La dulce profesora

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Y yo le daba más y más, y veía como sus enormes senos se balanceaban tras cada estocada mía, estuvimos así buen rato y luego le pedí que se pusiera en cuatro, pues siempre había soñado con esa pose y ella no se negó para nada, pues ni bien había terminado de pedírselo ya esta de cuatro patas, con su enorme culo puesto hacia mí, dispuesta a que me la siga reventando.

Hola amigos, me da gusto poder escribir para ustedes, saben, vengo muchos años leyendo cada una de sus fantásticas historias, algunas me agradan mucho mas que otras, pero en realidad todas son muy buenas y espero que sean así siempre.

Bueno para empezar les contaré que soy un hombre de 30 años, mido 1.75mt. y peso aproximadamente 75Kg. me considero un hombre de contextura atlética, la misma que mantengo desde mi adolescencia; la historia que les voy a contar sucedió hace años, acababa de terminar la secundaria, y me aprestaba a viajar a España para seguir mi carrera de derecho internacional en la Universidad de Salamanca, cuando una semana antes del viaje ocurrió algo muy doloroso para mi, falleció mi madre en uno de esos accidentes de carretera, fueron tiempos muy dolorosos, pero también cargados de mucha pasión; hasta ese tiempo no había logrado tener alguna experiencia sexual, más allá de mis constantes masturbaciones, que resultaban para mi en ese entonces una delicia de placer empuñado en mis manos.

Mi madre era una profesora de provincia, así que tuve que viajar para poder recoger sus pertenencias y hacerme cargo de los trámites de defunción y todo lo demás; entre las personas que se me acercaban para darme el pésame se encontraba una mujer de aproximadamente 25 años, tez morena, 1.65mt de estatura, figura esbelta y unos senos espectaculares, los mismos que se dejaban ver tras su blusa, unos pezones enormes, los cuales solo los había logrado ver en revistas y películas pornográficas.

Ella se llamaba Carmen y era profesora de idiomas, amiga y compañera de trabajo de mi madre, desde un inicio se portó muy bien conmigo, ayudándome en los trámites y en todo lo que pudiera para agilizar mi estadía en ese pueblo, aún comienzo el trato era muy frío, pues solo hablábamos de mi madre y del dolor que sentía por su perdida.

Pero la timidez se fue perdiendo poco a poco, pasaron las horas y llegó la noche, después de un café en un restaurante de la plaza del pueblo decidimos caminar por la alameda la cual se encuentra a ladera del río, un sitio fresco, lleno de encanto pueblerino, con su propia brisa nocturna, y con una luna espectacular; el tema de conversación fue cambiando, conversábamos un poco más de nosotros, de que si había tenido enamorada o que si ella pensaba casarse y cuanto hijos le gustaría tener y todas esas cosas que hacen que las horas pasen y se de inicio a temas un poco más especiales.

Y así fue, hasta ese entonces no había visto con otros ojos a Carmen que no fueran los de amigo, con un cierto nivel de agradecimiento y cariño filial; pero a esas horas de la noche y con todo ese espacio de belleza natural en torno mío, y su tez morena reflejada por la luna y el recuerdo de la silueta de sus senos, despertaron en mi los deseos de poseerla, al principio estuve muy tímido para atreverme a algo, pero luego fui ganando confianza, la invité a que nos sentáramos debajo de un árbol, y sin darnos cuenta ya la estaba abrazando y diciéndole lo mucho que me atraía, así la tomé de las manos y la empecé a besar, con una dulzura de dioses y con un poder de fuego infernal, la empecé a acariciar y a tomar un poco la iniciativa, a pesar de mi total inexperiencia, creo que la mucha lectura erótica me había logrado instruir muy bien.

Sus labios carnosos eran todos míos sus senos ya estaban en mis manos y sentía claramente como sus pezones se ponían duros y empezaba a gemir tras cada penetrada de mi lengua en su boca, sus deseos se iban despertando y sus manos viajaban por encima de mi bragueta, tomando mi pene por encima del pantalón y sintiendo su dureza, lo apretaba con fuerza mientras yo la ahogaba con mis besos y la atrapaba entre mis caricias; sentíamos que no podíamos soportar más este deseo, así que le dije que nos fuéramos de ahí hacia el hotel donde me encontraba alojado.

Ni bien entramos  a la habitación nos revolcamos en besos y tras cada caricia nos desnudábamos más y mucho más, hasta quedar totalmente desnudos y ella empapada en sus orgasmos y yo con mi pene totalmente erecto, entonces ella tomó mi pene y empezó a lamerlo de una forma que me volvía loco, parecía que estuviera viviendo una de las tantas películas que había visto durante aquellos años; yo solo quería sentir sus labios chupando mi pene, y ella repetía a cada instante “te voy hacer mío… cariño”, “soy tu puta golosa”

La dulce profesora se había convertido en toda una gran perra, me pedía que le dijera porquerías, entonces yo me armé de valor y empecé a decirle lo muy puta que me parecía y que esa noche quería aprender lo que era romperle el culo a alguien “ándale perra chúpamela, devórate toda esta polla” ” vamos perra quiero correrme en tu boca”; y ella no paraba de mamármela y sentía como se ponía cada vez más dura mi verga y así fue, luego de un rato, abrí su coño a pura lamida, y lengüetazo que le daba, le absorbía todo sus jugos y ella se retorcía de dolor… – Aaaahhhhhhhhhhhhh papi, dame más, vamos coño meteme toda la lengua – y así lo hacía le metía mi lengua y los dedos que entraban cada vez más y más, estaba que se derretía de placer.

Sus gemidos se escuchaban en todo el hotel y sus súplicas porque le metiera de una vez mi polla eran de toda una perra en celo. Yo la hacia sufrir, con sus suplicas pedía más, y yo no le obedecía, quería que sufriera, que me rogara que le metiera mi polla, quería escucharlo y así lo hacía – vamos cabrón meteme que me muero, vamos papi te estoy esperando – y sentía como se venía tras cada orgasmo que tenía, hasta que yo tampoco ya no pude más y la levanté con mis manos tomándola por la cintura y puse sus nalgas en mis muslos y empecé a penetrarla con total fuerza.

Su cuerpo colgaba entre mis manos y yo la empujaba hacia mí y ella gemía y gemía de placer…

– Aaaahhhhhhhhhhhhh, papi así, papi dame duro, eres mi macho, vamos cabrón reviéntame, así me gusta soy tu perra…

Y yo le daba más y más, y veía como sus enormes senos se balanceaban tras cada estocada mía, estuvimos así buen rato y luego le pedí que se pusiera en cuatro, pues siempre había soñado con esa pose y ella no se negó para nada, pues ni bien había terminado de pedírselo ya esta de cuatro patas, con su enorme culo puesto hacia mí, dispuesta a que me la siga reventando:

– Vamos amor dale, reviéntame que quiero ser tuya, estoy loca, vamos cabrón fóllame como las diosas…

Se veía espectacular así, entonces la tomé de la cintura y de un solo golpe la atravesé en todo su coño dilatado y delicioso, y así me la estaba follando con un placer y unos gemidos que eran espectaculares.

– Vamos amor dale, fóllame quiero venirme mucho más.

Era una perra golosa, era toda una puta, se meneaba como toda una diosa, pareciera que había estado necesitada de polla desde hace buen tiempo, fue entonces que comencé a mirar su enorme culo con un deseo enorme, su ano fue invadido por mis dedos que empezaron a dar su propia batalla. Hasta que llegó lo que había estado esperando toda mi vida, un  enorme culo que se abría y se cerraba,  estaba dilatado por las penetradas de mi dedo que le estaba dando, ella decía:

– Vamos maldito rómpeme el culo, vamos quiero esa polla en mi culo, rompémelo papi…

Realmente era espectacular escucharla decir todo eso, y apenas pude sentir su culo dilatado, tomé mi polla entre mis manos y empecé a metérsela, primero fue la cabeza, la cual estaba untada con los jugos del coño de mi perra, y empecé en circulo a abrirle ese goloso culo, y ella se meneaba como toda una gran experta y en eso empezó a entrar mi polla:

– Vamos mi vida… dale… que quiero sentirla dentro – me decía.

La muy salvaje estaba que se comía mi polla, se lo estaba devorando y como gritaba la muy maldita…

– Aghhhhhhhh papi me estás partiendo, pero me gusta… vamos dale, quiero que entre todo…

Estaba convertida en toda una gran perra y eso a mi gustaba y me excitaba aún más, y empecé a penetrarla cada vez más rápido, aceleraba cada vez más y ella se movía con total locura, realmente era espectacular ver como se tragaba mi polla, se meneaba como toda una gran perra, sentía sus orgasmos venir una vez y otra vez, sus gritos eran espectaculares.

Y entonces fue cuando ya no podía soportarlo más y empecé a venirme con unos gritos de placer enormes, y ella se meneaba aún mucho más rápido, cuando empezó a sentir como me venía.

– Vamos papi que quiero sentir tu lechecita en mis intestinos…

La muy maldita estaba logrando en mí un orgasmo que nunca antes había sentido.

Luego de ello me recosté en la cama y decidí irme a dar un baño y apenas comencé a ducharme ella ingresó a la bañera conmigo y me dio una mamada de los dioses… luego de ello continuamos dándole al sexo, durante un par de horas más… a partir de ahí me sentí totalmente diferente… con ella viví muchas experiencias espectaculares, que más adelante les contaré.

Autor: Apasionado

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Escrito por Marqueze

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