LA PSICOLOGA

Alejandra era una Psicóloga recién recibida. Tenía unos 23 años y hacía dos que había terminado la facultad. Pese a ser una flamante graduada, dada la buena posición económica de su familiar y los ahorros que había juntado desde su niñez, pudo enseguida de graduada, instalar su propio consultorio. El mismo estaba en una zona casi céntrica de Buenos Aires, en Palermo.

Alejandra iba a trabajar todos los días y siempre pasaba por el kiosco antes de subir a su oficina. Todos los vecinos del consultorio, la tenían bien vista, ya que los ajustaditos trajes que usaba difícilmente podían pasar inadvertidos para cualquier hombre heterosexual. Por lo general eran de colores oscuros o tranquilos (pasteles), pero las camisas blancas, que usaba a veces insinuaban, a veces dejaban entrever y a veces mostraban algo de sus generosos pechos. Por otro lado las faldas que usaba eran más bien cortas y muy, pero muy ajustadas. Esto le marcaba bien la bombacha y hacía que todos aquellos que se imaginaran el tercer componente, su vagina, la imaginaran deliciosa. Y así era.

Además Alejandra siempre estaba de buen humor y era muy simpática, con lo cuál esto aumentaba las fantasías de los hombres, que por lo general no saben diferenciar cuando una mujer está siendo amable, de cuando quiere algo más con ellos.

Luego de dos años de ejercicio de profesión, Alejandra vio muchos casos y aprendió también mucho, pero nunca había tenido un paciente “especial”. Hasta que apareció el primero. El paciente no era síndrome de Down, simplemente tenía un problema de aprendizaje y de relacionarse socialmente. Las patologías que presentaba no encuadraban en nada de lo conocido y Alejandra no podía encontrarle solución al problema. No podía curar al paciente.

Luego de varios meses de tratamiento, y haber consultado incluso, a otros psicólogos y médicos de más experiencia y años de carrera que ella, la cabeza le hizo clic y entendió cuál era la solución. Entendió como habría de curar a Federico, su “paciente especial” (de 18 años).

Como todos los martes a las 17 hs., Federico fue traído por su madre al consultorio. Pero esta vez el tratamiento iba a ser muy distinto. La sesión Alejandra la inició con algunos juegos didácticos, para que el paciente se distendiera, entrara en confianza con el profesional. Hizo todo tal cuál le habían enseñado en la facultad, hasta el momento de probar su nuevo método. Se paró de su silla y fue caminando hasta al lado de Federico. Ahí continuando con el juego al que estaban jugando le dijo: “C”. El juego consistía en: por turnos, uno de los dos decía una letra y el otro tomada el primer objeto cuyo nombre comenzara con esa letra. Instintivamente Federico llevó sus dos manos al Culo de Alejandra en menos de un segundo. Alejandra se quedó mirándolo fijamente, analizándolo, sacando conclusiones.

Federico, vaya a saber uno si por susto o por qué motivo, parecía que se hubiera quedado inmóvil. Sus manos permanecían en el lindo culo de la psicóloga. Alejandra prosiguió su idea de “tratamiento especial” para un “paciente especial”. “Hace lo primero que te venga a la mente” le dijo, y esto fue para Federico subirle la falda, dejando su culo con tanga al aire. Otra profesional hubiera terminado todo ahí mismo, pero Julieta estaba dispuesta a llegar hasta el fin, a hacer lo que hiciera falta para curar a su paciente. No iba a aceptar un fracaso. Alejandra le volvió a decir: “Hace lo primero que te venga a la mente” una y otra vez luego de cada acción de Fede. Lo primero que hizo Fede luego de que Alejandra quedara en tanga, fue tocarle el culo bien tocado, masajearlo, apretarlo. La vez siguiente que Alejandra le dio la misma instrucción, jugó con su tanga, lo tomó entre sus dedos, incluso lo corrió de su culo, dejando su ano al aire.

Desde el punto de vista profesional, desconcertaba a Alejandra, el cero interés por sus tetas de Federico, cuando los hombres “normales” era lo primero que le miraban (incluso antes de saludarla).

Alejandra por su propia cuenta, se sacó el saco del trajecito quedando en camisa blanca. Cami

sa escotada de la que sus senos, empujaban por salir. Se desprendió muy despacio los dos botones superiores de la camisa y los pechos salieron a escena. Federico los miró maravillado. E inconscientemente metió su cara en ellos y empezó a chuparlos como un recién nacido. Ahora sí, se ajustaba un poco más a las reacciones normales de los hombres. Alejandra lo dejó bucear entre sus tetas. El chupaba, lamía, a veces mordía, sin parar. Con cuidado, para no desconcentrarlo y cortar el efecto de catarsis que se estaba generando en Federico, Ale se desabrochó el corpiño y lo fue deslizando para sacárselo quedando completamente con sus pechos al aire. Las manos de Fede, seguían firmes en su culo. Que ahora tenía la tanga corrida.

Ale tomó las dos manos de Fede, las sacó de su culo y las puso en sus pechos. Fede comenzó a apretar muy fuerte, con una fuerza propia de quiénes no tienen todas sus facultades mentales al 100 % y esto parecía excitar a Alejandra. Pero en realidad lo que ella quería era que el retirara un poco las manos de su culo para poder sacarse la falda que tenía en la cintura. Luego de un largo rato, en que Fede estuvo apretando y chupando. Lamiendo y toqueteando, Alejandra se apartó hacia atrás semi-desnuda, en tanguita solamente. Fede en cuanto a ropa, estaba todo vestido. El tratamiento en lo físico, terminaba ahí. Luego lo que seguía y Alejandra tenía programado era hablar con Fede acerca de la experiencia vivida. Pero las cosas pronto se saldrían de control.

Ella dijo: “Bueno Fede, vamos a hablar de lo sucedido”. Ella quería reflexionar con él. Pero que siguiera teniendo presente la situación, por eso se quedó en su tanguita rosa. “¿Qué sentiste?” le preguntó. Fede no contestó nada. Se paró, se le acercó, tomó su tanga con sus dos manos y la rompió de un tirón dejándola a Alejandra completamente desnuda en su consultorio. Fede, se agachó y comenzó a lamerle la vagina. Alejandra intentó resistirse primero, pero luego al ver como esa lengua, inexperta, entraba con potencia y alocadamente por toda su vagina, no pudo evitar dejarse llevar y correrse al rato. La situación se le había ido de las manos. Se sentía algo más puta, y menos profesional.

Cuando se dispuso a frenar el sexo, y continuar con la segunda parte de el tratamiento (la reflexión) Federico que estaba fuera de sí, como loco, la dio vuelta, se bajó rápidamente sus pantalones y demás y tomándola de la cintura le metió su pija en el culo. Ambos estaban parados y Alejandra que vio que ya no podría parar esto tampoco, puso sus manos en la mesa y se dispuso a gozar. Se imaginaba algo de la fuerza y potencia que tendría Federico y no se equivocó. Federico la penetró por el culo como un loco. Empujando, penetrándola muy rápidamente, sin parar. Era como una máquina. Alejandra empezó a gemir, a gritar, a pegar alaridos de placer.

Y Fede seguía, como un robot. Pum, pum, pum. Lo cuál despertaba en Alejandra “Aaaaa, Aaaaa, Aaaaaa”. Ale gozaba como Fede le penetraba su culito este que ya estaba más “suelto” la tomaba de la cintura y cada tanto le pegaba una palmadita en la cola, o bien le ponía manos en las tetas. Alejandra estaba muy caliente y Fede no paraba un minuto. Además su verga era grande y la metía bien hasta el fondo. Alejandra la sentía entrar bien por su culito. Hasta que Fede que no dominaba bien su cuerpo en general le acabó dentro. Tenía tanta leche, que luego sacó su miembro y lo que continuaba saliendo como eyaculación lo echó en el culo de Alejandra.

El tratamiento había cambiado de rumbo y tomado uno muy diferente. Mientras descansaban, Alejandra abrió un caro champagne que tenía guardado para alguna ocasión especial y ambos se tiraron en unos almohadones que Alejandra tenía ahí para hacer juegos cuando trataba a pacientes mucho más chicos. Los dos estaban acostados, tomando champagne. Alejandra no lo podía creer al tiempo que pensaba, son gajes del oficio. Fede cada tanto le hacía una caricia en el culo, del cuál había quedado enamorado y Alejandra se reía. Cuando Fede se “recuperó” un poco, Alejandra lo masturbó con sus manos, para aplacar un poco su instinto sexual y poder ella descansar un rato más.

Luego de cómo una hora, ambos se recuperaron plenamente y tenían ganas de volver a la acción por más. Fede quedó recostado so

bre los almohadones y Alejandra se sentó encima de su pija. Sintiéndola entrar bien hasta el fondo. Subía y bajaba. Subía y bajaba. Una y otra vez. Fede le tocaba y acariciaba el culo y cada tanto Alejandra bajaba su torso para que Fede tuviera que poner su cara sí o sí entre sus tetas. Ale seguía bajando y subiendo. Recibiendo pija en cada momento. Le encantaba la pureza con la que Fede la tocaba. Le encantaba su torpeza, que era también dulzura, y seguía subiendo y bajando para clavarse la verga de Fede hasta el fondo. Cuando Fede se vino en semen dentro de ella, justo sonó el timbre. Eran sus padres que lo venían a buscar. Ambos se vistieron muy rápido, se saludaron y Fede se fue. Alejandra saludó muy sonriente a los padres de este.

Sus padres no podían creerlo. Luego de varios meses de tratamiento, su hijo se había curado, era normal. Nunca dejaron de agradecerle a Alejandra lo que hizo por su hijo.

Me encantaría recibir sus “calientes” comentarios.

Autor: Juli julieta_s24 (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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