LA NUEVA SECRETARIA

A la oficina llegó, en octubre pasado, como secretaria una chica de 19 años recién cumplidos. No es que estuviera tan buena, pero en un lugar donde trabajan así 4 hombres por cada mujer, cada nueva es como que vista con ojos de deseo. Yo soy divorciado desde hace 2 años, tengo 35 años. Desde el principio no miré a la nueva con malos ojos. Escuchaba como los demás le hacían comentarios respecto a que “estaba pasadita de libras”, no es que no estuviera así, sino que lo hacían para ver que sacaban. Lo que si tiene ella es una carita linda, un buen par de tetas (eso lo descubrí luego) y una personalidad linda y quizás un tanto inocente propias de algunas chavas de esa edad.

Como éramos los primeros en llegar, siempre nos poníamos a conversar de todo. Ella supo de mi vida y yo de la de ella, los detalles no vienen al caso. Quizás solo valga decir que tenía como 6 meses sin novio. Pues así iban las cosas, como una amistad bonita pese a la diferencia de edades. A veces íbamos a almorzar juntos. Otras, cuando su mamá no la podía llevar, yo la llevaba. No se vestía mal, aunque tampoco extravagante.

Poco a poco el tiempo pasó, y llegó la época de los convivios. Así que cuando fue el de la oficina, varios de los compañeros dijeron que nos fuéramos en mi carro. Fue una cena. Al terminar algunos ya andaban un poco entonados, así que decidimos seguir la cosa en una disco de la zona Viva. Éramos los mismos cuatro hombres y la nueva secre. Los demás se dedicaron a beber, mientras Lili (la nueva) y yo bailábamos. Así pasamos buen rato, los demás se pusieron un tanto estúpidos, y cuando empezaron a loquear, decidieron irse en taxi para sus casas. Así que nos quedamos con ella bailando, tenía permiso de llegar tarde así que no había problema.

Tomamos unas cervezas más, sin llegar a emborracharnos. Bailamos en algunos momentos abrazados, yo tenía miedo a pegármele mucho aunque ya me daban ganas, no fuera ella a pensar mal. Como tampoco soy mula ni santo, lo que si hacía era que aunque no me le pegaba completamente me aseguraba que de vez en cuando alguno de los brazos le rozaba “sin querer” las tetas, o en las vueltas le pegaba un poquitín la verga, siempre sin querer. En un momento por cuestiones de naturaleza, tuve que ir al baño a orinar. Cuando regresé, la empecé a buscar con la mirada, ella bailaba con un muchacho, más o menos de su edad. El la tenía bien pegada y se notaba su excitación. Me dediqué a envidiar al muchacho se me había adelantado a pegársele. Luego de un par de canciones ella me miró, y se despidió del chico. Fue hacia donde estaba yo y me dijo que la invitara a una cerveza.

La disco estaba buenísima así que con los empujones de los demás a veces aunque no quisiera pegarme tanto parábamos ratitos pegados. Ella podía sentir lo caliente que andaba yo. A la vez con disimulo le miraba los pezoncitos parados, que deseaban escaparse de la blusa, no llevaba brassiere, y la blusa aunque negra dejaba notar el pezón erecto. Se tomó la cerveza como si fuera un vaso de agua, luego me tomó de la mano, había empezado un merengue de moda. Ya no me preocupaba pegármele, pues me había calentado verla bailar con el chico. A ella tampoco parecía importarle ya y me abrazaba fuertemente y yo le pegaba la verga en su vagina. Allí sentí lo duritas que tenía las tetas. Luego vinieron canciones más románticas y todas las parejas estaban bailando pegadas, nosotros no éramos la excepción.

Nos hacíamos comentarios al oído sobre “lo bien que bailábamos”, yo, un poco zorro, le respiraba al oído o en el cuello cada vez que podía. Luego, ya entrada la noche, vino la música romántica. Ella me dijo que estaba un poco cansada – y pensé que hasta allí había llegado la cosa- pero me dijo que como habíamos bailado también, le gustaría seguirlo haciendo, pero que “la tenía que agarrar bien, no fuera que se cayera”. Le respondí que con todo gusto. Y empezamos

a movernos despacito a media pista. Había quienes se nos quedaban mirando y solo medio hacían comentarios. En un ratito, solo escuché como ella dio un suspiro tímido, me había empezado a respirar en el cuello. Yo seguía con lo mismo. En eso decidí probar que tanto podríamos hacer. Le pegué la boca al oído y mientras le hablaba le pasé la lengua por la oreja.

Ella solo se medio movió, sin retirarse, estaba muy excitada como para perderse de eso. A media pista empezamos a movernos un poco más de prisa que la música haciendo círculos con las caderas, movimientos que ya no eran tan de baile. Entonces le deslicé la boca por las mejillas y llegué a sus labios. Ella al principio estaba como que sorprendida –así que le dije “lo bella que era”, eso no falla en estas ocasiones – y solo sonrió. Claro que no dejaba de moverse ni se despegaba. Así que volví a insistir y entonces si tuve como respuesta un beso francés.

En un momento, ya no me importó y le toqué las nalgas. Sin dejar las manos mucho tiempo allí, no fuera que se cohibiera. Luego sentí que se estremecía más rápido – ¡se estaba viniendo! eso me excitó tanto al punto que yo también me vine. Allí, en medio de la disco, ante varios ojos curiosos. Así que, luego de que los dos acabamos, seguimos abrazados, bailando ahora si, lentamente. Luego prendieron las luces y agradecieron a todos su presencia. ¡Puta, yo también agradecía!

Como los dos andábamos con ropa negra, no se notaba la acabada. Quizá si un leve aroma, pero lo arreglé echándome un poco de cerveza en la ropa. Sinceramente, no sabia que decirle. Luego, pensé que si era evidente lo que había pasado, lo mejor era tratar de seguir. Al llegar a la puerta me la empecé a trincar. Ya con toda propiedad, en lo oscurito, le seguía metiendo mano. Sacamos el carro del parqueo, manejé dos cuadras, y en una calle oscura, volvimos a empezar a besarnos. En ese lugar, empecé a sacar las tetas de la blusa, ella me bajó la bragueta y me agarró la verga, no tenía mucha experiencia en eso, se notaba. Yo me la quería coger allí mismo, ya le tenía las 36b de fuera y se las estaba mamando.

Esos pezoncitos duros estaban teniendo la batalla que pedían a gritos un rato antes. En eso se retiró y me dijo que mejor fuéramos a otro lugar, que allí no, que se sentiría una cualquiera si lo hacíamos en el carro (vaya escrúpulos, acabábamos de prácticamente coger en medio de la disco y no quería hacerlo en el carro), así que me la llevé a mi casa. Solo guardé el carro y la metí a la sala, desde que cruzamos la puerta ya le llevaba las manos por todos lados, la pegué a la pared, le mandé a la mierda la tanga y así, contra la pared, le abrí las piernitas y lentamente me bajé a lamerle su conchita.

Estaba súper mojada de sus ricos jugos vaginales. Se vino una vez más. Luego empecé a subir lentamente y le levanté una pierna, mientras le decía que la quería, le puse el cañón en la entrada de la cuevita y… se la dejé ir, ella lanzaba un gemido de dolor y alivio a la vez. Mientras yo sentía como su vagina daba paso a una nueva experiencia. Ella medio nerviosa lo demás lo dejo a su imaginación.

Desde ese día de diciembre ya lo hemos hecho regularmente, en la oficina aunque hay quienes algo sospechan, aún nadie sabe mucho. Es una chica muy dulce y con muchos deseos de aprender… y aprende rápidamente, eso se los garantizo…

Autor: BETO33

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *