LA COGIDA DE MI VIDA

Hola. Me llamo María Dolores y es la primera vez que escribo un relato para esta maravillosa página. Tengo más de dos años de conocerla y siempre me ha gustado. Incluso había pensado en escribir algo, pero mis experiencias habían sido demasiado sencillas y de poco interés. Pero hace apenas una semana, un chico me dio la cogida de mi vida. Es uno de esos muchachos nada feos a los que por alguna razón una le rehuye sin saber lo que puede estarse perdiendo. Tuve muchísima suerte de volvérmelo a topar de nuevo, y tal vez algunas lectoras aprendan de mi experiencia.

Para empezar, diré que sin ser una súper belleza, considero que no estoy nada mal. Mido 1.58, tengo el cabello castaño con rayitos rubios, lo uso largo hasta la mitad de mi espalda. Mi piel es blanca, tengo los ojos grandes, café oscuro, boca mediana con labios medianos (y sensuales, según me han dicho), nariz mediana y hoyuelos en las mejillas. Soy delgada, pero sin nada que ver con el “look anoréxica” que hoy está de moda. Mis medidas son: 87-62-90, tengo lindas nalgas y bien paraditas. Me encanta usar falditas o vestidos que me ajusten para lucirlas bien. El otro protagonista no es de esos galanes de revista que nos impactan, pero vaya que tiene lo suyo. Es un chico gordito, pero muy fornido, muy aficionado a las pesas. Tiene unos brazos y unas piernas maravillosas y súper fuertes. De cara tampoco está mal. Me encantan su cabello negro, corto y suavecito, esos ojos cafés de mirada tan inteligente y esa boca preciosa que sabe hacer maravillas. Me adelantaré a decir que su pene es de tamaño normal, tendiendo a ser chico; pero es muy grueso para su tamaño y se pone tan duro como una barra de acero. Y lo mejor de todo, el chico sabe utilizarlo a las mil maravillas y como podrán leer, no necesita mucha estimulación para que se le ponga dura.

Pues bien, a este chico (lo llamaré Jorge para no balconearlo, aunque aclaro que no es su nombre verdadero) lo conocí en la universidad. Siempre me llamó la atención y yo me daba cuenta de que yo le gustaba. Muchas veces lo sorprendí mirándome cuando pensaba que yo no lo veía. Al paso del tiempo tuvimos conversación y nos llevamos un poco, pero aunque me gustaba (y hasta había tenido fantasías sexuales con él) yo no profundizaba en la relación. Había varios motivos, pero el principal era que me intimidaba su fuerte personalidad, su físico y su gran inteligencia. Era el sueño (o la pesadilla) de muchos maestros, pues constantemente desafiaba sus explicaciones con argumentos muy bien pensados y detallados. A mí me daba pena estar con él (tal vez porque no quería que se diera cuenta de lo ignorante que soy) y lo eludía más o menos sutilmente. Y como es un chico muy listo, no tardó mucho en perder el interés en mí hasta el punto en que ya sólo nos hablábamos para saludarnos, y nada más.

Jorge abandonó la carrera a la mitad, porque se dedicó plenamente a la otra que cursaba de manera simultánea. En el ínterin, se hizo novio de una compañera y oí decir que hasta tenían (o tienen) planes de boda. De todos modos, estuve casi dos años sin verlo para nada. En ese tiempo yo tuve varios novios y varios acostones con ellos y con otros muchachos. Soy muy sexual, y la verdad no me da pena confesarlo. Tal vez algún día encuentre alguien con quien sentar cabeza (¡Ay, como me gustaría que ese fuera Jorge!), pero por ahora eso se lo dejo al futuro.

