MALAS COMPAÑÍAS (I).

por Hypnoman

Jack tocó el timbre y escuchó el sonido que venía desde adentro.

– Un minuto -chilló casi frenéticamente una voz de mujer.

– Louise, ¿puedes ir a atender? -gritó la voz nuevamente.

Un momento después, Louise abría la puerta y fruncía el ceño ante Jack. El saludo típico.

– Hola Louise, te ves muy bien -dijo Jack, esforzándose por parecer encantador.

– Jill no está lista todavía -su tono era rudo y cortante. Jack no se sorprendió, ya estaba acostumbrado. Louise era la compañera de cuarto de su novia y él estaba obligado a tener que recibir ese trato cada vez que visitaba a Jill. Sin embargo ella era bastante bonita.

– ¿Le faltará mucho? -preguntó inocentemente.

– ¿Cómo demonios podría saberlo. Ella es tu novia así que averígualo tú -le contestó, mientras se daba media vuelta y volvía al interior del apartamento.

A los pocos minutos Jill salió, feliz como siempre que Jack la iba a buscar. La pareja feliz salió del edificio para comenzar una nueva cita.

Se dirigieron al restaurante francés más caro de la ciudad, se sentaron y ordenaron el mejor vino.

– Yo no se por qué ella se comporta como una perra contigo -dijo Jill mientras bebía un sorbo de vino.

– ¿Quién? -preguntó Jack simulando no saber de quién hablaban

– Louise. Siempre estoy escuchándola hablar barbaridades sobre tí, tanto que a veces me crispa los nervios. Jack observó complacido como el hermoso rostro de su novia se ponía colorado de enojo al hablar de su amiga. Estiró sus brazos sobre la pequeña mesa, en cuyo centro brillaba una vela encendida, y tomó las manos de Jill.

– Escucha, Louise sólo siente un poco de celos al ver que yo he entrado en tu vida. Siente que mientras yo esté cerca ya no podrán volver a hacer las cosas que hacían antes que me conocieras y que serán menos amigas. No quiere hacernos daño.

Le sonrió con una sonrisa franca, hermosa y encantadora que hacía que Jill se perdiese completamente cada vez que la observaba. Era su sonrisa lo que la atrajo a él. Esa noche, cuando lo conoció en la barra, había rechazado educadamente las proposiciones de cientos de tipos. Excepto a Jack. Él se le acercó de la misma manera que todos los demás, le preguntó si podía invitarla con un trago mientras le dedicaba una de sus mejores sonrisas. Ella no pudo decir que no y allí comenzó el romance.

Pero allí comenzó a entrar en escena Louise. Comenzó a hablarle mal de Jack, diciéndole que la usaría y la abandonaría y toda clase de cosas horribles. Muchas veces Jill habló de esas cosas con Jack y el la tranquilizó diciéndole que eran ridiculeces y dándole siempre explicaciones muy convincentes. Además, ¿cómo alguien con una sonrisa tan franca sería capaz de mentirle a ella?

– Supongo que tienes razón, pero eso no le da derecho a tratarte como lo hace.

– Olvidemos el asunto y disfrutemos la velada, por favor.

– Seguro.

La comida llegó y Jill olvidó a Louise y su pesimismo. Cuando terminaron, Jack abonó la cuenta como caballero que era. Salieron y decidieron dar una vuelta en el auto sin rumbo fijo ya que no tenían ningún apuro.

Decidieron estacionar el auto a las afueras de la ciudad para caminar un rato. Se encaminaron hacia un parque. Luego de caminar un poco encontraron una mesa de picnic y decidieron sentarse.

– Jill -dijo Jack mientras ambos miraban las estrellas.

– ¿Sí, Jack?

– ¿Has ido alguna vez a uno de esos shows donde se hace hipnosis? Jill frunció el ceño sorprendida.

– No, ¿Por qué?

– Pensarás que soy un tipo raro, pero a mi me fascinan esa clase de temas.

– No creo que seas raro. A mi también la hipnosis me parece algo interesante pero nunca vi como la utilizan en un show -dijo Jill intentando estar de acuerdo con Jack. Jack sonrió abiertamente, viendo como todo marchaba sobre ruedas. Desde que la había abordado en esa barra, Jill le había sido completamente devota y fiel a sus deseos. Era mucho más ingenua de lo que él había pensado en su momento. Todo iba a resultar mucho más fácil de lo planeado.

– Bien, yo he estado leyen

do un libro sobre el tema. ¿Piensas que puedo ser capaz de hipnotizarte? No tienes que decirme que sí pero realmente me encantaría hacerlo -dijo Jack sonando mucho más sincero que nunca.

– No se, Jack. Yo he visto películas….

– Por favor, nada de lo que aparece en las películas es real, te lo prometo -dijo sonriendo.

Ahora ya no había manera que se pudiese resistir.

– Bien, te creo hombre. Intentémoslo.

¡Qué ingenua era! Jack puso una mano sobre el hombro de Jill

– Okey, me alegra mucho que te hayas decidido, ahora sigue mi mano.

Comenzó a ondear su mano de un lado a otro frente a su cara

– Ahora, sólo respira profundamente y relájate. Respira y relájate. -Jill inspiró profundamente mientras se concentraba cada vez con más fuerza en los rápidos movimientos de la mano de Jack.

– Sólo relájate. Respira profundamente y relájate Jill pareció aflojarse en su asiento mientras las sugestiones de Jack comenzaron a invadir su mente. Jack repetía "Respira profundamente y relájate" una y otra vez y, cada vez que lo hacía, los párpados de Jill se cerraban un poco más. Finalmente sus ojos quedaron apenas abiertos y Jack aprovechó para susurrarle muy suavemente:

– Estás muy cansada Jill, muy cansada para poder mantener los ojos abiertos. Sólo ciérralos y podrás dormir.

Jack paró de mover su mano.

– Duerme ahora, Jill -le dijo mientras pasó la mano por su frente para ayudarle a cerrar los ojos.

Ella se desmayó en sus brazos, hipnotizada.

Jack la recostó sobre la mesa. Estaba tan hermosa, profundamente dormida, con sus hermosas facciones relajadas. Se arrodilló al lado de ella y le susurró:

– ¿Puedes escucharme Jill?

– Sí… -contestó en un tono apenas audible.

– Estás en trance hipnótico, Jill, y seguirás todas mis sugerencias. ¿De acuerdo?

– Sí.

– Bien, Jill, muy bien. Pronto despertarás y recordarás absolútamente todo lo que ha ocurrido esta noche. Recordarás cada detalle. No querrás olvidar nada. A partir de este momento la hipnosis te resultará extremadamente excitante y el solo pensar en ella te excitará mucho. ¿Has comprendido Jill? Hubo una pausa. Por un momento Jack pensó que había ido demasiado rápido, tratando de meter en la cabeza de Jill largas sugestiones, pero ella respondió:

– Sí.

Suspiró aliviado.

– Despierta, Jill -lentamente ella abrió los ojos y se sentó.

– Wow… -fue todo lo que pudo decir.

– ¿Te gustó? -preguntó Jack.

– ¡Sí, mucho! Vas a tener que hacérmelo nuevamente -dijo, sorprendida de lo mucho que lo había disfrutado.

– Puede ser, en otro momento. Es tarde ahora y creo que deberíamos regresar. Louise debe estar preocupada.

– Sí, tienes razón. Tú siempre tienes razón.

Jack simplemente sonrió y juntos regresaron hacia el auto.

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Autor: Hypnoman

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Escrito por Marqueze

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