LA BALA PERDIDA

Tu abuela adoraba a Pink Floyd y alucinaba en colores, pero sobre todo, engullía vergas, cielo mío. No te sorprendas. Siempre ha habido marcha, Rafa. Eres un torito bravo: Diecinueve años y unas ganas tremendas de comerte el mundo. Me ves gastada y vieja. ¡Vivamos lo imposible! Soy madre de tu madre y me siento jovencísima. No conociste los tiempos mágicos de la Era de Acuario. Los revivo porque siento que, como entonces, la luna ha llegado a la séptima casa y Júpiter se ha alineado con Marte. La prueba es que has venido.

Diecinueve años y recién te he conocido…Soy la bala perdida de la familia, la abuela loca que hay que evitar, la que no existe, porque vivo en Ibiza como última superviviente de una comuna en que todo era de todos, porque visto una moda ad lieb que pasó de moda, porque fumo porros y porque permanezco fiel a Jimmy Hendrix, a Janis Joplin, a Joan Baez y sobre todo a Dylan, al gran Bob de "Blowing in the wind". Cuatro buenas razones, según ves.

Soy la eterna hippie repudiada por su propia y honorable familia. Puede que el reloj se me parara en la década de los setenta. Fue entonces cuando ese al que llamas tu abuelo sentó la cabeza. Volvimos a Madrid con la niña -tu madre- para ser gente de provecho. No lo aguanté. Regresé a Ibiza. Abandoné hija y marido y volví a la marihuana y a las varillas de incienso. No soy mujer de collares de perlas. No es lo mío. Lo mío es libertad. Es paz. Es felicidad. Es arrullo de palomas. Mira el dorso de mi mano derecha: Tengo tatuadas cuatro letras en los dedos. La A en el índice, la M en el corazón, la O en el anular y la R en el meñique. Si toco tus labios, no es mi mano, sino AMOR quien los toca.

¡Me alegro tanto de que, aprovechando el viaje de fin de estudios, hayas querido conocerme…! Ya ves. Para tu familia, que es la mía, seré una aventurera, pero mi vida es apacible y falta de emociones. Aquí estoy con mis gallinas y con mi huerto. Hago pulseras y collares que luego comerciantes disfrazados de hippies venden en el puerto de Ibiza. Recibo esporádicas visitas de viejos amigos. Y se acabó.

Esa es mi vida de aventura. Y dices que tus padres jamás hablan de mí y que te hiciste con mi dirección por verdadera casualidad. No le reprocho nada a mi hija. No vivimos en el mismo planeta. Ella olvidó la Era de Acuario. Ven. Vamos a la playa. Está a dos pasos. La cala es preciosa ¿verdad? Laderas pobladas de pinos bajan hasta el mar. Los separa una incierta frontera de metros de playa. ¿Viste algo tan bello en tu vida, Rafa? Quítate la ropa. No hace falta bañador. ¿Por qué ocultar el cuerpo? Fuera fingimientos. El cuerpo es hermoso.

Estamos solos. Aquí no llegan carreteras ni caminos. La senda baja desde casa. ¿Hay algo más auténtico que la desnudez? Mírame. ¿Imaginabas así a tu abuela maldita? Perdí la frescura de los veinte, pero quien tuvo, retuvo. Mis pechos se mantienen pasablemente erguidos. No ensanché la cintura. Nada de celulitis. El agua del mar y los lodos hacen el milagro.

Talasoterapia lo llaman. Daré la vuelta para que me veas bien. Llevo florecillas tatuadas en las nalgas.¿Te gustan? Peso lo mismo que cuando joven. Si no fuera por las manchas del dorso de las manos, por las arrugas en torno a los ojos y por las canas del cabello y del vello del pubis… Pero Rafa…No te avergüences. No te tapes. Si te gusto, te gusto. Me halaga ¿sabes? La vieja hippie todavía es capaz de empinar vergas. Eres un cielo, créelo. Me has quitado diez años de encima. Ahora es mi turno. Deja que te admire. Good morning, starshine.

