La conoci en el parque

¡Comparte!

Un domingo por la mañana me desperté temprano y, tras una ducha rápida, salí a dar una vuelta. Era pronto y los domingos a esa hora no hay mucha gente por la calle, apenas dos o tres personas paseando al perro. Me dirigí a un parque cercano para disfrutar de la tranquilidad, y mientras paseaba por allí oí gritos de mujer, y me acerqué a ver qué ocurría. A unos veinte metros había dos chicos enfrente de una chica, atractiva aunque aparentemente asustada. Uno de los chicos la miraba sonriendo y el otro le estaba diciendo algo.

– Hola, hace buen día para pasear ¿verdad? – Dije.

Cuando los chicos se volvieron la chica echó a correr, con tan mala suerte que metió el pie en un agujero y se torció un tobillo, cayendo a apenas 5 metros del inicio de su carrera. El que la estaba diciendo algo se dirigió a ella y la levantó agarrándola con fuerza del brazo, y el otro se acercó hacia mi de forma amenazante.

– Será mejor que te vayas de aquí y no vuelvas, no sea que te hagas daño. – Me dijo.

– Será mejor que te acerques un poco más, te quedes quieto mientras te doy un par de puñetazos y luego te quedes tirado en el suelo calladito durante unos minutos. – Le dije, lo suficientemente bajo para que la chica y su compañero no me oyeran, acercándome a él y utilizando mis poderes para que hiciera exactamente eso.

Una vez que estuvo en el suelo, el que sujetaba a la chica vino también hacia mi, amenazándome e insultándome. Le esperé, y cuando estaba a unos dos metros le dije lo mismo que al primero, por lo que también quedó tirado en el suelo.

– ¿Estás bien? ¿Qué querían estos dos?

– Muchas gracias, muchas gracias. Vinieron pidiendome dinero, y les dije que siempre salgo a correr sin nada. No se lo creyeron y querían cachearme cuando apareciste tú. No sé lo que hubiera pasado si no llegas a pasar por aquí. Si hubieran encontrado las llaves del coche habrían sido capaces de llevárselo y no sé cómo habría vuelto a mi casa.

– Bueno, lo importante es que estés bien y no te haya pasado nada.

– Creo que no puedo andar.

– Apóyate en mi hombro, que te acompaño hasta el coche.

– Es que no creo que pueda conducir con el pie así. ¿Podría por favor ir a tu casa a ponerme hielo? Aunque sólo sean unos minutos.

– Sí claro, no hay problema. Y de paso te dejaré algo de ropa, porque con la caída te has destrozado el pantalón. – Lo tenía roto por la parte de la rodilla izquierda y en la parte alta del muslo derecho. – No has tenido mucha suerte con tu intento de huída. – Dije en tono de broma para aligerar la tensión.

– Desde luego, hubiera estado mejor quieta. No me había dado cuenta de que se me había roto el pantalón. ¿Tendrás ropa que me valga a mi?

– Seguro que mi novia tiene algo que te venga bien.

– Ah, ¿vives con tu novia?

– No, pero se queda a veces y siempre tiene algo de ropa. La voy a llamar para que no esté durmiendo cuando lleguemos y así te va preparando el hielo y la ropa.

– Me quedo más tranquila sabiendo que tienes novia. Aunque me hayas ayudado no dejas de ser un desconocido que me lleva a su casa. Por cierto, me llamo Vero.

Saqué el teléfono, llamé a Sara, que estaba recién levantada, y le conté la historia, tras lo cual ayudé a Vero a ir hacia su coche. Cuando se apoyó en mi hombro rodeé su cintura con mi brazo para ayudarla, y me di cuenta de que tenía un cuerpo delgado y atlético, seguramente de hacer bastante ejercicio. Cojeando llegamos hasta su coche, y lo conduje hasta mi casa. Aparqué en el garaje en una plaza que estaba libre para que tuviese que andar menos, y subimos hasta mi casa en el ascensor. Mirando disimuladamente al espejo pude ver que tenía un culo firme y bien puesto.

