Infiel por primera vez. Una historia real y verdadera

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Soy un hombre casado de 40 años de edad y tengo una esposa que se la pasa viajando la mayor parte del tiempo (a la que nunca le había sido infiel), por lo cual estoy demasiado tiempo solo en mi apartamento: hasta que ella llega y entonces puedo dedicarme a ella completamente. Hacemos el amor desesperadamente, no perdemos el tiempo en conversaciones sobre los mucho que nos extrañábamos ¡a tirar, y mas nada!!

Nuestra vida sexual es maravillosa, y siempre estamos excitados, nos deseamos mucho; llenos de deseo. El problema es  cuando me quedo solo, porque como no tengo mujer tengo que acudir a la manuela (masturbación) o “paja”. Pero esto me quita lo cachondo lo suficientemente para sobrevivir hasta que mi esposa regrese de viaje.

Cierto día navegaba por Internet y me encontré con un sito o página para swingers (intercambio de parejas).  Pensé: “Vamos a darle una probadita y así conozco nuevas amistades.” Me registré e inmediatamente comencé a revisar y hojear los perfiles. No quise precipitarme y escribir demasiadas cosas sobre mí, si no más bien, permanecer discreto, y pasar lo más desapercibido posible.

Después de pasar como una semana esperando respuesta de algún miembro, o miembros que ya había contactado, recibí un correo de una mujer muy bonita y atractiva. Claro, porque había que incluir fotos en el perfil y ella mostraba todo lo que podía, sus encantos. No era ninguna tímida.  Este sitio  eran bastante restringido, y los mensajes  eran revisados  por los administradores antes de su aprobación,  por lo tanto debía tener mucho cuidado sobre lo que le enviaba a la chica, o lo que nos escribíamos.

Paso una semana y por fin ella me dio su dirección de correo electrónico, y comenzamos a comunicarnos por la Web. Era muy sexy, coqueta,  la forma de hablarme en los correos hacía que se me parara el huevo (la polla) inmediatamente.  Al principio no fue más que conversación erótica. Decía que quería lamerme las bolas antes de hacerme un garganta profunda; meterse bien adentro mi polla en   la boca y hacerme acabar como nunca.

Después escribía lo que deseaba que yo le hiciera; cosas como chuparle el clítoris porque a ella le encantaba mamar y que le mamaran  la cuca, y que la hiciera acabar. Así estaría bien lubricada para cuando llegara el momento de la penetración con mi polla y hacerle tener un buen orgasmo. Créanme… tantos correos como este hicieron que me masturbara mas de una vez, porque esta mujer de verdad ¡pura candela!

Estuvimos así durante una semana, chateando, y decidí por fin arriesgarme a invitarla a almorzar. Fue cuando me enteré que vivía apenas a quince minutos de donde yo trabajaba; hablé con mi jefe para quedarme mas tiempo almorzando ese día en el que concreté la cita. Le estaba echando ganas a este asunto y quedé sorprendido  cuando ella aceptó a los diez minutos de enviarle el correo. Escogimos el día y la hora sobre donde nos encontraríamos. Yo estaba hecho un manojo de nervios… esperaba a que llegara pronto aquel día tan importante para mi. Me aseguré que no fuera día de parada para mi carro.  Cuando llegó el momento esperé ansiosamente a que llegara la hora del mediodía ¡Diosss, conocer a este culito rubio!!

Me sentía como un niño en una tienda de dulces. No perdí tiempo, salí rápido de la oficina, directo al automóvil; quería pasar con ella hasta el último minuto.  Por fin encontré el restaurante y allí la vi.… sentada en la barra.

Se trataba de una tremenda rubia, sostén talla 34 DD, enormes tetas, con un vestido para clima caliente (hacía demasiado sol aquel día), transparente como si estuviera iluminado por un infrarrojo. El huevo se me paro allí mismo y no intenté ocultarlo o disimular. Quería ver cómo me recibía. Cuando vio que me acercaba se le levantó inmediatamente y me dio un gran abrazo.  ¡Diosss!!!

Me aseguré de que ella sintiera mi polla parada y la chica   no se quiso separar muy rápido, y juzgó que como  mi huevo estaba bien erecto  a través del pantalón, era necesario cambiar  de planes, y salió conmigo del restaurante, agarraditos de la mano, luego de pedirle disculpas al jefe de mesoneros quien ya nos había apartado una mesa. ¡Diosss!!! No me importó, no tenía mucha hambre. Se montó en el carro y me dio el beso  mas grande y húmedo que me hayan facilitado en la vida!!

Su lengua se movía  por todo el interior de mi boca, daba vueltas y llegaba hasta el último rincón dejándome sin   aliento, casi sin poder respirar.  La recosté, asegurándola  contra el carro para que sintiera mi tembloroso huevo  de nuevo. Pude oír como gemía y sentí cuando sus piernas se separaron para dejar que yo presionara mis caderas mas  y mas duro.

Finalmente cedió, no aguantó mas y me pidió que la siguiera a un parque cercano o contiguo.  Afortunadamente este sitio estaba casi solo debido a  la hora del almuerzo.  Ella tenía vidrios polarizados (ahumados) en su carro mientras que el mío no.  Me hizo señas para que fuera hasta su automóvil.   Ese día estaba haciendo un calor del diablo así que ella pensó que sería mejor dejar el motor del carro prendido para que funcionara el aire acondicionado.

Parecíamos dos adolescentes calientes; ella inmediatamente se montó sobre mi en el asiento del pasajero y me metió la lengua dentro de la boca de nuevo. Le di masajes en la espalda y en su culo con mis manos mientras ella colocaba su vaporosa y caliente cuca sobre mi tembloroso huevo para sentirlo, apreciarlo bien a través del pantalón. Le levanté el vestido e inmediatamente me di cuenta que no tenía nada debajo: ¡ni pantaletas! Así que le restregué la raja del culo con una mano y me di cuenta que aquellas tetas de sostén talla 34 me llamaban mucho la atención y decidí dedicármele a los encantadores pezones. Ella dejó de besarme e inmediatamente se quitó el vestido.

Dijo: “Tenemos que pasarnos al asiento trasero, en donde hay mas espacio.”

Así que nos fuimos gateando hacia atrás y allí ella comenzó a romperme las ropas, a quitármelas.   Me mamó ese  huevo, dándome una buena paliza, exactamente como lo decía en sus correos electrónicos. Lentamente me acarició el pene con las manos mientras me  lamía y  mamaba las bolas que se introducía dentro de su boca.   Le quité el resto de la ropa y  acosté lo mas cómodamente posible.

¡Dios mío! Sentí como si me encontraba en el cielo, en el paraíso.  Cuando me salió el primer semen ella se lo tragó luego de apretarme el huevo. Por fin se metió mi polla dentro de la boca y comencé a sentir solo su húmedo aliento de su boca en mi huevo. Aquello fue suficiente para que yo explotara  con gran cantidad de semen caliente dentro de su boca. Ella se tragó hasta la última gota cuando sorprendida miraba como ya  toda mi leche se vaciaba en su boca.

Ella sonrió y se montó a horcajadas sobre mi. “Cógeme, metedme la lengua, coño!!”

Se puso a moler, a menear y restregar su cuca sobre mi cara, tan fuertemente que pensé  me iba a desmayar. La agarré por la cintura, por las caderas y la hice mover hacia atrás para  que me diera oportunidad de respirar  por la nariz que me la tenía aprisionada contra las nalgas.

Al punto le metí la lengua dentro de la cuca lo mas que pude. Yo sacudía la cabeza hacia los lados y mi labio superior le restregaba el protuberante, sobresaliente clítoris. Todo lo que se oía era:

“Ay, Ay, Ay, Diosss.  Así, así, cógeme, sígueme cogiendo así, hay, méteme la lengua dentro de la cuca, qué ricooo!!!… COÑO!! NO JODA!  Lo siento sabroso, rico, divino, así, así, dame, dame massss!!!

Sus rodillas se apretaron alrededor de mi cabeza y supe que estaba sucumbiendo a su orgasmo. Sus jugos fluían dentro de mi boca en gran cantidad y me los tragué todos, cada onza de aquel dulce néctar.

Después que el cuerpo de aquella diosa dejó de sacudírsele, me fui hacia abajo y lamí todos los jugos, la babita que le quedó en los labios vaginales:

“¡Te encanta ese saborcito de mi cuca, parece!”

