MARIA DEL CORTIJO

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Hola:La historia que les cuento sucedió hace ya bastantes años. Mi amigo Juan y yo estudiábamos en la complutense en Madrid. Teníamos 20 años. Juan era de un pueblecito de la provincia de Cáceres, pero vivía con nosotros en Madrid durante el curso. Cuando llegaba el verano los dos nos íbamos a su pueblo, su padre poseía una finca bastante grande en las inmediaciones de la Sierra de San Pedro, con un hermoso embalse en el interior. Allí nos pasábamos el verano pescando y con la lancha por el pantano.

En la finca había un cortijo en el que habitaban el guarda o empleado de la finca y su esposa, una mujer de unos 40 años, rubia, de piel muy blanca, delgada y una verdadera preciosidad de mujer. No tenían hijos y ella procuraba cuidarse, siempre estaba arreglada y llamativa.

Cuando llegamos a la finca, nos recibieron todos con los brazos abiertos, el padre de Juan se alegró mucho, porque al día siguiente él y el guarda tenían que marcharse a Barcelona a llevar unos animales con el camión, según dijo, estarían fuera al menos una semana, y nos agradecía que nos quedásemos allí, de esa forma María, la mujer del guarda no estaría sola y de paso la ayudaríamos a cuidar los animales.

Al día siguiente muy temprano los dos hombres se marcharon con el camión, nosotros Juan y yo, dormíamos en la planta superior y sobre las nueve de la mañana nos dimos una ducha y bajamos a desayunar. María estaba en la cocina, con un vestido largo y ajustado, estaba guapísima.

Ese día lo pasamos en el pantano sin apenas hacer caso de la mujer, pero al día siguiente, Juan bajó antes que yo, que me duché en segundo lugar, cuando lo hice, estaban María y él asomados al patio, observando como un perro de raza mastín, enorme, intentaba penetrar a una hembra de la misma raza pero al parecer todavía muy joven. Estaban emocionados y apostando a que conseguía penetrarla.

Como había poco espacio, me coloqué detrás de ellos a observar también a los perros. La situación era morbosa, aquel animal tenía un enorme pene rojo, muy delgado de considerable longitud, que restregaba a la hembra por detrás intentando la penetración.

Así permanecieron bastante rato, la situación era súper morbosa. Quizás el hecho de rozar de vez en cuando a María, hizo que me excitase y mi pene estuviese totalmente erecto.

La mujer debió notar como estaba de excitado, pues de vez en cuando movía su trasero rozando mi verga. Me aproximé un poco más a su culo y disimuladamente apreté mi pene. Ella no dijo nada, yo más bien diría que le gustaban los roces.

Dejé de disimular y abiertamente la agarré por las caderas. Sabía el riesgo que corría, pero estaba más excitado que el propio mastín. En último caso con pedir perdón tenía bastante.

La respuesta fue sorprendente, se agachó un poco más sobre la ventana y permitió que le rozase mi pene por todo su trasero. Juan se volvió mirando, pero no dijo nada. La agarré por los pechos y apreté mi pene contra su trasero, comenzó a gemir. Se dio la vuelta y agarrándome por la mano me llevó a la habitación de la planta baja, Juan la agarró por los hombros y comenzó a besarle el cuello.

Una vez en la habitación, comenzó a desnudarse, no se había quitado el vestido cuando nosotros estábamos completamente desnudos, los penes erectos y a punto de eyacular. Se echó sobre la cama, Juan comenzó a comerle los pechos, yo abrí sus piernas y pasé mi lengua por su coño, estaba muy excitada, se dejaba hacer, estuve comiéndome su coño bastante rato, hasta que sentí como gemía de placer y se corría en mi boca.

Abrí bien sus piernas y me acoplé entre ellas, mi polla entró dentro de su coño sin esfuerzo alguno, mientras ella le hacia una estupenda felación a Juan, que no tardó en eyacular en su boca.

Cruzó sus piernas por detrás de mis nalgas e inició un suave balanceo, aquello terminó co

nmigo, me corrí en su interior inmediatamente.

Estuvimos un rato más en la cama, la penetramos dos o tres veces más, siempre eyaculando en su interior, cuando terminaba uno, se retiraba y se acoplaba el otro. La leche se salía de su coño manchando sus glúteos y la cama. Al rato, estábamos agotados, nos levantamos los tres y nos dimos una ducha. Nos vestimos y como el día anterior nos fuimos al pantano, pero esta vez nos acompañó María. En el camino hacia el pantano, le fuimos tocando el culo, los pechos, lo que hizo que nos excitásemos de nuevo.

Al lado del muro de contención, nos paramos a coger gasolina para la lancha, y nada más entrar en el cuartucho donde se guardaban la gasolina y otra serie de elementos de pesca, cogimos a María, uno por detrás y otro delante, al levantarle el vestido, no llevaba braguitas, eso facilitó todo, me senté encima de un taburete, ella abrió sus piernas y se sentó encima metiéndose la polla hasta el fondo, Juan la besaba y tocaba los pechos, estaba muy excitada y no tardó mucho en correrse, se quitó de encima y se agachó a chupar mi pene, en esa postura, Juan la penetró por detrás de nuevo nos corrimos dos veces. María estaba encantadísima, no paraba de besarnos y acariciarnos.

El día y la noche transcurrieron igual, en el momento en que nos veía excitados se agachaba y la penetrábamos. Los orgasmos que tenía eran continuos, nos dejaba agotados, pero volvía a excitarnos y de nuevo la penetrábamos.

Dormimos los tres en la misma cama. Por la mañana descubrimos algo nuevo. Cuando salí del baño, Juan se la estaba follando, él encima de la cama y María sentada sobre él, tenía la polla entera en su coño. Estaba agachada porque le estaba mordisqueando los pezones, algo que la volvía loca, y su culo ligeramente levantado. Me aproximé por detrás, apoyé el glande en su agujero rosadito, le di una buena embestida, introduciendo toda la polla en su interior. María dio un grito de dolor, pero ya era tarde, la tenia totalmente enculada. Aquello era una satisfacción indescriptible, su culo apretaba fuertemente mi polla, en segundos me corrí en su interior.

Al parecer era la primera vez que alguien se follaba su culo, ya que al parecer su marido lo había intentado en alguna ocasión, pero el dolor se lo había impedido. A partir de aquel momento y durante los siguientes días, la tuvimos todo el tiempo sin braguitas, con una falda muy corta, nos la follábamos a cualquier hora, en todos los sitio bastaba con que nos excitase un poco, cosa que sabia hacer muy bien, para que en el mismo sitio la penetramos, en ocasiones uno solo, por su coño o su culo, en ocasiones los dos, uno por cada sitio. Pasamos unos días de sexo.

Creo que ella quedó satisfecha para una buena temporada. Si alguien desea practicarlo que se ponga en contacto.

Autor: mtb55 mtb55 (arroba) telefonica.net

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Escrito por Marqueze

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