– Hola soy Sara, su novia. Ya te he preparado el hielo y he sacado algunos pantalones para que te pruebes.

– Muchas gracias Sara, encantada. Yo soy Vero.

– Pasa al salón a sentarte para ponerte el hielo en el tobillo. – Dije mientras la acompañaba al sofá. – Sara, si quieres ve a por los pantalones y se los vas enseñando.

– Espera que ponga hielo a su tobillo, y ahora vienes conmigo a la habitación, que son varios y así me ayudas.

Tras ponerle el hielo nos dirigimos a la habitación, y Sara me enseño, además de los pantalones, que había encendido el ordenador y había puesto la webcam de forma que se viera toda la habitación, por lo que si hacíamos que Vero se cambiase allí podríamos verlo todo desde el portátil en el dormitorio principal.

– Pero Sara, que ha pasado una mala experiencia, no deberíamos utilizarla para nuestros juegos sexuales.

– Precisamente por eso, así le da una alegría a su cuerpo. Por cierto, espectacular cuerpo. Debe salir a correr a menudo. Eso sí, las tetas parecen más bien pequeñas, pero las hay que aún siendo pequeñas son bonitas. – Dijo mientras metía su mano bajo mis pantalones.

– Pues ya me has metido las ganas en el cuerpo. Está bien, deja aquí los pantalones. Hagamos que se duche y luego se cambie aquí. Ya veremos lo que pasa luego. Si se va a duchar necesitará también ropa interior y una camiseta.

Sara sacó unas braguitas negras semi-transparentes y una camiseta y volvimos al salón para decirle a Vero que mejor que los viese en la habitación, que después de darse una ducha podría probárselos frente al espejo y coger los que mejor le vinieran, a lo que contestó dándonos las gracias por ser tan amables. Tras veinte minutos con el hielo en el tobillo éste había mejorado bastante, así que se fue a duchar y luego se dirigió a la habitación con una toalla rodeándole el cuerpo bronceado. Sara y yo ya estábamos en el dormitorio atentos a la pantalla del portátil.

Tras entrar en la habitación estuvo unos momento mirando los pantalones mientras se quitaba la toalla y la dejaba a un lado. Efectivamente sus tetas eran pequeñas, pero de esas que te apetece chupar y mordisquear el pezón nada más verlas. El cuerpo era delgado pero bien torneado, con unas nalgas y unos muslos firmes gracias al ejercicio físico que sin duda practicaba. Cogió las braguitas y se dirigió al espejo. Una vez frente a él se detuvo a mirarse el pubis, el cual mostraba un pequeño triángulo perfectamente definido, y el resto completamente depilado.

– Haz que se masturbe frente al espejo. – Mientras decía esto comenzó a meterme la mano de nuevo bajo el pantalón, a lo que mi pene respondió comenzando a hincharse poco a poco.

Vero miró la puerta para comprobar que estaba cerrada, y abrió sus labios mayores con los dedos de una mano a la vez que se chupaba el índice de la otra, tras lo cual se lo introdujo y comenzó a masturbarse en la habitacion del al lado. Sara ya me había bajado el pantalón y los boxer y me estaba pajeando suavemente.

– Voy a entrar a ver ese bonito cuerpo en directo.

Se apartó de mi, se dirigió a la habitación de al lado y entró de golpe.

– ¿Qué tal te sientan? Ay, perdona, no sabía que estabas…

– Lo siento, lo siento, no sé qué me ha pasado. Ahora mismo cojo mi ropa y me voy. – Dijo Vero avergonzada, poniéndose roja y tapándose sus partes íntimas como podías.

– No te preocupes, lo hacemos todas alguna vez. Y no hace falta que te tapes, si he visto muchos y muchas. Tú sigue si quieres, que yo no digo nada. – Y le guiñó un ojo de complicidad, saliendo de la habitación y cerrando la puerta.

Cuando Sara volvió de la habitación Vero ya se había puesto rápidamente las braguitas y se disponía a probarse los pantalones.

– Vamos a ver qué tal le sientan. – Dijo Sara volviendo a meter la mano bajo mis pantalones. – Yo creo que la mejor elección serían las mallas negras. Le sentarán estupendamente con el culo que tiene, y además como son bastante ajustadas seguro que también se le marcan los labios (no precisamente los de la boca).

Vero comenzó a probarse los pantalones, y efectivamente, después de probarse todos, los que más nos gustaron fueron las mallas, así que la induje a elegir esos.

– Por favor, ahora haz que se masturbe con ellos puestos. – Dijo Sara mientras se arrodillaba frente a mi y me miraba con cara de no haber roto nunca un plato, por lo que no me pude negar.

Vero comenzó a acariciarse por encima de las mallas, que efectivamente resaltaban sus nalgas y marcaban perfectamente sus labios. Sara comenzó entonces a acariciarme el glande con la lengua, mientras miraba de reojo lo que ocurría en la habitación de al lado.

Según se iba calentando, Vero comenzó a meter una mano por debajo de su pantalón, acariciándose directamente y aparentemente metiéndose uno o dos dedos en el coño, y con la otra mano se empezó a acariciar los pezones por debajo de la camiseta. Sara ya se había quitado el pantalón y mientras me hacía una mamada comenzó a tocarse ella también. Le quité la camiseta y el sujetador y comencé a acariciarle los senos, tras lo cual Sara se irguió ligeramente para poner mi polla entre ellos, haciéndome una cubana.

Estábamos los dos tan entretenidos que no nos dimos cuenta de que Vero había terminado por correrse y había salido de la habitación a buscarnos, así que cuando entró en la nuestra nos pilló desprevenidos. Yo acerté a bajar la tapa del portátil antes de que viese que la habíamos estado espiando.

– Ay, perdón, no sabía que estábais ocupados. – Dijo sonrojándose.

– Sí, es que tras entrar en la habitación y verte “probándote los pantalones” me han entrado ganas y no me he podido contener. – Dijo Sara sin dejar lo que estaba haciendo. – Si quieres te puedes unir a nosotros, prácticamente acabamos de empezar y a mi me gusta que nos acompañen otras chicas, sobretodo si son guapas como tú.

– Por mi encantado si te unes. – Dije utilizando mis poderes para retirar la vergüenza de su mente y que hiciera lo que realmente le apeteciera.

– Pues la verdad es que sí me apetecería sentir una polla dura y caliente penetrándome.

– Entonces ven aquí que quiero ver de cerca esa torneada figura, y esas mallas que parece que quieren penetrarte ellas mismas antes de que lo haga yo.

Vero se acercó y, besándome, comenzó a acariciar mis testículos suavemente mientras los pechos de Sara seguían rodeando y estimulándome la polla. Yo introduje mis manos bajo su camiseta, acariciando aquellas pequeñas pero preciosas tetas, para luego rodear su cuerpo y bajar por sus espalda, introduciendo mis manos bajo las mallas para apretar con firmeza sus nalgas. Sara comenzó a chupármela de nuevo, y empezó a acariciarle los muslos a Vero, que levantó una pierna para rodearme con ella, dejándole así acceso libre a su marcado coño.

Volví a Vero y la indiqué que se inclinase poniendo las manos sobre la mesa, de forma que su culo quedase en pompa para penetrarla desde atrás. Una vez que lo hizo Sara se sentó en la mesa enfrente de ella con las piernas abiertas y comenzó a estimularse el clítoris mirándola fijamente.

Le bajé las mallas lentamente para descubrir aquel precioso culo apenas tapado por las braguitas semitransparentes, así como unos muslos y unas pantorrillas perfectamente definidos. Una vez que se la había quitado abrió sus piernas y levantó el culo para facilitarme la penetración.

– Vamos, no aguanto más, métemela entera que estoy empapada y no aguanto más. – Dijo volviendo la cabeza para mirarme a la cara y apartando las braguitas a un lado para mostrarme su coño.

Comencé a pasar la punta de mi polla por entre sus labios completamente empapados, sin llegar a penetrarla.

– Si quieres que te folle, tendrás que pagarle el peaje a mi novia. No hay nada que me ponga más cachondo que follarme a una chica que le está comiendo el coño a otra.

Vero me miró primero a mi y después a Sara con una cara que expresaba sus dudas, pero finalmente se decidió y dirigió su boca hacia el húmedo coño de Sara, que abrió aún más sus piernas si cabe para recibir su suave y caliente lengua. Sara agarró su cabeza para controlar la presión y yo la penetré de una vez sin problemas, gracias a los abundantes fluidos que bañaban su anhelante coño, provocándole un gemido de placer. Vero cogió una de mis manos y la llevó de su cadera a uno de sus pechos por debajo de su camiseta.

– Me encanta que me tocan las tetas mientras me follan. – Dijo separando la cara del coño y volviéndose, para enseguida volver a darle placer a Sara.

Sara también cogió una mano de Vero y la dirigió a sus senos, a la vez que introdujo la otra bajo la camiseta de ella.

– A mi también me gusta que me las toquen, sobretodo cuando una chica tan guapa como tú está a punto de hacer que me corra.

Efectivamente, los gemidos de Sara indicaban que estaba a punto de correrse, y de hecho al poco de terminar la frase comenzaron a llegarle los espasmos propios del orgasmo, momento en el que apretó con fuerza la cara de Vero contra su coño. Tras el orgasmo se levantó y se puso detrás de mi, acariciándome el torso mientras seguía follándome a Vero.

– Vero, ¿has practicado el sexo anal alguna vez?

– No… bueno sí… casi. Digamos que lo he intentado un par de veces, pero nunca me ha resultado placentero.

– Vaya, una pena, me hubiera gustado ver ese culo penetrado. ¿Te gustaría ver cómo me encula a mi?

Sin esperar una repuesta se colocó al lado, de espaldas a nosotros y, chupándose el dedo, comenzó a introducírselo por el culo. A vero debió de gustarle la imagen, porque enseguida comenzó a gemir más intensamente. Llevó sus manos a las nalgas de Sara para abrirlas y facilitarle la tarea, y su coño comenzó a apretar mi polla intermitentemente, como resultado del orgasmo.

Yo me estaba acercándo peligrosamente al mismo, en parte gracias a la vista del culo de Sara siendo dilatado por ella misma, y en parte por los espasmos del coño de Vero, pero no quería correrme antes de haber disfrutado del aquel conocido culo, así que disminuí el ritmo de mi penetración.

Cuando Sara ya tenía dos dedos en el interior de su culo, decidí que era el momento de encularla, y con los propios fluidos de Vero como lubricante dirigí mi polla al culo de Sara. Vero apartó suavemente la mano de Sara para retirar sus dedos, cogió mi polla y la condujo a la entrada de aquel dilatado ano, comenzando a presionar para que entrase en él. Comencé a encular a Sara con las manos de Vero abriendo sus nalgas y enseguida me empezó a llegar el turno de correrme.

– Poneos las dos de rodillas que quiero correrme sobre vuestras caras.

Ambas se arrodillaron frente a mi mirándome a los ojos con anhelo. Comenzaron a salir chorros de semen de mi polla, que chocaron contra sus caras llenándolas de ese espeso líquido. Una vez que terminé, ambas comenzaron a chuparmela, una por cada lado, limpiándola a la vez que sus lenguas se entrecruzaban.

– Ha sido el mejor polvo de mi vida, creo que voy a tener que torcerme el tobillo más a menudo.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.