Fue hace una semana que me lo encontré en la terminal de autobuses. Yo había ido a un negocio y lo vi venir. El me vio y nos saludamos de beso y con mucho entusiasmo. Nos quedamos platicando un rato, y viéndolo tan guapo recordé los pensamientos eróticos que me asaltaban cuando estábamos en la escuela. Le pregunté por su novia, y me dijo muy serio que su relación estaba en una especie de bache. Se habían peleado y se dejaron de ver un tiempo, y ahora él iba a verla, pero sin saber muy bien lo que iba a ocurrir. Jorge ya no vivía en la ciudad y había ido solamente para verla, aunque había adelantado su viaje dos días antes del día en que habían acordado verse. Quería pensar bien las cosas, me dijo.

La verdad, yo siempre había estado celosa de su novia. Al grado de que cuando lo supe, tuve incluso algún sueño erótico con él y yo como protagonistas. El viejo tema de que apenas un hombre que nos gusta tiene novia, ya lo queremos para nosotras, por más que lo hayamos rehuido antes. Y de veras que ahora lo veía yo tan atractivo que rápidamente nos imaginé metidos en la cama. Era un sueño que durante un tiempo estuve deseando hacer realidad y ahí y ahora tenía una oportunidad que no iba a dejar escapar. Pero tenía que ser sutil, porque yo sabía ya muy bien que a Jorge no le gustaban demasiado las mujeres faltas de delicadeza. Así que simplemente le dije que si no tenía prisa, lo invitaba a comer. El aceptó si lo dejaba pagar la mitad de la cuenta y nos encaminamos a un restaurante cercano.

Para no prolongar demasiado los preliminares, diré que estuvimos en el restaurante un buen rato. Yo le pregunté cómo había sido su noviazgo y me contestó sin reservas ni dramas. Seguía siendo tan sincero como siempre. Incluso me confió que su novia había sido también su primera pareja sexual. ¡Imagínense! Si yo le hubiera correspondido en aquellos tiempos a mí me hubiera tocado desvirgarlo. Y la verdad es que después de lo que pasó, no sé si hubiera sido mejor o peor para mí.

Ya en la comida yo me le acercaba y lo tocaba muy sutilmente. Después nos fuimos a un parque cercano y estuvimos en las bancas conversando. Me le senté muy cerca y le estuve coqueteando sutilmente. Yo me daba cuenta de que eso lo ponía un poco nervioso, hasta que finalmente me dijo: – Lolita, déjame decirte que cuando estábamos en la escuela me gustabas mucho. Incluso pensé en proponerte que saliéramos juntos.

Eso me puso muy feliz y le pregunté por qué no se había animado. El me contestó que siempre me sentía evasiva, y entonces yo le confesé mis motivos. Pero además le agregué que siempre había pensado que estaba muy guapo. El se apenó y ahí sentí que era el momento de tocarlo y acercarme. Le acaricié las mejillas y los labios y le dije que ahora lo veía todavía más guapo que antes y me le acerqué. Vaciló un momento, pero pronto sentí que se acercaba a mí y nos dimos un beso. ¡Wuau! Nada que ver con los besos que me habían dado antes. Fue un beso suave, delicado y delicioso que se hizo progresivamente más apasionado. Nos abrazamos y estuvimos besándonos un rato, sin hablar. Yo le decía que me gustaba mucho y que probando sus besos me arrepentía de no haberme hecho su novia.

Un rato después, Jorge me dijo que debía ir a registrarse a su hotel, o si no perdería la reservación que había hecho para esos dos días. Lo había hecho así para estar lejos incluso de su familia. Yo me ofrecí a acompañarlo y subí con él hasta su habitación. En cuanto se fue el botones, volví a acercarme a él y a besarlo. En un momento entre los besos, él me preguntó si no tenía novio. Yo le sonreí y le aseguré que por el momento no tenía, y era verdad: había roto con mi novio anterior hace sólo 15 días. Jorge se sonrió a su vez y dijo que estaba bien, que oficialmente él tampoco tenía, y seguimos besándonos mientras nuestras manos iban cada vez más abajo. Sentí como sus fuertes manos comenzaban a acariciar y después a masajear firmemente mis caderas y mis nalgas mientras me besaba lenta y delicadamente toda la cara y comenzaba a bajar con sus besos por mi cuello. Lo sentí tan sabroso que mi puchita comenzó a ponerse caliente y mojada. Yo misma comencé a desabotonar mi blusa para que pudiera bajar cada vez más. Comenzó a dar lengüetazos por el nacimiento de mis tetas y entonces levantó su cabeza para decirme: – Si quieres que me detenga, dímelo ahora.

