La fantasía de María II

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María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, san embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

El momento más esperado.

Todo quedó planificado. Acordamos reunirnos en una casita que ellos tenían en la playa. Fue ese día cuando conocí al marido de María, Remi. No me desagradó, a pesar de su madurez conservaba un aspecto juvenil y atlético.

Cuando al fin llegamos, después de descansar un poco y ducharnos, lo primero que hicimos fue acomodarnos y hablar a cerca de nuestro encuentro. Los tres estábamos algo cohibidos. Mientras hablábamos, para desinhibirnos un poco y crear un clima de mayor confianza, propuse que nos desnudáramos. Desprovistos de nuestra escasa indumentaria comenzamos a hablar a cerca de nuestras apetencias sexuales. Sin decir nada, María se acercó a mí y agachándose empezó a chupar mi verga, deslizando sus labios hasta la base de mi sexo, deslizando su lengua a lo largo de ella y volviéndosela a meter reteniéndola dentro de su boca durante unos segundos. Cuando se la sacó un hilo de líquido preseminal mezclado con saliva era el lazo de unión de mi verga con sus labios.

– Esto no se lo hago a cualquier hombre, sólo a los que significan algo para mí.

Los tres nos dirigimos a una habitación, yo diría que previamente preparada para el sexo, Porque las paredes estaban cubiertas de espejos al igual que el techo, y el suelo estaba tapizado por alfombras y cojines, el centro de la habitación estaba ocupado por una enorme cama de agua a cuyo lado había una mesita donde se guardaba, según pude descubrir después, multitud de consoladores, preservativos, lubricantes y toda clase de objetos para el sexo.

María desnuda conservaba el encanto de una mujer otoñal, gracias al ejercicio físico y un cuidado esmerado de su cuerpo hacía que se demorase el envejecimiento, sus senos grandes estaban adornados por unas rosadas aureolas y unos erectos pezones debido a la excitación, mientras que su vientre desembocaba en un sexo totalmente depilado.

Los tres nos acomodamos en la inmensa cama. Tome ubiqué entre ellos, era la primera vez que practicaba el sexo en grupo, no pude evitar excitarme al ver la enorme polla de Remi, así que empecé a acariciarla escupiéndome en la mano para que se pudiera deslizar a lo largo de esta con mayor facilidad. María se apartó para dejarme junto a su hombre, y para ver cómo éste entraba por primera vez en un mundo desconocido, hasta entonces para él, como era las relaciones con una persona de su mismo sexo.

Me abracé a él e intenté de la forma más tierna que pude transmitirle confianza, pues estaba algo tenso:

-Déjate llevar, cielo, imagínate que estás con una chica…

Empecé a besarle la boca y ambos nos intercambiamos ricos besos de lengua, chupándomela con sus finos labios, me deslicé suavemente para morderle sus diminutos pezones, un gesto de dolor y gozo empezó a provocarle mi caricia:

– Házmelo otra vez, muérdeme duro.

Mientras les mordía reiteradamente sus pezones, ese gesto de gozo se intensificaba a medida que le masajeaba su verga, sintiendo cada vez más rico. Él ponía el cuello al recibir mis besos y sentir el cálido tacto de mi lengua al introducirse en sus oídos…

Bajé hasta su miembro erecto grande, grueso y babeando y con deseo de proporcionarle un placer más intenso empecé a mamárselo. Sabía cómo hacerlo, pues como hombre conozco los puntos más sensibles de nuestro órgano. Me lo introduje todo, chupándolo con deseo, mordiéndole y lamiéndole sus testículos. Un ansia desenfrenada me invadió por completo. Me centré finalmente en su glande, el cual succioné hasta que eyaculó dentro de mi boca. En esos momentos ambos nos besamos compartiendo su cálido semen.

Mientras, María había presenciado la escena masturbándose con un consolador. En esta ocasión la receptora de todas nuestras caricias iba a ser ella. Mientras que su marido le chupaba sus grandes tetas, yo le comía su concha mojada, metiéndole y sacando mi lengua dentro del orificio vaginal, me encantaba chupar su clítoris y saborear sus jugos. En ese momento le levanté las piernas y empecé a pasar mi lengua por su ano deslizaba mi lengua desde allá hasta su concha, así durante un rato en el que las prisas no eran ningún obstáculo.

Sus gritos de placer se escuchaban en toda la habitación como consecuencia de las infinitas caricias que le estábamos proporcionando:

-Fóllame ya, Necesito una verga dentro de mi concha.

Empecé a penetrarla con fuertes embestidas, mientras lo hacía, Remi, se a cercó a mí para agarrar mi verga y sacarla del interior de su mujer y hacerme tremendas mamadas, volviéndola e introducir en su esposa:

– No lo vuelvas a hacer cielo. -Le dije- vas a hacer que me corra y aún es pronto para mí.

No obstante amablemente me pidió que me apartarse de ella para ser él quien la penetrara ahora. Me dio la impresión de que quería disfrutarla como hacía tiempo que no lo hacía. cómo si a través de ésta experiencia los reconciliase para recuperar el tiempo perdido. Tal vez, quería proporcionarle todo el gozo unido a una ternura olvidada por él y demandada por ella durante tanto tiempo. A pesar de eso ella las aceptaba como si fuera una mujer que descubre por primera vez los placeres secretos del sexo.

Era una entrega como la que llevan a cabo dos jóvenes amantes por primera vez. Aunque más que una penetración, María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, sn embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

-Hacía tiempo que no me besabas ni me abrazabas de ésta forma. No me he llegado a correr, pero me ha gustado mucho.

Aunque María no tuvo un orgasmo no le importó, porque en ese momento disfrutó la penetración de su esposo, ella era feliz viéndolo disfrutar, prefirió ese momento de ternura el cual hacía tiempo que lo tenía desterrado, prefirió ese abrazo de su marido después del orgasmo, prefirió esa mirada, esa sonrisa final mientras se miraban permaneciendo abrazados y que les hacía cómplices de semejante encuentro. Disfrutó de su hombre, sintió nuevamente su sexo dentro de ella, sus embestidas y sus gemidos al correrse. Lo gozó sintiéndose más mujer.

Yo estaba enormemente excitado, al mismo tiempo que me emocionó verlos nuevamente unidos. María sacó del la mesita un consolador con arnés, yo me coloqué boca arriba y mientras que Remi empezó a hacerme una mamada ella empezó a lubricar el consolador para penetrarme.

¡Ahhhh…! que ricura, me encanta el sexo anal bien hecho, me penetraba despacito, al mismo tiempo que las mamadas de Remi me proporcionaban un inmenso gozo. No tardé en correrme. Fue riquísimo eyacular mientras me enculan.

La verga de Remi aún estaba erecta, así que volví a metérmela en la boca, tenía un sabor a semen y jugo vaginal, lo cual me excitó. Me gusta hacer el sexo oral tanto a un hombre como a una mujer, creo que es maravilloso y una caricia muy personal, muy especial.

Llegó el momento de penetrar a Remi. Se colocó a cuatro patas. Yo debajo de él continuaba haciéndole una mamada. Mientras María le pasaba la lengua por su orificio anal recorriéndolo y escupiendo dentro de el.

Posiblemente Remi nunca vivió semejante experiencia. Pronto María le introdujo un dedo y después dos. Los introducía y los sacaba hasta que su ano se dilató. A continuación me lubriqué mi sexo y empecé a penetrarlo, con calma, con cuidado. Le dolía, su orificio anal estaba muy cerrado, no obstante el dolor se fue disipando para dar paso a un poco de placer, entre otras cosas porque María le practicaba el sexo oral a su marido y eso lo calmaba. Me quité y dejé que su esposa lo penetrara con el consolador de arnés.

Esta vez Remi cambió de posición colocándose boca arriba, María y yo nos turnábamos en la penetración. Hasta que no pude más y me corrí en la boca de Remi. Los tres saboreamos mi jugo. Permaneciendo después los tres abrazados y super contentos de la experiencia.

Fue una experiencia muy enriquecedora. Por mi parte fue también el encuentro con el sexo opuesto y una vuelta a reencontrarme con el sexo.

Autor: encuentroeneltropico

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Escrito por Marqueze

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