Los dos sabemos que quieres

“No tienes porqué hacerlo si no quieres” – dijo – “pero los dos sabemos que sí quieres…”. Aquel fue el momento que lo cambió todo. He de confesar que me dio miedo responder honestamente y me asustó la idea de que pudiera notárseme tanto que quería hacerlo, no obstante, me sobrepuse y en lugar de decir nada seguí allí esperando el momento en el que tuviera que participar. Era un sí.

Antes de entrar en contacto con Danielle disfrutaba de una espléndida relación con la que sigue siendo mi pareja, Claudia. Sin embargo, parecía que faltaba algo y Claudia lo notaba. Quizá su intuición italiana le decía que yo quería algo más y que no lo tenía, por eso, hará una semana que me preguntó si estaba contento con nuestra vida sexual. Yo contesté – la verdad – que por supuesto. Ella quiso saber si había alguna fantasía que no hubiéramos puesto en práctica, algo que no me atreviese a confesar, pero que pudiese hacernos disfrutar más aún del sexo.

No me gustaría que pensara nadie que no teníamos una vida sexual placentera, de hecho, siempre me he considerado afortunado de tener una amante como Claudia. Desde luego hay mujeres con cuerpos más bellos que el suyo, pero no quiere eso decir que su cuerpo no sea armonioso y bonito. Mucha gente la considera atractiva y para mí es la más deseable de todas, sobre todo por su forma de ser. Debo incluir que nuestra relación fuera del sexo era fantástica y disfrutábamos de un respeto mutuo que pocas veces he tenido el placer de ver en la vida. Claudia es un premio de la lotería.

Tras mucho insistir, Claudia se dio por vencida y dejó de preguntarme; no conseguía respuestas que la convencieran puesto que yo contestaba todo el tiempo que ella era perfecta y que no necesitaba nada más. “He oído de una persona que organiza… eventos para quien desea ir. Por lo visto los graban y te puedes llevar un video a casa con tu fiesta, quizá deberíamos probar”. “¿Qué clase de eventos?” – Contesté – “Lo que se te ocurra… orgías, cualquier tipo de fantasía, sado… lo que quieras. He consultado el precio y aunque no sale barato, quizá pueda merecer la pena, ¿qué dices?”.

Después de hablar con Danielle todo quedó más claro: Claudia haría una petición con las cosas que le gustaría tuvieran lugar en el “evento”. Yo haría lo mismo y si no eran mutuamente excluyentes, tendrían lugar junto con algo sorpresa por parte de la organización. El respeto, higiene y anonimato estaban asegurados por lo que empezaba a sonar bien. Estaba muy bien organizado, ellos ponían todos los extras que fuesen necesarios, atuendo, juguetes, ayudantes… todo.

Claudia fue un día por su cuenta y especificó lo que quería, dos días después fui yo e hice lo mismo. Parecía la carta a los reyes magos. Dije que me gustaría que hubiese otra chica presente para que también tomara parte. “Me gustaría que la chica lamiese la entrepierna de mi pareja mientras ella me chupa la polla”. Danielle sonreía mientras tomaba nota en su ordenador; era una sonrisa cómplice, inspiraba simpatía, como si la escena que yo quería le gustara a ella también. “También quiero un consolador de cintura para que mi pareja pueda follar”, continué.

Esta última escena me excitaba mucho. Nunca le había dicho a Claudia que me gustaba la idea de que me follase ella. Tenía miedo de lo que pudiese pensar y además, a mí no me gustan los hombres y ella podría pensar cualquier cosa. “¿Algo respecto a la ropa?, ¿completamente desnudos?, ¿lencería?” – preguntó Danielle. “Lo que juzgues oportuno tú o haya pedido Claudia, no doy mucha importancia a esos detalles”, mentí. “¿Te sentirías cómodo con insultos, azotes, ataduras…?”. “Los insultos no me importan” – dije.

Mi mente tenía la imagen de Claudia a cuatro patas con el culo abierto y yo penetrándoselo mientras le decía que era una

cerda que quería llenarse el culo de carne hasta el fondo. Claudia nunca me había dejado penetrarle el culo más que con algún dedo y yo me moría por el sexo anal. Lo había practicado en solitario jugando con diversos objetos en mi culo. Lo encontraba sumamente placentero y con el culo que Claudia tiene, cómo se mueve cuando follamos… el deseo que emana de todos sus poros cuando la lujuria la posee… la idea me volvía loco. “No quiero azotes ni nada de violencia, aunque sea fingida” – continué. “Claudia ha pedido que se te venden los ojos y se te aten las manos en determinados momentos del evento, ¿estás de acuerdo con eso?” – “Si a Claudia le gusta, está bien por mí”. Se trataba de que los dos disfrutáramos de la experiencia, no sólo yo, por lo que concedí ese deseo a Claudia.

