LOS AMORES DE MI ESPOSA III

amore esposa

Pasaron varias semanas desde la última vez que ví a mi esposa teniendo sexo con Sandro, y lo cierto es que con el trabajo y la rutina diaria, no podía encontrar el tiempo como para sacarme con ella la calentura volcánica que sentía. Como siempre, la solución seguía siendo la normal de mi vida:

Teníamos el asado semanal en la oficina que se podía aprovechar para llegarme hasta la disco con los amigotes y llevarme alguna mujer para saciar mi necesidad de sexo; también estaba Vilma, mi secretaria que era en realidad la que más “sufría” las calenturas de arrastre. La conozco desde hace 16 años. Desde hace 14 años que trabaja para mí y jamás interrumpimos esa relación. Yo me casé y ella también; se separó hace unos 5 años y se volvió a casar hace dos aproximadamente, y siempre -pero siempre- por lo menos una vez a la semana, una buena sesión de sexo de oficina.

El problema es que desde que descubrí lo de mi esposa y empecé a andar todo el día con “sed” la tenía a maltraer y me tuvo que empezar a frenar un poco; porque Vilma tiene una peculiaridad: Siempre tuvimos sexo, pero el día en que tiene sexo o lo va a tener con su pareja (cuando estuvo de novia) o su esposo (desde que está casada), no quiere tener sexo conmigo; es un prurito especial que no le entiendo, pero que me veo obligado a respetar.

Y casada hace solo dos años, el nuevo marido todavía quiere ejercer su derecho a la concha propia bastante seguido, lo que unido a que no todos los días se dan las condiciones propicias en la oficina para coger sin ser molestados y a que ella desde que se casó no quiere ni oír hablar de un motel por miedo al descubrimiento; tampoco hallaba allí la solución. En resumidas cuentas, me empecé a escapar seguido y por supuesto que Graciela tiró la bronca: Que salía todas las noches, que a la hora que volvía, que se notaba que estuve tomando, que en qué carajos andaba yo, y así, hasta que una noche al volver cerca de las 4 de la mañana me esperó despierta y con ganas de escándalo.

Como estaba en realidad bastante tomado y en tales condiciones me cuesta articular correctamente las palabras -lo que ella aprovecha para subir varios grados sus protestas-, hice lo usual: me callé, fui al baño y me acosté a su lado. Por experiencia sé que sus puteadas van bajando de intensidad y volumen hasta que se duerme, y al otro día todo pasó.

Solo que esta vez fue diferente y pasado un buen rato Graciela continuaba con la letanía. Total que en un momento de silencio y sin saber bien porqué, le dije: “Te ví con Sandro en la galería”. Se hizo un silencio impresionante y como estábamos en la oscuridad no ví su rostro, pero al poco tiempo escuché sus sollozos -Ahora entiendo – me dijo-¿qué voy a hacer ahora? Qué voy a hacer -decía y seguía llorando- NADA -le dije- me incorporé prendí la luz, fui al living desde donde traje mi cigarro para entrar (por única vez que yo recuerde) fumando a la pieza donde me recosté otra vez a su lado mientras la veía llorar silenciosamente. Estaba preciosa, la verdad.

¿Vos me querés todavía Graciela? -le dije- Por supuesto! ¡Me quiero morir, como te hice esto! -Me dijo- Entonces está todo bien -le repliqué yo de inmediato- Mirá, Graciela, lo pensé mucho cuando te ví y la verdad es que si todavía me querés y estás dispuesta a continuar conmigo y con los chicos, yo voy a estar feliz. Ya al poco tiempo de casarnos me llegaron rumores y no les dí artículo, y la verdad es que yo también he hecho lo mío, pero siempre absolutamente enamorado de vos. ¿Anduviste con otras mujeres? -Me dijo- Si, efectivamente -contesté- pero siempre fue una cuestión puramente física, darme un placer afuera, salir un poco de la rutina y nada más. Siempre lo más importante fuiste vos y los chicos. Y si vos me querés, y lo de Sandro -o lo de Juan de los Palotes, eventualmente- es una cosa puramente física y sexual -y ocasional por supuesto- que no m

e dé razones de vergüenza a mí y sobre todo a nuestros hijos, yo lo entiendo y todo puede seguir como hasta ahora o mejor incluso, desde que ya no existen mentiras.

Me abrazó y me besó profundamente, se me tiró encima y retorcía su cuerpo sobre el mío como una víbora, noté claramente lo excitada que estaba cuando con la mano toqué su tanga: Empapada. Corrí el hilito hacia un costado mientras la subía sobre mí. Se montó sobre mi verga y me empezó a cabalgar locamente -Gracias, mi amor, gracias -decía- y no sé si era por el perdón o por el permiso, pero lo cierto es que casi de inmediato tuvo su primer orgasmo. La bajé por un costado, le saqué la tanga y le subí las dos piernas sobre mis hombros mientras la penetraba hasta el fondo entre sus gemidos, mordiscos, agradecimientos y promesas de amor eterno. La habré estado bombeando casi 10 minutos.

Me veía en la obligación de compensar la tremenda poronga de Sandro con habilidad y resistencia -lo que no me resultaba tan difícil, ya que de hecho venía de coger con otra-, y entonces alternaba introducciones rápidas con espacios en los que le retiraba lentamente todo el pene y la volvía a penetrar, suavemente a veces, con fuerza en otras. Acabó dos veces más y yo estaba ya cerca de la gloria.

-Por lo que ví, a esta la tenés bien ejercitada -le dije mientras le acariciaba despacio el ojo del culo tras su tercer orgasmo- ¿Querés la colita, papi? Me dijo con voz de nena -Dale, meteme por atrás -me dijo con cara de la lujuria más absoluta- La dí vuelta en la cama y así como estaba, sin ayuda y de hecho sin esfuerzo alguno, se le empecé a meter despacio pero firme en el orto.

-Así mi amor, así, meteme, meteme -decía una y otra vez mientras estiraba la cola para atrás para facilitar la penetración. Cuando la tuve completa adentro, le dí como si fuera una vagina, con todo y sin descanso.

Graciela aullaba y pedía más y más. Me dí cuenta que no podía aguantar ni un segundo la eyaculación y tuve una idea que me pareció original; justo cuando acababa, la tomé del pelo y le levanté la cara de la almohada donde estaba enterrada, salí de esa cola hermosa e incorporándome a medias en la cama mientras avanzaba hacia la cabecera, llegué a meterle la pija en la boca desde el costado. Graciela, se prendió de mi pierna como una garrapata, arqueó el cuerpo y recibió toda la leche directamente en la boca tragándose el semen.

Le tomé el rostro con la mano izquierda y apreté su quijada, forzándola a abrir la boca para ver como el último chijetazo se le impregnaba en la lengua, le solté la cara y ella despacio, con los ojos cerrados me mostró como lo saboreaba y se lo tragaba. Ahí me fallaron las piernas y me caí al costado mientras ella también se desplomaba de nuevo sobre la almohada. Pasaron 2 o 3 minutos de jadeos de ambos, toda la habitación estaba caliente y transpirábamos pese al aire acondicionado.

-Gracias mi amor -me dijo de nuevo- No sabés lo que significó para mí.

-No te confundas Graciela -le dije- quiero que los matices te queden bien claros: Yo te ví dos veces cogiendo como una perra con Sandro; es más, él me vio la segunda vez -¿Cómo decís? -Dijo interrumpiéndome, levantando la cabeza con los ojos como platos- Ya escuchaste -le dije- Me vio, le hice señas que continuara tranquilo sin decirte nada y así lo hizo; lo que lo eleva mucho en mi estima y calificación como hombre. Graciela estaba más que sorprendida y casi no creía lo que escuchaba, pero le insistí sobre punto y proseguí: Eso no significa que no me importe nada, se entiende que no tengo dramas en que tengas aventuras, pero quedando bien claro que hablamos de aventuras, no de relaciones permanentes y que todo tiene que manejarse con la mayor discreción.

Yo tengo relaciones extramatrimoniales desde que nos casamos y no te enteraste nunca. Vos tenés que ser todavía más discreta por los chicos, nadie se tiene que enterar, que no seas vos, el tipo que te cogió -que debe estar muy bien seleccionado por eso mismo- y por supuesto, yo. Desde que sé que por ahí te das un gusto y te lo permito, no tiene razón de ser que me mientas; no considero más que acostarte con otro sea una traición; que no me lo digas primero, sí. Siempre me vas a avisar -yo puedo hacer lo mismo si tengo algo por

ahí y te interesa que lo haga, es tu elección-, pero exijo que vos si me avises por las dudas que no se trate de una relación con peligro de difusión y para saber a que atenerme y aún protegerte; uno no sabe lo que puede pasarle a una mujer en algunos lugares con un tipo. Es sobre esa base y ninguna otra que seguimos ¿Estamos? -Como vos quieras mi amor -me contestó- ¿Está bien que siga con Sandro? La muy puta no iba a renunciar así nomás a semejante pija, después de todo.

-Mira, a mí me parece bien que sea algo ocasional, pero se tiene que terminar, porque no pienso tener un socio conyugal; sacate el gusto que ya pensé en la solución. Dentro de un tiempo, más precisamente para fin de año, le voy a conseguir un puesto en Buenos Aires, le tiro unos pesos y que vaya a estudiar su licenciatura en Artes. El pendejo me cae bien y de paso lo voy a alejar un poco para que no empiecen las habladurías.

