La mamá de mi amigo

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Al principio fueron pajas apuradas de un par de minutos, pero con el tiempo me fui haciendo pajas más tranquilas, en las cuales me imaginaba pudiendo tener mi primer encuentro sexual con tan hermosa dama, que tanto me calentaba, e imaginaba poder verla totalmente desnuda y poder sentir el aroma de su perfume mientras le chupaba bien la concha.

Desde que comencé la secundaria nos hicimos muy amigos con Javier, un chico de mi edad. Con él compartimos muchas actividades del liceo y nos juntábamos a estudiar o para hacer tareas grupales en su casa o en la de mis padres.

Fue precisamente en su casa que viví algunas de las más inolvidables experiencias de mi adolescencia.

Mi amigo vive sólo con su madre, la cual está buenísima, una veterana de 40 y pocos años que se viste como joven, con una silueta de modelo de revistas.

La primera vez que la vi me impactó ya que llevaba puestos unos pantaloncitos cortos, muy cortos, tanto que le dejaban a la vista el pliegue del nacimiento de sus hermosas y carnosas nalgas y una remerita que además de escotada le resaltaba sus pezones muy paraditos.

Obviamente muy paradito quedó mi miembro con esa hermosa visión y cuando le di un besito, un aroma a un perfume muy seductor, me hizo temblar de calentura, tanto que pedí para pasar al baño y me hice una paja de dos minutos como para poder bajar mi calentura.

De ahí en más, cada vez que iba a la casa de mi amigo me las ingeniaba para poder verle las bombachitas o las tetazas a su mamá.

En mi adolescencia no me percaté de que estaba siendo muy descarado y de que su madre en seguida se dio cuenta de mis miradas.

Hoy pasados los años pude advertir que los hechos no se dieron por simple casualidad, sino que seguramente la madre de mi amigo me quiso dar mi merecido por mi atrevimiento.

Yo quedaba tan ensimismado con su belleza, que prácticamente me babeaba por ella y varias veces mientras yo no podía desviar mi mirada de sus pezones insinuados a través de las finas telas que solía vestir, advertía su mirada, lo cual me ponía nervioso y me hacía tartamudear.

Lo mismo sucedía cuando por algún “descuido” suyo, se sentaba frente a mí, de pollerita, y habría un poquito sus piernas.

Todos los días sabía con que color de bombachas andaba, porque se las podía ver, y todos los días me masturbaba en su baño…

Al principio fueron pajas apuradas de un par de minutos, pero con el tiempo me fui haciendo pajas más tranquilas, en las cuales me imaginaba pudiendo tener mi primer encuentro sexual con tan hermosa dama, que tanto me calentaba, e imaginaba poder verla totalmente desnuda y poder sentir el aroma de su perfume mientras le chupaba bien la concha.

Un día estando sentados a la mesa en cierta ocasión se me cayó el tenedor y al bajarme a buscarlo ella inmediatamente abrió sus piernas y su pollerita se subió tanto que me permitió verle toda su entrepierna, con una bombachita blanca.

Eso me puso a mil y unos minutos más tarde se me volvió a caer (en forma voluntaria) el tenedor.

Volví a bajar mi cabeza y ella volvió a abrir sus piernas, y no solo eso, sino que bajó su mano y se acarició su conchita. Subí nuevamente y me dijo “¿qué te pasa que estás tan colorado?” mientras se sonreía ligeramente.

Salí del paso con una excusa de que había tomado mucho sol en la playa esa mañana y me fui para el baño. Mi amigo sin darse cuenta de nada siguió en lo suyo.

Yo estaba haciéndome la paja cuando golpearon la puerta del baño y era la mamá de mi amigo que me dice “abrime que tengo una cremita para tu quemadura”. Yo guardé como pude en mis pantalones mi verga que estaba súper dura y en medio de una paja.

Abrí la puerta, seguramente más colorado que antes y ella se metió al baño y cerró con llave. Al tiempo que sonreía me dijo, “a ver, mostrame adonde te quemaste” y al tiempo que decía eso, su mano me agarró el miembro, que estaba de punta para afuera en el short.

Siempre sonriendo me bajó el short y mi pija saltó como un resorte, súper parada, a mil. Ella se la puso en su boca y en no más de dos chupadas me sacó la leche a raudales.

Yo no podía creer el placer inmenso que sentía, no solo me la habían chupado por primera vez sino que me di cuenta que ahí podía comenzar (como de hecho afortunadamente sucedió) una serie de eventos placenteros en el baño de la casa de mi amigo.

Y ya no más en solitario, sino que con su hermosa mamá.

Pero eso será contado en otra oportunidad, si les resulta de agrado saberlo.

Autor: Leonel

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Escrito por Marqueze

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