La chica de la gasolinera (II)

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Con esta historia continúo la aventura que comencé a contaros con La Chica de la gasolinera, relato fruto de un viaje en coche por España.

Cuando Dunia y yo acabamos de pegar ese inmenso polvo y nos quedamos tirado por el suelo de los vestuarios, ella regada por mi semen y yo bien relajado después del esfuerzo de haber estado follando durante casi una hora pasó algo que yo había previsto durante los gritos escandalosos de Dunia, su compañera Julia entró al vestuario. No fue una entrada por preocupación por todo el escándalo que habíamos montado sino una acción completamente premeditada.

– Parece que se os ha dado bien el cambio de ropa, ¿verdad? – Dijo Julia mirando nuestros cuerpos desnudos.

– Pasa, Julia. Ya sabes que siempre eres bienvenida. – Le contestó Dunia.

Al instante me di cuenta de que ellas ya habían montado algún otro numerito juntas y que ahora empezaría una nueva diversión para mi.

Dunia entró abriéndose el mono y diciendo – aquí huele a sexo, jugos y semen lo que me pone muy cachonda – mientras se quitaba completamente el mono y se acercaba a Dunia para empezar a lamer la leche que yo había desparramado sobre el cuerpo de ella. Pasó por su espalda y bajó hasta su culo donde empezó a sorber directamente de su agujero para ir llenando su boca y compartirlo después con Dunia en un apasionado morreo.

Yo me estaba volviendo a empalmar viendo el magnífico culo de Julia e imaginándome el momento en que liberase sus tetas, mucho más grandes que las de Dunia, del sujetador que ahora las aguantaba. En ese momento se giró hacia mi y mirando como se me estaba poniendo la polla se empezó a despojar de su ropa interior para dejar a la vista unas tetas inmensas, de grandes y negros pezones y un chochito también bien depiladito pero de pelo moreno. Vino hasta mi y dijo:

– Ahora empieza realmente la fiesta, querido. Acabo de colgar el cartel de “sólo autoservicio” y aquí vamos a darte el mejor de los servicios.

– Prepárate porque vamos a ponerte más caliente que nunca y vaciaremos tus cojones hasta que no te quede ni una gotita de leche que darnos – dijo Dunia también acercándose a mi.

Julia empezó a chupármela y acariciarme los huevos mientras Dunia me plantaba su raja en la cara y me decía – chúpalo bien hasta que no queden restos del primer polvo, ¡cómeme todo el coño y el culo! – Sus labios escupían líquido incesantemente mojándome completamente la cara y apenas me dejaban respirar. Julia estaba haciendome un trabajo finísimo chupándola y meneándomela con mucha suavidad pero con una destreza enorme que hacía que mi verga se fuese hinchando e hinchando. Dunia aprovechaba su postura para cogerle las tetas a su compañera y restregarme sus pezones por los muslos.

Decidí que tocaba cambio de postura y me saqué a Dunia de la cara para levantarme y dirigir mi polla hacia el coño de Julia que ya me estaba dando ganas de conocer. La tumbé en el suelo y me tiré encima clavándosela hasta el fondo. Dunia nos chupaba huevos, polla, ojetes y coño como podía desde detrás y yo me aferré a chuparle las tetas a Julia notando como empezaba a manar un dulce calostro de sus pezones. Yo bombeaba cada vez más rápido y Julia se agarraba las tetas para que se quedaran firmes y pudiera chuparle los pezones con toda comodidad.

Ahora fue Dunia quien impuso el cambio diciendo que a ella también le tocaba cipote así que le dije a Julia que se pusiese a cuatro patas y que Dunia se sentase encima de su trasero con su coño hacia mi para así poder alternarlas a las dos. Se la metí en la raja a Dunia mientras le introducía mis dedos a Julia en el culo y el coño para pasar después a metérsela por el culo a Julia viendo como Dunia se masajeaba la almeja con sus dedos. Así continuamos un buen rato hasta que yo empecé a notar que mi leche estaba a punto de salir y la dejé escapar dentro y encima de todos sus agujeros cogiendo ellas la leche con sus dedos para introducírsela, la una a la otra en la boca y tragarla con fruición .

Yo creía que no iba a volver a empalmarme en un buen rato por lo que se me ocurrió un juego que podía divertir a aquel par de ángeles perversos así que les dije si se atrevían a probar a quien de las dos se le abría más el coño, juego que fue inmediatamente a

ceptado con lo que me encontré con las dos jóvenes, completamente abiertas de piernas y dispuestas a que yo realizase mi test de flexibilidad vaginal. Empecé metiendo tres dedos en cada uno de sus rajas lo cual no fue nada difícil después de todo el calentamiento y folleteo que llevaban encima, pasé a cuatro, cinco y la mano entera. En ese punto Dunia empezó a ofrecer mayor resistencia y su raja no aceptó la mano entera, en cambio Julia pudo con mi mano entera y más tarde con el puño cerrado declarándose vencedora. Dunia, algo picada propuso hacer lo mismo con el ojete del culo alegando que estaba convencida de tenerlo mucho más laxo que su compañera. Empezamos el nuevo juego con un dedo, dos, tres y Julia se quedó en cuatro dedos. Dunia probó con éxito cinco y se quedó con la mano que ya no le entró pero quería ganar por goleada y me pidió que dejase mi mano, con el puño cerrado mirando hacia arriba y el codo apoyado en el suelo para que quedase firme. Julia y yo no podíamos creer lo que Dunia iba a hacer pero lo hizo, se puso a horcajadas y dejó que el peso de su cuerpo se cayese sobre mi puño y éste entrase entero en su esfínter anal. Yo noté un leve crujido como el que hace un jersey al romperse el cuello al ponértelo y noté un cálido líquido que descendía por mi antebrazo. Dunia gritó medio de placer, medio de dolor.

– ¡Qué bruta eres! – dijo Julia.

– Sí, pero te he ganado – replicó Dunia – y además acabo de tener el orgasmo más brutal de mi vida. Sé que me va a doler un poco pero ha valido la pena.

La visión de la hazaña de Dunia, por raro que parezca, me volvió a poner cachondo por tercera vez así que me dirigía a ella y le planté la verga en la cara diciéndole – el premio para la ganadora – a lo que ella correspondió empezándola a chupar de nuevo. Julia se arrodilló ante Dunia y le dijo – yo voy a hacer que se te pase el daño con este regalito – e inició un cunilingus que a Dunia le hacía gemir y a veces apretar la boca con lo que aprisionaba mi polla entre sus dientes. Dunia se frotaba el clítoris mientras yo aprovechaba para apretarle con fuerza las tetas consiguiendo que surgisese de nuevo su calostro y fuese derramándose pecho abajo hasta su chocho. Así estuvimos un buen rato hasta que las dos se hubieron corrido de nuevo y yo volví a eyacular, ya sin la fuerza de las dos ocasiones anteriores pero sí con un placer igual de intenso.

Nos despedimos y yo volví a Madrid con un retraso de más de tres horas pero mis testículos completamente vacíos y mi cipote algo irritado de tanto trabajo… ¡dulce trabajo! No he vuelto por aquella carretera pero tengo ganas de que me vuelvan a enviar a esa zona para ver si siguen allí esas dos chicas y recordamos nuestra aventura.

Autor: abrecedario

abrecedario ( arroba ) yahoo.es

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Escrito por Marqueze

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