La despedida de solteros

Trío, Mujer, Hombre, Mujer. De repente, Elena asió sus piernas fuertemente a mi cintura y comprendí que se había corrido, así que muy despacio se retiró a un costado de la cama mientras Ana, caliente por mi lengua, se subió en mi polla y con movimientos más enérgicos que Elena comenzó a galopar y a jadear hasta que no aguantó más y se corrió sobre mí.


Todo sucedió en un bar una noche de despedida de solteros.

Yo había conocido a Elena en un curso que habíamos hecho juntos, y desde el comienzo la vi, a sus cuarenta y cinco años que luego me dijo que tenía, como una mujer increíble, esbelta, de pechos grandes, culo  respingón, labios sensuales y unos ojos verdes preciosos.

Su voz era atrayente y cada vez empezamos a intimar más, pues el camino para volver a casa era común para ambos. Me dijo que había estado casada y que desgraciadamente se había separado y luego divorciado, y la verdad pensé que había que ser imbécil para dejar a una hembra de semejante calibre.

La verdad es que fue ella quien se acercó a mí esa noche en el bar. Iba acompañada de una amiga de edad parecida pero menos atractiva que ella. No saludamos, y comenzamos a hablar de todo un poco. Esas conversaciones intrascendentes que se tienen en un bar.

No obstante, noté como ella no parecía querer dejar la conversación y poco a poco y gracias al ruido de la música, nuestros cuerpos empezaron a rozarse. No sé si por el sujetador que llevaba o por la propia naturaleza de su ser, pero sus pechos estaban firmes y el roce de mis manos al acercarme a conversar con ella me puso realmente excitado.

De pronto ella me preguntó si me había casado ya, pues cuando estuvimos haciendo el curso le comenté que estaba a punto de ello, pero las cosas se torcieron y al final seguía soltero. A ella parecía que esa idea le gustó y poco a poco la conversación fue hacia terrenos un poco escabrosos donde empezamos a hablar de nuestras relaciones y de nuestros gustos de mujeres y de hombres.

Los compañeros de la despedida de solteros, viendo que yo estaba pasándolo bastante bien, se acercaron y me preguntaron si me quedaba, yo después de mirarla a los ojos, les dije que me quedaba un rato y que luego me encontraría con ellos.

A ella la idea de quedarme le gustó y después de pedir dos copas y tomar un trago, nos miramos a los ojos y mis labios se acercaron a los suyos, para besarla con suavidad al comienzo y luego con pasión introduciendo mi lengua en su boca y comiéndome sus carnosos labios.

Así estuvimos varios minutos, hasta que le propuse ir a otro lugar, a mi casa. Ella accedió de inmediato, pero de pronto se dio cuenta que su compañera que se había retirado a un rincón de la barra, se quedaba sola, y me dijo que le daba pena ya que no era muy hábil en las relaciones con el sexo opuesto.

Su amiga no estaba mal, un poco feucha pero al fin y al cabo mujer que, si fuera un poco más abierta hacia los demás no hubiera tenido ningún problema en dormir muchas noches acompañada después de haber mantenido relaciones sexuales con un hombre.

De repente se me vino a la cabeza de poder acostarme con las dos al mismo tiempo. La idea duró poco, pues temía perder a Elena, pero la imagen de las dos conmigo, una que estaba deseando y la otra que seguramente sin sexo desde hacía mucho tiempo, se comportarían como unas fieras en la cama.

Miré a Elena y le dije: ¿ Por qué no se viene con nosotros?. Ella sorprendida me miró y me dijo: ¿Como? Mira Elena dije, realmente con quien deseo hacer el amor es contigo, deseo recorrer todo tu cuerpo y penetrarte hasta que después de todo lo que quieras gozar, juntos nos durmamos y recobremos fuerzas para continuar follando hasta que reventemos. Pero sé que es tu amiga y como tú sabes ella no va a poder encontrar un hombre que la satisfaga y acabará sola en su casa masturbándose, o llorando por no poder encontrar un hombre. Sé que la idea es una locura pero, prefiero si no te importa, hacer el amor con las dos esa noche a cambio que tu te relajes y disfrutes.

Ella me miró y preguntándose como se lo diría su amiga, se levantó y se acercó a ella. Cuando Elena le empezó a explicar el plan, Ana, que así se llamaba su amiga, puso cara de sorpresa primero y luego de enfado. Acto seguido, se dirigió a mí y empezó a reprocharme si yo me creía que era una puta que bastaba con levantar la mano para que corriendo se acercara a lamerme el culo. Elena contemplaba la conversación desde atrás preocupada por lo que pudiera pasar.

Después de acabar de hablar ella, la miré y le dije: Mira, con quien realmente deseo hacer el amor es con Elena, pero sé que si nos vamos los dos y te dejamos aquí, no va a disfrutar esta noche, y en ese caso ninguna de los dos lo hará, ella por estar pensado en la putada que le ha hecho a su amiga, y tú por estar sola. Elena está dispuesta a compartirme contigo esta noche, y te aseguro que no te arrepentirás de los que vas a gozar. Vas a disfrutar del sexo sin ataduras. Sexo y solo sexo. Mañana cuando te levantes estará absolutamente relajada y pensarás que ha sido el mejor sábado en mucho tiempo.

