La chica del economato

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Hetero, Polvazo, Jóvenes y Cachondas. Mientras pasaba su lengua por mi glande, acariciaba con su piercing todo mi falo erecto consiguiendo que me volviera loco de placer

Desde hace un tiempo tengo la costumbre de ir a un economato que está cerca de mi casa ya que me suelen hacer unas ofertas muy buenas.

Como es normal de tanto ir coges confianza con los empleados ya que siempre tienen un trato afable y cordial, incluso algunas veces te suelen dar ciertos privilegios frente a otras personas.

En mi caso, me trataban muy bien y conseguía cosas adicionales que otros clientes no tenían., cuando había alguna promoción de coca cola o bebida alcohólica me guardan el regalo aunque no comprará los productos.

Yo conocía desde hace tiempo a los empleados entre ellos había tantas mujeres como hombres, pero ninguna de las mujeres que trabajan allí o habían pasado por el economato me ponían tanto como Verónica, una chica choni de 22 años con pelo tipo rasta y algún tatuaje que otro, aunque llevaba el uniforme del economato ella se colocaba un sujetador que se le marcaba en el uniforme y le hacia resaltar sus pechos en el uniforme.

Si han leído alguno de mis relatos sabrán que me subo por las paredes cada vez que veo una hembra en condiciones.

Verónica aparte de ser simpática, era un bombón de cuerpo y cada vez que me sonría con su piercing en la lengua me volvía loco.

Verónica era una empleada nueva, que estaba sustituyendo a otra mujer que estaba de baja por maternidad, por lo que en unos meses se le acabaría el trabajo y posiblemente no volverían a llamar para trabajar más, quién lo se sabe.

Yo llegaba siempre a comprar el pan, cerveza y alguna otra cosa, lo que se llama víveres del estudiante. Lo habitual era quedándome hablando con ella, arriesgándome a que me echaran la bronca sus jefes, pero valía la pena el riesgo por estar cerca de esa hembra un rato. Empecé a coger cada vez más confianza con ella y me contaba donde había estado el fin de semana, gustos musicales, lugares por donde solía ir, etc. De hecho llegamos a tener una cierta confianza y a veces aprovechaba ella su descanso para tomarse un café o una cerveza conmigo.

Así pasamos un par de meses hasta que llegó un día que fui al economato a por los víveres de un estudiante y Verónica me pidió un favor que la llevara a su casa cuando acabara a las 12 de la noche su turno, ya que le tocaba inventario y su moto no había arrancado esa mañana, yo acepte sin problema.

A las 23.50 estaba en la puerta del economato esperándola. Al momento se abrió la verja de seguridad del economato y salió con una minifalda y una camiseta de tirantes ajustada, se notaba que era verano y la chica iba marcando todo lo que podía y más, es la suerte de tener un cuerpo tan joven y tan provocativo.

Nada más acercarse al coche me saludó.
– ¡Hola Simon!.- Dijo.

– ¡Hola Bombón! ¿ Te llevo?.- le conteste.

Nos dimos dos besos, arranqué a la dirección que me dijo

– Gracias, por llevarme a cambio te puedo invitar a una cerveza, si quieres. – me dijo.

– Claro.- Le contesté.

Nos fuimos directos a un local que estaba cerca de su casa.

Aparcamos algo alejados y en el camino ella que casi no podía andar con su tacones se apoyó en mi brazo.
Una vez en el bar en cuestión, nos tomamos varias cervezas y entre risas y bromas empezamos a estar más sueltos llegando el momento que sin nada de vergüenza me susurró que quería agradecerme el favor de otra manera, en otro sitio, que se dejaría llevar a cualquier sitio que yo quisiera a hacerle lo que yo quiera.
No me lo pensé dos veces y pedía la cuenta mientras que ella se bajaba con una sonrisa pícara del taburete donde estaba sentada.

Conduje hasta un descampado que conocía y que estaba cerca del bar. Había varios coches desperdigados por el descampado pero lo suficiente alejados para que ninguno viese lo que ocurría dentro de cada coche así que estábamos a salvo de todo.

Apague las luces pero dejé las llaves del coche puestas, fue en ese momento en el que empezó a comerme la boca de una forma salvaje que me dejaba sin aliento.
Sabía cómo besar la jodía, movía la lengua de un lado hacia otro recorriendo todos los recovecos de mi boca y su piercing me daba un placer indescriptible, yo posé mi manos en su cintura y comencé a acariciarle las piernas, ella únicamente me cogía de la cara para seguir besándome.

Comencé a tocarle sus pechos y ella intentó quitarse la camiseta pero debido a la estrechez del vehículo, le era imposible así que le propuse irnos al asiento de atrás para estar más cómodos y así lo hicimos

Una vez colocados en la parte trasera del coche volvimos a besarnos alocadamente mientras yo le quitaba su camiseta ajustada para poder ver esos pechos con los que más de una noche me había masturbado pensando en ellos, ahora podría poder saborearlos, tener en mi boca aquellos pueriles pechos que me pedían que los besara, los lamiera, los chupara, los hiciera míos.
Sus pechos eran normales pero bonitos y apetecibles, poseían la inocencia de una virgen. pero de seguro que no era el primero que iba a aprobarlos ni que fuera el ultimo, pero eso no me molestaba solo pensaba en amarlos como una bebé hambriento.
Yo chupaba sus pechos mientras que mis manos acariciaban su chochito por debajo de su tanga, su mojado y húmedo coño.
Tras un largo rato disfrutando de los pechos de Verónica y de su coño, ella entró en acción comenzó a bajarme el pantalón y a quitarme la camiseta que llevaba, Cuando estaba desnudo, ella sin más preámbulos se agachó y comenzó a chuparme mi polla, al igual que los besos se notaba que ella había comido varias pollas ya que mientras pasaba su lengua por mi glande acariciaba con su piercing todo mi falo erecto consiguiendo que me volviera loco de placer, seguro que lo tenía bien aprendido de como excitar a un hombre así. Yo le acariciaba su coño, ya sin bragas cubriéndolo, metiendole dos dedos dentro.
Mi polla no podía crecer más, habíamos llegado al punto que la excitación mía al igual que la de Verónica había llegado al máximo entonces ella me dijo que me la follara a pelo que ella había tomaba todas las precauciones y así lo hice. Me la coloqué encima mío y le dije al oído “cabalgame a tope hasta que me corra”
Ella comenzó a moverse, como una amazona experimentada, se notaba que no era la primera vez que cabalgaba sobre un polla, eso lo agradecía ya que mientras que ella se movía hacia alante y atrás yo podía seguir chupándole los pechos, cogerle el culo, ese culo el cual más de una vez me había quedado mirándolo en el economato.

Era tremenda la manera de sudar, gritar y disfrutar de Verónica llegando el terrible momento de correrme, y se lo hice saber ella viendo que mi momento estaba llegando comenzó a moverse más rápido para que ambos nos corrimos al mismo tiempo.

Fue un gran polvo que repetiremos en varias ocasiones pero ya en otros sitios y de diferentes posturas, Quedamos varias veces mientras que estuvo trabajando en el economato, sin ningún compromiso ni ninguna atadura, lo pasábamos bien y echamos muchos polvos cada vez que nos apetecía y nos veíamos en el economato.

Un día fui al economato y ya no estaba Verónica, a ella se le había acabado el trabajo y ya estaba la chica de la baja y sus compañeros me dijeron que le había salido un curro en Londres y se había marchado. No he vuelto a saber nada de ella, pero aún guardo un grato recuerdo de ese primer polvo que echamos en mi coche.

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