Yo no le contesté, sino que me sonreí y comencé a quitarle su chamarra y luego su playera y le hice en el cuello lo mismo que él me había hecho a mí. Para esos momentos sentía ya la dureza de su pene en mi vientre y me frotaba contra él. Entonces, terminó de quitarme la blusa y me besó las tetas primero sobre el brassier, y luego con un movimiento maestro de su mano me lo desabrochó, quitó y tomó mis tetas entre sus manos con firmeza y delicadeza a la vez. Por poco y me vengo al sentir

el apretón, y todavía más cuando comenzó a besar y después a lamer mis pezones muy lentamente. Mis pezones se pusieron tan duros que casi me dolía, pero su lengua me aliviaba de cualquier molestia. Entonces, se metió casi toda mi chichi a la boca para mamarla por completo. Enseguida sentí que mis flujos comenzaban a humedecer mis calzones y no pude contener un gemido de placer. Aquello era demasiado, nadie me había excitado tanto en tan poco tiempo. ¡Quería que me cogiera en ese mismo instante! Para obligarlo a hacerlo, me aparté un poco y me incliné para bajarle sus pants y truza de un solo golpe. Al instante asomó su verga gruesa y bien parada. Tenía circuncisión y se veía preciosa. La tomé en mi mano para sacudirla un poco. Le di un besito, aspirando por un instante su intenso olor a macho y me tiré en la cama quitándome la faldita y mi tanga rápidamente. Le tendí mis brazos urgiéndolo a que me penetrara de una vez.

Sonriendo, Jorge se acomodó encima de mí. Por un instante, pasó por mi mente la idea de que me sentiría aplastada por su peso, pero no fue así. Me tomó de los tobillos recogiendo mis piernas en sus hombros para penetrarme poco a poco, firme y deliciosamente. No era para nada la verga más grande que me había penetrado, pero su grosor y firmeza la hacían deliciosa. Cuando me ensartó por completo, se tendió sobre mí apoyándose diestramente en sus codos y rodillas para no incomodarme y empezó a moverse, mamando mis tetas a cada embestida y haciéndome ver estrellitas de placer. Era tan delicioso… Jorge aflojó su ritmo sólo un momento para decirme que cerrara las piernas por dentro de las suyas. Un poco extrañada, lo hice, y entonces empezó a embestirme de manera dura y poderosa. ¡Ay, pensé que estaba en el paraíso! Nunca había sentido esa sensación. Sin importarme su peso, lo abracé y lo apreté contra mí con todas mis fuerzas y él se lanzó con más fuerza aún. No pude más, me abandoné al orgasmo más intenso que había tenido en mi vida. Por un momento verdaderamente no supe nada de mí. No sentía, estaba completamente ausente, como borracha de placer. Tuvieron que pasar unos segundos para que me recuperara, y Jorge se sostenía casi completamente en sus brazos para dejarme respirar. Me miraba sonriente, sabía cuánto había disfrutado, y empezó a moverse de nuevo, a penetrarme con profundas embestidas mientras mi cuerpo reaccionaba nuevamente para atraerlo. Jorge no dejaba de mamar mis tetas mientras me cogía y era imposible saber si sentía más placer en mis tetas o en la pucha. El segundo orgasmo fue todavía más intenso que el anterior y esta vez quedé tan desconectada que me tomó un par de minutos recuperarme. Pero Jorge no había perdido todavía su fantástica erección y volvió a meterme la verga lenta y profundamente. Esta vez me costó más tener un orgasmo por lo cansada que estaba, ¡y él que no se venía! Estaba completamente dominada, cansada, herida de placer. Simplemente ya no podía, así que le tuve que pedir que ya se viniera. Jorge me preguntó con una sonrisa si ya no podía, y tuve que reconocer que no. Me pidió que abriera las piernas y así pude resistir sus embestidas hasta que se vino llenando de leche caliente mi puchita. Cuando terminó y se salió de mí, inmediatamente cerré los ojos y por primera vez en mi vida, cerré los ojos y me dormí de inmediato, sin saber nada más.

Cuando desperté, me sentía bien y relativamente descansada. Jorge estaba mirándome, reclinado sobre un costado. Me sonrió y me dio un beso en la boca, y yo le pregunté cuánto había dormido. Habían sido cerca de cuatro horas. Sentía los vellos de mi puchita pegajosos de leche, y aunque la sensación no era desagradable, sentí ganas de bañarme. Se lo dije a Jorge y me propuso que nos bañáramos juntos, y por supuesto yo acepté.

Ya dentro del baño, por supuesto, comenzamos a jugar a que nos enjabonábamos y muy pronto nos pusimos cachondos. La verga de Jorge estaba de nuevo bien dura. La tomé entre mis manos para enjabonarla y me agaché según yo, para hacerlo con más cuidado. Me encanto su dureza, su grosor, y pronto me dieron ganas de meterla en mi boca. Comencé besándola muy lentamente, disfrutándol

a, y empecé a lengüetearla de arriba abajo. Así estuve un par de minutos mientras Jorge me tomaba la cabeza suavemente. Luego me la metí por fin a la boca y la succioné primero lentamente, incrementando poco a poco el ritmo mientras Jorge me acariciaba y me decía lo bien que lo hacía. No pasó mucho tiempo antes de que me dijera que si seguía se iba a venir en mi boca. Yo ya antes había tragado el semen y no me disgustaba hacerlo, además este chico me ponía tan cachonda que no sentía el menor inconveniente en tomarme su leche, así que dejé de mamar sólo por un momento y le dije: – Sí, dame toda tu leche en mi boca.

Eso lo excitó tanto que casi en el momento en que metí de nuevo su verga en mi boca empezó a eyacular entre gemidos de placer. Con tres o cuatro lechazos me llenó la boca, su leche sabía un poco dulce y la verdad me disfruté su sabor. Tanto, que me la comí toda y me aseguré de dejarle la verga completamente limpia, y cuando terminé, lo miré y le saqué la lengua para que viera que no había dejado nada por tragar.

Antes de acabarnos de bañar, Jorge me dio un buen masaje con jabón en mi espalda y mi culito. Ahora fue su turno de agacharse para, según él, lavarme bien la colita. Separó mis nalgas y me lavó muy bien el culito. Como ya dije antes, creo que tengo buenas nalgas. Mientras yo me apoyaba en la pared del baño para sacarlo muy bien y mostrárselo en todo su esplendor. Jorge me apretaba las nalgas con sus manotas y comenzó a besarlas y morderlas con pasión.

– ¿Te han dado alguna vez por esta colita tan preciosa, Lolita?

Asentí, pues ya no era virgen por ninguno de mis orificios y de verdad disfruto del sexo anal. Hasta ese momento todavía no lo había pensado, pero la idea de que este chico me cogiera por el culo me puso bien cachonda, así que le pregunté si tenía ganas de metérmela por ahí.

– ¡Como no, sería un placer, preciosa! Nada más acabo de lavarte el culito y te lo voy a dejar ir completo.

Y casi sin secarnos, nos fuimos de nuevo para la cama. Yo saqué un tubito de lubricante que siempre suelo dejar en mi bolso para usarlo cuando voy con mi novio o pareja. Me puse en la cama a cuatro patas, descansando mi cabeza en las almohadas de manera que mi colita resaltara más, pues sabía que eso lo enloquecería de deseo. Jorge no se apresuró, sino que empezó a besarme y morderme primero las nalgas, bajando al coñito para morderlo muy suavemente, lo que me hizo gritar de placer. El ya había recuperado su erección y me la empezó a pasear por el canal del culo, presionando por el agujero y bajando hasta que lo situó en la entrada de mi raja. A cada roce de esa verga yo saltaba de placer. Entonces, sin avisar, me la metió completa en la pucha, embistiéndome rápidamente, para luego pasar a un ritmo más profundo y pausado.