-No lo voy a ver más entonces -se notaba apenada- No seas boluda, mi amor; se va a estudiar, no a la guerra, vendrá de vez en cuando -o mejor todavía- en tus viajes para ver o traer obras, lo podrás ver y así será “ocasional” como exijo. ¡La cara de felicidad que puso! -Gracias, mi amor, muchas gracias, Sandro va estar feliz, además. -Como te gusta ese pendejo… o es esa pija, mamita?- Se reía de buena gana y estaba hermosa de verdad, me miró pícara

-Ya que te puedo contar, me dijo -poniéndose un poco colorada- eso es una cosa increíble, desde que me la mete empiezo a acabar y no paro. Hoy con vos acabé mientras me la dabas por atrás, y eso lo aprendí con él. A vos te amo, pero él es una especie de consolador de lujo, me chorreo de solo verle sacar esa poronga tremenda que tiene ¿la viste? -Sí, debe tener como 22 cm, – ¡No! tiene 25 parada y como 12 de circunferencia; yo se la medí. Me desfonda cuando me la dá por atrás, pero acabo como una perra.

Mientras me relataba esos pormenores, le fui metiendo despacio el dedo en la vagina y era cierto: chorreaba hasta con el recuerdo y ahí estaba yo otra vez al palo pensando en mi mujer cogida por semejante instrumento. Como estábamos, me subí encima y la empecé a coger fuerte, siempre desde atrás -Así te coge Sandro, con su porongón? -Le decía- Si, papi, así me coge, me rompe la concha, mi amor, voy a seguir cogiendo con él, necesito esa pija, papi, perdoname…

-No importa mi amor, coge bien con él y conmigo. Así bien puta te quiero, que pidas más y más pija, mamita -Con los dos quiero coger -me gritaba, ya llegando a su segundo orgasmo- con los dos y que me llenen de leche; quiero ahora mismo la pija de Sandro papi, la quiero en el culo, por favor que me dé por el culo ahora -pedía a los gritos-

Se la saqué de la concha que de tan mojada y dilatada que estaba ya no ofrecía la más mínima resistencia y de una la emboqué en el culo, ya lubricado de la acabada anterior -Así, así… rompeme el culo mi amor, rompeme el culo por favor; me hacés acordar a la pijota de Sandro… estoy acabando de nuevo, meteme, meteme, meteme.

Lo último que tenía adentro me salió en un orgasmo brutal, y mi esposa seguía culeándome, metiéndose y sacándose sola toda la pija del culo -cogeme, cogeme, cogeme- decía. Era increíble, la verdad y me terminó de convencer que darle el permiso era una decisión inteligente.

Me tiré al costado muerto de cansancio y le enterré el dedo índice y el medio en el orto abierto y repleto de leche; ella seguía bombeando atrás y adelante con el culo, ahora contra mis dedos -cogeme, cogeme, cogeme- era su letanía, cada vez más silenciosa, con los ojos cerrados y el rostro congestionado de placer, la boquita perfecta, desfigurada y babeante, pidiendo pija.

Cuando se calmó -no tengo idea de la cantidad de polvos que se echó- me fui al baño de arriba, cuando volví ella ya había salido del de la habitación y muy alegre y cansada corrió a darme un beso profundo -Te amo como a nadie en el mundo -me dijo- y te voy a respetar ahora todavía más que antes, a vos y a esta casa; desde ahora solamente con permiso y con aviso, mi amor, y solamente si me dejás, te juro.

Nos acostamos los dos felices y sonrientes. Graciela se acurrucó contra mi pecho y metió su cabeza cariñosamente entre mi mentón y mi pecho; ya me estaba durmiendo cuando con súbita vivacidad me d

ijo -Mañana voy a estar muerta, cielo; pero el viernes, ¿te parece que me lo coja a Sandro?

No hay caso, me voy a tener que acostumbrar a los cuernos.-

Cualquier comentario, intercambios de relatos, fotos o impresiones, manden mail…

Autor: PalitoPandolfo palitopandolfo (arroba) hotmail.com

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

9 votos
Votaciones Votación negativa

Escrito por Relatos Marqueze

Ahora ya puedes tener tu perfil de usuario en Relatos Eróticos Marqueze.

Puedes poner una descripción sobre tí y tus gustos, mostrar tu nombre, tu foto y tu correo públicamente para que otros usuarios de la web puedan ponerse en contacto contigo.

Un saludo, El Equipo de editores de Marqueze.net

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *