La tentación del ex-novio 2

Jóvenes y Cachondas, Hetero. Ahora sabréis lo que ocurrió al salir del bar…


Salimos de ese bar sedientos el uno del otro. Nos subimos al coche, no sabíamos bien a dónde dirigirnos y creedme que eso era lo de menos.
Mientras él conducía yo no me pude contener y empecé a meterle mano, a sentir su poya dura hasta no controlar el deseo de tenerla entera en mi boca.
Él conduciendo y yo chupándole la polla sin importarme el mundo, a pesar de que los otros coches me podían ver o que fuese algo relativamente peligroso al volante.
Conseguí que se corriera en mi boca y cuando levanté la cabeza, estábamos ante la puerta de un hotel.
Subimos inmediatamente a la habitación, se fue poniendo cómodo mientras yo entré al baño para refrescarme. Sin avisar, entró en el baño, me cogió por las piernas y entramos en la ducha. El agua caía por mis pechos con mis pezones duros, la camisa blanca que llevaba dejaba ver ese sujetador negro de encaje que a él le enloquecía.
Él me apretaba contra su poya mientras teníamos la ropa puesta y el agua corría por nuestros cuerpos. Me besaba apasionadamente, me mordía, me lamía.
Se estaba impregnando de mí y yo de él. Me arrancó la camisa y empezó a quitarme la ropa ahora con una delicadeza que me pareció delirante.
Sus manos recorrían cada centímetro de mí. El agua tibia, sus manos calientes, su lengua…con tan sólo recordarlo me humedezco.
Yo quería más, estaba impaciente, quería volver a ser suya pero esta vez él decidió el ritmo. Estaba estudiando cada milímetro de mi piel y su lengua entendía todos mis deseos.
Sus manos fueron bajando y empezó a tocarme el coño que ya estaba empapado de tantas sensaciones. Comenzó con un dedito, jugueteando… Se unió la lengua…
Luego empezó con dos dedos, de nuevo con la lengua… y todo esto mirandome fijamente a los ojos. Sus ojos mostraban que tenía sed de mi. Me cogió de nuevo y salimos del baño, empapados de la ducha me tumbó en la cama. Se desnudó y abrió una botella de champán. Aproveché estos segundos para empezar a hacer yo.
Lo recorrí con mi lengua, nos besabamos, lo pajeaba. Me encantaba oir sus gemiditos y notar como disfrutaba.
Entonces me tumbó en la cama y empezó a lamerme el coño y a echar champán. Entre su maestría y las burbujas no pude evitar correrme. Estaba sumida en un mar de gemidos que no podía evitar y que a él le encantaban.
Metió su poya dentro de mi de una embestida y fue entonces cuando me agarré a él. Subí mis piernas a sus hombros y empecé a delirar con toda su poya dentro de mi.
Toda para mí, me estaba embistiendo sin cesar, ahora el ritmo volvía a ser casi de desesperación. Volvía a tener esa mirada de lobo que le vi en el bar mientras rompía mi culito.
No necesitamos hablar y me puse a cuatro patas. Era su perrita.
Entonces, me agarró fuerte del pelo y me empezó a dar fuerte, mientras me embestía jugaba de nuevo con mi culito.
No paraba de repetirme que ahora era todo suyo, que no me quedaba otra que ser su perrita. Normalmente, por mi carácter no soporto que intenten someterme pero cuando él lo hacía, sólo deseaba ser su perrita.
Empecé a notar que se correría y le dije que ahora, su perrita iba a darle más placer que nunca.
Le obligué a tumbarse, empecé a pajearlo lentamente, mientras lamía sus huevos. Luego fui subiendo con mi lengua, recorriendo su poya, saboreándola aún con mis jugos.
Jugueteaba con el glande y el enloquecía, como era su perrita, me propuse darle todo el placer que me pedía su cuerpo. Me dijo que le pusiera el coño en la boca y obedecí.
Así comenzamos un 69 repleto de gemidos… Me dijo que me pusiera de nuevo a cuatro patas, que estaba apunto de correrse, pensaba que me daría su leche en mi culito.
Obedecí dócilmente. Tenía el coño empapado y el culo también a lo que él aprovechó y la metió de sopetón. Volviéndome a recorrer un dolor intenso pero placentero.
Esa sensación que solo conocemos quienes la habemos probado, esa mezcla tan sumamente deliciosa entre sentirte poseído, deseado y desbordado de placer.
Me siguió dando hasta olvidar ese dolor. Mientras me exigía que me tocase, yo iba tocándome. Me daba su mano y yo inmediatamente la chupaba y besaba.
Cuando fue a correrse, la sacó, me agarró fuerte del pelo y me dió toda su leche en mi boca.
Cayendo por mi lengua, por mi barbilla, por mis pechos que aunque no demasiado grandes si muy juguetones… Recogía su leche y lamía su polla dejandola completamente limpia.
Esa noche caímos exhaustos. Después de la guerra del bar y el hotel, caimos rendidos, empapados el uno del otro.
Fue un reencuentro exquisito pero os repito que no acaba aquí.

¡¡Ahh!! Un pequeño adelanto, este fin de semana lo vuelvo a ver después de 3 semanas sin follar con él.
Tranquilos que os lo pienso contar TODO! ;)

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