LA VECINA DEL 5IZDA II

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Me fui directo a la disco. A eso de las 11:30 y después de varios intentos no conseguí ligue, recordé que no tenía llaves de casa de tío Carlos; y no quería dormir al raso o en el cuartel.

Pillé un taxi con la intención de pedirles la llave y continuar con la fiesta; siempre que estuviesen despiertos. Estaba de suerte había luz en la ventana de su salón, por lo que llamé al timbre.

Me contestó tía Rosa. -¿Quién es?

-Soy yo Andrés; he venido antes y no estabais, me dijo María que ibais en el fútbol.

-Te abro.

Entré en el edificio, al salir del ascensor, vi la puerta del 5ª Dcha. entornada, y entré sin llamar.

-No hagas ruido, tu tío está durmiendo la mona; salió un momento a celebrar la victoria del Celta y mira como ha venido.

Allí estaba Carlos espatarrado en el sofá del salón apestando a alcohol y con toda la pinta de haberse vomitado encima. Realmente ofrecía un cuadro patético, me fui al cuarto de los invitados, que ocupaba yo ocasionalmente, a recoger mi cámara de fotos.

Rosa me vio llegar de nuevo pero no dijo nada, ni tampoco cuando comencé ha hacer las instantáneas.

-Luego se las enseñaré a mi querida madre, para cuando presuma de su hermano el "Abogado perfecto" Los fogonazos del flash ni inmutaron a Carlos.

-¿Quieres salir con él en la foto? Me dirigió una sonrisa – No gracias, no es un recuerdo que desee tener. Lo tapó con la manta que traía entre las manos,

-Vamos a dejarlo dormir un rato y luego si se despeja algo, se muda de ropa y lo podemos acostar.

-¿Cómo has venido tan pronto? -Como no tenia llaves y sabia que este lo iba a celebrar hasta tarde, venia a pedíroslas antes de que os fueseis a cama.

-Pues ya ves que has acertado, cógela en donde siempre, en la cocina.

Me dio la sensación de que estaba distraída, como ausente. Pero, ahora sentada en el sofá en una pose perfecta, con las manos sobre el regazo, tan solo hacia desmerecer algo la escena, la desgastada bata de casa de tonos marrones. Con disimulo ajusté la distancia, regula la velocidad, compuse el encuadre y disparé. Ni se inmutó.

-¿No vas a salir? -Casi que se me han quitado las ganas de juerga y estoy algo cansado.

-Ya me contó la María, que la has ayudado con la compra, y que te has mudado en su casa.

Su marido debe haber llegado como este o peor. Desde que han abierto ese bar. ahí enfrente. Todos los fines de semana igual; se beben los vientos por esa camarera "la Rosi". Una desvergonzada que los tiene encandilados a todos con sus grandes tetas y esos escotes que no tapan nada, y esas minúsculas faldas, y aún por encima es guapa la muy puta. Perotodos los hombres del barrio están igual de obsesionados.

– El cabrón de tu tío al principio venia totalmente salido y quería que hiciéramos el amor inmediatamente; pero ahora ella los emboba, les pone una copa, una sonrisa, luego otra y otra, cuando están borrachos los echa fuera.

– ¡Venga a casa a dormir la mona! – Pues la Mari está celosa de ti. Su marido sueña con la Rosi y se debe creer que eres tú.

– Bueno, debe ser la única del barrio que no se ha enterado de lo de la Rosi.

– Así que Andresiño si necesitas mujer, en este barrio hay mucha necesitada.

Acudieron a mi mente las escenas de la tarde en casa de Mari.

– Bueno, tía no será para tanto.

– En este edificio más de una y de dos…. Este no da señales de vida. Ayúdame a llevarlo al dormitorio, que me está apestando el salón y la casa.

Entre los dos lo arrastramos hasta su cama, allí ella comenzó a desvestirlo.

-alcánzame un pijama de la coqueta, No, no en el segundo cajón.

Pero, yo ya había rebuscado entre su ropa íntima, su lencería sexy negra y transparente. Pensé para mí- que preciosidad de ropita-. Abrí el segundo cajón, le entregué un pijama de algodón y

me salí de dormitorio.

Al rato entró en el salón Rosa diciéndome,

-¿Quieres beber algo? Tu tío tiene un whisky del bueno, guardado para las ocasiones.

-¿No se enfadará? (yo sabia del cariño que le tenia a esa botella) -Que se joda, mañana le diré que la abrió él y que se la bebió, ni se acordará…Puso dos vasos anchos y los llenó hasta la mitad -Te ha manchado la bata -Ya no importa, más ropa para lavar. Sin embargo se despojó de ella.

Bajó la bata gris llevaba un picardías blanco, con un generoso escote mostraba sus grandes y hermosos senos, lechosos, apenas ocultaba sus sonrosados pezones y más abajo se transparentaban unas minúsculas braguitas negras.

-Vaya, tú también querías celebrarlo, y ese imbécil borracho como una cuba.

Rosa apuró el contenido de su vaso de un solo trago.

-Si, quería celebrarlo pero de otro modo. Carlos, aunque ahora no lo parezca, es maravilloso. Mientras unas lágrimas caían por sus mejillas.

– Pues hoy estás preciosa. Tomé de nuevo la cámara de fotos y me dispuse a retratarla así, tal cual estaba. Yo me encontraba excitadísimo, y de no tratarse de mi tía ya me hubiese abalanzado sobre ella. Pero el cariño y el apego eran superiores. Ella ante los destellos del flash no se inmutaba.

– Ya, estas fotos que son para tu famosa colección privada y que nadie ha visto.

-Tú podrías verla cuando quisieras. La tengo en el dormitorio.

-Si no me follas ya mismo, me voy así vestida a la calle en busca de un hombre que me haga pasar un rato, aunque luego me arrepienta toda la vida.

En mi interior se produjeron dos situaciones contradictorias casi a un tiempo: primero algo se desgajó en mi interior, y por un instante sentí un gran desasosiego porque se acababa de destruir el altar en el cual había colocado la imagen de tía Rosa; pero casi a un mismo tiempo una gran excitación se apoderó de mí y no pude pensar en hacer el amor con una de las mujeres que más me gustaban en todos los aspectos.

Dejé la cámara en el suelo; me aproximé a su cura y besé sus acres lágrimas, a un tiempo acariciaba el pelo de su nuca con mi mano izquierda y mi mano derecha acariciaba su hombro.

Nuestras bocas se unieron en un dulce y húmedo beso, nuestras lenguas se entrelazaron en un sin fin de movimientos. Nuestros pechos se juntaron y sentí la presión de sus, ahora erectos, pezones. Prolongamos nuestras caricias por largo tiempo.

Rosa comenzó a desabrocharme la camisa y acariciar con las yemas de sus dedos mi pecho ahora desnudo, fue descendiendo hasta llegar a mi estomago, me estaba proporcionando un placer sublime, mi erección era inmensa mi excitación infinita; su manos continuaron descendiendo hasta llegar al pantalón sobre el que sobresalía mi excitadísimo pene.

-Vaya que es esta hermosura, que asoma por aquí, me soltó el cinturón y tiró de mis pantalones y slip hacia abajo, quedando ante sus ojos mi pequeño mástil.

Sin más preámbulos engulló mi pene. Mil sensaciones se apoderaron de mí, su lengua y sus labios acariciaban, tocaban y mordisqueaban mi prepucio; de haber continuado con sus lametones y juegos me hubiese derramado en aquel mismo instante.

Le dije, -Para. Rosi se levantó, se quitó el picardías blanco y las braguitas. Mientras yo continuaba sentado en el sofá embobado admirando sus lindas tetas blancas coronadas por unos sonrosados pezones de enormes aureolas.

Hice ademán de levantarme; pero me susurró: no te muevas por favor. Se sentó a horcajadas sobre mí colocándose de forma y manera que mi pene quedaba atrapado entre sus húmedos labios vaginales, pero sin dejarme entrar en ella.

Comencé a besar su pezón derecho, pasar la lengua por su aureola y succionar su pezón. Y luego el izquierdo, pasar la lengua por su aureola y succionar de nuevo su pezón.

Mientras mi pene era restregado contra su húmeda vagina, al tiempo que Rosa balanceaba sus caderas adelante-atrás; yo notaba el roce del glande contra su clítoris y como ella se recreaba en ese instante, haciendo un ligero giro.

Un movimiento brusco de sus caderas me hizo perder el contacto con el pezón; mientras mi pene entraba de un golpe en su interior. El cosquilleo que sentí en mi pene, casi me lleva a la eyaculación; por suerte ella se detuvo unos instantes para susurra

rme al oído: que gorda la tienes. Y deleitarse en la penetración sin más.

-Me encanta estar así ensartada, me susurraba al oído, y comenzaba a mordisquearme la oreja. Con ambos manos sujeté sus nalgas y comencé a moverme y moverlas con movimientos suaves primero, pero cada vez más rápidos.

Rosa se movía también con lo cual el ritmo era frenético y en ocasiones desacompasado. Cuando sentí que la eyaculación era inevitable, aumenté mi ritmo. Los jadeos de la tía Rosa, pidiendo más y más. Descargué mi semen en su interior, pero continué moviéndome ahora mas pausadamente, para mi sorpresa mi pene apenas se había aflojado.

Yo sentía debilidad en las rodillas, pero continuábamos sin despegarnos y con ahora un mete saca-mete saca, mas suave. Sus jugos y mi semen se estaban derramando en el sofá y ahora mis testículos estaban totalmente empapados.

De repente su ritmo y sus jadeos se incrementaron, al tiempo que su vagina se contraía espasmódicamente en torno a mi pene; que dulce sensación. En aquel momento sentí una cierta preocupación, no fuera a quedarme prisionero de ella, de su coño, para siempre, como me habían contado en algún relato de la adolescencia.

Por un instante pareció perder la conciencia, y tuve que sujetarla fuertemente entre mis brazos.

-Gracias, gracias……. Murmuraba.

Continuamos unos instantes abrazados y enganchados sin pronunciar palabra.

Ahora mis ojos tenían tiempo de comprobar que las cortinas del salón estaban descorridas y en la ventana de enfrente María la del quinto izquierda no se había perdido detalle; y como para confirmármelo me sonrió al sentirse descubierta y me saludó con un gesto de su mano, para luego apagar la luz de su salón; por suerte el resto de la ventanas del edificio se veíancerradas.

Poco a poco Rosa fue recobrando la conciencia.

-Caramba tu polla no se ha aflojado… Vamos en tu cuarto estaremos más cómodos, necesito algo más….

Autor: andreco981 andres981co (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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