LA LEY DE HIELO

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Si no la conocen, créanme es lo mejor que les ha podido ocurrir en la vida, no como me pasó a mi que me la aplicaron con todo su peso. Como fue mi caso, cuando tuve dieciocho años y terminaba de estudiar en la secundaría, debido a que era algo medio loco y rebelde, terminé sentado en el tribunal de menores, acusado de robo de auto y uso de marihuana. El procurador de menores, recomendó que se me ingresase a lo que para mi era en palabras sencillas un reformatorio de menores.

Mi padrastro estuvo cien por ciento de acuerdo, con que se me ingresasen. Mi madre como que todo lo que él le decía era santo y bueno, no se opuso. Muy a mi pesar terminé en ese reformatorio. Bueno los primeros días digamos todo se desarrollo de manera normal, o por lo menos así me parecía a mí. Pero con el pasar de los días, me fui dando cuenta de ciertas cosas raras que ocurrían dentro del dormitorio, en particular con un compañero del dormitorio. No es que yo fuera chismoso, pero cuando en la litera de al lado, casi todas las noches uno se daba cuenta, de que siempre había otra persona aparte del que debía dormir ahí. A mi no me dejan dormir, ya que entre ellos mantenían relaciones sexuales de todo tipo, cosa que para mí en esa época de mi vida, me parecía que no era cosa de hombres, en otras palabras una asquerosidad. Cuando no era que el ocupante de esa litera, se la mamaba al que tuviera de visita en esos momentos, el visitante se lo introducía por el ano al mamón. Yo me quedaba gran parte de las noches, desvelado escuchándolos y viendo sus siluetas en la oscuridad.

En ocasiones hasta llegué a masturbarme, pero no me atrevía a ni siquiera hablarle a mi vecino. Aunque la mayoría de las veces, él al levantarnos me miraba de manera rara, por no decir seductora, en ocasiones sin vergüenza alguna, hasta me mostraba sus blancas nalgas. Debido a eso, sin consultarlo con nadie me cambié de litera, nadie me dijo que eso no de podía hacer, fue cuando a los pocos días el supervisor a cargo del dormitorio, se dio cuenta del cambio y cuando me preguntó quien me había dado permiso, le dije que nadie. Por eso simplemente me suspendieron las horas de recreo durante dos semanas. Cuando protesté por el castigo, me llevó donde el Director del reformatorio, a quien se le ocurrió preguntarme el por que yo había hecho eso, tontamente le dije que era lo que sucedía todas las noches, en la litera de al lado de la mía. El castigo se me suspendió, pero esa misma noche hubo una revisión sorpresa, en la que agarraron en la litera de mi vecino, a él completamente desnudo, mientras que otro de los internos le daba por el culo.

Por lo visto el Director, esperó junto con otros dos empleados de seguridad a que los chicos, se pusieran hacer de la suyas en la litera. A ellos dos los trasladaron a otra área de mayor seguridad. Los siguientes días lo pasé de lo mejor, pero no se como en mi dormitorio, se enteraron de que había sido yo el que le dio el pitazo al Director. Las consecuencias inmediatas fueron que todos los compañeros del dormitorio y de los otros también, sencillamente me dejaron de hablar. Tanto como los más pequeños como los mayores me ignoraban, pensé que podía vivir sin dirigirles la palabra, pero la ley de hielo no es solo eso. Mis pocas pertenencias desaparecían, mi ropa la dejaban mojada de orines, en fin me hacían la vida imposible, sin contar que en ocasiones mientras dormía me sonaban con alguna chancleta o zapato, para colmo de mi propiedad.

Cuando le fui con el cuento al supervisor, se me quedó viendo y me dijo, lamentablemente no puedo ayudarte, ya te aplicaron la ley de hielo y eso significa que para el resto de los estudiantes es como sino existieras. Por una parte pero por la otra es una especie de permiso para que te jodan entre todos. Posibles soluciones, una es que te cambien de institución lo más pronto posible, lo cual es imposible, no te han agredido gravemente ni dejado medio muerto y la otra es que pidas perdón. La primera fue la que más me llamó la atención, pero no así ni a mi consejero, ni a mi padrastro ni a mi madre. En cambio con la segunda pensé que podía ajustarme a

eso de no hablar con nadie, pero estaba bastante equivocado. Ya al mes estaba que no aguantaba ese silencio, y la manera en que me trataban, los golpes en la noche, el que me measen mi ropa, o me robaran mis pocas pertenencias y cosas, hasta los más chicos se aprovechaban de la situación, ya que sí yo les llegaba a decir algo enseguida aparecía un grupo amenazándome con darme una paliza, ya no podía dormir en mi litera me tenía que meter bajo el colchón, para protegerme de los zapatazos.

Por lo que aunque en contra de lo que pensaba, decidí pedir perdón. Cosa que se me hizo bien difícil, por que sobre todo no sabía a quien debía pedirlo. Por lo que justo después de que nos acostamos y apagaron la luz, antes de que me fueran a sonar con otro zapato. Me pare en medio de la habitación, casi llorando comencé a hablar, pedí perdón y expliqué más o menos lo que había pasado, que no fue mi intención ir con el cuento al director y mucho menos que trasladaran a nadie. Fue cuando uno de los chicos me respondió, diciendo. La única manera en que te podemos perdonar, es que ocupes el lugar de la que se fue. No había que ser muy inteligente, para saber a que se referían. Por lo que de inmediato les dije que no, más nadie dijo nada, todos se quedaron en silencio, me fui a mi litera y me acosté, sin pensar que alguna otra cosa fuera a suceder.

Estando dormido, de momento siento que me despiertan, estoy todo sujetado por un sin numero de manos trato de gritar y me atapuzan una toalla dentro de mi boca y alguien me dice al oído, ya que no lo vas hacer por las buenas, los vas hacer por las malas. Rompieron todo mi pijama, me taparon la cara con algo y sentí un chuzo o navaja en mi cuello. Fue algo sumamente desesperante, los que me tenían sujeto por las piernas las separaron, aunque yo hacía hasta lo imposible por evitarlo, me dieron unos cuantos golpes por todo mi cuerpo, dejándome sin aire, después de eso sentí como presionaban contra mi cuello esa hoja de metal, mientras me decía uno de mis atacantes, o te quedas quieto por las buenas o te rebano el cuello, debido a eso y a lo agotado que me encontraba me quedé quieto. Alguno de ellos se colocó tras de mí y sin decir nada comenzó a pasar su glande por entre mis nalgas, yo imposibilitado de hacer algo, que no fuera el tratar de moverme con la tonta esperanza de zafarme, me agoté más. Sentí como algo mojado lo restregaban contra mi esfínter y posteriormente comenzó a penetrarme.

El dolor fue insoportable, tanto que hasta lloré, pero más que todo fue de rabia, al no poder defenderme. Sentí como toda esa verga se abría paso dentro de mis nalgas, hasta que el cuerpo de él y el mío estuvieron totalmente en contacto. A los pocos segundos, continuó sacando y metiendo su verga dentro de mi cuerpo, yo aun trataba de patear y de soltarme, pero mis fuerzas me habían abandonado del todo. Lo único que me quedaba era llorar, en silencio. Hasta que él sacó su verga de mi culo y con su leche regó mis adoloridas nalgas. Pensé que ya todo sabría terminado, pero no fue así, esa noche creo que todos los del dormitorio, incluyendo a los más chicos me penetraron, al principio a la fuerza. Me limpiaban las nalgas con la tela de mi pijama o de mi sabana y seguía el siguiente. A medida que continuaron penetrándome, dejé de hacer resistencia, hasta en algunos momentos me di cuenta, de que yo mismo movía mi culo sin que me lo ordenasen. Realmente comencé a disfrutar en parte de lo que me estaban haciendo, ya no hizo falta que me siguieran sujetando. Apenas terminaba uno el siguiente me limpiaba el culo y de inmediato me comenzaba a penetrar, sin que yo me opusiera para nada, ya que uno que otro me acariciaba las nalgas antes de penetrarme y no faltó el que suavemente me besara o me lamiera el cuello. Hasta perdí la cuenta, de las veces que me lo llegaron a meter durante toda esa noche. Al día siguiente, amanecí completamente desnudo acostado boca abajo, con mis piernas bien abiertas, agotado y adolorido por todo mi cuerpo. Sentí que el supervisor casi al lado de mi litera preguntó que me pasaba y escuché a uno de los muchachos del dormitorio decirle, que yo había dicho que tenía gripe o fiebre, por lo que el supervisor del dormitorio no me dijo nada, me dejaron dormir tal como estaba, hasta casi al medio día.

La verdad es que me daba mucha vergüenza lo que me había sucedido, no me atrevía a ir con el supervisor y contarle lo que me

había pasado, ya que de seguro se había dado cuenta de lo que me había pasado y no hizo absolutamente nada, mucho menos ir con el Director, no fuera a ser que en lugar de la ley de hielo terminase muerto. Para colmo me recordé que en cierto me había venido, no se en que momento precisamente, pero de que me vine me vine, y de eso no había duda. Después de levantarme, a pesar del dolor que sentía entre mis nalgas, me di una buena ducha, sentado en el inodoro, me di cuenta que expulsé una gran cantidad de leche por mi culo. Después de asearme lo mejor que pude y de vestirme con lo poco que tenía usable, pasé por el dispensario, cuando le dije al médico donde me dolía pero no el porque, sin decirme nada a mi, él dejó de atenderme y le indicó al enfermero que continuase con el examen. Lo primero que hizo el enfermero, fue poner cara de satisfacción cuando escuchó al doctor decirle que me revisase y tomase los signos vitales.

Yo estaba bastante asustado, el enfermero como que se dio cuenta de ello y en un tono de voz fuerte me ordenó desvestirme. Lo que temerosamente hice, ya al estar completamente desnudo, me preguntó que me había sucedido, yo pensaba quedarme callado, pero el enfermero en un tono de voz más suave y colocando su mano sobre mi hombro me dijo, mejor me lo cuentas a mi, que yo no le diré nada al Director a menos que tú quieras que yo se lo diga. Antes de que yo comenzara a contarle lo que me había sucedido, el doctor salió de su oficina con su maletín y se despidió hasta el siguiente día del enfermero. Ya más tranquilo comencé a contarle todo al enfermero, quien después de escucharme, me dijo. Bueno ya veo lo que te ha sucedido, ahora tú dime la verdad, si en algún momento lo disfrutaste, a lo que muerto de vergüenza acepté que después de la tercera o cuarta penetración había comenzado a disfrutarlo. Su mano fue corriendo por mi espalda hasta llegar a mis nalgas y me dijo, ahora acuéstate boca abajo, que te voy hacer un examen rectal, a ver como te dejaron el culo los infelices esos. Aún bastante temeroso, seguí sus ordenes, sentí en cierto momento que cerró la puerta, pero de inmediato me dijo, es para que te sientas mejor, no querrás que el guardia, te vean el culo cuando yo te este examinando.

Eso me pareció bastante lógico, por lo que me quedé tranquilo. Me hizo abrir las piernas, al tiempo que me decía. Te voy a examinar tu ano, para ver como te dejaron esos infelices, por lo que te voy a poner una crema, si te duele me lo dices. La verdad es que sentí cuando sus dedos comenzaron a rozar mi esfínter, untándome algo como una especie de crema fría, después siguió diciendo. Va ser necesario que ahora te introduzca algunos de mis dedos, para continuar con el examen, ya sabes si te duele me lo dices, no te hagas el machito. Suavemente sentí como más de uno de sus dedos me penetraba, fue cuando comentó, por lo visto no te han hecho mayor daño, pero sus dedos seguían entrando y saliendo de mi culo. Fue cuando me preguntó, dime ahora si te duele, al tiempo que me introducía más adentro sus dedos, la verdad es que no me dolía, por lo que así se lo hice saber. Sin dejar de meter y sacar sus dedos, pero de manera más suave me dijo. Dime si te agrada como te lo estoy haciendo, a lo que yo tontamente le respondí que si. Fue cuando sacó sus dedos de mi culo y me dijo al oído, que bueno por que ahora si vas a saber lo que es la verga de un hombre. Al escuchar sus palabras, me entró un pánico que me paralizó todo.

Cuando volteeé a verlo me encontré que ya estaba sin pantalones y con su verga entre sus manos se acercaba a mi cuerpo. Yo traté de levantarme, pero me colocó una de sus manos sobre mi espalda y me dijo. Sí quieres que te duela resístete, mira que el guardia y yo estamos ya de acuerdo, así que no vale de nada que te pongas a gritar. Mientras que me decía eso sentí su glande sobre mi esfínter. Al parecer la crema que me había puesto y la manipulación de sus dedos dentro de mi culo, hizo que mi hueco se dilatase. Cuando comenzó a metérmelo, el dolor no fue tanto, cuando ya todo su cuerpo estuvo en contacto con el mío, sentí algo bien diferente. Sus manos me tomaron por mis caderas y comenzó a meterlo y sacarlo de mi culo. Al tiempo que me comenzó a decir. Desde que te vi entrar por la puerta, supe que eras la nueva puta, de la que el guardia me dijo que anoc

he te violaron entre todos. La verdad es que tienes un culito bien sabroso maricón, yo no podía creer lo que me estaba pasando, había ido a buscar ayuda al dispensario y terminé dejando que el enfermero me diera por el culo. Lo peor de todo era que en esos momentos me estaba gustando tanto, que sin proponérmelo realmente, comencé a mover mi culo restregándolo con fuerza contra su cuerpo, que cuando él me preguntó si me gustaba, sin vergüenza alguna le dije que si. El enfermero me siguió metiendo su enorme verga con tanta facilidad, que me quedé sorprendido, yo en cierto momento comencé a masturbarme, al mismo tiempo que él seguía metiendo y sacando su verga de mi culo. Cuando me vine, sentí que el me apretaba con bastante fuerza contra su peludo cuerpo. Cuando me lo sacó me dijo, ahí esta el baño, después de que votes lo que te he dejado dentro, te lavas y vuelves aquí que te voy hacer un pequeño favor. Sin decir una sola palabra y bastante avergonzado hice todo lo que él me había ordenado. Cuando regresé con él, me dijo. Por lo visto tú eres la nueva putita del reformatorio, así que por si acaso te voy a poner una inyección. Sin perder tiempo me inyectó algo, que según creo es un antibiótico o algo así. Luego me continuó diciendo, de ahora en adelante no se te ocurra negarle tu culo a nadie, ya que si lo haces lo más probable es que te golpeen y termines aquí y todo para que otro de una forma u otra termines dando el culo nuevamente.

No hay guardia que te pueda proteger, si los hay que te puedan comer el culo también, así que ya sabes. Por otra parte te voy a regalar esta crema, te la pones antes de que te lo metan y no te dolerá tanto, yo me la quedé viendo, y me dijo solo es vaselina putita. Además cuando te llamé para un examen no tardes. Después de mi experiencia con el enfermero asistí al comedor, pero noté que ya no me sacaban el cuerpo, hasta me hicieron espacio en una mesa para que me sentase. El resto del día fue como si nada nunca hubiera pasado durante todo el mes, me saludaban y hasta me copiaron los apuntes de las dos clases a las que falté. Al llegar la noche, después de que apagaron las luces, escuche a uno preguntarme ¿dinos si va hacer falta que te sujetemos? Por unos instantes me quedé en silencio, tras pensarlo por unos momentos, recordé todo lo que había sufrido durante el mes completo y la manera en que por resistirme amanecí golpeado, ultrajado y sodomisado, por lo que respondí un tímido no. Después de eso escuché que me decían desde hoy te acuestas siempre desnudo sin nada de ropa, OK. A lo que respondí un casi inaudible si.

Esa noche no me hicieron nada, pero a la siguiente noche, ya acostado como me lo habían ordenado, cuando estaba agarrando el sueño, sentí una mano sobre mis nalgas y una voz que me decía, vamos a ver si ya sabes que hacer. Yo me quedé boca abajo, mientras que él me retiró la sabana, y justo unos segundos antes de que me lo metiera pude ponerme lo que el enfermero me había regalado, mi compañero de dormitorio medio separó mis piernas, y nuevamente sentí que se colocaba alguien tras de mí. Aunque me siempre me llegó a doler un poquito lo que me estaba haciendo, no fue tanto como la primera noche, hasta en cierta manera lo comencé a mover mi culo y a disfrutar. La cosa es que justo en el momento en que me lo estaba metiendo por el culo, otro de mis compañeros de dormitorio, se colocó frente a mí, sacó su verga del pijama y la dirigió directo a mi boca. La sola idea de mamar una verga, hasta esos momentos me parecía algo sumamente repulsivo, pero justo en el instante en que la verga de ese comenzó a tener contacto con mi boca, no se precisamente el por que, pero comencé a mamársela, como si ya en muchas ocasiones lo hubiera hecho con anterioridad.

Después de esa noche, en las siguientes me convertí para los efectos, en la puta del dormitorio. No había noche en la que antes de acostarme no me pusiera un poco de vaselina en mi culo, ya que alguno de mis compañeros de seguro me darían por el culo, o me pusiera a mamar su verga. Lo que yo hacía sin oponer ningún tipo de resistencia, nada más de acordarme de lo mal que lo había pasado y lo que me dijo el enfermero bastaba para que yo sin decir nada aceptase lo que me quisieran hacer. A los pocos días, estando en los vestidores del gimnasio, preparándome para darme una ducha

, se presentó un chico de otro dormitorio, esperó a que yo me desnudase del todo y una vez así sin nada de ropa, se me acercó tan desnudo, como lo estaba yo en esos momentos. Realmente no dijo nada, sencillamente tomó su verga entre sus dedos, se me quedó viendo a los ojos y de inmediato volvió su mirada a su verga. Para mi el mensaje era bastante claro, quería que se la mamase, lo que en parte por temor, hizo que yo me agachase, agarrase su verga entre mis dedos y sin perder tiempo la introdujera dentro de mi boca.

Esa fue la primera, pero no la única vez que lo hice en los vestidores. Su verga entraba y salía lentamente de mi boca, mientras que yo se la chupaba el con sus manos sobre mi cabeza, la guió hasta que se vino completamente. Al principio fue él solo, pero al parecer corrió la voz de lo que él y yo hacíamos. Un buen día, cuando nuevamente se la estaba mamando, llegó otro chico de otro dormitorio. Que lo único que me dijo fue, niña para ese culo, que te lo voy a meter. No protesté, simple y llanamente me sometí a sus deseos, pero como no tenía la vaselina se me ocurrió usar el jabón para facilitar la penetración, lo que resultó bastante bien. Ya a las pocas semanas me había convertido en la puta de todos, hasta de algunos de los empleados de seguridad, que sin motivo alguno me ordenaban que los acompañase, supuestamente para ver al Director, cosa que era del todo falsa, en más de una ocasión terminé en alguno de los baños, arrodillado mamando la verga de más de uno de esos guardias. Aunque no me agradaba en principio, poco a poco comencé a disfrutar de todas y cada una de las cosas que me hacían.

Pero una noche antes de que me fuera a la cama, me detuvo uno de mis compañeros de dormitorio y me dijo. Hoy vamos a tener una pequeña fiesta, así que ve como te las arreglas para parecerte a una chica. Eso me dejó bastante confundido, por lo que me acerqué a otro de los chicos y le pregunté como se suponía que lo hiciera. De inmediato recogió entre otros chicos del dormitorio algunas prendas femeninas, las que me fueron estregando, mientras me indicaba como debía llevarlas. Pero antes de seguir, me dijo que debía depilarme y para ello hasta me entregó su propia navaja de afeitarse. Me llevó al baño y me dio algo de champú, de inmediato me enjaboné todo el cuerpo y el mismo me ayudó. Cuando terminé, me sentía raro, como más liviano y limpio.

Después de ponerme todas las cosas que me dieron, realmente parecía una chica, medio loca en su manera de combinar su ropa, pero una chica al fin y al cabo. Esa noche tuve que bailar para todos ellos, mientras dejaba que me acariciaran las nalgas y hasta uno que otro llegó a plantarme un sabroso beso en la boca. Después de eso, entre varios de ellos me pusieron a mamar frente a todos los demás, mientras alguno sin perder tiempo me daba por el culo salvajemente, cosa que nunca había hecho frente a más de dos. Pero a partir de esa noche, hasta comencé a recibir uno que otro regalo, de mis tantos maridos.

Con el pasar del tiempo, fui adquiriendo un mayor gusto, tanto por que me lo metieran y mamar vergas, como el de vestirme de mujer. Cuando finalmente cumplí los veintiún años, dieron por cumplida mi sentencia, por lo que retorné a la calle. Desde el mismo día que regresé a la casa, mi madre y mi padrastro se dieron cuenta de que había cambiado y mucho. Aunque mi madre trataba de no darse por enterada, mi padrastro me comenzó a tratar, de manera bien distinta, a la que me trataba antes de que me fuera, para el reformatorio. Un día en que mi mamá había salido de compras, cuando me levanté únicamente usando una pequeña toalla alrededor de mi cintura, mi padrastro que es mecánico, regreso a la casa. Ya tenía varios días en que no me acostaba con otro hombre, por lo que cuando vi la manera tan especial en que me miraba, no lo pensé dos veces y comencé a caminar moviendo mis nalgas de lado a lado, de la manera más seductora que podía hacerlo. Así como estaba me dirigí a la cocina y el se fue tras de mi, mientras yo abrí la nevera para buscar algo que tomar, me incliné lo suficiente como para que sin mucho esfuerzo me viera mis nalguitas deseosas de macho.

Después de eso pasé justo a su lado, él se encontraba en medio del pasillo que conducía al comedor, yo me puse de espaldas a él y pasé mi cuerpo

rozando el suyo. Justo en ese instante me pueden creer que se me cayó la toalla. Sentí esa cosa dura pegada a mis nalgas, él me tomó por el brazo, me condujo hasta la mesa del comedor y sin más ni más me recostó boca abajo, mi torso se encontraba descansando sobre la mesa, mientras que mis piernas las separó bastante. En cosa de segundos sentí su verga, que la comenzaba a pasar entre mis nalgas, sin perdida de tiempo comenzó a penetrarme, al tiempo que yo disfrutaba de que así lo hiciera. Mi padrastro me tomó por las caderas y con fuerza empujaba su verga dentro de mi culito. Yo chillaba de placer al sentir esa cosa gruesa y caliente entrando y saliendo de mi cuerpo, movía mis caderas de lado a lado. Le decía dame más duro papi y eso como que lo excitaba más todavía. Hasta que finalmente se vino dentro de mí. Desde ese día en adelante, después de que mi madre salía, él regresaba a casa para darme mi buena ración de carne. Cuando no era que yo me arrodillaba frente a él y me dedicaba a mamar su venosa verga con mi boca, hasta que lograba que él se viniera. Mi estadía en la casa de mi madre, no duró mucho realmente, al parecer ella como que se sospechó lo que su marido y yo hacíamos, por lo que un buen día me pidió sin darme muchas explicaciones que me marchase.

En el correccional aprendí el oficio de repostero, por lo que apenas pude comencé a trabajar, en una repostería fina, a la dueña del negocio, no le molestaba que yo en ocasiones pareciera más una mujer que un hombre. Desde luego que me mudé, y aparte de ser repostero, comencé a buscar otros trabajos, al principio fui solo a las calles, donde sabía que había otros chicos con mis gustos. Pero después de que me salvé de una redada, comencé a trabajar en un bar del ambiente, bailando y haciendo otras cositas. Hoy en día todavía trabajo de repostero, pero ya soy socio del negocio, ya tengo implantado mis senos y hasta tengo un novio con el que vivo. Sí me hubieran dicho, que por causa de esa ley del hielo yo cambiaría tanto, no lo hubiera creído.

Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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