Eres lozano. Espléndido. Joven. Auténtico. Eres la vida hecha milagro. ¡Me recuerdas tanto a Jerome! Eres su viva estampa. No oíste hablar de él, pero su sangre corre por tus venas. Quien crees tu abuelo, no lo es. Cosas que ocurren. Y se te ve fogoso. Como Jerome. Tienes su vientre liso, su torso fuerte, su sonrisa, su poderosa masculinidad. Lástima que lleves corto el pelo. Si lo dejaras crecer hasta los hombros, serías su retrato.

Me devuelves a un tiempo perdido. Túmbate a mi lado. ¿Escuchas el mar? Suena como millones y millones de c

aracolas aplicadas al oído. Susurra amor, paz y dulzura. Cierra los ojos y deja la mente en blanco. O mejor aguarda. Un porro ayudará. Marihuana pura. Cultivada en casa. De toda confianza. Y sin tabaco, que no quiero venenos. Toma. Deja que el humo te llene los pulmones. Retenlo. Es bueno compartir el porro. Es magnífico compartir. Jerome tocaba el sitar. Estuvo en el Festival de Woodstock, ¿te imaginas? Habló con Ravin Shantar. Conoció a Hendrix. Hicieron juntos un viaje de ácido, los dos de la mano del LSD. Me lo contaba en esta misma cala. Le oía hablar y le acariciaba el hombro como te lo acaricio. Dejaba que mi mano recorriera su cuerpo, suave, muy suave, en cosquilleo. Luego escribiré "te quiero" en tu espalda. Ahora prefiero pasar las yemas de los dedos por tu pecho.

A Jerome le pellizcaba las tetillas. También se estremecía. Luego dejaba -dejo- resbalar las manos por tu abdomen musculoso. Las manos saben su camino, tienen un destino cierto. Remolonean en tu cintura y se aproximan al pocillo de tu ombligo. Si fuera primavera te cubriría de flores, amor, prendería sus tallos en los vellos de tu bajo vientre. No sé si leíste "El amante de Lady Chaterley". Adoro el pasaje en que la protagonista y el guardabosque chapotean en flores, se aman sobre un lecho de flores, hacen guirnaldas que adornan sus cabellos y sus pubis.

Entonces fue Vietnam. Hoy es Irak. Mañana otro lugar. "Haz el amor y no la guerra". ¿Por qué fracasamos si es nuestra la razón? Tienes la verga erguida. Palpita. La rozo con la uña del dedo meñique. Me llama. He de volver a ti, Jerome. Soy tuya. Siempre lo seré. Deja que te abarque los testículos. Tienen un dulce peso. Un calor extraño y errátil se remueve en el nido de mi mano. Eres tan hermoso…

Me atrae el imán que sobresale entre tus muslos. Lo acaricio con suavidad. Con reverencia. Es el tótem tribal. El cipo mítico. Rodeo su raíz. Empuño el cetro. Es cetro de poder. El de tu fuerza. Cálido y vivo. Se estremece en latidos. Muevo la mano despacio en corto trayecto de caricia. Quiero darte placer, Rafa-Jerome. Sigue así. Quieto. Aparentando que duermes. Con los ojos cerrados y relajado el cuerpo. Adoro un poema de William Inge: "Aunque nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba y de la gloria de las flores, no hay que afligirse, ya que la belleza persiste en el recuerdo". No solo en el recuerdo. Persiste en el recuerdo y en mi mano. Tengo la belleza entre mis dedos. La llevo y la traigo.

Acelero el movimiento y tu glande se hincha más todavía, con la doble caricia del sol y de mi mano. Es un momento mágico: La mar rizada, un cielo intenso que deslumbra por lo azul, tu cuerpo joven tendido a mi lado, mi mano que te rinde pleitesía, las lejanas chicharras y esa calma redonda bordada de rumores y de espuma. Es la conciencia cósmica. Adelante, atrás. Te apuñalo de amor con tu arma blanca. Adelante, atrás.

Me acompaso al reflujo de las olas y a su flujo constante y repetido. Haz del amor el eje de tu vida, Rafa. Es hermoso gozar al aire libre. No escondas el amor como lo esconden allá de donde vienes. De niño, no mecí nunca tu cuna. Por fin mezo la cuna de tu hombría.

Arqueas el cuerpo. Tus riñones se elevan de la arena. El pasado, el presente y el futuro son nada ante el hervor de tu entrepierna. Sigo acariciándote. Estás cerca. Estalla el maremoto frente al mar. Un primer espasmo. Un chorro de esencia de la vida. La vida -su elixir- brota de tu verga. Brotan el fuego, la fuerza y el rayo. El viento huracanado.

No hay nada más auténtico que un miembro eyaculando. No sé si catar con la punta de la lengua el gusto de tu semen. Aunque no. Tiempo habrá para eso. Mejor nos remojamos. No te avergüences, Rafa. Es bueno amar y que te amen. Te aúna con el Universo. Levanta. Dame la mano. El agua está deliciosa. Quedémonos donde cubre por el pecho. Acércate. Mis labios saben a sal y sol entremezclados. ¿Oíste hablar de la Madre Tierra? Yo soy la Abuela Mar. Laten en mí principios ancestrales.

Besas bien, Rafa. Exploras mi boca con dulzura. Tu lengua se recrea en la caricia y me abrazas sin dejar de besar. Fuerte. Más fuerte. Abrazados tú y yo y el mar abrazándonos. Es un abrazo dentro de otro abrazo, una matriuska de amor. Noto tu verga, fresca y endurecida, contra mi vientre. ¡Bendita juventud siempre dispuesta! Levanto las piernas y, ayudada por Arquímedes y el mar, enlazo tus ijares con mis muslos. Entrecruzo los dedos de las manos en tu nuca y quedo así: ofrecida y fácil

de manejar. Acomodas tu sexo en el mío. Poséeme. Dame frescura. Se cierra el círculo y surge la chispa del encuentro-amor de nuestras generaciones. Entra en mí y quédate quieto. Disfruta del momento: el cielo rabiosamente azul, el sol, el mar calmo, los reflejos de luz irisada en la superficie del agua, y tú y yo, desnudos, haciendo el amor en el mar. Ni los dioses se amarían mejor. Tienes gotillas de agua salada en los hombros. Bebo esas gotas, los dos en una carne. Lates dentro de mí.

Las tres cuartas partes de la superficie del planeta Tierra me lubrican el sexo. Los siete mares son mi lubricante. Abarca mis nalgas con las manos. Empuja. Así. Tú no sabes lo que es la psicodelia. Nadie pronuncia hoy esa palabra. Hace treinta años llenaba el mundo. Todo era psicodélico. Ahora lo somos nosotros. Y el cielo. Y el mar. Te muerdo la boca mientras me escarbas las entrañas. Bienvenido, mi yellow submarine. Componemos un trío: la naturaleza, tú y yo. Sigue llenándome…

Eres infatigable. Me vienes a oleadas de placer. Pasa un barco. Otras gentes. Otras historias. Esta noche miraremos las estrellas. Nos amaremos luego junto al pino grande. No me canso de verte y de quererte. ¡Eres tan joven y tan tierno! Llevo bastantes años masturbándome, haciendo el amor conmigo misma. Con nadie más. Con nadie. Necesitaba esto. Lo necesito. Sigue. A cada envite me nacen flores en el vientre. Me llega el orgasmo. Intensísimo. No sé ni quién soy. Desconozco mi nombre. Soy ola de placer y soy la playa en que derramas tu espuma consistente. Por fin volviste, Jerome. ¡Te aguardé tantos años! Volviste para amarme como entonces, cuando la luna entraba en la séptima casa y Júpiter y Marte se alineaban.

El sol está muy alto. Hemos de pensar en la comida. Buscaremos chirlas. Hay muchas enterradas en el fondo. Hunde los dedos en la arena, acuclillado en el agua, y darás con alguna. Pueden hacerse arroces más sabrosos, pero eso es lo que hay. Arroz con chirlas y tomates recién cogidos del huerto y troceados.

Comes con apetito. Me gusta tener un hombre en casa. Da seguridad. La casa no es nada del otro jueves: cuatro paredes blancas y un techo que protege de la lluvia. Y el pozo. Las pulseras y los collares dan para poco. Pero tengo el mar y los pinos. Soy la mujer más rica del mundo.

Te enseñaré fotos. Aquí estoy con el que llamas tu abuelo. Seguro que no lo reconoces. Treinta y tantos años menos, barba rubia, melenas, lentes tipo John Lennon, camisa floreada, pantalón pata de elefante azul eléctrico, sandalias…

Aquí está Jerome. El cuarto por la izquierda. Quítale los pelos de la cara e imagínalo con el cabello corto. Sois dos gotas de agua. En la foto estamos quienes formábamos la comuna. Mírame a mí. Llevo flores por todas partes. "Si estás llegando a San Francisco, prende flores en tus cabellos". Fíjate, la cruz de Aton. La misma que llevo ahora. ¿Cómo está tu madre? No sabía decir "papá" y ya chapurreaba "Haz el amor y no la guerra". Y tu digamos abuelo ¿toca alguna vez la guitarra? No creo. Un señor serio solo aprecia la música del dinero.¡Pensar que le hubiera encantado vestir la túnica azafrán para entonar el "Hare Krishna"! No dio el paso por no raparse el cráneo.

¿Un té? Un té y otro porro de hierba. Consigo, a veces, chocolate. Ahora no tengo. ¿LSD? Llevo más de veinte años sin hacer un viaje. Los Beatles cantaban "Lucy in the sky with diamonds" y hablaban de cielos de mermelada y de niñas psicodélicas con ojos de calidoscopio. Pura palabrería. Los Beatles no eran de los nuestros. Lo suyo no eran los viajes, sino las giras.

Esta hierba salió buena. Pega fuerte. Te miro. Te admiro. Ven. Pon la cabeza en mi regazo. Los almohadones tienen ventajas sobre las sillas. Se puede ir y venir sin esfuerzo. Te acaricio el cabello. Nunca te conté historias. Mal. Las abuelas deben entretener a los nietos. Debemos recuperar el tiempo perdido. ¿Se te ocurre algo? ¡Ay mi niño chico que tiene una cosa tan rica entre las piernas! Está anocheciendo. Encenderemos velas.

Quítate la camisa. La luz de las velas juega con tu torso. Como si un escultor, con una mano de luz y otra de sombra, te modelara el cuerpo en continuo y gozoso movimiento. Eres muy hermoso. Lo voy repitiendo a lo largo del día. Me deslumbran la belleza y el amor. Eres el sol. Let the sun shine in. Me encegueces. Callemos un instante. Deja que grabe en mi alma este momento. Cuando te vayas, lo recordar&eacu

te; y me masturbaré muy rico y a menudo.

Tengo cincuenta y tres años. Hagamos cuentas. ¿Tu madre se casó de penalti? Te tuvo a los dieciocho. Claro que yo la tuve a los diecisiete. Las mujeres de nuestra familia acostumbramos a parir muy jóvenes. Cincuenta y tres años y me masturbo teniendo a la vista un erótico torso juvenil con el que juega la luz de las velas. Cincuenta y tres y diecinueve… Me engancha el orgasmo solo de pensarlo. Me toco la entrepierna por contenerlo.

Para que no se escape. Por hacerlo durar. Me froto el clítoris y el orgasmo sigue y sigue. ¡Tu torso es tan hermoso! Luego cenaremos lo que haya, tal vez las gallinas hayan puesto algún huevo. Después…hay dos cosas que me gustaría que hiciéramos: la primera, que me chuparas los pechos, la segunda, chuparte yo la verga. Pienso en eso mientras el orgasmo me llena, me desborda, me anula, me devora.

¡Cómo me alegro de que hayas vuelto, Jerome! Por favor, no vuelvas a irte. Quédate conmigo.

Autor: trazada30

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Escrito por Marqueze

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