Ana cambió el semblante, y tras ver como Elena asentía con la cabeza su mirada cambió. La imagen de sexo que desde hacía mucho tiempo no practicaba hacía vencer esos absurdos escrúpulos de puritana. Finalmente accedió con cierto nerviosismo, felicitando Elena a Ana por su elección. Para relajarnos un poco más pedimos una copa y los tres charlamos animadamente. Ana se sabía integrada y su conversación y sus ocurrencias iban haciendo que el trío que estábamos formando fuera cogiendo forma.

Finalmente cuando acabamos nuestras respectivas copas, y salimos del local, los tres estábamos realmente integrados, charlando y riendo mientras esperábamos un taxi que nos llevara a mi casa. Cuando llegamos a casa, cogimos el ascensor hasta subir al cuatro piso que era donde vivía, y fue en el ascensor donde, tras besar a Elena, Ana se acercó y su lengua se introdujo en mi boca, notando por su fogosidad que realmente estaba cachonda y deseaba sexo. Nos besamos los tres, sus lenguas se rozaban en mi boca y pronto descubrí como ellas girándose empezaban a besarse y a acariciarse sus pechos. Volvía a introducirme en el trío pero esta vez dejando que se besaran mientras con mis manos tocaba por encima de los pantalones sus coños.

Mientras sobaban mi cuerpo con sus manos pude abrir la puerta de mi casa, y una vez cerrada, los tres besándonos e introduciendo nuestras manos por nuestros respectivos cuerpos, nos dirigimos perdiendo la ropa por el pasillo hasta me habitación donde disfrutaríamos los tres.

Y así fue. Primero Ana se sentó en la cama y mientras cogía con mis manos los pechos de Elena cuyos pezones estaban increíblemente tiesos, acabó por desnudarme e introdujo mi pene en su boca comenzando a lamerlo de una manera compulsiva, notando sus labios cómo recorrían mis venas hinchadas mientras se me ponía tiesa como un palo. Su cabeza basculaba hacia adelante y hacia atrás, mientras mis manos recorrían ahora la entrepierna de Elena.

Elena jadeaba e intentaba sin conseguirlo coger mi pene, que cada vez más rápido se introducía en la boca de Ana. Ver a Elena estremecerse fue una imagen brutal. Era una auténtica diosa, con su melena, sus labios, con sus pechos, su culo, con su mata de pelo púbico recientemente arreglado, con sus jadeos y sus manos recorriendo mi espalda.

Excitado por lo que estaba pasando, tumbé a las dos en la cama. Ellas enseguida entendieron lo que pedía, así que mientras Ana continuaba lamiéndome la polla, cogía a Elena y comencé a introducir mi lengua por su húmedo coño, mientras ella a la vez cogía la entrepierna de Ana y con su lengua recorría todo su coño entrando y saliendo de modo rápido y continuado hasta acabar mordiendo y jugueteando con sus labios su enrojecido clítoris.

Al primero en correrse fue Ana, que se estremeció de un modo casi espasmódico asiendo fuertemente con sus manos mi polla, Seguidamente fui yo quien se corrió casi en la cara de Ana, para que luego fuera la Elena, al última en entrar en el juego quien se corriera. Los tres nos acostamos un poco, para coger fuerzas, pero enseguida Elena quería más y Ana no parecía querer quedarse atrás.

Esta vez dejé que fuera Elena quien tras haber limpiado mi pene se lo introdujo ahora en su boca y empezó a lamerlo. Por su parte Ana decidió que tras haber comido polla quería ahora lamer el coño de Elena, mientras yo con mis dedos hurgaba y metía en su entrepierna.

Los labios de Elena eran increíbles, siendo tan carnosos notaba como al igual que los de Ana recorrían todas mis venas de mi pene. Desde la cepa hasta el capullo donde cada vez que subía sorbía para sí su saliva con restos aún de mi anterior semen y se lo tragaba. A veces retiraba su melena para ver su cara deformada por tener algo en la boca, y descubrir como con los ojos cerrados cada vez estaba más excitada por el trabajo que le estaba haciendo Ana.

Antes de que se volviera a correr Elena me incorporé y le dije que ya era hora de que la penetrara, así que la incorporé y ella se sentó sobre mi polla, comenzando a cabalgar cadenciosamente haciendo que mi polla llegara a todos los rincones de su coño para gozar así más. A Ana la subí hasta mi boca y le coloqué mi lengua en su coño y mientras ambas se besaban y se sobaban los pechos, yo lamía su coño y su ano.

De repente, Elena asió sus piernas fuertemente a mi cintura y comprendí que se había corrido, así que muy despacio se retiró a un costado de la cama mientras Ana, caliente por mi lengua, se subió en mi polla y con movimientos más enérgicos que Elena comenzó a galopar y a jadear hasta que no aguantó más y se corrió sobre mí.

Las dos decidieron con sus miradas que yo también acabara así que juntas con sus manos asieron mi polla y me empezaron a masturbar hasta que no pude más y acercando su cara no pude sino correrme en sus caras escupiendo mi semen.

Rendidos dormimos un rato. A la mañana siguiente cuando nos despertamos descubrimos que los tres lo habíamos pasado fantásticamente y decidimos que desde ahora, los tres disfrutaríamos del sexo.

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Escrito por Marqueze

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