Los feos lo hacen mejor

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Bautista no era virgen. Menos mal.

Una procura mirar las cosas siempre por el lado positivo, pero, feo, tímido y virgen…ya hubiera sido una combinación demasiado desafortunada hasta para una aliada de la buena suerte, como yo.

Pero no, Bautista había tenido una amante aplicada y eficaz durante los meses anteriores a conocerme, a adorarme y enamorarme.

Su amante había sido la esposa de un amigo de su padre.

En un viaje mitad negocios mitad tour deportivo que solían hacer en grupo…ella le había asaltado. (El lo había descrito como asalto, y yo le creí, sin duda) Una preciosa aún y segura mujer de 46, no tuvo demasiados problemas en convertirse en la fantasía erótica por excelencia de un torpe e imberbe jovencito de 21, alguien que siempre había pensado que regalos como ella no eran para él.

Y desde luego ambos fueron regalos mutuos, por lo que él me relató más adelante.

Ella le moldeó,le enseñó, le descubrió y se descubrieron….

El me hablaba de la belleza de un cuerpo femenino, ya no turgente, ni suave, ni duro, ni joven….

pero con una piel muy acariciable,con una sensibilidad que respondía a cada toque de mano, con un tacto que sabía latín, griego y arameo, y aún le quedaba vida para atreverse con el sánscrito y algunas otras lenguas muertas.

Me hablaba con naturalidad de la primera vez que pudo observar un sexo femenino, dispuesto, amigo y amigable. Que no se había sentido turbado, ni asustado, como había imaginado…sino impresionado. Por su perfección, por esas curvas diseñadas a medida, a medida de sus dedos, al principio inexpertos, pero no tímidos, no…voraces, hambrientos, deseosos de aprender, conocer, explorar, provocar, conseguir, colonizar nuevos terrenos, territorios antes ignotos y que ahora se desplegaban como mapa, dispuestos a ser aprendidos, dibujados, trazados con las yemas, con la mirada y la boca, que se humedecía tanto como el territorio que divisaban,en solidaridad con los fluidos que provocaban en derrames, en cascadas.

Todo le resultaba sorprendente, atractivo y atrayente.

¿De dónde surgían esos jugos que convertían la fruta rojiza que contemplaba, en una pera en salsa de vino…? Con esa forma de pera cortada a la mitad, en longitudinal…con esa salsilla entre incolora y rosácea, de aspecto y olor tan apetecible. Probó a untar un dedo en ese manjar, y el sabor era tal como el postre que recordaba.

¿Cómo podían las mujeres saber tan dulces? ¿Cómo estos labios ocultos podían saber a miel y ambrosía, más que los que ocultaban los dientes…? Desde ese momento, Bautista se convirtió en un fan del beso.

Un vicioso, un entusiasta,un aficionado…

Cada vez que veía una mujer que le atraía, bien por un gesto especialmente delicado, bien por una curva graciosa de su cuello al girarse para sonreir…él automáticamente pensaba en cómo sabría su sexo.Si sería dulce y tenue, o si al contrario sería dulce y picante, …

llegó a ser capaz de anticipar el sabor de sus compañeras por el olor que emanaban…

Tenía la manía de pedir a sus amigas que no ocultasen su aroma con perfumes, o que no se los pusiesen del cuello para abajo, a ser posible.

Me contó que a una chica, una vez que ambos estaban desnudos en la cama, en pleno ajuste de cuerpos y deseos, dibujando gimnasias previas a fundirse entre los miembros…le dejó tal cual, siendo incapaz de continuar con su coreografía…porque al acercarse en busca de su postre predilecto, descubrió que la susodicha había cometido el error de untarse con algunas gotas de perfume el vello púbico….

Y ante tamaño error culinario, Bautista no pudo mantener vivo su deseo.

–Es que, compréndeme –me pidió– No podría lamer una vulva con sabor a Opium o a Chanel nº 5…Sería como masticar comida precocinada pero aún en su envoltorio de cartón y con bandeja metalizada incluída, de esa que cualquiera compra con prisa a última hora en el hipermercado. Yo soy un artista….yo soy un creativo del cunnilingus. Trabajo con materias primas, solamente. Y de la mejor calidad. Yo huelo a una mujer desde metros de distancia. Capto su esencia, esa que ni ella misma sabe que derrama cuando se cimbrea sobre esa cintura acariciable, abrazable…esa cintura que termina en un ombligo que es el guiño hacia mi lugar favorito, hacia ese manjar oculto para casi todos, pero que yo he aprendid

o a descubrir entre las pestañas de cada mujer bonita…y a fe mía que lo sois todas.

Una vez que sé cual es la fragancia de esa hembra, no la confudiría ni entre una multitud. Para mí es su nombre, su apellido, su ip y su adn todo a la vez. Es única. Y deliciosa por ello. Y yo quiero saborearla, sumergirme en ella, bañarme en su aroma y llevarlo conmigo, como el coleccionista de fragancias que soy.

–¿Y ella no participa un tanto? ¿ Es sólo el recipiente para tu deleite? — le pregunté yo ese día, en que , curiosamente, estábamos compartiendo apuntes y no sexo, pero en el que, en una de las pausas del estudio, el tema había derivado hacia aromas, mujeres, postres y lenguas ávidas. Mi gesto entre divertido y curioso le invitó a culminar su exposición…como si estuviese pronunciando una lección magistral ante un público entregado y sin duda, curioso.

–Ella es la diosa que me regala la ambrosía de su interior. Por supuesto. Su aroma le pertenece, es intrínseco a sus orejas, redondeadas en el lóbulo que cuelga como pecho de mujer, de donde puede succionarse su aroma como se mama leche del seno materno. Su cuello, esa cintura primera y desnuda, huele a ella, sabe a ella, es un anticipo de la leche y miel que sus piernas contienen. Los cuellos son caramelos de esos que hacían las abuelas sólo con azúcar y agua, al fuego lento de las cocinas antiguas, ese caramelo cuyo sabor no puede replicarse ni sustituirse con ninguno de los productos industriales que lo intentan. Las oquedades que dibujan los huesos de las clavículas…oh, esos huecos…

son ideales para recibir y entregar aromas. Se condensan en esa zona, doble, una a cada lado, pidiendo ser saboreada milímetro a milímetro con la lengua, en busca de señas de identidad propias, ahora un lunar, ahora una marquita de nacimiento, que son como las guindas de tan sabrosos pasteles…

Pero, aunque podría describirte con fruición cada esquina del cuerpo femenino y sus sabores y tonalidades, sus aromas y matices…

no hay nada comparable al triángulo del placer.

Un hombre podría morir feliz simplemente por oler en ese lugar de misterio y encarnación.

Si yo fundara una iglesia, convertiría en altar el sexo femenino, como demostración última de la perfección, de la presencia real de dios , cualquier dios, en la tierra.

Estoy convencido por eso mismo de que dios fue hombre…porque se habrá hecho hombre para poder gozar del regalo de saborear a la mujer, a cada mujer, de beldad infinita y oculta, de sabores únicos y delicados y embriagadores y delirantes…

En este punto de la explicación de Bautista, yo ya estaba francamente ensimismada en su concepto de la femineidad condensada entre mis piernas y recreada como el summum de la creación, que hasta entonces me había pasado un tanto desapercibido, lo reconozco.

La imagen de dios como hombre para poder disfrutar del placer de proporcionar un buen rato de sexo oral, no dejaba de resultarme interesante, a qué negarlo…

Su teoría parecía ser capaz de proporcionarnos un par de horas más de charla, seguro…pero en ese momento decidí que me apetecía más una clase un tanto práctica, y , desde mi posición en el sofá, dejé que mi zapato desnudara mi pie, le acaricié su tobillo , por debajo del pantalón…y cuando intenté retirar a mi piesecito juguetón, él lo agarró con fuerza, tiró del resto de mí hacia él…y le dejé que me relatara en primera persona, palmo a palmo, su ruta de los aromas, ruta de la seda por pieles femeninas, cual Marco Polo uniendo en sabiduría a dos continentes.

Esa tarde, entre las risas y las subidas y bajadas y jadeos, en algún momento creí escuchar de fondo la carcajada contenida de algún dios juguetón, ocupado sin duda en su propia receta de jugos y sabores,postres y aromas varios.

Desde entonces, al decidir qué perfume utilizar cuando espero compañía masculina…siempre me contengo un mucho…sonrío, recuerdo a Bautista, y me perfumo apenas la melena, y sólo porque no suelen besármela demasiado. No sea cuestión de que el abuso de las especias estropee el buen guiso que una lleva toda la vida cocinándose.

Autor: Sherezade

aplysiamaria ( arroba ) yahoo.com

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Escrito por Marqueze

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