Danielle me mostró un catálogo de chicas de la organización para que yo eligiese a la chica que había pedido. Había de todos los tipos y ninguna de las fotos era de mal gusto. “¿Danielle, sería posible que fueses tú?” – pregunté. “Eso ya lo ha pedido Claudia y sí estaré, ¿quieres escoger a otra más o yo te basto?”. Elegí una jovencita (aunque no demasiado joven) que tenía un cuerpo espléndido. Pechos menudos, firmes y apuntando hacia arriba. El culo sin embargo era más grande, ancha de caderas, pero bien formada por lo que sus nalgas eran amplias y redondas.

En general, toda ella estaba llena de curvas voluptuosas, una cintura preciosa y unos ojos muy vivos y bonitos. Danielle era todo lo contrario. Era una mujer explosiva, pechos grandes y redondos, bien firmes gracias a la silicona seguramente. Labios de chupa pollas y unas piernas interminables que te hacían pensar en lo que podías encontrar al final de ellas. Danielle sonrió malévolamente cuando dije la chica que quería. “Fantástico, hacía tiempo que Atia y yo no éramos seleccionadas juntas. Es una buena elección, Atia es todo un semental y tiene un aguante prodigioso, todo un animal del sexo, no te arrepentirás”. Me pareció raro que la llamara semental, ninfómana hubiese sido más apropiado quizás.

Varios días pasaron y finalmente fuimos al “evento”. Claudia no dejó de reírse para sí misma pensando en lo que había pedido y me torturó día y noche para ver si yo confesaba algo de lo que pedí. Ninguno dijimos nada, así todo sería una sorpresa además de lo que la organización aportase.

El “evento” tuvo lugar en una casa de campo preciosa en el Pirineo. Mientras esperábamos, Claudia me susurró “te quiero”. Aquello me tranquilizó. Creo que estaba yo más nervioso que ella.

La acción tuvo lugar en el sótano de la casa. Las paredes estaba cubiertas de cortinas de terciopelo rojo, no había mucha luz y habían dos camas en el centro, una más grande que la otra. Allí nos encontramos con Danielle quien llevaba un conjunto de lencería exquisito que dejaba sus pechos al aire, pero los mantenía erguidos, un corsé ajustado a su cintura y unas bragas y ligueros negros espectaculares. La visión de aquellas larguísimas piernas cubiertas de seda negra me produjo una erección instantánea. Atia llevaba unas medias sin ligueros que dejaban únicamente un palmo de sus muslos visibles, una minifalda muy mini y nada ajustada, también negra y sin sujetador. Dieron a Claudia un corsé rojo de látex que se puso con sorprendente facilidad con la ayuda de Atia y Danielle.

Danielle sugirió que para romper el hielo, cada uno empezara con la persona adicional que había elegido por lo que Claudia se fue a una cama con Danielle y yo me quedé de pie con Atia. Nos besamos apasionadamente, le manoseaba el culo levantándole la minifalda y me di cuenta de que llevaba un tanga minúsculo. Quise llevar mi mano a su entrepierna, pero dulcemente me lo impidió, acercándose mi mano a la boca y lamiendo mis dedos uno a uno. Le besaba los pechos, aquellas preciosas esferas de ambrosía que me volvían loco, chupaba uno mientras apretaba y acariciaba el otro, succionaba un pezón mientras me volvía loco por no poder hacerlo con los dos a la vez. Claudia estaba detrás de mí por lo que no sabía lo que ocurría aunque, por el sonido de chupeteo, imaginé que estaban haciendo algo parecido a lo mío con Atia.

Al cabo de varios minutos, perdí la noción de lo que sucedía a mí alrededor y sólo sabía de mis j

uegos con Atia quien estaba ahora de rodillas chupándome la polla a la vez que me estrujaba las nalgas. Poco a poco deslizó sus dedos hacia mi culo y empezó a jugar con él. Me encantó. Tuve que pedirle que parase para no correrme demasiado pronto. En esto Atia se levantó y me pidió que esperase, mientras aguardaba vi que Claudia estaba lamiendo un pene de plástico que Danielle llevaba alrededor de la cintura.

La excitación de ver los labios de Claudia alrededor del cilindro, subiendo y bajando al tiempo que Danielle se manoseaba los pechos casi pudo conmigo. Afortunadamente, Atia regresó de detrás de las cortinas y me puso un aro en el miembro. “Así aguantas más”, dijo. “Nunca he necesitado esto, puedo seguir adelante sin ello” fanfarroneé. Atia simplemente sonrió y me dijo que había llegado el momento de vendarme los ojos como Claudia había pedido.

Me vendó los ojos con un antifaz de terciopelo negro. Pensé en lo ridículo que debía verme, pero no dije nada. A las chicas pareció encantarles puesto que no paraban de reírse divertidas. Noté que alguien jugaba con mi pene, lo besaba y finalmente se lo metía en la boca. Una boca cálida, húmeda y que se tragaba toda mi polla. Estaba claro que no era Claudia, pero no sabía si podía tratarse de Atia o Danielle. Me gustaba pensar que era Danielle, que sus labios de chupa pollas abrazaban mi miembro y que se la tragaba hasta la garganta ávida de más y más carne. Tan excitado estaba que, aún sin ver a quien, la agarré de la cabeza para ayudarme en las embestidas a su garganta. En esto Claudia protestó y dijo que eso no estaba bien, que deberían maniatarme en ese momento también.

Así lo hicieron y me acostaron en una de las camas. Otra chica, o la misma, no sé, siguió chupándome y otra se sentó en mi cara e hizo que le lamiera el clítoris. En ese momento lamenté que no grabaran la sesión, me hubiese encantado verme en semejante situación, lamiendo y siendo chupado. Quizá por la curiosidad de saber a quién lamí y quién me mamó el rabo tan bien.

Al poco empezaron a jugar con mi culo. Lo humedecieron (¿con saliva?) y empezaron a jugar con los dedos. Primero trataron de meter uno, cuando entró fácilmente, un segundo le siguió… En ese instante tenía la polla más dura de mi vida y sólo quería llenarle la boca de leche a quien quiera que estuviese haciéndome todo eso. No obstante, la mamada se detuvo y alguien me levantó las piernas, dejando mi culo más expuesto. Entonces noté que algo más grande trataba de abrirse paso por mi ano. Recordé el consolador de cintura que había visto a Danielle y pensé que quizá Claudia quería penetrarme por lo que procuré ayudar.

Pensé en abrirme las nalgas con las manos, pero estaban atadas a la cama. “¿Tan fácil?” dijo una sorprendida Danielle. “Yo creo que a tu amigo ya se lo han follado”. Oía la dulce risa de Atia y Claudia empezó a penetrarme más profundamente todavía. “Dale duro, seguro que le gusta” animó Danielle. Como quiera que Claudia debiera sentirse todavía tímida ante la situación, su ritmo no aumentó hasta que Danielle la convenció del todo – “Mira a tu puta, le gusta que le follen como a una nena. Dale por culo más fuerte y más deprisa, que no lo olvide” Imagino que eso fue todo lo que Claudia necesitaba y a partir de entonces me sentí follado de verdad.

El ritmo era mucho más rápido y las penetraciones más profundas, no había nada que yo pudiera hacer por cambiarlo. Nadie me chupaba la verga ya y Danielle decidió que quería que le lamiese el culo: “Claudia, con tu permiso, quiero que tu zorra me lama el culo”. Se sentó sobre mi cara y debido a lo cachondo que estaba, lamí todo lo que ella quiso.

No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero yo hubiese suplicado ya que me ayudasen a correrme si no hubiera tenido la lengua ocupada con Danielle. Noté que Claudia se salía de mí. Era un vacío rico, pero que pedía ser llenado de nuevo. Noté que me penetraban de nuevo aunque esta vez era algo más caliente. De hecho, más grande también. Protesté, me molestaba un poco y Danielle dijo aquello de “no tienes porqué hacerlo si no quieres, pero los dos sabemos que sí quieres”.

Volví a ser penetrado. Las embestidas se notaban más experiment

adas y parecían llenarme hasta el estómago. Las tripas me temblaban cada vez que me la metían. Claudia empezó a chuparme la polla entonces aunque lo hacía muy ligeramente, como si quisiera excitarme, pero no demasiado. Por supuesto, yo seguía sin ver, pero Danielle no se había levantado de mi cara y me hizo saber a su manera que era Claudia quien lamía. “Claudia, eres demasiado buena. No deberías ocuparte de él hasta que Atia le haya reventado el culo”.

Tras decir eso, Danielle se levantó y me quitó el antifaz. Entonces pude ver lo que pasaba. Atia estaba follándome a placer y no necesitaba ningún consolador. Era un transexual con un miembro más grande que el mío incluso. Se había quitado la minifalda y el tanga. Conservaba las medias y el corsé y no paraba de sonreír mientras me embestía. No pude resistirme más y pedí que me follara más y más. Claudia me dirigió una mirada como interesada y como Danielle la pidió, me dejó y se fueron juntas a la otra cama. Danielle empezó a chuparle el culo, a introducirle un dedo, luego dos, después tres y luego sacó un consolador, se lo ató a la cintura y le dio por culo. Todo aquello era increíble. Nunca imaginé que podría vivir un polvo tan bueno. Desde luego, merecía la pena el dinero pagado y más.

“¡Mira, la tía culea y quiere más!” dijo Danielle sorprendida. Claudia parecía seguir con su culo el ritmo de las embestidas. Cuántas veces había fantaseado yo con estar en esa situación. Cuando la follaba por detrás y ella, a cuatro patas, aportaba su granito de arena meneándose. Tenía un culo fantástico. “Atia, deberías acabar con ese y venir con Claudia, yo creo que quiere algo más grande”. Atia se rió y la sacó de mi ano. “Toma, límpiala que voy a por Claudia” – dijo Atia al tiempo que se sentaba en mi pecho y me la metía en la boca.

Yo nunca había chupado una polla aunque, estando tan excitado, no lo pensé dos veces antes de dejar que me la metiera en la boca. Intenté hacer todo aquello que pensaba que Claudia no hacía bien cuando me la mamaba. Al poco, era yo quien chupaba la polla y no Atia quien me follaba la boca. Oí que Danielle le decía a Claudia que se entretuviese sola mientras ayudaba a Atia. Dado que Atia estaba en mi pecho, no podía ver bien a Claudia, pero lo poco que vi sugirió que estaba montando el consolador mientras se frotaba el clítoris. Nunca antes había visto a Claudia masturbándose; me gustó mucho y según parece, a ella también, jadeaba como pocas veces la he visto.

Danielle me desató y comenzó a lamerme la polla. Mis manos se fueron directamente al estupendo culo de Atia y mientras lo manoseaba y estrujaba, empujaba sus nalgas hacia delante para ayudarme en la mamada. Danielle chupaba exquisitamente. De repente, Atia empezó a correrse. Mi primer impulso fue intentar no tragar nada, pero la increíble cantidad que expulsaba Atia y que ésta empujaba su tremenda polla más adentro, hizo que tuviese que tragar bastante de todos modos.

Lo que no tragué salió de mi boca y me llenó los labios y la cara. Danielle, al oír los jadeos de Atia dejó de chuparme y me gritó “¡trágalo todo!, aquí nadie echa a perder una sola gota de miel”. Atia siguió con su pene dentro de mí, que ya se había vuelto flácido y yo aproveché para intentar meterle un dedo por el culo. Atia se rió divertida y empezó a culear de nuevo, suavemente. El contraste entre este pene flácido y húmedo con el pollón que me había penetrado el culo y violado la boca era considerable. Danielle pidió a Claudia que se acercara, me quitó el aro y la dijo que me la chupara hasta que me corriese.

Claudia debió dudar porque Danielle insistió – “Claro, él lo ha hecho y tú querías que lo mismo que él te hiciera se le hiciera a él, te toca comerte su semen igual que él se tragó el de Atia”. Claudia se rindió a su propia treta y empezó su mamada. “¿Ves cómo le ha gustado a tu perrillo? Mira que goloso se ha vuelto, no quiere compartir a Atia” – Dijo Danielle al tiempo que se venía a mi lado. Su lengua me limpió la boca de la corrida de Atia y me ayudó a chupar aquel miembro tan grande que, poco a poco, iba recuperando el esplendor de antes.

Al cabo de varios minutos, Claudia me quitó el odioso aro que Atia me

había puesto al principio y tras un escaso minuto de nueva mamada por fin me corrí en su boca y se lo tragó. Danielle la hizo repasarme la polla y los huevos para relamer lo que se le había escapado.

Atia decidió que era momento de follarle el culo a Claudia. Protesté diciendo que quería ser yo quien lo hiciera aunque Danielle me convenció de dejarlo sugiriendo que ya tendría mi oportunidad y que mientras ella y yo podíamos hacer otras cosas.

Claudia se puso a cuatro patas y mientras se manoseaba la entrepierna, Atia la penetró por detrás. La enculada era tranquila y Claudia parecía disfrutarlo. Mientras tanto, chupé las tetas de Danielle y la follé por un rato. Cuando Atia se corrió de nuevo, Danielle quiso que Claudia le comiera el conejo. “Vale, pero mi putilla me tiene que limpiar el culo de leche”.. Yo me quedé de piedra al ver que Claudia se había referido a mí como “su putilla”. Danielle lo encontró de lo más natural y me dio un golpe con el codo. “¿Vamos, a qué esperas? Más leche de la que a ti te gusta”.