Entonces una humedad sobre el agujerito de mi culo, y me di cuenta de que estaba empezando a lubricarme. Muy pronto uno de sus dedos empezó a tomar camino abriéndome el ojete. Ese doble placer me tenía en las nubes, ya que yo nunca he tenido problemas para aflojar mi colita. Cuando él se dio cuenta, me sacó la verga de la pucha y me avisó que iba a empezar a encularme, así que puse mi ano muy flojito y sentí cómo me lo iba metiendo lentamente, con mucho cuidado. ¡Ay, de veras que lo gocé desde la introducción! Hacía ya un tiempo que no recibía una verga por mi culito y estaba decidida a disfrutarla al máximo. Al fin, sus vellos me acariciaron el contorno del ojete y mi amante comenzó a moverse lentamente. Al principio me dolió un poquito, porque nunca me habían metido una tan gruesa. Pero el lubricante hizo su efecto y muy pronto el dolorcito se convirtió en placer. Jorge me agarraba las tetas y me mordía la espalda mientras me cogía cada vez con más fuerza. Me sentía loca, y el acabose vino cuando comenzó a sacar su verga completamente y a meterla también completita varias veces. Sentía claramente como se abría mi culito a cada metida. ¡Era tan delicioso que sentí que me venía! Jorge me empezó a culear con más fuerza hasta que comenzó a venirse, apretando mis tetas con fuerza y dejando mi ano lleno de su leche calientita y pegajosa. ¡Nada más de acordarme me pongo cachonda!

Después de limpiarnos un poco, fuimos a comer. Me sentía satisfecha como nun

ca en mi vida, y también bastante cansada. El sexo y la comida habían hecho su efecto y me había dado mucho sueño. Le dije a Jorge que tenía ganas de dormir y el estuvo de acuerdo, aunque me dijo con una sonrisa picarona que no me sorprendiera si me despertaba a la mitad de la noche. La verdad es que no se veía cansado, y cuando me desvestía para dormirme, me vio con mi tanguita de hilo dental y me abrazó por atrás mientras me decía que él se sentía capaz de coger de nuevo, y la verdad es que sí sentí cómo se ponía su verga dura contra mi culito. Yo me calenté un poco, pero la verdad es que apenas me tenía en pie. Así que le pedí que me dejara dormir un rato y que me encantaría que cogiéramos de nuevo. Jorge aceptó y nos acostamos mientras él me abrazaba por detrás. No creo que haya tardado ni 10 segundos en quedarme dormida.

No supe cuanto tiempo después, me despertó la sensación de algo duro que presionaba contra mis nalgas. Al principio pensé que era parte de un sueño, pero era tanta la insistencia y tan rico el contacto que empecé a calentarme y me di cuenta de que no estaba soñando. Unas manos fuertes y muy hábiles acariciaban todo mi cuerpo, dándome sensaciones deliciosas. Mis pezones se pusieron erectos y los dedos de Jorge comenzaron a masajearlos y pellizcarlos delicadamente. Me puse tan caliente que comencé a frotar mi culito contra su sabrosa verga, y de pronto me imaginé montada sobre él y le dije que quería cabalgarlo. Jorge se despojó de su ropa y yo de la tanguita. Me subí encima de él, y como ya estaba bien mojada, su verga se deslizo fácilmente dentro de mí. Me quité la blusa mientras lo cabalgaba, y él comenzó a acariciarme las tetas, las caderas, la cintura, las nalgas, todos los lugares donde alcanzaran sus manos. Yo estaba en el delirio, sintiendo que su verga me llegaba hasta la garganta. El me atraía hacia sí para besarme las tetas, el cuello, la boca… Lo cabalgué con furia mientras ambos gemíamos. Primero me vine yo, sintiendo que el placer me hacía perder la noción de la realidad. Unos instantes después sentí en mi puchita la calidez de su leche y me tendí sobre él. Esta vez ni siquiera nos vestimos. Solamente me abrazó por detrás y me dormí casi de inmediato.

