La rubia lujuriosa en la bañera

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Era mi segundo día trabajando en aquella casa lujosa. El señor, como siempre, se había ido y la niña apenas la conocía debido a que sus clases empezaban a las 7:00 de la mañana y mi hora de entrada era media hora después. Aún no podía creer lo que me había pasado. Era casi igual a como en un vídeo porno, donde todo es actuado y lejos de la realidad. Pero no en mi caso, aunque debo confesar que aquel encuentro había sido muy rápido. Después de que la señora me hubiera hecho beber sus fluidos, me agradeció, después subió a su cuarto y minutos más tarde bajó vestida formalmente y luego se fue en su camioneta… Ni siquiera un adiós me dijo.

La casa estaba hecha un desastre. Había un montón de trastes sucios y varias latas de refresco tiradas por toda la cocina. En la mesa de piedra había envolturas de de comida y migajas de pan. Empecé con lo más simple, que era barrer las latas y las migajas de pan. Luego seguí con la mesa y finalmente comencé con los trastes sucios. Debo decir que mis erecciones no habían parado desde que entré a la casa. De sólo recordar la forma en que la señora me había chupado la verga y yo su vagina me hacía estar incómodo. No había rastro de la señora Anabelia por ninguna parte. Inmediatamente creí que, como la vez pasada, se había ido a hacer ejercicio e iba a volver húmeda nuevamente. Pasadas las las 9:00 de la mañana se escuchó cómo abrían la puerta. Mi corazón nuevamente latió tanto que hasta lo sentía en mi cabeza y mi pene nuevamente se puso erecto. Era la señora Anabelia vestida con unas mallas negras muy ajustadas y una camisa muy ligera de tirantes. Su sudor brillaba con la luz del sol, de su abdomen escurrían gotas de sudor al igual que de su cuello. Justo cuando cruzó la entrada y me vio recogiendo las sillones me sonrió y me dijo : “Buenos días.” Yo le respondí de la misma manera y un poco apenado por lo que había pasado un día antes. En eso levantó sus brazos para recogerse el cabello con un listón. Sus axilas bien depiladas igual brillaban. No me dijo nada más y se fue a su habitación. Estaba por terminar de lavar la montaña de trastes sucios y de tirar todas sobras de la cena, cuando de repente me llama. No me fue difícil escucharla ya que en la casa prevalecía un silencio profundo. Subí tan rápido como pude hasta su habitación. No estaba sino en el cuarto de baño. Toqué la puerta y con una voz chillona me dijo: “Adelante”. Entré. La ropa de la señora estaba en un rincón cerca del inodoro. Ella estaba metida en la bañera. Estaba con las piernas totalmente abiertas y con las manos se tocaba los pechos. Vaya que tenía una vagina muy velluda, incluso los pelos le invadían un poco el ano. Lo que me excitó fue que ella en ningún momento se avergonzó de que la viera desnuda, al contrario, le gustaba. “Sabes, soy una persona muy inútil, tanto que ni siquiera me sé rasurar la vagina. ¿Tú podrías hacerlo por mí? Mi esposo nunca me la ha rasurado, y el muy idiota no sabe ni cómo agarrar un rastrillo. Anda, ¿sí me ayudas?“. En eso me extendió el rastrillo y la crema para depilar. Me dijo que me desnudara y que entrara con ella en la bañera, y  así lo hice. Poco a poco empecé a embarrarle la crema para depilar en su pubis. Sus vellos no eran muy largos pero sí muy abundantes. No voy a negar que también aprovechaba de para meterle mis dedos. Antes de darle la primera pasada con el rastrillo me dijo: “Espera, si vas a depilarme quiero que me hagas algo que me excite. No me depiles en la totalidad porque el vello me tarda mucho en salir”. Si el vello le tardaba tanto en salir, ¿entonces cuánto tiempo llevaba sin depilarse? Esa pregunta hizo que mi pene quisiera explotar de excitación. Como sea. Empecé a darle pasadas suaves en sentido contrario de los vellos, esto para que la piel no se sintiera áspera o picara en caso de que tuviera que mamársela de nuevo. Ya sabía que figura le haría. Le iba a dejar un triángulo equilátero invertido, como si fuera una flecha apuntando hacia su vagina. ¿Por qué un triángulo? Bueno, eso fue debido a que mi actriz porno favorita, Lilith Lust, tiene uno igual, sólo que el de ella me parece que está tatuado. Seguí y seguí con sumo cuidado y paciencia para no cortarla, como si fueran las alas de una mariposa. Ella no dejaba de ver con lujo de detalle cómo lo hacía. A momentos gemía y hacía gestos de impresión. Continué con sus ingles y luego finalmente con su ano,el cual no estaba muy velludo. Dentro de la bañera los pelos de la señor flotaban y algunos se me pegaban en el cuerpo. Cuando terminé le quité la crema restante con el agua de la bañera y así ella pudiera ver mi obra de arte. “¡Guau! ¡Eres todo un artista! Nunca me habían rasurado así. Me encanta la forma que le diste”.  Le sonreí y en eso comenzó a acercarse y envolverme con su piernas. Mi verga por primera vez tocó su vagina. Trataba de meterla pero ella no me dejaba hacerlo. “Tranquilo, todo a su tiempo”, me dijo al ver que estaba desesperado por querer penetrarla. Me abrazó y comenzó a besarme con pasión. Su lengua inmediatamente encontró la mía y juntas bailaron y se embistieron mientras que nuestros labios se comían. Fue en ese momento que ella agarró mi pene debajo del agua y empezó a introducirlo en su panocha. Justo cuando mi pene entró sentí un vació en el estómago, como si me hubieran robado el aire del mundo entero. La cabeza me empezó a palpitar al igual que el corazón…, y así, comencé a cogérmela. Era muy buena brincando en mi verga. Su vagina estaba muy caliente por dentro y mi pene se deslizaba con mucha facilidad de adentro hacia afuera. Mientras la señora brincaba yo le apretaba los pechos y se los movía a todas direcciones, se los amasaba como si fuera masa de pizza y apretaba los pezones con el dedo pulgar y el índice. Sus brincos eran demasiado violentos, tanto que mi pene se salía de su vagina, pero ella, muy amablemente, lo agarraba y lo volvía a meter. Creí que jamás me soltaría. Sus piernas me envolvían tal y como una serpiente y sus brazos estaban bien sujeto a mi cuello. Cuando nuestros pubis chocaban sentía sus vellos en forma de triángulo chocando con los míos. No soy muy dado a rasurarme pero de vez en cuando lo hago para no sentirme bien. Anabelia brincaba y brincaba, parecía poseída por un espíritu de lujuria muy poderoso. Gemía a gritos y se frotaba el clítoris con tanta fuerza que incluso se orinaba. Yo no podía decir lo contrario. En ese momento olvidé quién era o lo que hacía en esa casa. La verdad nada me importaba más que coger con la puta rubia. Mi pene se preparó, la excitación que me controlaba estaba a punto de liberarse… y así fue como mi semen chorreó todo el interior de mi querida señora. Eyaculé y eyaculé, tanto que hasta me dio un poco de miedo debido a que nunca lo había hecho con esa potencia ni cuando me masturbaba viendo vídeos de Lilith Lust o de Puma Swede. Anabelia seguía brincando en mi verga, ahora con más calma. Me dio un beso en la boca y con una cara de pervertida me dio un “gracias”. Por nada, le respondí; ni siquiera sabía por qué me agradecía. Una vez terminando, ella sólo se quedó con mi pene dentro y no me soltaba ni liberaba mi torso con sus piernas; Yo sólo seguía sin quitar mis dedos de su vagina y de su triángulo de vello púbico.

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  1. Gemía a gritos y se frotaba el clítoris con tanta fuerza que incluso se orinaba. Yo no podía decir lo contrario. En ese momento olvidé quién era o lo que hacía en esa casa. La verdad nada me importaba más que coger con la puta rubia. Mi pene se preparó, la excitación que me controlaba estaba a punto de liberarse… y así fue como mi semen chorreó todo el interior de mi querida señora. Eyaculé y eyaculé, tanto que hasta me dio un poco de miedo debido a que nunca lo había hecho con esa potencia ni cuando me masturbaba viendo vídeos de Lilith Lust o de Puma Swede. Anabelia seguía brincando en mi verga, ahora con más calma. Me dio un beso en la boca y con una cara de pervertida me dio un “gracias”. Por nada, le respondí; ni siquiera

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