Lucha libre con Delia y Noemi (I)

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Yo soy flaquito y más bien bajo. Por eso me extrañó cuando, en la cola del banco, esa bella mujer que me llevaba más de una cabeza y media, empezó a charlarme.

Yo soy flaquito y más bien bajo. Por eso me extrañó cuando, en la cola del banco, esa bella mujer que me llevaba más de una cabeza y media, empezó a charlarme. Rubia natural, tenía unos cuantos kilos de más, pero igual una figura fantástica, y bien proporcionada. El exceso de peso le daba la mayor exhuberancia que yo hubiera visto en mujer alguna. Y su culo enorme, realmente grande, duro y parado, en la pollerita cortita y tableada, era el más fantástico culo que jamás hubiera visto. Era un culo intimidante. Y, de algún modo, desarmante. Parecía muy segura de sí misma, hablaba con voz segura y su mirada me encaraba con firmeza y fuerza. Me dijo que se llamaba Delia.”Yo practico la lucha libre”, me comentó en un momento, “y lo hago con una amiga con peso y estatura parecidos a los míos, porque todavía no encontramos un hombre que nos aguante.” “Yo puedo vencer a cualquier hombre, sepa o no luchar” afirmó con una sonrisa dominante. °Y Noemí también” agregó. “Tendrías que conocerla”, me tuteó, “Es muy linda, pero es una bestia” “Enormes tetas, más grandes que las mías. Y sabe como usarlas en la pelea” “Y en otras cosas” agregó con una sonrisa inquietante.

Había algo en esa enorme mujer que me atrapaba. “Hoy nos reunimos para entrenar. Justamente ahora voy para allá. Noemí tiene un gimnasio en su casa. ¿Por qué no venís a vernos luchar?” “Peleamos casi desnudas, así que tendrás mucho para ver…” Su sonrisa era a la vez insinuante y lúbrica. Me sentí muy tentado, lleno de expectativas subterráneas que todavía no habían accedido a mi conciencia. Y acepté acompañarla.

Cuando salimos del banco nos encaminamos juntos hacia la casa de la tal Noemí. Era a menos de cuatro cuadras del banco, por la calle Beaucheff, en la zona de Primera Junta. Casi una mansión, de dos plantas, con un curioso toque de sordidez. Abrió la puerta Noemí. Y casi me caigo de espaldas, el esplendor de culo que tenía Delia, estaba puesto en su caso en los pechos. Enormes, parados. No es que no tuviera un gran culo, pero sus melones eran un espectáculo. Llevaba un kimono negro, de seda, y sus pechos morenos resaltaban como dos gemas enormes, que parecían resplandecer detrás de la seda negra que intentaban desbordar. Su cabello negro y ensortijado caía en cascada sobre sus hombros y se perdía en su espalda. “Noemí, te presento a Alberto, lo conocí recién en la cola del banco, y vino a vernos entrenar” Noemí me dio un fuerte apretón de manos y con una sonrisa me preguntó sabía luchar. Me tomó de sorpresa, “Bu-bueno, hice algo de yudo…” balbuceé, preguntándome quien me había mandado a contar eso. “¡Magnífico!” exclamó Noemí. “¡después probaremos tu yudo contra nuestra lucha libre!” Y se miraron con una sonrisa de complicidad.

Me invitaron a tomar el té. Y conversamos mientras. “En realidad las dos somos bastante putas”, me contó Delia. “Esa es una de las razones por las que nos gusta retozar en la lona. Hay muchos refregones y nos ponemos a mil” “A veces” agregó Noemí, “en medio de una toma, que me hacen o que yo estoy haciendo, me corro sin poder aguantar la calentura” “¡Yo también!” se entusiasmó Delia, “¡Me echo cadas polvos! ¡Especialmente cuando estoy ganando!” “¡Y yo le como todo lo que me echa!” Noemí parecía una diosa en celo, inclinada hacia mí, con los grandes ojos brillantes por la excitación. Involuntariamente tuve una erección, que procuré disimular. El lenguaje desenfadado de estas mujeres y sus gestos calientes, preanunciaban cosas sucias más allá del entendimiento, pero que algo oscuro en mí presentía y entendía. “Somos muy putonas” dijo Noemí metiéndome su gorda lengua mientras me comía la boca. De un tirón, Delia me puso en pie, y de paso una mano en mi culo. Una mano grande, que me lo soliviantó a conciencia. “¡Mirá, mirá: la tiene parada!” festejó Noemí entre risas. “Bueno, ya es bastante, vamos a divertirnos al ring” decidió Delia. Y me llevaron entre las dos, aprovechando para toquetearme el culo, con lo que mi pija se puso aún más dura. Yo me preguntaba qué estaba

haciendo allí, pero pronto comprendí que eso lo estaban decidiendo ellas.

El ring estaba en un altillo enorme que yo no había visto desde la calle. Era un cuadrilátero normal, con su lona acolchada, y las gruesas sogas reglamentarias que unían los cuatro rincones. Noemí se sacó el kimono y su cuerpo voluminoso y escultural se expuso a mis ojos, casi como una agresión a mis sentidos de hombre. Delia hizo lo propio, y su tremendo culo me hizo estremecer.

“Vos oficiarás de réferi”, me dijeron. Y me subieron al ring con ellas.

Y ahí estaba yo, tratando de salirme del paso de aquellas dos tremendas mujeres que iban moviéndose en círculos, con sus cuerpos inclinaos hacia delante, vigilándose con sonrisas entre divertidas y crueles. Después de algunos escarceos se lanzaron una contra la otra. Engarfiaron sus manos entrelazadas con las de la otra y, abriendo ampliamente los brazos chocaron sus tetas, apenas cubiertas por unas tiritas, con un sonido difícil de describir, pero muy potente. Ese primer choque lo gano claramente Noemí, que con el mayor volumen de sus terribles tetas hizo caer de espaldas a la rubia. Y en un salto volador se arrojó sobre ella, procurando aplastarla con el peso de sus tetazas. Pero Delia había previsto el gambito y rodando hacia un costado evitó la maniobra. Y apresó entre sus gruesos muslos la cabeza de su contrincante. La toma era poderosa y los esfuerzos de Noemí, con su cara roja como un tomate, no pudieron impedir que la otra le hundiera la cabeza hasta la altura de su concha, que comenzó a refregarle contra la cara, con movimientos frenéticos. En unos instantes, y en medio de la impotencia de Noemí, Delia se corrió entre gritos apagados. Todo había terminado en menos de cuatro minutos. Yo estaba anonadado, pero me encaminé al centro del ring para levantarle el brazo a Delia, todavía agitada por su orgasmo. Noemí yacía de espaldas, despatarrada contra la lona, su negra cabellera desparramada, y pude ver que la entrepierna de su bikini estaba completamente húmeda por sus secreciones lubricantes. Yo estaba agitado, sobrecogido por lo que acababa de suceder y totalmente empalmado. Me incliné sobre la morena para observar su cara, para ver si se encontraba bien, ya que la llave de muslos había sido bastante violenta. Tenía los ojos turbios, la cara enrojecida y la respiración temblorosa. Estaba en medio de un largo orgasmo. Unos minutos después se arrastró esforzadamente en cuatro patas hasta salir del ring para derrumbarse en el ring-side. Toda la situación me había resultado muy perturbadora. Y las piernas me temblaban un poco. Me encaminé algo indeciso hacia las sogas, sin saber muy bien qué seguía.

Seguía yo. Delia se plantó frente a mí, con una gran sonrisa dominante y burlona en su bella cara. Bueno, Albertito, vamos a probar ese yudo tuyo… Yo retrocedí espantado, y para mi vergüenza con mi menudo cuerpo temblando. ¡Es-pe-perá un poco… ! le pedí, tratando de hacer tiempo. Ella se divertía con mi miedo. En un impulso impensado traté de escapar del ring, pero no tuve la menor oportunidad. Una fuerte mano hizo presa de mi brazo y con un giro del suyo me lanzó contra un rincón. Me levanté como pude, y traté nuevamente de huir. Otra toma me lanzó contra el otro rincón, donde caí desmadejado. Vi avanzar a Delia hacia mí, toda esa exuberante carne erguida en toda su estatura, avanzando con pasos triunfales, segura de su dominio. Yo intenté escabullirme en cuatro patas. Ella se rió, y con una de sus pantorrillas por debajo de mi panza me dio vuelta como a una tortuga. Quedé indefenso, y ví como poniendo una pierna a cada lado de mi cuerpo, fue bajando su enorme culo hasta sentarlo sobre mi abdomen. Me sentí atrapado como un gusano, aplastado por el enorme peso de su culo. Casi sin respiración. Ella me miraba desde la altura con su enorme sonrisa. ¿Y el yudo? Mi gran culo puede más que todo tu yudo, ¿no? Yo me estaba congestionando por la falta de aire. Sin embargo seguía completamente empalmado. Después de unos momentos interminables ella levantó el colosal culo de mi estómago, permitiéndome tomar varias bocanadas desesperadas de aire. Pero fue sólo para avanzarlo y dejarlo caer sobre mi tórax que se hundió como jamás había supuesto que pudiera llegar a hundirse. Me quedé otra vez sin aire. Veía todo su cuerpo en una perspectiva que terminaba en su cara, que me miraba burlona. ¿Nunca te aplastaron con un culo así, no n

ene? Abrí la boca, boqueando sin aire. Y ahora viene lo mejor, preparate a morir bajo mi culo… Se levantó y dando media vuelta quedó de espaldas a mí, totalmente erguida, con las piernas separadas. Yo, inerme, tratando de recuperar el aire, cuando veo con terror a ese tremendo culazo descendiendo sobre mi rostro. Me lo aplastó completamente, todo se había oscurecido, y sólo podía sentir su olor, y los globos de sus nalgas aprisionando mis mejillas por los costados, y su voz a lo lejos ¿qué se siente al morir aplastado por un culo? Mi polla empalmada se agitaba en el aire, pues ella me había bajado los pantalones. Me empecé a asfixiar por la falta de oxígeno… Me encanta sentir tu desesperación bajo mi enorme culo y saber que al mismo tiempo estás sometido y embargado por el placer… Justo cuando creí que mis pulmones iban a estallar, Delia levantó un poco el enorme culo dejándome dar unas bocanadas desesperadas de aire. Pude ver su soberbio culo, los redondos y enormes glúteos, y el agujerito de su ano, frente a mi cara. Preparate, nenito, que ahora te voy a coger la cara con mi culo, espero que no te asfixies antes de que yo me corra en tu cara… ¡Ahí vamos! Y me aplastó de un empellón de su culo, la cara, enterrándomele entre las profundidades de sus nalgas. Supe que iba a morir. Y mi polla seguía a mil, dura como un fierro. Ella comenzó a cabalgarme. Veo que tu polla está a reventar… Te enloquece ser dominado por mi culo, ¿verdad? Y me seguía cabalgando el rostro. Cada vez más rápido, refregándome el ojete contra la nariz. Apenas hacía menos de una hora y media que había conocido en la cola del banco a esa colosal mujer y ya estaba a punto de morir, violado y aplastado por su culo. Ella había sabido tender su trampa y engatusarme, tentándome de modos oscuros… Ahora me tenía bajo su culo, com hacia el techo, que ella festejó con divertidas carcajadas. Y me hundí en la inconsciencia que creí definitiva, y no me importaba.

Cuando recuperé el conocimiento estaba tendido en la lona, vivo todavía. Mi pija rendida y mis muslos enchastrados con mi tremenda acabada. Me sentía extrañamente liviano, sin ese enorme culo encima. Por un lado me sentía aliviado, pero sin embargo lo extrañaba. Mi respiración se había suavizado y normalizado. Me levanté como pude y ahí noté que mis piernas, inciertas, casi no me respondían. Pero pude irme encaminando hacia fuera del ring. En un costado estaban Delia y Noemí esperando a que me hubiera repuesto. Tomaban un té con masas, y me sonreían.

Llegué y me senté entre ellas, habia un sentimiento como de fraternidad entre nosotros tres. Noemí me estrechó contra sus abundante y tiernos pechos y me dejó besárselos, apretándome la cabeza contra ellos, y refregándome los gruesos pezones contra mi boca, que se prendió chupándolos, como si fuera un bebé, embebido en toda esa exhuberancia tetal.

Y aquí detengo la narración.

Pero queda mucho más por contar.

Si te interesa que prosiga contando esta historia escríbeme y cuéntame que te ha parecido hasta aquí. ¡Hasta pronto!

Autor: Lado Oscuro

ladooscuro4 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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