MALAS COMPAÑÍAS (III).

por Hypnoman

Louise escuchó el ruido de la puerta al cerrarse y observó su reloj. Eran las 0:30. Ella había estado con ese manipulador casi cuatro horas. Observó a su compañera de cuarto colgar su chaqueta. Algo parecía diferente en ella. Louise no podía describirlo pero definitivamente algo en ella parecía diferente.

– Hola Louise. ¿Qué estás haciendo levantada?

– Asegurarme que el malhechor de tu novio no te viole ni te secuestre.

Normalmente un comentario como este, tan frecuente en Louise, habría enfurecido a Jill al punto de recriminarle por qué decía cosas tan horribles de un ser humano tan adorable y tierno como Jack. Sin embargo sonrió y dijo:

– Tuvimos un gran encuentro

– ¿No vas a defenderlo como lo haces siempre? ¿No vas a decirme que es una magnífica y sincera persona? -Louise pronunció estas últimas palabras con sarcasmo.

– No puedo creer que seas tan ingenua, Jill. Ese hombre está tan lleno de mierda que puedo olerlo desde aquí -continuó.

– ¿Es todo? No sabía que usabas la nariz para cosas como esa.

El tono de Jill era apático y ella comenzó a hacer pequeños arreglos a la decoración del departamento, dando a entender que no tenía el menor interés en seguir la discusión con su compañera de cuarto.

– ¿Me estás escuchando? -Louise gimoteó.

– Quizás estés demasiado cansada por quedarte despierta hasta tan tarde -dijo Jill dirigiéndose a su amiga.

– Estás actuando realmente rara Jill. Él te está cambiando, te está volviendo contra mí. No puedes decirme eso.

– Sólo siéntate Jill, relájate. Has tenido un día muy difícil. Jill la miró directamente a los ojos, tal como Jack lo había hecho con ella. Su tono era suave y monocorde. Louise pareció tranquilizarse pero, con pocas fuerzas, protestó:

– No necesito sentarme, sólo estoy tratando…..

Jill puso suavemente su dedo sobre los labios de Louise:

– Shhhhhhhhh. Siéntate Louise. Quieres sentarte. Sólo quieres sentarte y relajarte. Siéntate y relájate Louise.

Louise, aunque trataba, no podía sentirse enojada con Jill. No sabía como explicarlo. Podía ser la manera en que la miraba a los ojos y como le hablaba, suave y dulcemente, pero Louise se encontró retrocediendo hacia el sillón para acurrucarse comodamente allí. Se quedó mirando fijamente a Jill, con ojos bien abiertos y sin decir nada.

– Así, tú estás muy relajada ahora, Louise. Mantén tus ojos sobre los míos. Eso es, muy, muy relajada ahora. Estás muy cómoda en ese suave y cómodo sillón. Recuéstate sobre el sillón y siéntete aún más relajada.

Louise dejó caer sus brazos a ambos lados y su cabeza cayó hacia atrás, sobre el respaldo. Jill continuó con la tarea especial que Jack le había asignado, calmando suavemente a su compañera, sumiéndola en un sugestionable sueño, tal como él le había enseñado.

– Tú estás muy relajada y cómoda Louise. Tan relajada y tan cómoda que difícilmente puedes permanecer despierta. Estás muy cansada, muy cansada. Ha sido un día difícil, muy difícil. Déjate llevar, sólo déjate llevar y duerme.

Sus ojos estaban a punto de cerrarse. Señales de protesta intentaban tomar forma en su mente pero sus labios eran incapaces de articular palabra.

– Duerme, Louise, dueeeeermeeeeee….

Jill ligeramente tocó la frente de su compañera y sus ojos terminaron de cerrarse por completo. Su cuerpo terminó de caer fláccidamente en el sillón.

Jill retiró el pelo de la cara de Louise y susurró en su oído:

– Ahora estás bajo hipnosis, Louise. Tu mente está relajada y abierta. ¿No es cierto? Hubo una pausa. Luego un susurro escapó de sus labios:

– Siiii. Relajada y abierta.

– Escúchame cuidadosamente Louise y mantén tu mente relajada y abierta. Cuando yo te lo diga, tu querrás sentarte y abrir los ojos. Mantendrás tus ojos sobre los míos todo el tiempo y mantendrás tu mente relajada y abierta. ¿Me has entendido, Louise?

– Siiii.

– Bien, siéntate ahora.

Ella pesadamente abri&oacut

e; los ojos y lentamente se fue incorporando hasta quedar perfectamente sentada. La mirada vacía yacía sobre los ojos de Jill, la boca entreabierta pero en silencio.

– Mírame a los ojos y escucha Louise. Aún estás hipnotizada y tu mente sigue relajada y abierta. En unos momentos tomaré el teléfono y llamaré a Jack.

La expresión serena de Louise se endureció. Estaba semidormida y sabía que tenía que escuchar a Jill, pero también sabía que Jack era una mala persona y que Jill no debería llamarlo….

– No…no llames…mala persona….Jack….te está usando…. -balbuceó Louise con un mínimo de conciencia.

– Mírame a los ojos, Louise. Relaja tu mente y escúchame. Jack no es una mala persona. Es maravilloso y cuidadoso. Ya no debes odiarlo. De todas maneras permanecerás hipnotizada mientras lo llamo.

La mente de Louise estaba demasiado confundida como para seguir resistiendo. Dejó de cuestionar las sugerencias de su compañera y las aceptó sin vacilaciones:

– Siiiiii…..permaneceré……hipnotizada.

Jill dejó a Louise sobre el sillón, mirando fijamente a la nada, y se dirigió hacia el teléfono. Marcó el número de Jack y éste contestó casi al instante:

– ¿Ya está hecho? -preguntó.

– Sí Jack. Hice todo lo que me ordenaste. Ella está sobre el sillón, despierta pero en trance, tal como me lo pediste.

– Muchas gracias Jill. Yo nunca hubiese podido hacerlo porque ella no confía en mí. Gracias a tí, ella nunca más interferirá en nuestra felicidad.

– Oh Jack, estoy tan asombrada. Yo la estaba…….controlando. Era tan….. tan……

– ¿Excitante?

– Siiiiii -gimió ella sexualmente.

– Mantenla bajo tu control. Pronto estaré por allí.

– Oh, Jack. Puedo complacerte profundizando su trance. Es tan maravilloso hipnotizarla.

– Me gustaría verlo mi querida pero tu no eres una experimentada hipnotista como yo. Quizás más tarde puedo enseñarte pero ahora debo hacerlo yo.

– Entiendo -dijo Jill, un poquito desilusionada.

– Deja la puerta abierta, estoy en camino.

En diez minutos, Jack arribó al departamento de su novia. Jill lo hizo pasar al living, donde Louise permanecía en trance, con la mirada perdida en el vacío.

– Deberías dejarnos solos -dijo Jack con el más dulce de sus tonos.

– Realmente me gustaría verlo.

Jack dejó de mirar a Louise y clavó sus ojos frente a los de Jill:

– Tú nos dejarás. Te irás a la habitación y caerás dormida inmediatamente.

El tono de Jack era demandante y cada palabra retumbó en el muy sugestionado cerebro de Jill. Sin decir una palabra ella dio media vuelta y mecánicamente caminó hacia su habitación, donde cayó dormida aún vestida. Jack regresó la atención hacia Louise:

– No puedes poner en duda que soy un hipnotizador muy experimentado, Louise. Me llevó años de práctica, pero ahora puedo influenciar a la gente mucho más allá de lo que se logra con la hipnosis normal. Se arrodilló frente a ella y comenzó a balancear su mano sobre el rostro de Louise. Ella pestañeó pero su expresión no cambió.

– Tu trance es débil, Louise, pero lo suficientemente profundo para bajar tus defensas. Enseguida te llevaré mucho más profundo y tú cambiarás definitivamente tus actitudes. Como verás, Louise, tu estás en camino. Camino a mi diversión. Como sabrás, Jill es lo que podemos llamar una persona muy ingenua. Es por eso que me interesó tanto. Aún antes que la hipnotizara ella aceptaba todo lo que yo decía, sin cuestionarme nada. Por eso fue muy simple alterar su personalidad. ¿Qué puede haber más emocionante que tomar el control de las personas y alterarles su personalidad Louise escuchaba todo pero su mirada siempre alojaba esa expresión vacía.

– ¿En qué estábamos? Ahhh, sí, en que debo llevarte más profundo.

Jack colocó sus manos a ambos lados de la cabeza de Louise y la acomodó para que sus ojos quedaran directamente sobre los suyos.

– Míralos, Louise. Mira mis ojos. Observa como te llevan más a lo profundo. Más profundo Louise, más profundo en la hipnosis, profundamente bajo mi control Louise.

– Profun….damente…..bajo…tu control -repitió Louise

– Cada palabra que yo dig

a te conducirá más profundo. Ya estás muy profundo ¿No es así?

– Siiiii….

– Contaré de diez a cero. Cuando alcance el cero estarás completa y totalmente hipnotizada. ¿Has comprendido?

– Siiii….

– Espléndido. Diez…Nueve…Ocho….Siete….Seis….Cinco…Muy profundo Louise…Cuatro…Tres…Más profundo ahora….Dos…Uno….y Cero. Tu estás totalmente bajo mi control ¿Verdad?

– Siiiii, bajo tuuuu…controool.

– Me obedecerás…

– Te obedeceré…..Jack….

– Harás todo lo que te pida….

– Siiiii, …… cualquier cosa……

– Párate Louise.

Sin dejar de mirar los ojos de Jack, ella se incorporó. Jack hizo lo mismo y le dijo:

– Ahora tu eres mía, Louise. Eres mi esclava y yo soy tu Amo. Repítelo.

– Yo soy….tu esclava. Tu….eres…..mi Amo.

– Muy bien Louise. Ahora que hemos dejado en claro muchas cosas, me gustaría verte desnuda. Sácate la ropa, esclava.

– Siiii, Amo….

Louise deslizó lentamente su blusa y su pantaloncito. Debajo de ellos llevaba un sostén negro y unas bragas, que también se las quitó, despacio y mecánicamente. No tenia zapatos ni medias. Jack examinó su maravilloso cuerpo. En los meses que llevaba odiando a Louise, el no había notado lo sexy que era. Su estómago era musculoso y sus pechos eran firmes y redondos. Jack condujo su mano desde sus firmes muslos, pasando por su frondosa entrepierna, tocando sus pechos y culminando en su cara.

Jack pensó en el extraordinario trabajo que había hecho, convirtiendo a una mujer que verdaderamente lo había despreciado en una lujuriosa esclava sexual y comenzó a planear las infinitas formas de aprovechar a sus "nuevas relaciones".

FIN

Autor: Hypnoman

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Escrito por Marqueze

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