La frase que cambio mi vida.

¡Comparte!

Hola, lo que os voy a relatar lo que me sucedió este marzo pasado, una situación que duró hasta este pasado mes de diciembre y que cambió mi vida. Tengo 30 años, vivo en Barcelona y mi profesión es fotógrafo. Hasta ahora mi vida sexual había sido de lo mas normalita, había tenido mis novias, mis rolletes, pero todo en la mayor de las normalidades. Para una de las empresas para las que trabajo, se encontraba, Rosa, una mujer casada, de unos 45 años. Teníamos muy buen rollo, me encargaba la gran mayoría de trabajos que realizaban, tanto de publicidad como de reportajes a instalaciones.

Ese día en su despacho y enseñándole un trabajo anterior, me comento la posibilidad de ir a Murcia, a lo cual yo le comenté que estaba muy interesado en poder ir yo. Entre risas y bromas, le comenté que me moría de ganas de ir, y le dije la frase maldita, esa que cambió mi vida “déjame ir por favor, y seré tu esclavo”. Claro está que en ese momento yo lo dije en sentido figurado, como una gran broma, una forma de expresarme y punto. En ese momento no se dijo nada mas del tema me dijo que ya hablaríamos ya que el viaje se hacia en julio, o sea que había tiempo para decidirse.

Entre nosotros había una buena amistad, salíamos de tanto en tanto a tomar café, a comer y alguna vez habíamos salido a cenar, casi siempre esto último en grupo.

Un día me comento de un restaurante nuevo, que si me apetecía conocer, le dije que si, y quedamos para el día siguiente. Ese fue mi gran día o mejor dicho mi gran noche. Llegue a la puerta del restaurante, allí estaba ella con su marido, a el lo conocía solo lo justo, saludos de cortesía y poca cosa mas.

Me dijo que no había conseguido a nadie más para venir a cenar así que cenaríamos los tres. No me importó. Era una cena mas, (eso creía yo).

Cenamos, muy bien por cierto, y también bebimos, quizás un poco mas de la cuenta yo.

Al salir del restaurante me invitaron a su casa a tomar una copa, cosa a la que yo accedí.

Llegamos a la casa, y nos tomamos unos cubatas, allí entre risas y conversaciones de lo más variado, volvió a salir el tema del viaje a Murcia. Yo volví a insistir en que estaba muy interesado, así que ella riéndose lo único que se le ocurrió decirme fue:

-tengo que pensarlo, por cierto, la proposición de ser mi esclavo, sigue en pie?

-claro, le dije yo, también entre risas, ya sabes que tus deseos son ordenes para mi.

No dijo nada más, solo lanzó una mirada a su marido, y se levanto, dijo que iba un momento al lavabo y volvía enseguida.

Mientras yo continuaba hablando con Juan, pero recuerdo que eran conversaciones totalmente banales, el tiempo, el fútbol, y eso si, me dijo que cuidado con Rosa ya que era una jefa dura y difícil de complacer, a lo que yo asentí inocentemente, ya que sabia sus exigencias en el trabajo, pero hasta muy pronto no conocería sus exigencias personales.

A los pocos minutos apareció ella, muy risueña, y diciéndome:

-bien, ya he decidido que vallas a Murcia, pero quiero saber si de verdad vas a ser mi esclavo

-claro que sí asentí yo

-acompáñame un momentito, me dijo, Me llevó a su cuarto y encima de la cama tenia un conjunto de medias negras, unas braguitas y un body igualmente de color negro.

-quiero que te lo pongas.

La miré perplejo, y me reí, creía que era una broma, pero ella muy seria me dijo que no era una broma, que iba muy en serio, y que yo tenia que decidir que era lo que quería hacer. Dio media, me dijo, “te esperamos, tienes cinco minutos” y cerro la puerta tras ella.

Allí me quede yo, solo, en el cuarto, con mi cabeza como un bombo, no era una broma, quería de verdad que me lo pusiera, me sentía a la vez muy humillado, y a la vez excitado, Por mi cabeza pasaban miles de pensamientos, pero el solo hecho de tener que salir, vestido así, delante de ellos dos, me avergonzaba mucho.

Me senté en la cama, y resignado, empecé a desnudarme.

Me puse la ropa que me había dicho, nunca en ninguna de mis fantasías se me hubiese pasado una cosa así por la cabeza. Una vez me acabé de poner las medias, me miré en el espejo, me veía grotesco, pero me armé de valor respire hondo, y me dirigí al salón donde m

e esperaban.

Llegué, y me puse frente a ellos, encogido, tapándome no se el qué, ya que mis ropas eran de mujer, y en ese momento, mi excitación no era física, ya que mi miembro estaba bastante flácido, pero mi mente, notaba una excitación sin par.

Me miraron, se miraron, y sonrieron, eso me avergonzó mucho más.

-ahora ya has dado el gran paso-me dijo ella-a partir de ahora serás nuestra sirvienta, nuestra esclava, cada vez que vengas a casa tendrás la ropa preparada, y te aseguro que nos vamos a ver muy a menudo a partir de hoy, serás dócil, obediente, y no discutirás ninguna de nuestras ordenes, te ha quedado claro?

-si- fue lo único que tímidamente salio de mi boca.

-ponte recto coño!, paséate por el salón, que queremos verte.

En esos instantes mi vergüenza era máxima, pero mi excitación iba en aumento, el contacto de la ropa interior femenina en mi piel me iba excitando cada vez más, y las palabras de ellos cada vez me ponían más en mi papel de sirvienta para ellos.

Mientras yo me paseaba por el salón ellos, iban poniéndose muy cachondos, porque no paraba de tocarse mutuamente.

Después de mi pequeño paseo de exhibición me quede frente a ellos, de pie, viendo como ellos no paraban de besarse.

Juan empezó a desabrochar la blusa de Rosa. Ella lo detuvo y dijo:

-deja que lo haga ella, ha de aprender-me miró y me dijo –ven puta, desnúdame- Lo hice, con mucho nerviosismo, como si nunca antes hubiese desnudado a una mujer, pero lo cierto es que nunca lo había hecho ante la mirada de su marido. El de mientras se iba desnudando, a lo que dejo ver un miembro de bastante importancia y erecto como el mástil de una bandera. Una vez la había desnudado, me hizo doblarle bien la ropa, ponerme de rodillas frente a ella, que sentada en el sofá se abrió de piernas, y me dijo –no pares de comértelo hasta que yo te lo ordene-.

Estaba asombrado, aturdido, y muy confuso, yo allí de rodillas vestido de mujer, comiéndole el clítoris a una mujer mientras ella no paraba de disfrutar, conmigo y con su marido.

Cambiaron de posturas, y ella lo único que iba solicitando sin parar eran mis manos, mi lengua, y el contacto de mi ropa interior sobre su cuerpo.

Ese día, mi única aportación fue para su goce y placer de ella, me tuvieron vestido de mujer todo el rato que duraron los juegos, que fueron varias horas, y no permitieron que participase más que con mi lengua y con mis manos. Me despidieron ese día hasta el sábado por la mañana que me citaron para tener conmigo una nueva sesión. Ni que decir tiene que nada mas llegar a mi casa me tumbé en el sofá y me masturbé un número impresionante de veces pensado en mi nueva experiencia, y pensando en la llegada del sábado. A la mañana siguiente, me presente en su casa a las 10 de la mañana, me abrió la puerta ella, solo con una bata de color negro de transparencia, que dejaba entrever su cuerpo desnudo. Me indicó que mi ropa estaba en el cuarto de invitados, -ves, póntela y prepáranos el baño- me ordenó. Así lo hice, llegue al cuarto y encontré la nueva ropa que debía ponerme: medias blancas, a conjunto con braguitas de igual color, y un top minúsculo de igual color.

Me dirigí al baño, empecé a llenar la bañera, y fui añadiendo unas sales. Finalizado el llenado y todo listo, me acerqué al dormitorio, y dije: -señores, el baño esta listo-.Ella se levantó y me invitó a seguirla. Salió de la cama desnuda totalmente, como una rosa resplandeciente, cosa que me causó una gran erección. Llegamos al baño, se metió en la bañera, y me ordenó que la bañase. Lo hice gustosamente, metido totalmente en mi papel de sumisa para ellos, me enseñó a bañarla, solo con mis manos, recorriendo el jabón todos los poros de su cuerpo. Una vez finalizado, tuve que secarla, ella en ese momento se colocó el albornoz, y llamó a Juan. El se presentó igual que ella, totalmente desnudo, y con una sonrisa maliciosa que hacia que me avergonzara.-el baño es todo tuyo- dijo ella. Yo no imaginaba que también tendría que bañarle a el también, pero no tardaron ni un segundo en aclarármelo. Mi vergüenza en ese momento fue en aumento, una cosa era pasar mis manos sobre el cuerpo de una mujer y otra diferente hacerlo sobre el de un hombre. Yo iba esquivando en lo posible tocar sus genitales,

pero la atenta y amenazadora mirada de ella me indicó que era mi obligación. Así que por primera vez en mi vida, mis manos llenas de jabón estaban tocando una enorme polla, que iba creciendo. En ese impás me encontraba cuando note la mano de Rosa que se introducían en mis bragas por la parte de atrás, y me iba acariciando mi culo, y rozando con sus dedos, mi ano. La postura en la que me encontraba, ligeramente arqueado, y mis manos enjabonando ese miembro, hizo que todo mi cuerpo sufriera un gran escalofrío de placer. El juego del baño acabo aquí. Sequé el cuerpo de Juan y limpié el baño, acudiendo seguidamente al dormitorio donde me estaban esperando. El dormitorio fue el lugar donde seguí aprendiendo cosas sobre mi y donde mi humillación empezó a tener tintes de autentico esclavo sexual para los dos.

Pero eso lo dejo para otro día que seguiré explicándoos mi experiencia.

Agradecería cualquier comentario por parte vuestra, así como proposiciones ya que a Rosa la trasladaron de ciudad a principios de este año.

Autor: Suenbra

suenbra ( arroba ) hotmail.com

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.