La noche, el bosque y mi prima

bosque prima

Hetero, filial-tía-prima-sobrino, primera vez. Un muchacho tiene ocasión de desvirgar a su prima y al día siguiente dejarse follar por su caliente tía.

Hola marqueze y amigos, siendo un asiduo lector de tus historias y preferentemente de las de carácter filial, siempre quise contar mi historia y hasta ahora no me había atrevido, pues bien creo que me llegó el momento y aquí comienza :

Desde siempre al terminar la temporada escolar (a mediados de primavera), me iba de vacaciones al sur de mi país, que si bien no contaba con las comodidades de la capital, para mí era lo máximo, vegetación, aire puro, paz, tranquilidad y comida natural, temporada en la cual subía de peso, más que todo un año en la ciudad. Por alguna razón, que desconozco, el campo siempre me excitaba y era de todos los días, andar empalmado, el sólo hecho de imaginarme haciendo el amor con una linda chica al aire libre o debajo de los inmensos árboles y arbustos de los cerros que rodeaban la casa de mi abuela, hacía que sagradamente y todos los días me dirigiera hacia esos lugares a masturbarme como loco. Así transcurrían los días y los veranos,  sin muchas variaciones.

En la ciudad donde vivo, mi vida era normal, los estudios, las fiestas y las chicas, se sucedían casi en la misma proporción.

Pero un verano en particular, cuando yo contaba con más o menos 18 años, me fui al Sur nuevamente, como todos los años, pero éste en particular iba a ser distinto, yo había terminado la secundaria y probablemente iban a ser las últimas vacaciones largas y lo peor de todo, las últimas pagadas por mis padres, pero bueno, sigamos con la historia.

Al llegar a la casa de mi abuela, ese verano, me encontré con la sorpresa que en la misma casa estaba viviendo un tío con su familia, un tío que no veía hacía mucho tiempo y que para mi deleite, se había casado con una mujer estupenda, mucho más joven que él, ella tenía por ese entonces unos 25 años y mi tío unos 40, fantástico (dije yo), algo para recrear la vista, porque después de mi abuela lo único que había allí eran vacas (en lo que a hembras se refiere). Bueno, mi tío y su familia (mi “tía” y sus dos hijos), mi primo de unos 15 años y mi prima de 18 años, a quienes no le di mucha importancia, porque mi prima era “fastidiosa total”, pero ya estábamos aquí y había que disfrutar lo más que se pudiera.

Uno de esos días, mi tío, me pidió que acompañara a mi prima donde un vecino, para traer unos documentos que él necesitaba, como se podrán imaginar el vecino más próximo quedaba a unas 2 horas caminando, así que emprendimos el rumbo alrededor de las 6 de la tarde, a mí no me hacía reír nadie, por el hecho de ir con la fastidiosa de mi prima, que lo único que hacía era hablar boludeses, pues bien, recogimos los documentos y empezamos el camino de regreso; ya de ida y al ir caminando detrás de mi prima, para que ella me guiara por los senderos, para hacer más corto el trayecto, empecé a poner atención en su culo, que con el andar cuesta arriba (por los cerros), se le notaba muy redondito, paradito y más grande de lo que aparentaba cuando la miraba en casa de mi abuela. Ya de regreso a nuestra casa, comencé a conversar más con esta chica que al mirarla bien, uno podía descubrir cosillas que a simple vista no mostraba, medía más o menos 1,60 m., rubia, tez blanca, unos pechos paraditos, redondos y muy firmes y como ya dije un culito precioso, que al caer la tarde y producto de esa calentura que me provocaba el campo, ya me ponía a mil y me hacía pensar cosas que para mí a esas alturas eran “anti-natura”. La noche nos cayó encima un poco antes de cruzar un bosque de pinos, por el cual obligadamente teníamos que pasar, el que quedaba en las faldas de un cerro y que por la oscuridad de la noche se hacía lúgubre y escabroso. En eso íbamos en amena charla, ya tomados de la manos, por el miedo de ella a la oscuridad, cuando se resbala, cae al suelo y por ende me hace caer a mí también, nos reímos un rato, nos quejamos de los golpes sufridos y decidimos descansar un rato, nos quedaba

aún más de la mitad del camino para llegar a casa, conversábamos de mil cosas sin importancia, yo por mi parte, la miraba de arriba a abajo, con la poca luz de la luna a través de los árboles y sin dar aviso ni menos pensar en las consecuencias de lo que podía pasar, le di un beso en plena boca, a lo que ella sólo se dejó llevar, cerró sus ojos, abrió su boca y recibió mi lengua con un poco de torpeza, puesto que era la primera vez que la besaban, según me confesó ella después, el beso debió haber durado unos 2 minutos, luego me aparté y conversamos:

¿Es la primera vez que te besan?, Pregunte, me contestó que sí.

¿Te ha gustado?, muchísimo dijo mi prima Yeni, le propuse seguir y me contesto que le gustaría mucho, pero le daba miedo, yo le dije que no tuviera miedo, que le iba a enseñar algunas cosas y que en el momento que ella decidiera parar, yo me detendría. Por mí hubiese querido que Yeni fuera muda, para que no me hiciera detener en mis enseñanzas. Mi pene a esas alturas, estaba perforando el slip y los jeans, para escapar de la presión, que me provocaba la calentura del momento.

Nos acomodamos mejor en el mismo lugar que habíamos tropezado y comencé a besarla nuevamente con toda la pasión que tenía guardada y con el morbo que me provocaba el hecho de estar en ese bosque que me producía tanta excitación; Yeni respondía totalmente a los estímulos provocados, por mi lengua y mis labios y aprendía rápidamente a corresponder los mismos, a medida que la besaba empecé a cargarla suavemente con mi cuerpo de tal manera de irla recostando, una vez que lo logré, empecé a acariciar, primero su cara, su pelo, sus hombros y lentamente bajé mis manos hacia su pecho, no quería que se asustara y saliera corriendo de ahí a acusarme con mi tío, no hubo reclamos de su parte y una vez que tuve mis manos en sus senos, descubrí que realmente eran duritos, muy bien contorneados y más grandes de lo que se mostraban, seguí con mis caricias metiendo mis manos debajo de su blusa, levanté el sujetador y comencé a masajear sus tetas, como si en ello me fuera la vida, suavemente pero muy firme, yo por mi lado tiritaba entero, mezcla de emoción, nerviosismo y calentura, ella no emitía palabra alguna y su respiración era cada vez más audible y acelerada, añadí a mis manos mi boca y le besaba sus senos y chupaba sus pezones, pequeños pero muy sabrosos, cerraba mis ojos y pensaba que aquello era el paraíso, qué piel más suave, qué par de tetas me estaba sirviendo y lo mejor de todo, mi prima sin decir “stop”, después de un rato de besar sus senos, comencé a bajar mis manos hacia su sexo, primero por encima del jeans, recorriendo sus piernas y sus caderas, sin llegar a tocar su conejito aún, como para que se acostumbrara a mis manos y mis caricias, cuando llegué a su conejito dio un salto, se asustó, le pregunté si había algún problema, pero dijo que no, ¿quieres que siga?, sí, sigue me gusta, dijo ella, a lo que yo respondí con el aumento de mis caricias en su chochito, sobre el jeans. Su respiración aumentó notoriamente y me acompañaba con movimientos rítmicos de sus caderas conforme yo acariciaba y apretaba su sexo, en un instante cerró sus ojos, arqueó su espalda y dejó escapar un gemido que producto del silencio del lugar, se sintió como un gemido fantasmal, una vez que volvió a la normalidad, desabroché su jeans y metí mi mano bajo su pantalón y su bombachita, que a estas alturas, ya estaba muy mojada.

Nunca podré describir bien lo que sentí en el instante en que toqué por primera vez esa vagina tierna, húmeda, con muy poco vello, hinchada y caliente, creo que por un instante hasta perdí el conocimiento, algo así como drogado por mis propias sensaciones, primero le frotaba su vagina muy suavemente, luego introducía levemente los dedos de uno en uno, quería que los cinco dedos de mi mano se impregnaran de esos jugos y ese calorcito que emanaba, de la grutita de mi prima. Poco a poco le bajé sus jeans y bombachas hasta sacarlas por completo y mientras lo iba haciendo, conforme bajaba su ropa con las manos, con mi boca iba besando sus piernas. Con nuestras respiraciones y gemidos a mil, seguí con mi instrucción, le pedí a Yeni, que abriera sus piernas, porque le iba a dar otro tipo de beso que nunca le habían dado, aceptó y co

n mi ayuda fui abriendo esas piernas, que a pesar de no tener los cuidados que una chica le podría dar en la capital, estaban perfectas, suaves, con unos vellos finos, que con la humedad de mis besos, se marcaban en la piel, me acomodé entre sus piernas, acerqué mi cabeza y mi nariz a su sexo y olía una y otra vez el olor que emanaba de su conchita, un olor suave pero penetrante y me mantuve así durante un par de minutos, luego con mi lengua recorría una y otra vez ese canal húmedo y fragante, de arriba a abajo y viceversa, con mis dedos, separé los labios de su conchita y comencé un mete y saca con mi lengua, que de no concentrarme bien me hubiese corrido en ese mismo instante, sentía que toda la sangre de mi cuerpo estaba acumulada en mi cabeza, creyendo que ahí mismo, me daba un paro cardiaco.

Su clítoris estaba duro, hinchado y rojo, lo besé, chupé y mordí hasta que me cansé, mi prima perdió la cuenta de cuantos orgasmos alcanzó hasta esos momentos, la chaqueta de cuero que yo había puesto debajo de su culito, para que no lo apoyara en la tierra, estaba completamente mojada. Paré un instante, con el pretexto de que estaba cansado y me recosté al lado de Yeni, la abracé y la gire hacia mí, le pregunté si le había gustado y me dijo que mucho y que si no hubiese parado en ese momento iba a perder la conciencia, reímos juntos y le pregunté si quería seguir, lo pensó un instante y me pidió que siguiéramos, pero cuando ella dijera “stop” tenía que parar, OK, dije, trato hecho.

Volví a besarla, ahora su respuesta era más acertada y ya con un leve toque de conocimiento y a la vez pasión. Si ella hubiese dicho “stop”, en ese instante me hubiese sentido satisfecho de lo logrado, de su respuesta a las caricias y estímulos y me hubiera detenido sin reclamo alguno; tomé una de sus manos y la puse sobre mi jeans, para que sintiera como mi miembro se ponía por ella y de qué forma latía por su culpa, sus primeros toques y caricias fueron un poco torpes y como cual no vidente explora un objeto con su tacto para imaginarse cómo es, lo recorría con la punta de sus dedos, me tocaba el glande y su base, me imagino que lo hacía como método de medición, entre beso y beso le pedí que lo liberara de su presión, desabrochó mis jeans y metió su mano debajo del slip, sentí que su mano lo abrazaba, lo apretaba y lo reconocía, con su ayuda me quité la ropa de la cintura hacia abajo, ella no dejaba de tocarme, creo que lo hacía con los ojos cerrados, porque sentía sus caricias como explorando aún, sin decidirse a tomarla firmemente, le tomé su mano y la conduje de cómo tenía que hacerlo, hacía que me apretara, que subiera y bajara su mano, para que sintiera el largo y la dureza de mi pija, que a esas alturas estaba que reventaba, tuve que hacer esfuerzos mentales para no correrme ahí mismo. Al poco rato, ya estaba una experta en menearla, la subía y bajaba con frenesí, la soltaba y apretaba, ya con los ojos abiertos, empezó a bajar su cara a la altura del estomago, creo que para mirar mejor, no había mucha luz, me preguntaba que por qué tenía un líquido en la punta, yo le contesté que era por su culpa, por lo caliente que me tenía, le pregunte si quería probarlo, dijo que no porque debía tener un sabor malo, le insistí que lo probara y que si no le gustaba lo dejara, pensaba en silencio, no sabía si hacerlo o no, así que con unos leves empujoncitos en su nuca, le ayudé, lo besó y pasó suavemente su lengua, dijo que era un sabor no conocido, pero no estaba malo, le dije, entonces bésalo más, así, así, ahora abre la boca y dale un beso con lengua, hasta ahí, todo bien. Luego de un rato de sentir sus besos, le dije, abre la boca y chúpalo como un chupete, como un helado, lo chupas y lo recorres con tu lengua, de sólo pensar en ese día, me pongo a mil, con mi mano en su cabeza dirigí cómo debían ser sus movimientos, debo confesar que si bien es cierto no me había corrido hasta ese momento, en mi cabeza y mi cuerpo sentía, como si hubiese tenido unos 10 orgasmos continuos, tiritaba entero (y no por el frío). Mi prima, como alumna la calificaría no con un excelente sino con un ¡FORMIDABLE!, ella seguía afanosamente en su tarea de chupar y lamer mi pene, como si de eso dependiera su vida, en el momento que sentí que iba a explotar le dije que parara, si

no le iba a llenar la boca de líquidos, se detuvo, me miró y me dijo: “el stop, lo digo yo” y siguió con más empeño aún y en menos de un minuto, solté todo mi semen en su boca, le dije, trágalo todo, es todo tuyo y entre mis quejidos y gritos, la escuchaba gemir y tragar, estiré mi mano, toqué su conchita y sentí cómo corrían sus jugos al mismo tiempo que los míos, yo no sé si por el tiempo que estaba en el campo y sin tocar mujer alguna o por lo caliente de la situación, pero debo haber expulsado como ½ litro de semen, llegué a pensar que iba a tener que estar, por lo menos un par de semanas encerrado con régimen alimenticio intensivo, para recuperar lo perdido.

Debo haber estado fácilmente unos 15 minutos, tirado en el suelo, con los ojos cerrados, recuperando las energías, Yeni me abrazaba, me acariciaba, me hablaba, me besaba, me acariciaba los testículos, agarraba mi pene, aún lánguido y me decía que de haber sentido todo esto antes y de haber sabido cómo era, hubiese empezado mucho antes, pero conmigo, porque me decía que lo más probable que los chicos de su edad o vecinos del sector, no supieran ni la mitad de cosas que le hice hacer y sentir.

Creo que desde la caída de mi prima al momento en que recuperé la conciencia, debían haber pasado fácilmente un par de horas y le comenté que lo más apropiado y aconsejable era que nos fuéramos a la casa, puesto que mi tío, que sabía de mis correrías en la capital, empezara a dudar de los motivos de nuestra tardanza, a lo que Yeni dijo “aún no digo stop” y por lo que sé, me parece que nos está faltando algo, le dije que podíamos seguir otro día con las clases, pero no quiso, acto seguido, agarró mi pija con su mano, que por cierto estaba tan helada, que me hizo pegar un brinco, se agarró de ella y comenzó con un suave sube y baja, en 2 segundos, ya me encontraba en posición firme y listo para la batalla, cerré los ojos, tomé aire y pensé “si van a reprendernos, que sea con justa razón”, así que con mis manos, también heladas, comencé a masajear las tetas de mi prima, las besaba, las chupaba, las mordía, las lamía y las acariciaba con mis mejillas, yo estaba de nuevo listo para el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y ella aún más, por que sin aviso previo, se metió mi pene de nuevo en su boca, como la primera vez, giré sobre mi propio eje y quedamos en posición 69, mi prima no daba más, se corría como condenada, nuestro 69 debe haber durado unos 4 o 5 minutos y mi prima se habrá corrido unas 4 veces, una tras otra. Yo viendo que mi corrida se aproximaba, me salí de la posición en que estábamos y le dije que ahora venía la segunda parte de su instrucción, se acomodó de espaldas en el suelo, se quitó el resto de ropa que aún le quedaba, me pidió que hiciera lo mismo, debo confesar que la temperatura era de unos 10 a 12 grados, pero con lo caliente de nuestros cuerpos, ni se sentía; abrió sus piernas y las encogió, levantó sus brazos hacia mí y me dijo “amorcito a partir de este instante seré tuya para siempre, ven y hazme sentir”, me acomodé encima de ella, cuidando de no apoyar todo mi cuerpo encima de ella, para no hacerla sentir todo mi peso, me apoyé con la mano izquierda en el suelo a un costado de ella, con la derecha agarré mi pene y coloqué sólo la puntita en la entrada de su conchita, apoyé mi otra mano en el suelo y le pedí que me tomara del trasero con sus dos manos y ella fuera guiando mi entrada, a voluntad suya, sólo tenía que empujarme. Traté de concentrar todos mis sentidos en mi pene, para sentir todo lo que estuviera pasando ahí abajo, lentamente me apretaba hacia sí misma, con sus manos presionando mis nalgas, la entrada si bien estaba siendo muy despacio, era también exquisita, su conchita totalmente lubricada con mi saliva y sus propios jugos, en un instante sentí, cómo la cabeza de mi pene chocó con su virginidad, ella se detuvo, me miraba, nos besábamos, apartó su boca de la mía, tomó aire, creo que para relajarse, me miró a los ojos, me pidió que la besara profunda y apasionadamente y mientras me acercaba a su boca, volvió a presionar mis nalgas y una vez que introduje mi lengua en su boca, presionó aún más fuerte, no de golpe, pero si consistentemente y empecé

a sentir cómo mi pene se abría paso en su vagina y hasta creo haber sentido cómo se rasgaba a mi paso, Yeni emitió un leve quejido, el que ella misma ahogó abriendo más su boca y casi tragándose mi lengua, una vez que estuvo todo mi pene dentro de su conchita, enredándose nuestros vellos púbicos, sintiendo nuestra piel fundirse, se quedó quieta por unos instantes, otra vez me apartó de su boca y me dijo “amor estoy lista, ahora dame lo mejor de ti” y comencé un bombeo lento y suave, para que su conchita se acostumbrara al tamaño y al roce, una vez que sentí que ella seguía mi ritmo, le pedí que me abrazara la cintura con sus piernas, así en esa posición sentía que tocaba su útero con la punta de mi pija, sentía cómo mis huevos golpeaban sus nalgas, cada vez que entraba en su conchita arremetía con más fuerza, el bosque en el que nos encontrábamos, se llenaba de sonidos y no de sonidos de insectos, era una mezcla de gemidos suyos y míos, sumados a los sonidos del bombeo que le estaba dando, creo que si alguien hubiese pasado por ahí en esos instantes o cerca de ahí, debía ver hasta vapor saliendo del bosque, transpirábamos como caballos de carrera; el mete y saca seguía sonando por todo el bosque, mi prima a esas alturas ya me estaba arañando la espalda y de no ser por el dolor me hubiese corrido unas cuantas veces, pero el hecho de no poder concentrarme en lo que estaba producto del dolor, hacía que mi semen llegara a la punta y volviera a guardarse, yo, rogando a todos los santos que las fuerzas físicas no me flaquearan, me arrepentía una y otra vez de haber dejado de hacer deporte, de ser tan sedentario, hasta pensé que el infarto al corazón era inminente, pero a la vez feliz de morir en esas circunstancias. La Yeni, ya ni siquiera habría los ojos, sus manos y piernas difícilmente se agarraban a mi cuerpo, mi pene en plena faena y pidiéndole a mi corazón que bombeara más y más sangre, la necesitaba con urgencia. Mi prima repetía sus orgasmos por doquier y me pedía que la llenara de mis jugos pronto, si no moría en el “acto”, de pronto me tomó por las nalgas y me dio un empujón tan fuerte hacia sí misma, que nos debemos haber desplazado unos 20 cm. de nuestro lugar y con ese golpe de pelvis que nos dimos, reventé dentro de ella como nunca antes recuerdo haberlo hecho, mis quejidos los debe haber sentido hasta mi tío y mi prima me acompañó con contorsiones de su cuerpo y de su conchita, que sentí que estrujaba mi pene en su interior, extrayendo hasta la última gota de semen, sus quejidos siguieron por un buen rato, me besaba y me decía que si yo le prometía repetirlo de la misma forma, no iba a haber hombre alguno en su vida si no era yo. Me retiré de encima de ella, me recosté a su lado y descansamos un largo rato, mi prima me acariciaba y me decía cosas tiernas al oído, yo mientras le acariciaba sus tetas, tocaba su conchita húmeda y aún mojada, pasaba mis dedos por sus jugos mezclados con los míos y se los metía en la boca alternadamente.

Nos dio frío, nos vestimos y emprendimos el camino a casa, que se me hizo interminable producto del esfuerzo del momento vivido, a nuestra llegada mi tío con cara de sospecha, escuchaba nuestras excusas por la tardanza, la que inventamos mutuamente en el camino, consistía en decir que, por mi miedo a la oscuridad habíamos tenido que rodear el bosque por un camino no conocido y en el cual nos perdimos, producto de la oscuridad, el castigo de mi prima fue quedarse en casa los próximos días , sin derecho a salir y para mí una conversación en privado con mi tío, en la que hubo una reprimenda de advertencia, para con su hija, recomendándome que no le fuera a hacer nada, yo por mi parte haciendo una magistral actuación, le dije que hería mis sentimientos en lo más profundo de mi ser y que de seguir con su actitud, apenas amaneciera tomaba mis maletas y me largaba de ahí, no sin antes decirle que una vez llegando a la capital iba a reunir a todos sus hermanos, entre ellos mi padre, y les contaría lo desagradable de sus comentarios y lo sucio de pensamiento que lo había convertido la vida en el campo.

Al día siguiente siguiendo con mi plan, me levanté al amanecer, empaqué y cuando abría la puerta de salida apareció mi tía, que dicho sea de paso, vestía un camisón delgado, casi transparente, con sus pezones paraditos, producto del

frío matinal, unas tetas firmes, paradas, una conchita marcada por una mata de pelo, muy bien cuidada que la dibujaba completamente y que muy poco dejaba a la imaginación; y me pidió que me quedara, que mi tío había dicho sólo tonterías la noche anterior, producto más que de su enojo, por preocupación de que nos hubiese pasado algo en el camino. Yo parado en la puerta aún y confiado de que mi plan iba viento en popa, le dije a mi tía que me sentía muy molesto por la situación y que por mí me marchaba en ese mismo momento, mi tía, con cara de preocupación y mucha pena, me rogaba que me quedara, agaché mi cabeza como que lo estaba pensando y me rodeó con sus brazos, justo en ese instante me estaba inclinando, como para recoger mis maletas, entonces su abrazo me tomó justo a la altura de su pecho y sentí en mi cara la tersura de su piel y el volumen, nada de despreciable de sus tetas, me quedé un instante en esa posición, haciendo como que no me daba cuenta de lo que estaba pasando y tuve una erección inmediata, la que se dejaba ver en toda su plenitud en mi pantalón, mi tía me soltó de su pecho, yo traté de ocultar mi bulto, pensando que mi tía lo había hecho sin ninguna intención y que de darse cuenta de mi bulto, me iba a mandar con viento fresco fuera de la casa, mi tía me giró de frente a ella, me preguntó si me quedaría, que ella iba a hablar con mi tío, a lo que le contesté que si ella me lo pedía yo me quedaba, estiró sus brazos y me aferró a su cuerpo, en un abrazo casi maternal, según yo, pero ella se esmeró en pegarse a mi cuerpo y sentir mi miembro en su cuerpo el que quedó a la altura de su ombligo, me sentí asustado, creyendo aún de que si se daba cuenta de que me calentaba con ella, me correría de la casa. Me invitó a que entrara de nuevo en la casa y me pidió que la acompañara a la cocina a preparar el desayuno, respiré profundo, pensé que bueno no se dio cuenta de nada, pero había algo raro en ella, se quedó con su camisón, algo extraño considerando que siempre la noté como muy pudorosa y anticuada, en el sentido de la ropa que usaba, siempre con faldas largas, ropa muy suelta y cero maquillaje, pero esa mañana hasta me atrevería a decir que se sacó sus bombachas en el momento que se levantó a convencerme que no me fuera, mientras preparaba el desayuno, constantemente se agachaba a recoger algo, su camisón, por lo delgado, se le metía en el culito, se agachaba de frente a mí y por su escote se dejaba ver ese hermoso par de tetas o yo estaba loco o definitivamente mi tía no se daba cuenta de todo lo que me estaba mostrando. Nos sentamos en la mesa y mi tía me dijo que si bien es cierto ella también estuvo de acuerdo con su esposo la noche anterior, respecto de la reprimenda que me había dado mi tío, ella había conversado seriamente con mi prima y que en un arranque de sinceridad su hija le había contado todo, ¿todo? pregunté, así es ¡TODO!, no sé si mi cara cambió de color o mis ojos se abrieron demasiado, pero me había delatado y confirmado lo que podía haber dicho mi prima, que a esas alturas dormía placidamente, sin saber siquiera del problemita que tenía encima, pensando que mi tía me iba a dar un sermón del tamaño de un cerro. Mi tía que hasta ese momento estaba sentada frente a mi desayunando, se trasladó a la silla que estaba a mi lado, apoyó su mano en mi pierna, y me dijo en un tono maternal que no me preocupara, que si Yeni se sentía bien con lo que hacía ella la apoyaría en todo y que por lo que le había contado, sabía que había tomado la decisión acertada. Yo por mi parte, no sabía que pensar, ¿realmente le habrá contado todo, con lujo de detalles? o le habrá contado alguna historia, de cómo nos perdimos o qué se yo. La mano de mi tía, se corría lenta y disimuladamente hacia arriba por mi pierna, llegó en un momento a tocar con su dedo meñique uno de mis huevos, el desayuno lo tenía en mi garganta, no lograba digerirlo; su mano decididamente se posó en mi bulto y lo masajeaba insistentemente, no contenta con eso, bajó la cremallera, agarró mi pija y me la meneaba como loca, tomó mi mano y la dirigió a su conchita, que ya estaba mojada, me pidió que le metiera los dedos en su húmeda almejita y que si yo le hacía sentir com

o lo había hecho con su hija, pasaría a ser el sobrino preferido de la familia, giró mi silla hacia ella, bajó su cabeza y se fue directamente a mi pene y de una sola vez, se lo metió todo en la boca, me chupaba como toda una experta (yo pensaba, a esta no hay nada que enseñarle), se detuvo, se puso de pie y se sacó su camisón, quedando toda su escultura a la vista, tenía unas tetas de película, una conchita rodeada de una mata de pelo negro, pero en el medio se veía claramente una almejita carnosa, jugosa y rosadita, yo la miraba con un ojo, el otro ojo lo utilizaba para mirar si aparecía mi tío y ahí mismo me daba un tiro, mi tía me tranquilizaba diciéndome que en el vaso de agua que acostumbraba a tomar a media noche le había puesto un sedante, la muy fresca, se acostó con la idea de que en la mañana me daba duro. Me pidió que me sacara los jeans y me sentara en la silla, abrió sus piernas y se acomodó a horcajadas encima de mi miembro, lo tomó y lo instaló en la entrada de su conchita y empezó a bajar lentamente ensartándose todo mi pene, tomó mi cabeza, la llevó a su pecho y me pidió que le mordiera las tetas hasta que sintiera dolor, mientras estaba en mi faena comparaba su cuerpo con el de su hija, sinceramente me quedó con mi prima, que a pesar de ser inexperta, su juventud le brindaba un sabor especial, bueno, mi tía me cabalgaba de tal forma, que creí que la silla se desarmaba, con lo asustado que me encontraba producto del temor de que mi tío se despertara, mi corrida estaba a años luz de venir y mi tía gozando como loca, corriéndose una y otra vez, sus jugos chorreaban por mis huevos, yo le agarraba las nalgas, le pasaba los dedos por el canal de su culo, en un momento humedecí mis dedos con sus propios jugos y empecé a meterle primero un dedo en su ano, que por la posición en que estábamos y por su propia humedad, entró con mucha facilidad (según ella mi tío, nunca le había metido ni siquiera un dedo en su culito), luego metí dos y tres dedos, la saqué de encima mío, la giré y la tomé por la espalda, como adivinando lo que venía, se inclinó hacia adelante, se apoyó en la misma silla en que me había estado dando duro y dejó todo su culo a mi merced, puse mi pene en la entrada, la tomé de la cintura y metía lentamente mi pija, estaba tan dilatada mi tía que con poco esfuerzo, se la metí hasta el fondo, ella agarrada a la silla, jadeaba y gemía y fue ella quien impuso el ritmo, que por cierto fue de menos a más, llegando incluso en alguna oportunidad a hacerme perder el equilibrio, me inclinaba sobre ella, pasaba mi mano por sus tetas, se las pellizcaba, las masajeaba, la tomé de los hombros, para poder empujar con más fuerza mis embestidas, ya habiéndose corrido un par de veces, me pedía a gritos que le llenara su hoyito con mis jugos, que le llenara las entrañas, tanto me excitó su petición que al instante me corrí, tanto semen expulsé en sus intestinos, que en las siguientes bombeadas, saltaba hacia afuera parte de mis jugos, nos quedamos un rato en esa posición, mis piernas temblaban producto del esfuerzo, mi tía contraía su esfínter, para según me dijo, no quedara una gota dentro de mi pene, ella lo quería todo.

Nos vestimos y me dijo que no iba a tolerar que mi tío me increpara nunca más y que si lo hacía, lo corría de la casa.

De ahí en adelante tanto mi tía como mi prima, se esmeraban en atenderme, prácticamente me atendían como un rey, pasaron varios días en que mis encuentros con las dos no pasaban de algunos besos o tocaditas al paso, hasta que un día mi tío tuvo que viajar a la capital, por unos problemas legales.

En otro relato les cuento lo que pasó de ahí en adelante, lo cierto es que ese verano fue inolvidable.

Negronegris.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

3 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *