocho adorado de la Julia. Me los llevé a la cara, absorbí con ansias el más íntimo de sus aromas, como un perfume embriagante que casi me hipnotizaba. La Rosa me miraba y al verme como yo me incendiaba había comenzado a masturbarse como loca metiéndose tres dedos en su cueva que sonaba agitando sus jugos.

Mi verga se había vuelto descomunal bajo el influjo de los efluvios del calzón de la Julia y yo seguía pasando la lengua por las partes más intimas de ese trozo de tela blanca que tan solo unos minutos antes había vestido el chocho y el culo de mi adorada. Estaba a punto de enloquecer y quería comerme la prenda cuando la Rosa, que había aumentado la velocidad de su paja en forma increíble me dijo con el rostro descompuesto por la calentura.

– Tengo una idea.

Acto seguido se acercó hacia mí con las piernas levemente separadas sin abandonar el movimiento infernal de su paja y con la mano libre tomó los calzones de la Julia y extendiéndolos en el aire procedió a ponérselos. Acto seguido se tendió en la cama con los muslos separados y con una voz ronca de calentura me dijo.

-Móntame sin sacarme los calzones, pártemelos con tu verga como si te estuvieras tirando a la Julia… total son sus calzones.

A mí la idea me pareció tan demoníacamente erótica y caliente que como movido por un resorte infernal me lancé como un perro poseído sobre la Rosa. Me tendí sobre ella con los ojos cerrados, porque no quería romper el hechizo de pensar que estaba sobre la Julia. Le puse mi fierro candente entre sus muslos y aferrado a sus tetas me fui acomodando para ponerle la cabeza dura y caliente de mi verga a la entrada de su chocho por sobre los calzones.

La Rosa plenamente poseída de su rol simulador de su hermana, se movía tratando de facilitarme la penetración. Yo estaba más caliente en cada momento y trataba con toda mi fuerza de romper esa barrera virginal representada por la tela de los calzones de la Julia. Estábamos cada vez más salvajemente poseídos por el deseo y yo me impulsaba con tal fuerza que sentía un dolor placentero con la resistencia de la prenda. La Rosa me alentaba diciéndome que era la Julia, mi Julia, que quería entregarme su tesoro virginal solo a mí.

De pronto bajo el efecto de una de mis violentas embestidas la tela de los calzones se rompió y mi verga entró como una tromba en el tubo desesperadamente caliente de la Rosa. En ese momento los dos comenzamos a gritar de puro gusto sin importarnos si alguien en la casa nos escuchaba, porque ya habíamos pasado todos los limites de la calentura y estábamos en otro mundo, bajo el embrujo del deseo por la Julia y así fue como yo sentí que me estaba vaciando en el interior de la Rosa y ella feliz me decía que la llenara, porque nunca había sentido eso y yo sentía como ella me mordía con su tubo todo el grosor de mi verga.

Así fue como después de este polvo descomunal nos quedamos en silencio y entonces yo la miré y la Rosa estaba preciosa completamente llena de sudor, con los muslos separados y en el vértice de ellos los calzones blancos de la Julia con el tremendo hoyo que yo le había hecho. Entonces ella se puso de pie para irse a su cuarto y antes de irse me dijo con la respiración aun entrecortada.

– Yo tengo que hablar con la Julia-

Y desapareció por la puerta en la negrura de la noche. Lo último que vi fue el perfil perfecto de su culo. Al día siguiente los dos andábamos evitando el contacto con la gente de la casa porque pensábamos que con el tremendo escándalo de gritos que habíamos armado con el polvazo de la noche, alguien podría habernos escuchado. De modo que yo no hablé con la Rosa sino hasta bien entrada la tarde cuando ella me llamó aparte y con mucho sigilo me dijo.

– Hablé con la Julia… y le conté que tú estabas enfermo de calentura con ella y que algo había que hacer, porque de otro modo podrías quizás enloquecer.

Yo me sentí estremecer. Pensé que la cosa había llegado demasiado lejos y que con toda seguridad, la Julia le contaría todo a mi madre y las consecuencias serian espantosas. Me llené de congoja. Pero la Rosa no se dio ni cuenta y me dijo antes de marcharse.

– Anda esta noche a nuestra pieza cuando veas que apagamos la luz. La Julia dijo que te dejaría que la vieras en pelotas, pero solamente eso.

Eso para mí era suficiente. Había llegado a tal grado de subyugación con ella, que el solo contemplarla desnuda seria para mí la redención de todos mis afiebrados deseos. La Rosa no me dijo nada más y se marchó. Faltaban al menos cinco horas para la medianoche. Creo que nunca en mi vida he tenido la sensación de la pesadez del tiempo. Llegue a pensar que no soportaría la espera.

Tendido de espaldas en mi cama mi di a la tarea de poner dos despertadores a las doce de la noche porque tenia terror de quedarme dormido y no despertar hasta la madrugada.
Efectivamente me dormí y la violencia de las campanillas de ambos relojes a la vez me hizo dar un salto en la cama. Eran las 12,15 de la noche, el pasillo estaba oscuro, pero la luz del cuarto de mis hermanas permanecía encendida. Mi corazón latía con fuerza y su compás retumbaba en mis oídos No estaba excitado y un sudor más bien frío me corría por la espalda. Todo estaba en silencio cuando la luz del cuarto se apagó. No recuerdo la percepción del tiempo durante el recorrido hasta el cuarto de Julia, solo se que fue largo y anhelante y que cuando empujé suavemente la puerta me di cuenta que estaba invadido por la luz suave de una lámpara puesta en el velador, Una maravilla.

Julia estaba completamente desnuda de pie sobre la cama dándome la espalda. Su cabello, más bien corto, caía graciosamente casi hasta sus hombros, pero lo más embriagante era su figura. Me parecía más grande, casi imponente. Sus muslos ligeramente abiertos, como para conservar el equilibrio sobre la cama y el perfil enloquecedor de su culo desató en mi una reacción casi violenta. Mi mano se acercó con seguridad a mi verga candente cuando mi vista se fijó en sus tetas espectaculares con sus pezones brillantes aun en medio de esa semi penumbra.

Esa imagen adorada me causaba una calentura solemne. Yo podría haberme muerto allí mismo deshaciéndome en un orgasmo salvaje y fue en ese momento, temiendo ese orgasmo prematuro, cuando me di cuenta que Julia no estaba sola. De rodillas en la cama, frente a Julia, estaba Rosa, hermosamente desnuda, con su rostro dirigido hacia adelante y hacia arriba dándole suaves besos en el sexo a su hermana. Era un cuadro plástico de una potencia erótica descomunal. Yo ya no deseaba nada, después de eso podría simplemente haberme muerto y me habría despedido de esta vida en forma feliz.

Me acerqué apenas unos pasos, no quería hacer ningún ruido que quebrara el hechizo.
Rosa movía su rostro con movimientos pausados y me di cuenta que con su lengua entraba en la nutrida selva de los pelos del sexo de Julia y se aventuraba hasta separar sus labios mayores para poder lamer con una suavidad infinita la membrana del himen virgen de Julia. Junto con hacer este lúbrico homenaje, Rosa acariciaba con ambas manos las nalgas perfectas de la Diosa.

Mi grado de calentura llegaba ahora a la desesperación. Quería gritar de deseo y de infernal calentura pues Julia había adoptado un movimiento de balanceo de su culo maravilloso para facilitar la tarea de su hermana.

En ese momento vi como las manos de Rosa, con una ternura infinita esparcían entre las nalgas de Julia una crema brillante y fluida. Lo hacía con movimientos cadenciosos. La esparcía y enseguida separaba las nalgas de Julia como para que yo la viera y efectivamente en un momento pude ver con claridad el endemoniado hoyo del culo de mi ídolo y en ese preciso momento Rosa me miró sonriente mientras con su mano me llamaba indicándome el culo de Julia.

Un estremecimiento violento en mi cerebro, me hizo ver la realidad delineada por estas mujeres. Me acerqué lentamente mientras Rosa había tomado a Julia amorosamente del cuello y la acercaba a su rostro para besarla, con lo cual Julia debió inclinarse mostrándome su culo ofrecido con las piernas separadas en la posición perfecta.

Yo ya estaba entre sus nalgas y cuando la cabeza de mi verga encontró la lubricada entrada de su culo precioso, resbaló sin dificultad alguna hacia sus profundidades Comencé a entrar en Julia con la convicción que había llegado al paraíso tanto tiempo anhelado.

Su tubo ardía y me quemaba, y yo avanzaba, y yo entraba y llegué al fondo y salí y volví a entrar, primero con suavidad, después con ternura, después con firmeza, luego con violencia, una vez, diez veces cien veces, hasta que ella gritó en la noche como una yegua satisfecha y yo me derramaba allí en su interior sin poder contenerme, no como un río sino como un torrente que corrió por su nalgas y por sus muslos y por los míos y por su vida y por la mía y por la vida de Rosa.

Esa noche nunca ha terminado porque en nuestras evocaciones perdura por siempre.

Al día siguiente mi hermana Julia se casó tan virgen, como siempre ella lo había deseado.

Autor: Ulte

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.