No pude evitar decirle que si. Ella notó inmediatamente que ya no se me paraba el huevo y con premura  se fue hasta abajo y se lo metió dentro de la boca, presionándolo entre sus labios, lista para mamárselo de nuevo.  Por supuesto, ya erecto se la pude meter   dentro de su goteante y chorreante cuca con gran facilidad.  Ella bajó la  cadera lentamente hasta que se le metió hasta la última pulgada del huevo dentro de sus pliegues vaginales. Comenzó a moverse, moliendo y restregando  su cuca contra mi huevo.

Con cada movimiento que ella hacía, se aseguraba de que a su clítoris le estaban prestando la atención que merecía, que era bien restregado, frotado y rozado. Se inclinó hacia delante para que yo le chupara los pezones, le pellizqué y apreté  uno, mientras le mordisqueaba  el otro. La rubia no perdía tiempo, se zampó la polla dentro de aquella hedionda cuca. Con las mordidas que le daba en los pezones no le tomó mucho tiempo en llegar a  otro orgasmo.

Sentí como sus jugos corrían desde la cuchara hasta mis bolas: algo agradable, fantástico. La rubia lentamente quitó de encima   de mi y  se colocó entre los dos asientos delanteros.   Me encaramé  detrás de ella para hundirle el pene bien adentro de la cuca,  apretándole  los pezones y bombeándole aquella torta como si fuera la última follada de mi vida.

Esta dama tuvo que colocar las manos sobre el tablero del carro  para sostenerse no caer dentro de la separación o grieta entro los dos asientos y así seguí martillándole la rasurada panocha. Tomé algo del líquido que salía de la cuca y mojaba   mis bolas y con esto le enjaboné para  el hueco del culo y le restregué. Quería cogerla bien, darle duro por allí, ya lo saboreaba (ella me dio una pista en uno de sus correos, sobre la forma de fallármela el culito), así que se lo saqué de la cuca, le abrí las nalgas con mis manos y lentamente le metí pulgada tras pulgada de mi pene: la punta iba entrando lentamente.

Todo lo que se oía entre metida y metida eran unos gemidos constantes:

“Así, así, dale lentamente, métemelo así, ay que rico, dale, dale que me está entrando, cógeme rico!!”

Pensé que ya se había relajado cuando le abrí el apretado ano con la punta del huevo. Tiraba delicioso con ese culo apretado. Después de haberle metido la mitad  dentro del culo comencé a moverme hacia delante y hacia tras metiéndoselo lentamente, centímetro a centímetro, un poquitico cada vez mas adentro cada vez que le daba. Por fin toda mi polla estuvo bien adentro del culo.

¡Qué vaina tan deliciosa, aquel apretado culo se sentía fantástico, delicioso! Porque nunca en mi vida me había cogido a una mujer por el trasero y esto se sentía como si uno estuviera en el cielo, en el paraíso, en la gloria. Ella comenzó a moverse hacia atrás haciendo que yo le metiera el huevo lo mas adentro posible. Por fin encontramos el ritmo adecuado cuando ella extendió las manos entre sus piernas y comenzó a acariciarse el clítoris con los dedos mientras yo le bombeaba el culo.

Estaba demasiado apretada por lo que el estímulo era demasiado grande y no me iba a tomar demasiado tiempo en acabarle, depositarle toda la leche adentro. Sentí cuando salió mi   leche fermentada desde adentro de mis bolas, como aumentaba la temperatura del  semen haciendo que el pene se me calentara antes de explotar dentro de aquel delicioso y enorme culo de la rubia: ambos acabamos al mismo tiempo.

Se tambaleaba por el siguiente orgasmo. Le separé las nalgas y comencé a meterle la lengua por le culito lamiéndole y chupando mi propio semen que brotaba por el apretado hueco  y otras vez acariciándole el clítoris yo mismo.

Por fin se recuperó y se sentó  en mis piernas para ver qué había pasado… y otra vez se tragó el semen de mi boca con otro beso caliente. Intenté vestirme mientras ella se acostaba a descansar en el asiento trasero. Yo sentía un hormigueo  por este tremendo almuerzo sexual.

Diossss! Que hambre!!!!  Pidió que le diera otro almuerzo y   cortésmente accedí…

Nos vemos…

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