Maduras Anonimas Cap. 02

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Puedes leer la primera parte de Maduras Anónimas.

Habían pasado un par de días desde mi primera experiencia con una madura. Me encontraba desesperado y ansioso por volver a follar otra vez, pero lamentablemente eso no era posible. Tenía que esperar hasta la siguiente reunión, la cual no llegaría sino hasta varios días después.
Las cosas continuaban con normalidad en el complejo departamental. Mi madre seguía con su horario irregular de doctora, a veces pasando todo el día en casa y otras dejándome solo la mayor parte del día.
Yo continuaba con mis paseos por el lugar, tratando de fijarme más en las señoras e intentando memorizar sus números de departamento para las próximas visitas.
Me excitaba el imaginar cuantas de esas maduras serian parte de la urna, que clase de fetiches tendrían, como se comportarían en la cama. A veces sentía que la polla me iba a explotar de solo imaginarlo.
Mis ratos en solitario los pasaba en la computadora buscando técnicas y consejos para poder complacer mejor a mis próximas amantes.


El tiempo pasaba lentamente pero al fin llego el tan ansiado día. Recibí un mensaje de doña Elide informando que la próxima reunión seria dentro de 2 días, esta vez durante la noche.
Afortunadamente la noche en cuestión mi madre trabajaría en el turno nocturno por lo que yo podría salir y regresar sin preocupaciones.
Al llegar la hora y día señalados me encamine hasta el cobertizo con mi mascara puesta donde doña Elide ya se encontraba en la puerta y alegremente me dio la bienvenida. Al entrar me encontré con un número similar de jóvenes como la vez pasada. Reconocí a varios de ellos y también vi a un par de nuevos.
Doña Elide entro y nuevamente pronuncio su discurso para posteriormente sacar la urna. Procedí a formarme en la fila para sacar mi número. Esta vez me había tocado el 408.
Trate de recordar a quien pertenecía aquel departamento pero no podía ubicarla bien. Llegue hasta mi destino y toque 5 veces como era el procedimiento.
Al abrir la puerta me encontré a una madura exquisita. Su figura era delgada. Llevaba el pelo corto y gafas, las cuales se había puesto sobre una máscara para ocultar su identidad pero al entrar en su departamento y ver la decoración supe de quien se trataba. Doña Mara, 58 años y una hippie ambientalista, de esas que adoran la naturaleza y los animales. Doña Mara según se contaba vivió antes con su esposo, aunque en realidad nunca se habían casado. Este había fallecido un par de años atrás y ella se mudó al complejo para estar cerca de la escuela donde había encontrado trabajo de maestra.
Ella había ayudado a que yo ingresara a dicha escuela y me había topado con ella un par de veces por los pasillos de la institución. Era una persona muy inteligente y agradable, solo a veces se ponía un poco insoportable con aquello del medio ambiente, vegetarianismo, derechos de los animales y ese tipo de cosas.
Su departamento estaba lleno de plantas y de libros, con las clásicas persianas de cuentas y el olor de incienso minando el lugar.
Parecía acababa de llegar del colegio pues aun vestía como la había visto por los pasillos; con una falda negra y un saco a juego y una blusa blanca debajo y medias negras con tacones.
-Bienvenido joven amante.- me dijo al entrar.- Te agradezco te ofrezcas a ayudarme a calmar mis ansias carnales. Toma asiento mientras me preparo.
La señora se retiró a la cocina mientras yo me sentaba en la sala del lugar. Al regresar me ofreció un té que según ella me ayudaría a durar más. Mientras me lo tomaba la señora puso manos a la obra y comenzó a desvestirse. Se despojó primero de su saco y luego se desabotono la blusa para dejar sus senos al aire. Tenía unas buenas tetas, no tan enormes como las de doña Claudia pero aun así apetitosas. Al despojarse de su falda dejo a la vista uno de los coños más peludos que haya visto. Pude darme cuenta que no llevaba ni bragas ni bra, lo que me hizo preguntarme si andaría así por la escuela. Tendría que prestar más atención cuando entrara a clases con ella.
-Espero que no te moleste este desorden. No soy muy afecta a rasurarme el coño- dijo la madura.
-Para nada, señora. Es muy bonito y me gusta más así.- dije halagándola.
-Vaya que eres un caballero como pocos. Tomate otra taza de té. Quiero que me folles con ganas.-dijo sirviendo otra taza más.
Mientras la bebía sentí sus manos dirigirse hasta mis pantalones donde se dispuso a despojarme de estos llevándose hasta mi ropa interior en el proceso.
-Espero que no te moleste, querido, pero hace tiempo que estoy deseosa de una polla. Tuve que salir de la ciudad y me perdí las ultimas 2 reuniones por lo que te imaginaras lo caliente que estoy.- una vez dicho esto se llevó mi polla a la boca devorándola magistralmente.
La madura trabajaba como posesa sobre mi polla, tragándola toda hasta la base y luego la lamia de arriba hacia abajo. Sorpresivamente se dirigió hasta mis bolas las que lamio con deleite demostrando que en verdad estaba hambrienta de polla. Su lengua jugaba con mis bolas mientras con su mano me hacia una paja estimulando aún más mi erecto miembro.
Una vez se hubo deleitado, doña Mara se puso de pie quedando su peludo coño frente a mí. Mi primer instinto fue regarle una buena mamada pero la madura tenía otros planes.
Se subió al sofá y de un sentón frente a mí su coño se tragó toda mi verga. Aquel coño peludo hizo desparecer mi miembro por completo. La señora emitió un gemido de placer al enterrarse en mi polla y luego comenzó a cabalgarme como si de un rodeo se tratara.
-Ahhh que rico, ya me hacía falta una buena polla, mmmm siii, masss, cariño.- la madura gemía mientras se movía de arriba hacia abajo. Sus tetas se me ofrecieron como dos manjares y sin perder tiempo las ataque con lujuria.
Chupaba aquellas tetas como queriéndoles sacar leche y luego pasaba a los pezones que apuntaban erectos de la excitación.
Gracias a que ella hacia el trabajo de empalarse en mi polla me dedique de lleno a sus senos, usando mis manos para amasarlos mientras mi boca danzaba de uno al otro.
La señora gemía más y más y de improviso arqueo su espalda hacia atrás emitiendo un gemido mayo que indicaba había llegado al orgasmo.
Yo aún no alcanzaba el mío y dado que me había retirado sus apetitosos pechos me decidí a buscar mi propio alivio.
La tome por las caderas y la levante lo más que pude para luego llevarla hacia abajo y meterle mi verga hasta el fondo. La madura entendió el mensaje y comenzó a ayudarme a llegar al orgasmo subiendo nuevamente arriba y hacia abajo. Empujaba mis caderas hacia arriba lo más que podía, tratando de llegar más profundo. El placer no tardó en llegar y apretando su culo con fuerza me corrí llenándole el coño con mi leche y de paso provocándole otro orgasmo.
Doña Mara cayó sobre de mi jadeando y me dio un emotivo beso, metiendo su lengua dentro de mi boca.
Una vez pasada la excitación empecé y mientras recobraba fuerzas a sentir el deseo de orinar, causado seguramente por el té que me había dado la señora.
Me excuse para ir al baño pero ella fue detrás de mí y al llegar al baño dijo algo que me sorprendió.
-Tal vez te parezca extraño o asqueroso pero te importaría mear sobre de mi.- dijo la madura.
Era obvio que con mi experiencia en la red ya había leído y visto videos sobre la llamada lluvia dorada pero no creí que alguna vez realizaría dicha práctica.
El morbo en mi fue mayor y le dije que no habría ningún problema. La madura se metió a la ducha y me pidió que la rociara con mi orina.
Entre la excitación y lo extraño de la situación mi orina tardo un poco en salir pero luego de hacer un esfuerzo lance un potente chorro de pis sobre la ansiosa madura que la esperaba con deseo.
Doña Mara disfrutaba mientras era bañada con aquel liquido amarillento e incluso abrió su boca para recibirlo y degustarlo. Apunte el chorro hasta sus tetas hasta dejarlas cubiertas de orina y cuando el líquido comenzaba a aminorar se llevó mi polla a la boca para tragarse los restos.
-Mmmmm, nada como un buen baño de orina- dijo la señora relamiéndose los restos.- ¿No te gustaría intentarlo?
Contra todo pronóstico y una vez llevado por el morbo termine aceptando aquella extraña propuesta. Esta vez fui yo quien se colocó en el suelo de la ducha mientras doña Mara se paraba frente a mí, separando los labios de su peluda panocha de donde comenzó a salir aquel amarillento chorro.
Era sin duda lo más extraño que había hecho hasta aquel día, el líquido caliente me pego en la cara y pronto me cubrió todo el cuerpo empapándome por completo.
La madura se frotaba el clítoris mientras la orina seguía fluyendo sobre de mí y no sabía si había perdido la cabeza o que pero también comencé a excitarme y mi polla pronto fue recobrándose.
Doña Mara se percató de esto y agachándose dirigió los últimos restos de la meada hasta mi erecta polla dejándola cubierta por completo. Una vez hubo terminado se levantó dejando nuevamente su peludo coño frente a mí y esta vez me lance sobre de el sin darle tiempo de reaccionar.
Doña Mara tuvo que apoyarse en la pared del baño para no caerse de la sorpresa. Usando mis manos separe aquella selva profunda hasta encontrar sus labios aun hinchados por la anterior cogida. Mi lengua penetro en ellos donde pude sentir el ligero sabor a orina así como los restos de mi corrida anterior. He de admitir que el sabor no fue de mi agrado pero la excitación pudo más haciendo uso de lo aprendido me propuse causarle otro orgasmo a mi madura amante.
Aquella mata de pelos me causaba un cosquilleo en mi nariz mientras mis labios se juntaban con los suyos. Entre aquel poblado monte de venus busque su clítoris hasta dar con él y comenzar a estimularlo con mi pulgar.
La señora gemía de gusto mientras le devoraba el coño, sentí sus manos posarse sobre mi cabeza y presionarme para que hundiera más mi lengua dentro de su raja. Le metí la lengua lo más que pude, recorriendo su intimidad y saboreando sus jugos.
La sentí presionarme con más fuerza contra su panocha y de improviso soltó su corrida sobre mi boca con lo que casi me ahogo.
Doña Mara estaba perdida de placer, sin duda alguna esto compensa por las dos últimas reuniones perdidas.
Una vez recuperada, doña Mara me tomo de la mano y regresamos a la sala.
– Te has portado tan bien que te mereces un premio.- diciendo esto se empino sobre el sofá con su culo apuntando hacia mí. – Adelante, mi cielo. Te lo has ganado. No muchos han tenido el placer de follarme ahí.-
Con sus manos separo sus nalgas dejándome ver su oscuro ojete. Por la posición también podía ver como su coño aún estaba chorreando con mi semen.
-¿Qué esperas, cariño? Lléname el culo con tu rica leche.- dijo visiblemente ansiosa.
Un tanto nervioso me acerqué a ella y alinee la cabeza de mi polla con su ojete. Sin saber muy bien cómo proceder comencé a intentar penetrarla lentamente. Mi verga fue abriéndose paso delicadamente dentro de aquel estrecho agujero. La sensación fue muy diferente a la de penetrar un coño. Sentía como su ano apretaba mi polla al entrar.
Doña Mara me miraba mientras entraba lentamente en ella, podía verla haciendo ligeras muecas de dolor.
-Uff, hacía rato que no tenía una buena polla ahí dentro, te agradezco que vayas despacio, cariño- dijo la señora.
Poco a poco su ano fue tragándose toda mi verga hasta que esto toda dentro de ella. Manteniendo el ritmo lento la volví a sacar despacito y de nuevo volví a meterla. Era algo increíble sentir como su ojete apretaba mi polla al entrar y salir. El ritmo lento y calmado me permitía disfrutar más de aquel culo madura pero la señora comenzó a aumentar el paso al moverse con más fuerza y velocidad.
Siguiendo su ejemplo agarre aquellas nalgas y las apreté al tiempo que aumente mis embestidas. Tomando de referencia lo visto en las películas porno le propine una nalgada que la hizo saltar de sorpresa. Al no recibir queja alguna le propine un par más que la hizo dar pequeños gritos de placer.
-Ufff señora, que rico culo tiene, me encanta, uffff, arghhh- gruñí de placer
-Ahhhh, que rico, sigue, mmmm, masss, asiii mi cielo, follame con ganas, uhhhhh, no pares, me corroooo, AHHHHH- gimio la madura soltando un grito de placer.
Yo tampoco aguante mucho y acto seguido vacié mi semen dentro de su apretado culo.
Caí sentado sobre el sillón mientras doña Mara se desplomaba a mi lado. Cuando recupere el aliento me dispuse a vestirme para marcharme.
-Una vez más te agradezco me hayas ayudado con mis ansias carnales y el que hayas tenido la mente abierta con mis peculiaridades. Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse nuevamente.- dijo doña Mara al acompañarme a la puerta y me dio un beso de despedida.
Salí del departamento un poco extrañado de lo que había ocurrido. De verdad que estas maduras tenían fetiches un tanto extraños. Me preguntaba cómo serían las demás, que clase de prácticas nuevas y extrañas tendrían.
Antes de regresar a mi casa y dado que mi madre no se encontraba decidí ir a la tienda cercana por algo de comer. Al cortar camino por el patio trasero en el silencio de la noche pude escuchar unos leves gemidos. Me di cuenta que provenían del departamento de doña Elide. La curiosidad me hizo acercarme hasta ahí, donde encontré una ventana semi abierta. Espié con mucho cuidado a través de ella y pude ver la causa de los gemidos.
Doña Elide estaba siendo penetrada por 2 jovencitos mientras frente a ella un tercero le ofrecía su polla para que chupara. Aquellas jóvenes vergas la taladraban con fuerza haciéndola lanzar gemidos ahogados por la polla en su boca que se sacaba por momentos para pedir la follaran con más fuerza.
Era increíble ver como se tragaba esa joven polla y por el rostro del chico parecía que era toda una maestra en el arte. Los otros chicos ponían todo su empeño en meter sus pollas de sus agujeros, lanzando gruñidos al hacerlo.
Vi como el chico de adelante se retorcía y de pronto se corrió, lanzando su semen dentro de la boca de la madura quien hábilmente no dejo ni escapar una gota.
Al parecer ser la anfitriona de los encuentros tenía sus ventajas. Me aleje de ahí en silencio pensando en cuando podría tener la oportunidad de follarla. Mientras tanto tenía muchas más maduras por descubrir y gozar con ellas.

CONTINUARA…

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