La puta de mi tía Rosario

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Empezó a metérsela por la vagina, tenía los ojos desorbitados del gusto, me dijo, por favor métemelo por atrás, nunca antes lo había hecho por el culo, me puse detrás, ella abrió sus nalgas mostrándome el ano, puse la punta de mi verga y ella me lubricó con sus propios jugos, se la metí poco a poco, sintiendo un placer increíble, ese culo me apretaba el miembro de manera casi dolorosa.

Lo que te cuento a continuación, es real, me sucedió cuando tenía 20 años, a raíz de la muerte de uno de mis hermanos conocí a una tía que no conocía, dicha tía, se llamaba Rosario, contaba entonces con 35 años, es blanca, con el pelo negro, delgada, con unos senos pequeños pero extremadamente duros y puntiagudos, un trasero fuerte y una conchita exuberante y rica.

Cuando sucedió esto yo estaba en casa de ella por primera vez, ya que nunca había ido a donde ella, su esposo estaba dormido y un niño que tenía también, estábamos ambos viendo la televisión en la sala, pasamos sin querer un canal pornográfico y nos detuvimos por un segundo, en eso, mi pene comenzó a levantarse, yo solo tenía puesto unas licras de hacer ejercicio por lo que se notaba bastante.

En eso mi tía se sienta a mi lado y me pregunta que como me siento, le dijo que bien, y me dice mirándome el pene, que me veo muy bien realmente, no sé cómo sucedió lo demás, me recosté en sus piernas y tan pronto lo hice comencé a sobarle los pechos sin querer al principio, luego con más intención, hasta que ella me preguntó, ¿sabes lo que estás haciendo?, yo le respondí, claro, entonces se transformó totalmente, me besó en la boca y al mismo tiempo me agarró el pene.

Yo no podía creerlo, y tímidamente acerqué mi mano a sus pechos, ella salvajemente, se sacó la blusa, no llevaba sujetador y me metió un pecho en la boca, estaba calentísimo y rico, ella a su vez comenzó a masturbarme desde la base hasta la punta del pene, me estaba volviendo loco.

Entonces me dijo que subiéramos al cuarto de atrás, una vez allí, se desnudó por completo, y me dio de mamar, ella empezó a mamarme la verga, me pasaba la lengua desde los granos hasta la punta y saboreaba en esta última, estaba a mil, casi por venirme, (como ahora) entonces ella se abrió de patas, se veía esa conchita, hermosa y rosada, recién afeitada, ardiente y jugosa.

Empecé a mamárselo como un loco y ella seguía mamándomelo a mí en un genial sesentaynueve, no aguanté más y me vine en su boca, ella siguió pajeando mi verga y se echó toda mi leche caliente en la cara y los senos, entonces volvió a mamármela y se tragó las últimas gotas, inmediatamente se paró, yo seguía chupándole el clítoris tan sabroso y caliente, de pronto ella se quitó y buscó algo, al principio no sabía lo que era, luego vi, era una botella de cerveza grande.

Empezó a metérsela por la vagina, casi hasta la mitad, tenía los ojos desorbitados del gusto, y me dijo, por favor, métemelo por atrás, nunca antes lo había hecho por el culo, pero me paré y me puse tras sus nalgas, ella las abrió de par en par mostrándome el ano, empecé a poner la punta de mi verga y ella me lubricó con sus propios jugos, se la metí poco a poco, sintiendo un placer increíble, ese culo me apretaba el miembro de manera casi dolorosa, pero que rico se sentía.

Luego de un buen rato, se sacó la botella y me dijo que ahora por la conchita, para que imaginarse, le di como para que se acuerde de mí toda su vida de puta, me encantaba el roce con sus pechos y su culo abierto completamente, su cara y sus gestos de placer me volvían loco, no quería acabar nunca, entraba ese nabo en su cueva, lento, después duro, otra vez lento y de nuevo durísimo hasta que ya no pude más, y esparcí todo mi semen por su pecho y abdomen, ella quedó satisfecha y yo enamorado de su culo y esa concha tan ardiente…

Autor: Snake.

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Escrito por Marqueze

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