Cuando despertamos ya era de día. Otra vez se despertó primero que yo, y en cuanto vio que abrí los ojos me sonrió. Yo le sonreí también. Me dolía un poco la vagina de tanta cogida, pero por lo demás me sentía de maravilla. ¡El se veía tan guapo! Me abrazó y me empezó a besar deliciosamente en la boca, mientras me decía lo preciosa que me veía aquella mañana. Me sentí muy halagada, porque seguro que así sin peinar y sin haberme lavado los dientes no me veía tan bien, pero a él parecía no importarle en lo absoluto. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo deliciosamente mientras sus besos bajaban de mi boca a mi cuello, a mi pecho y al nacimiento de mis tetas. Nuevamente sentí sobre mis muslos su verga bien endurecida y tuve ganas de que me poseyera de nuevo. El debe haberse dado cuenta por mis gemidos, ya que enseguida comenzó a devorar mis tetas y mientras yo suspiraba de placer, se colocó encima de mí, entre mis piernas, y con un movimiento maestro me puso su verga en la entrada de mi vagina.

No tardó en metérmela nuevamente y comenzar a embestirme cada vez más rápido. Cada vez que me la metía me besaba en la boca o le daba un beso o una mordidita a uno de mis pezones, haciéndome saltar de lujuria. Ahí estaba yo, cogida de nuevo por ese fabuloso macho y disfrutando como nunca. ¡Qué diferencia con otros chicos, con los que solamente miraba al techo mientras me penetraban! Luego me dijo que me pusiera a cuatro patas para metérmela de perrito, y por supuesto le contesté excitadísima que sí. Otra vez me coloqué sobre la cama, lista para recibir su deliciosa vera en mi pucha. El se colocó detrás de mí y me la metió de un solo golpe. Entonces comenzó a apretar y pellizcar mis nalgas y la parte de atrás de mis piernas. ¡Qué sensación! Yo misma le pedí que me diera de nalgadas cada vez más fuerte. El dolor se mezcló con el placer de tal forma que me fue imposible resistirlo más y me vine. Mis piernas se aflojaron y casi me acosté en la cama, mientras J

orge sobaba mis nalgas y me preguntaba si lo había disfrutado.

A pesar de lo relajada que me sentía, deseaba que volviera a llenarme la rajita con su leche caliente, así que volví a colocarme en cuatro. Esta vez sí me dolió la penetración. Supongo que no estaba bien lubricada, pero no pasó mucho tiempo antes de que me mojara de nuevo. Creo que la actividad del día anterior le dio más resistencia, el caso es que esta vez me estuvo bombeando más tiempo antes de venirse. Su lechita le vino muy bien a mi vagina escoriada. Yo misma me di cuenta de que sí había disfrutado, aunque ya no tanto como las veces anteriores. Jorge me había hecho conocer mi límite, y me sentía más que satisfecha de la cogida que me dio.

Un momento después me fui al baño, y mientras orinaba sentía cómo su leche salía de mi puchita y resbalaba por mis muslos y mis nalgas. ¡Qué gozada! Me sentí tan bien que sonreí, pero pensándolo un poco no pude evitar sentirme un poco molesta conmigo misma ¿Cómo pude ser tan tonta de rehuir a Jorge durante tanto tiempo? ¿Qué más daba que fuera un cerebrito o que estuviera gordito y que a primera vista no pareciera un galán de telenovela? Me había perdido de maravillas por mis prejuicios tontos.

Desayunamos juntos lo que habíamos llevado la noche anterior y platicamos un poco más de nuestras vidas y planes. No tocamos el tema de qué pasaría entre nosotros, pues los dos nos dábamos cuenta de que Jorge tenía que valorar y decidir muchas cosas, Lo que sí me dijo fue que era la primera vez que había tenido sexo sólo por placer, y que le había parecido mucho más agradable de lo que creía. Yo tomé eso como un elogio y lo abracé. Los dos estábamos todavía desnudos, y mientras nos abrazábamos sentí que su pene comenzaba a ponerse duro de nuevo. La verdad es que me sorprendí tanto que me aparté de él y le pregunté si tenía ganas de otro palo. El me sonrió y me dijo que le encantaría. Y en serio que me hubiera gustado, pero ya sentía mi vagina irritada, y hasta me había dolido un poco al orinar. Se lo dije, y por un momento pareció decepcionado. Entonces se me ocurrió que podría chupárselo hasta que se viniera, y cuando se lo dije pareció muy contento.

Así que volví a tomar su pene en mi boca. Tenía un sabor intenso, a semen y a mis propios jugos, pero no era desagradable. Su verga terminó de endurecerse muy pronto en mi boca, y él me dijo que dejara de moverme y dejara la cabeza quieta. Entonces empezó a penetrar mi boca, muy despacio, como si lo hiciera con mi puchita. Jamás me habían hecho eso, y la verdad es que me gustó. Todavía estaba disfrutando de la nueva sensación cuando me preguntó si podía metérmela por mi ano. A mí me pareció una excelente idea, y ya me levantaba para ponerme en cuatro cuando me dijo que quería metérmela de frente por el ano. Eso me extraño bastante, pues nunca había hecho una cosa así, y se lo dije.

Jorge me dijo que no me preocupara, que seguro que lo iba a disfrutar, que me dejara guiar. Me colocó boca arriba en la orilla de la cama y me levantó las piernas mientras lubricaba mi culito y su verga con una muy buena cantidad de lubricante. Luego colocó mis pies en sus hombros y me empezó a penetrar despacio, mientras yo aflojaba mi culito y me apoyaba sobre él para facilitar la penetración. ¡Ay, cómo me lo disfruté! A cada embestida sentía que la verga me iba a salir por la boca. Mi culo estaba lleno y penetrado como nunca. Creía que había llegado al colmo del placer, pero un instante después Jorge me dijo que me sentara en su verga, lo que tampoco había hecho jamás. Lo hicimos con mucho cuidado en una de las sillas que había en la habitación. Mientras empezaba a bajar sentía cómo se llenaba el huequito de mi culo hasta que tuve esa gruesa verga completamente dentro de mí. Nos movimos con fuerza y pasión. Jorge apretaba mis tetas y bajaba sus manos para frotarme la puchita, ¡mmhhh, maravillosooo! ¡Ay, cuando unos momentos después sentí que su chorro de leche llenaba mi culo no pude evitar venirme yo también!

La puchita y el culo me quedaron doliendo durante tres días. Aquel día tuve que dedicarme completamente a descansar, y al día siguiente estuve a punto de llegar tarde

a mi trabajo. Me imagino que estuve caminando raro un par de días, pero nadie me hizo observaciones al respecto. No he vuelto a ver a Jorge en esta semana, pero al despedirnos lo hicimos de beso e intercambiamos correos electrónicos. Parece que al fin volvió con su novia, pero me dijo que le encantó la cogida que nos dimos y hemos abierto la posibilidad de que vuelva a ocurrir. ¿Y qué más da? No se encuentra a un hombre como ese todos los días. Tal vez en un futuro vuelva a pelearse con su novia y entonces yo podré ocupar su lugar. Confieso que me encantaría eso, y también entiendo por qué su novia se aferra a él. Seamos francas: a nosotras nos gusta el sexo tanto como a los hombres, y si nos gusta, si no tenemos prejuicios y no tenemos suficiente… pues también tenemos que buscarlo. ¿Verdad, amigas?

Espero que les haya gustado mi relato. Si vuelvo a tener un encuentro con este maravilloso chico, ustedes lo sabrán casi de inmediato, amigos. Les mando muchos besos a todos y a todas. ¡Hasta pronto!

Autor: Marideoro

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *