La noche que fui putita de nuevo

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Dejé de oponer resistencia. Quise verle la cara y prender la luz, pero no me dejó. Me llevó aprisionado hasta el sofá y me dejó a culo descubierto con una ansiedad que me hacía saltar el corazón. Me clavó la verga. Me hizo gritar. Me di cuenta de que era cierto: su verga era inconfundible. Por fin, era la putita sometida y lujuriosa que quería.

De nuevo, me reúno virtualmente con Uds., mis fieles amigos, que me siguen en mis relatos de sexualidad gay. Creo que estamos conformando un grupo que crece y se afirma en sus valores y principios.  No hay sexualidad buena o mala, de acuerdo con la orientación, sólo hay sexualidad humana que quiere expresarse libremente, sin prejuicios ni nada que conduzca a discriminar a otros u otras.

He estado un poco preocupado por mi maestro. Hace varias semanas que no sale de su identidad femenina y me hace cogerlo de distintas maneras, pero siempre adoptando el rol pasivo, sumiso. Echo de menos su vitalidad y energía que me cogía y me hacía experimentar la fuerza de su verga. Aunque no carece de erecciones firmes y duras, me ha dicho que quiere ser usado como mujer, que se cansó de ser siempre dominante y llevar las riendas, que ahora quiere ser dominado, sometido, sentirse puta, etc.

Yo lo amo y hago cualquier cosa por él. De hecho lo he follado con la misma energía que él ponía en mí. Le he dado de la medicina que me enseñó. Lo he follado con erecciones que casi me hacen reventar la verga. Le he llenado el culo de leche y se lo he mamado después y le he dado a probar su propio semen…

Está feliz y no quiere cambiar de rol. Se viste con flores en su trenza o simplemente sus cabellos al viento, cayendo sobre su túnica alba y sin nada más… Ayer sin ir más lejos, se probó una de mis tangas: la negra, la que más me excita… Y tuvo orgasmos intensos y femeninos. Me gritaba que lo follara fuerte, que le diera palmadas en las nalgas…

Pues bien Uds. comprenderán que necesito probar a un hombre fuerte y dominante como lo era mi maestro. Dentro de mi desesperación por una cogida con un macho, recordé al que me cogió en el baño del bar gay y que no me dejó verle la cara. De sólo pensar en él, me he dado unas masturbadas con todos los juguetes de que dispongo, incluso el bate ya se me ha hecho rutina. Lo que quiero es una cogida de película con ese ejemplar que me dejó intrigado y caliente.

Me fui a ver a Gerardo y Martin, para que me dieran pistas sobre el desconocido. No pude sacar nada en limpio, simplemente, esa noche hubo mucho movimiento y los dos estuvieron muy atareados atendiendo oleadas de clientes. Me decidí a esperar que ocurriera el milagro.

Los muchachos me invitaron a conocer la última novedad del local. Me dijeron que cerrara los ojos y me condujeron a una sala muy discreta que se abría con una clave que sólo los más íntimos conocerían. Cuando los abrí, me encontré con un WC cuyas paredes disponían de un orificio en el que sólo podía verse el culo o el pene de quien estuviera al otro lado.

El lugar en que estaría el follado o el follador, estaba herméticamente cerrado y el orificio sólo dejaba ver el lugar elegido: el culo o la verga. Mi excitación creció a un límite insospechado. Martin me dijo:

“Ya ves, amigo, que podrás inaugurar esta sección del bar. Está para que seas el primero. Te mandaremos los mejores y más potentes machos para que te des el gusto”.

Les agradecí a ambos y me preparé a iniciarme en ese rubro de las cogidas anónimas. No tuve que esperar mucho, para que el primer ejemplar llegara al ligar. Lo sentí orinar y su chorro me estremeció y me dejó en estado pre orgásmico. Sentía palpitar mi culo como si tuviera el corazón en ese lugar.

–“A ver, qué tenemos acá. Un hermoso culo deseoso de probar verga”.  Sentí que dijo el desconocido.

Un segundo después tenía una pija en la puerta de mi ano intentando entrar. Mi culo, a pesar de ser muy complaciente y dispuesto, por ser la primera de la noche, aún no estaba en condiciones de dilatarse lo suficiente, de modo que la primera penetración me hizo ver estrellas. Aunque el dolor me recompensó de mis deseos de ser usado, dominado por los machos.

Me sentí una sucia puta que se daba a cualquiera y que se ofrecía por nada, sólo por el placer de ser follado a la saciedad. El extraño no usaba condón, así que un sobresalto me hizo dudar del placer alcanzado, pero después me di cuenta de que sólo podían ingresar aquellos de confianza y que jamás Gerardo y Martin me jugarían una mala pasada. Seguro que el follador estaba libre de sospecha.

Su descarga de semen caliente y abundante me llenó el culo y me chorreó por las piernas. Un placer voluptuoso me ocurre cuando siento la humedad de semen correr por mis piernas…

Estuve en esa condición, tres noches, tuve alrededor de 20 encuentros por noche, si bien me comí las más exquisitas vergas que frecuentaban el bar gay, ninguna era la que yo quería. Bien me había dicho mi follador, que lo reconocería por su verga.

La tercera noche, después de haber cambiado al agujero de las mamadas y de haber tragado más semen que en todo un año, me decidí retirarme a mi casa. Serían no más de las tres de la mañana. El bar cierra siempre a las 4:30. Me despedí de Gerardo con un beso amoroso y le pregunté por Martin. Gerardo se sonrió y me dijo: “¿Qué crees tú?” Y me hizo un guiño pícaro. “¿Está en los agujeros?” Le pregunté sorprendido.

Gerardo se rió a mandíbula batiente. Me sentí estúpido. Recordé que ellos formaban una pareja liberal que no conocía los celos así que cada uno tenía libertad para hacer lo que le viniera en gana, siempre con la complicidad del otro. Me puso una pequeña aguja en la mano y me dijo: “Disfrútala, pero con cuidado es muy potente”.

Me fui en el pequeño automóvil y llegué a los estacionamientos de mi departamento. Dejé el vehículo en la cochera y prendí la agujita, pensando en lo mucho que deseaba tener una nueva cita con el desconocido que me había follado en los baños del bar.

Subí lentamente las escaleras. Mi departamento queda en el segundo piso. Saqué las llaves y cuando abrí, en el momento de cerrar la puerta, un pie me impide hacerlo. Intenté cerrar, pero unos brazos potentes se cerraron en torno a mi cuerpo. Luché por zafarme pensando en un asalto.

De pronto, el asaltante me dio un beso en la oreja y me tranquilizó.

“No es lo que imaginas”-me dijo.

Entonces dejé de oponer resistencia. Quise verle la cara y prender la luz, pero no me dejó. Me llevó aprisionado hasta el sofá que se advertía en la penumbra y me tumbó boca abajo. Me arrancó pantalón y bóxer y me dejó a culo descubierto con una ansiedad que me hacía saltar el corazón.

Me clavó la verga. Me hizo gritar. Me di cuenta de que era cierto: su verga era inconfundible. Por fin, era la putita sometida y lujuriosa que quería ser.

Mientras gozaba, urdía un plan para conocer a mi follador, pero eso será tema de la próxima historia, si es que les parece y me dan sus comentarios.

Autor: Mauricio

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Escrito por Marqueze

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