La empleada del banco

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Los hombres la estaban tratando como a una verdadera puta, y ella lo estaba disfrutando, corriéndose una y otra vez. Ya sabía lo que iba a hacer después de follarse a estos tres, se iba a ir a su ventanilla y se iba a follar a todo hombre que se acercara al banco.

Tendría unos 30 años y trabajaba en un banco. No paraba los coches por la calle, pero tenía una cara graciosa y un cuerpito frágil que algunos hombres miraban en el banco con deseo. Una vez, un chico le dijo que tenía los ojos bonitos, y aunque ella sabía que sólo se lo había dicho para conseguir un rollo de una noche, ella lo recordaba día a día y cuando se maquillaba ponía especial cuidado en realzar esta parte de su cara.

Su vida transcurría en una monotonía singular, una vulgar rutina que cada día le hastiaba más y más. Siempre era lo mismo. Tenía novio, desde hace tres años y el sexo era igual de monótono que su vida de contable con sueldo mísero: 9. 00 entrada al banco, 11.00 tomar un café, 13.00 ir a comer a casa con mis padres, 15.00 vuelta al banco (a contar más dinero). Siempre el de otros, mientras sueña que en un atraco el ladrón la rapta y la lleva con él a una República Dominicana donde descubre la vida y el sexo). 19.00 Fin de la jornada laboral (su novio la va a recoger, y en un sitio oscuro, el de siempre, le dice en el coche cómo va a mostrarle los secretos del sexo… Siempre los mismos). Y siempre era igual.

La mañana del 18 de septiembre, la empleada del banco se levantó empapada en sudor y en otros fluidos corporales. Se fue al baño a ducharse y mientras enjabonaba sus pechos, pensaba, soñaba despierta. Sus pezones se pusieron duros y con la esponja comenzó a enjuagarse el clítoris, lentamente, lentamente. Hasta que se le escapó un suspiro y allí, comenzó a masturbarse, pensando en otros hombres, pensando en otras casas, pensando que otro pene la penetraba lentamente al principio y subiendo poco a poco el ritmo de sus penetraciones. Se frotaba con fuerza, con rapidez, con avidez… se mordía el labio hasta hacerse daño, hasta llegar a un dulce y profundo orgasmo. Este día va a ser diferente, hoy voy a cambiar mi vida… se decía. Hoy voy a cambiar mi vida. Lo primero que ella hizo fue vestirse y decir adiós a sus padres, y se fue al banco, a su rutina particular.

Todo seguía igual, todo. Nada había cambiado, sólo esa masturbación en la mañana le había hecho cambiar un tanto la rutina. Todo era lo mismo. Entonces, el jefe llegó hasta ella y le dio una noticia. Me acompañarás a la reunión de accionistas. Te explicaré cuatro cosas por el camino y después de presentarte me tengo que ir corriendo a otra reunión. ¿Está bien? Está bien. Está bien. Pues no, a ver que iba a hacer ella sola frente a los accionistas. Desde luego, este hombre tenía cada idea… Pero tampoco podía decir que no, también era una oportunidad… Así que asintió.

El director le hizo una tesis de todo lo que ocurría en el banco en la media hora que duró el trayecto. La empleada del banco se enteró de la mitad y ya estaban allí, sentados en la mesa, con 6 señores, a cada cual más serio, que la miraban inquisitoriamente. Las cuentas, la inflación, las cuotas, las, las, las… Se levantó de repente y lo hizo, sí habló para ellos:

– Señores accionistas, dijo con seriedad. – Ahora que estamos solos ustedes y yo, pasemos a cosas más importantes… Pasemos al siguiente punto de la reunión. Y el calor hizo que se desabrochara un botón. – El siguiente punto de la reunión que nos ha traído aquí. Se desabotonó el segundo botón. – Algo que nos interesa más que todo lo anterior. ¡Click! Tercer botón y los accionistas comenzaban a abrir los ojos cada vez mas… – Bien, pasemos a esto… Y se abrió la blusa dejando ver sus pechos erectos. Pasemos a quien va a ser el primero en joderme como la puta que soy… Y se levantó la falda dejando ver que no llevaba bragas…

Se puso de rodillas en la mesa, con la falda levantada hasta la cintura y ensenándoles los pechos a los seis hombres que tenía delante, cada cual con una erección todavía mayor… Entonces ella se sentó, abrió sus piernas y delante de ellos comenzó a masturbarse, haciendo que los hombres se pusieran cada vez muchísimo más calientes… La empleada del banco miró a su alrededor, los seis hombres seguían sentados frente a ella, mientras ella les seguía explicando gráficos y más gráficos… Su imaginación le jugaba malas pasadas, ¿por qué pensaba esas cosas?  Quizás…

La reunión terminó por fin y ella se había calentado tanto que decidió irse al baño a refrescarse, o quizá… sí, lo mejor era masturbarse hasta no pensar más en el sexo por lo que quedara de día. Y allí se dirigió. Después de cerciorarse de que no había nadie en el baño, se metió en uno de ellos y se quitó las bragas sin quitarse la falda, se levantó ésta hasta la cintura y se sentó en el váter. Levantó las piernas hasta apoyarlas en las paredes y empezó a imaginarse que era follada sin descanso. Pero… se había olvidado de echar el pestillo y de repente la puerta se abrió, se trataba de un hombre de los que habían estado en la reunión y cuando la vio en esa posición abrió los ojos como platos.

Ella se puso roja como un tomate, pero no podía dejar de tocarse el clítoris humedeciéndose más y más… El hombre no podía apartar la mirada de su vagina, abierta y esperando algo, él tenía la polla en la mano y sin darse cuenta había empezado a meneársela, así que le preguntó si quería su ayuda y ella respondió con un gemido provocado por su masturbación. El hombre no se lo pensó más, le metió la polla de un golpe y empezó a follársela sin más, terminó al cabo de un rato y habiendo provocado en ella gemidos y gemidos de placer. Después de correrse, la besó en la boca con pasión y se despidió hasta la próxima, ella se quedó allí con las piernas abiertas, la respiración entrecortada y sin embargo, siguió con su masturbación.

El hombre miró hacia ella y se marchó, eso sí, en el pasillo encontró a un contable y le dijo que entrara inmediatamente al baño a ayudar a una señorita que estaba en apuros. Él entró y claro, se encontró a la empleada del banco que aún tenía semen cayendo de su chocho y llevaba el ritmo lento de una masturbación.

– ¿Ayuda? – Preguntó el empleado, ella asintió, mientras dejaba que el hombre la penetrara una y otra vez, ella tenía un orgasmo tras otro y le encantaba ser follada así.

Cuando estaban follando como animales, dos hombres entraron en la habitación y por supuesto, quisieron unirse a la fiesta, así que uno de ellos se sacó la polla y se la metió en la boca, cuando el contable, hubo terminado de correrse sobre las tetas de la empleada, el otro le reemplazó, pero esta vez dándole la vuelta y empalándola por el culo, uuummm, ella se encontraba tan bien, tan a gusto. Los hombres la estaban tratando como a una verdadera puta, y ella lo estaba disfrutando, corriéndose una y otra vez…

Ya sabía lo que iba a hacer después de follarse a estos tres, se iba a ir a su ventanilla y se iba a follar a todo hombre que se acercara al banco, si, si… Los hombres le preguntaron qué cuanto cobraba y ella les contestó que “la voluntad”, y la voluntad de ellos fue realmente generosa. Ella se lavó y se vistió, eso sí primero terminó la masturbación comenzada, todos aquellos orgasmos no le habían servido para calmarse.

Autor: Jade

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Escrito por Marqueze

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