Me puse a cuatro patas detrás de Claudia mientras esta lamía a Danielle. Antes siquiera de que empezase mi labor de limpieza, se volvió y pidió a Atia que me follara bien follado mientras la limpiaba. “Eso no puede ser bonita, mi cuerpo no va a responder tan pronto” se rió Atia. “Entonces chúpale, pero empezad ya, que estoy muy cachonda” concluyó Danielle. Así fue como tuve la fortuna de disfrutar de la suavidad de los labios tan coquetos de Atia. Mientras, abrí las nalgas de Claudia y chupé todo rastro de la ingente corrida del transexual. Nuevamente, lo había llenado todo y la muy puta de Claudia se esforzó por dejar salir buenos chorretones de lefa de su culo. De cualquier modo, Atia ya me había puesto a cien mientras se tocaba los pechos y mi lengua dio buena cuenta de los espesísimos chorros de semen que salían del culo de Claudia. Pensándolo ahora, me viene una sensación de asco, pero en aquel momento, chupé y tragué como si me fuera la vida ello. Incluso, lo disfruté.

Aproveché cuando Danielle se corrió para tomar la posición y empezar a follarle el culo a Claudia. Aquel momento, tan esperado, dio su recompensa. Atia y Danielle, sabiendo cuán importante era aquello para mí, se apresuraron a ayudarme. Atia se deslizó por debajo de Claudia y la empezó a lamer el chocho. Danielle lamía su lengua y acariciaba sus senos. En poco tiempo estábamos tan salidos que yo embestía como un animal y ella empujaba hacia atrás como si quisiera que la atravesase. Ella me gritaba que la follara más fuerte y yo la decía que era una puta, que la iba a llenar el culo de rabo y que sabía que la gustaría. La estancia se llenó de mis gemidos y jadeos y de sus gritos.

Tanta era nuestra lujuria que Danielle y Atia dejaron lo suyo y se retiraron sorprendidas y riéndose. “¿Quién es más zorra, él o ella?” – preguntó Danielle. Nadie respondió. Me levanté, llevé a Claudia contra la pared y allí, de pie, seguí penetrándola el recto mientras mis manos agarraban sus tetas, hasta que sentí que la corrida me llegaba. En aquel momento le dije a Claudia que se agachara, le metí la polla en la boca y ella siguió chupando como si fuera el manjar más exquisito del mundo.

Su mano derecha estaba enterrada mientras tanto en su entrepierna y se movía arriba y abajo. Mientras me corría no pude evitar gritar “traga puta, toma leche”. La corrida fue fantástica. En ese momento ella se corrió también y yo descubrí, para mi placer, cuánto la excitaba que la llamaran puta mientras follábamos.

Desde entonces, yo soy “la puta que quiere que la nena le folle el culo” y ella es “mi guarra a la que le gusta que se corran en su boca”. Compró un juego de consoladores de cintura y me dar por el culo cuando se le ocurre. En ocasiones, cuando hemos encontrado otras parejas tan liberales como nosotros, me ha hecho chuparle la polla a los hombres que luego la han sodomizado y he tenido que limpiarlo todo después, lamer la corrida de su culo o de su chocho.

Claudia disfruta particularmente cuando ella y otra chica se ponen dos consoladores y tras lamerme el culo mucho y untar bastante vaselina, me follan el culo las dos a la vez, Claudia debajo mío para verme la cara y la otra chica desde detrás. En ese momento sí me siento su puta y de verdad tengo la sensación de que me folla como quiere y a

su antojo; que me llena el culo tanto como quiere y que se lo regala a otras chicas si le apetece.

Todavía no me ha pedido que me coma una polla a la vez y ¡espero no se le ocurra todavía!. Por mi parte, he conseguido que, en ocasiones, Atia se anime en nuestras orgías, parece que le caímos bien, a veces trae amigas con pene como ella y tras chuparnos mutuamente nos corremos todos sucesivamente en la boca de Claudia.

He llegado a contar cinco corridas una detrás de otra, sin darle respiro, el semen chorreándole por la cara, saliéndole a borbotones por los labios y cómo traga todo lo que puede con glotonería, como pidiendo más. A la muy puta le gusta y a mí me sirve como excusa para poder volver a comerle la polla a Atia.

Me fascina su cuerpo sentado sobre mi pecho, sus senos brillantes y turgentes, las curvas suaves y perfectas, ese rodillo de carne que me ahoga después de haberme llenado por detrás… Me encanta beberme su siempre espeso semen..

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Escrito por Marqueze

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