Las aventuras morbosas de Rosamary (IV).

¡Comparte!

Juntó las rodillas esperando al mirón y mirona elegidos para ofrecerles la rápida ojeada. Nadie podía sentarse delante de ella, por lo tanto sería "ver y no ver" pero lo suficiente para despertar la libido y disfrutar con la cara de sorpresa de todos y asombro de algunos. Pronto hubo un elegido, era un hombre de unos cincuenta años. La "guagua" se paró y él quedó frente a ella con la cabeza a la altura de sus rodillas, estas se separaron y el hombre quedó absorto con la espléndida visión, las puertas se abrieron pero el hombre se quedó unos instantes al pie de la "Guagua" simulando buscar el dinero del billete antes de subir, mientras miraba fijamente impregnando sus ojos de aquella maravillosa "húmeda" visión.

Rosamary abrió un poco más las piernas para que él pudiera ver la mojada raja por la que salía el botoncito del rosado clítoris resaltando entre los brillantes rizos negros y por debajo de él el cordón de seda natural de las bolas y la argolla final que permitía tirar de ellas. Pero el hombre no tubo más remedio que subir empujado por los de atrás y ella cerró las piernas antes de que él alcanzara la plataforma. Aquel hombre iba bien vestido, deportivamente, tenía algo de barriga pero era atractivo, tenía un buen aspecto y usaba una colonia cara, lo que ya era una garantía de buen gusto y por su edad madura debería tener gran experiencia. Podría ser el agraciado, aunque en gran parte dependía de él mismo. Empujado por los que venía detrás de él, siguió hasta el fondo, donde la muchacha con aspecto de estudiante y que no se perdía detalle, le recibió con una mirada escrutadora que dejó a aquel hombre de aspecto decidido, con una sombra de interrogación en sus ojos.

Las tres siguientes paradas no ofrecieron ningún tipo interesante, gente vulgar que no merecía disfrutar de sus encantos.

En la cuarta y la quinta no subió nadie y en la sexta y cuando ya parecía que no habría mas suerte, un muchacho de unos dieciocho años, rubio y despeinado, con unos ajustados vaqueros, fue el segundo elegido. Las piernas se volvieron a abrir y el ya muy mojado rincón se ofreció a la vista del chico que abrió la boca y quedó como hipnotizado ante tanta maravilla. La sacudida de un calambre de gusto, provocó la dilatación de su vagina y como era algo natural en ella, su sexo empezó a regar gran cantidad de flujo y notó como una gruesa gota se deslizaba por toda su ardiente raja hasta perderse en la falda ocasionando una mancha, lo suficientemente delatadora para que el que supiera de que iba la cosa, se diera cuenta de que estaba súper caliente.

Se levantó, pues estaba llegando a su parada y dirigiéndose hasta el fondo seguida por el chico, se dio la vuelta para que la estudiante y el caballero, vieran aquella mancha y mordieran el anzuelo y llegando a la parada bajó.

De momento habían picado los tres, puesto que la chica al ver que se apeaba, se levantó presurosa para unirse al grupo..

Encaminó sus pasos hacia el puente metálico elevado que atravesaba al otro lado de la gran avenida y cadenciosamente empezó a subir las escaleras. Los tres mirones tomaron posiciones intentando disimular sus intenciones, dando tiempo a que se creara la distancia suficiente para disfrutar de una visión plena. Mientras subía sentía las ardientes miradas en sus nalgas. ¡Tomad! se dijo, y dejando caer el bolso, y manteniendo las piernas rectas y entreabiertas se agachó para darles un "extra" y provocar mayor entusiasmo en sus calientes intenciones.

Cruzó el puente y se decidió por unos grandes almacenes, pero antes quería refrescar su boca pues la tenía seca de excitación y decidió tomar una limonada en una cafetería. Entró en la primera que reunía las condiciones para sus propósitos. Una terraza elevada, con veladores sin mantel y de finas patas, se sentó dando la espalda a la entrada y esperó los acontecimientos. Pronto llegó el camarero al que pidió un refresco, y mientras este desaparecía en busca de la comanda, los tres tomaron posiciones.

El hombre lo hizo en un lugar discreto, simulando indiferencia, la chica se sentó frente a ella y el muchacho se fue al fondo de la barra. ¡Mirad, c

achondos! ¡Ved que precioso coño tengo! ¡Fijaos como rezuma de placer al saberos calientes, y que esa calentura la provoca mi dulce y melosa fruta del placer que los tres quisierais comer¡. Y mientras pensaba esto y mirando a través de sus oscuras gafas, abrió las piernas de par en par, hasta casi rasgar la mini.

El muchacho dejó caer algo, se agachó miro un momento y salió disparado hacia los servicios. El hombre seguía mirando con disimulo y la chica bajó su mano hasta su entrepierna y la apoyó sobre su sexo. Sin cerrar las piernas Rosamary aguantó aquellas ardientes miradas y un mini orgasmo retozó por su chochito bañado en jugos. Lentamente se bebió el refresco, pagó y salió a la calle camino de los grandes almacenes.

Quedaban dos puesto que el muchacho había caído en el encuentro, y no salió del baño hasta haber culminado una paja que salpicó todas las paredes y le mojó los pantalones.

Al llegar al ascensor corrió para no perder el que estaba a punto de salir y obligar a los que la seguían a buscarla o desistir y subió a la sexta planta, donde estaba la sección de ropa interior y empezó a rebuscar distraídamente por los expositores.

La dependienta que se le acercó era una chica de unos veinte años de mediana estatura, con pechos redondos y firmes, caderas algo desarrolladas sin ser demasiado grandes y piernas bien moldeadas, tenía el cabello castaño y largo y unos bonitos ojos pardos.

-¿Qué desea? – preguntó.

-Verás -, le dijo Rosamary – Ando buscando unas braguitas que se ajusten bien y que tengan algún dibujo sobre el….. bueno ya me entiendes. –

-Tenemos unas especiales para chicas algo atrevidas, pero no están aquí, si tiene la amabilidad de seguirme se las enseñaré – dijo la muchacha.

Rosamary la siguió hasta el otro lado de la planta y al pasar por la desembocadura de la escalera, vio que la chica y el caballero llegaban al rellano inferior. Sus rápidos reflejos hicieron posible que no desperdiciara la buena ocasión que se le presentaba de aumentar la excitación y el deseo en ellos y tomando una prenda de un expositor, la dejó caer, se giró rápidamente frente a la escalera y se agachó para recogerla, con las piernas bien separadas.

¡Sensacional! su coño se abrió y ella "forzando hacia afuera" les mostró la raja con los labios exteriores completamente separados. Permaneció en esa postura unos tres ó cuatro segundos, pero fue el tiempo suficiente para que ellos, al seguir subiendo y acercarse, pudieran gozar de la visión de su enardecido y abultado clítoris.

La dependienta se dio cuenta de toda la maniobra puesto que desde que Rosamary le habló noto en ella un timbre de excitación, llevaba años en esta sección y en diferentes comercios, y ya conocía a las "clientes" y aquella no era la primera ¡ Afortunadamente para ella !.

Las dos se dirigieron hacia la sección de ropa interior de Señora y Caballero, seguidas por la pareja que ya lo hacía sin mucho disimulo, pero guardando las distancias, más bien parecía que les gustaba el juego.

– Mira – dijo la dependienta mostrándole unas minúsculas bragas de color negro y completamente transparentes. -Esto es lo que se lleva ahora, mira que bonitas quedan. – y las colocó delante de su cintura pero por encima de la falda.

– No se – dijo Rosamary – Tendría que probármelas y ver como me sientan, yo soy muy especial para estas cosas y no me pongo cualquier cosa. –

Bien decía, lo que no se las ponía nunca desde aquel día en que, aun estando en Barcelona y siguiendo los consejos de una amiga, se atrevió a salir sin ellas pero en pantalones. ¡Cómo había cambiado todo!.

– Pues pasa a este probador y mientras te pruebas estas te voy a buscar otras de unos modelos muy especiales. – Y la acompañó hasta unos compartimentos separados entre sí por paneles que no llegaban ni al techo ni al suelo.

– Toma esto. – Le dijo dándole dos finísimas compresas envueltas en un estuche de plástico rosado y añadió.

– Es por motivos de higiene. ¿Entiendes?.

– Dejo la puerta abierta para que me las pases cuando las traigas – confirmó Rosamary.

Cuando la vendedora se dirigía a la sección en busca de las bragas prometidas, le salió al paso e

l caballero con unos "slips" en las manos y preguntando si eran de su talla.

– Mejor será que se los pruebe. – dijo la empleada – Sígame por favor – y, confabulada, lo acompañó hasta el probador contiguo al de Rosamary. Esta vio por debajo de la puerta los zapatos que ya conocía del hombre, por los sonidos que llegaban de la cabina sabía que él se estaba despojando de los pantalones; los vio caer al suelo y luego siguieron los calzoncillos. Comprobaba con gran satisfacción que todo estaba saliendo como ella había planeado.

Se había subido la faldita hasta la cintura y embutido las bragas que eran demasiado pequeñas y no le cubrían nada en absoluto y así esperó a que llegase la dependienta con más prendas.

– Pasa, la puerta esta abierta – le dijo cuando esta llamó a la puerta – mira, no me van. –

– Pruébate éstas verás que bien te sientes con ellas, se ajustan como una segunda piel – dijo y se quedó esperando

Autor: Artesco

ViVERE ( arroba ) terra.es

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.