LA SEÑORA INSATISFECHA

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Circulaba un día con mi coche por la Gran Vía de Barcelona en dirección a la autopista, había estado con unos amigos en su casa, venía contento y satisfecho. Todavía notaba el cosquilleo típico entre las piernas después de una buena sesión sexual.

Me paré en un semáforo, a mi altura quedó un coche de la misma marca y color que el mío, la señora que acompañaba al conductor se quedó mirando, yo disimuladamente me pasé la lengua por los labios, ella siguió manteniendo la mirada, me mantuve a la altura de su coche y en el siguiente semáforo yo repetí la acción, y así sucesivamente hasta entrar en la autopista.

En esta me mantuve cerca del coche, adelantaba y me quedaba rezagado con discreción, la señora parecía seguir mi juego, me observaba pero no hacía ningún gesto extraño.

Al salir de la autopista les seguí con disimulo, y aparqué cerca de donde habían aparcado ellos, me percaté que salieron del coche y se dirigieron hacía donde yo estaba todavía dentro del mi coche, pero pasaron de largo, ella, sin embargo, me dirigió una mirada penetrante. Al menos sabía que vivían cerca.

Varios días después estaba comprando en un supermercado, era muy temprano sobre las 9 horas, estaba casi vacío, al pasar por la zona de productos de limpieza me encontré cara a cara con la señora del coche, le di los buenos días y seguí comprando, al llegar a la zona de bebidas observé que ella se me acercaba.

Parecía muy enfadada, me espetó si quería algo de ella y que derecho tenía yo de perseguirla, noté, sin embargo, un tono que no era agresivo, y opté por no defenderme, le expliqué abiertamente la situación, incluido de donde venía aquella noche, ella me contestó que le daba igual, pero que no volviera a molestarla.

Unos días después volví a coincidir con la señora en el supermercado, era por la tarde, volví a saludarla y seguí comprando, al rato se me acerca y en un tono normal me dijo que le gustaría hablar conmigo. Salimos de la tienda y con los carros de la compra entramos en un bar cercano.

Por indicación de ella nos colocamos en una mesa discreta, me explicó que se encontraba mal, desde el día en que nos encontramos por primera vez en el supermercado, dormía poco por las noches y sobre todo notaba cambios bruscos de temperatura interna, yo enseguida capté el problema y le pregunté con toda la sutileza posible por las relaciones sexuales con su marido, ella se puso colorada, pero me explicó que la última relación fue hacía unos tres años, que lo habían dejado poco a poco, simplemente habían disminuido la frecuencia.

Le insistí que lo que me estaba explicando lo aclaraba todo, para una mujer como ella de unos 40 años, era totalmente antinatural no mantener relaciones sexuales, ella entonces confesó ser muy religiosa, y en consecuencia no quería actuaciones al margen del matrimonio, y su marido se negaba en redondo a acudir al médico, con el argumento que el sexo solo tiene sentido para la reproducción.

Yo entonces le propuse la opción de un consolador, y a la vista de los recelos y problemas que planteaba, me ofrecí a comprárselo y, además, guardarlo en mi casa, ella al final aceptó, abrió el carro de la compra y me dio un plátano que me sirviese de medida para comprar el consolador, le di mi número de teléfono y nos despedimos.

Al día siguiente me llamó para preguntarme como iban las gestiones, yo ya había comprado el aparato y estaba listo para ser utilizado, quedamos que vendría por la tarde.

Al entrar le enseñé la casa para que cogiese confianza, abrimos el aparato y también le di vaselina, por si le hacía falta. Se introdujo sola en la habitación, desde fuera escuchaba el ruido del aparato, pero enseguida también escuché los gemidos de la señora, estuvo poco m&aacu

te;s de una hora.

Después de pasar por el baño volvió a la sala de estar, le brillaban los ojos y se le notaba bastante satisfecha. Le había gustado y, además, no se habían pervertido sus principios.

Solía venir un par de veces por semana, como habíamos cogido confianza le pasaba antes de la sesión películas X.

Un día a media sesión se le acabó las pilas al consolador, entonces salió ella a medio vestir.

Mientras le cambiaba las pilas le planteé abiertamente la posibilidad de ayudarla directamente, ella me contestó que bueno, pero que no la tocase. Se estiró en la cama y se abrió de piernas, le fui introduciendo el aparato con suavidad, se le notaba bastante lubricada, se sacó los pechos para acariciarlos, aceleré la frecuencia y empezó a salirle jugo precursor de un sonoro orgasmo.

A partir de ese día yo participaba en todas las sesiones, además, llegué pasarle el pulgar por el clítoris, posteriormente sustituí este por la lengua.

Un día ella me observó el bulto que sobresalía del pantalón, y me pidió que le enseñase el miembro, ella no había visto ninguno, ya que con su marido lo había hecho a oscuras, en consecuencia me lo tocó para poder comparar, me dijo que el de su marido debería tener la mitad, tanto de ancho como de largo, le pedí entonces que me masturbase, y ella accedió a mi petición.

Hasta aquí ha llegado relación, espero que evolucione positivamente en el futuro, pero eso ya sería otra historia.

Autor: Buenrollo

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Escrito por Marqueze

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