María es adicta a mi semen (II)

¡Comparte!

María me acababa de pegar la mamada de mi vida y me acababa de confesar que era adicta a chupar pollas.

 

Despues de limpiarme la polla y dejarla reluciente, María empezó a jugar con ella de nuevo, pajeándome lentamente.

 

– O sea que iba en serio lo de que te encanta chuparla…

– Ni te imaginas, pura adicción. Mira.

 

Y volvió a engullirse mi polla hasta la garganta y la dejó ahí mientras se hacía más gorda. Mi polla no tardó en ponerse dura como una roca así que comencé a empujar con mis caderas dentro y fuera de su boca.

 

– Síí, ahh, que gustooo…

– Voy a comerme esta polla, toda mía

– Eso, no pares de chupar. Así, chúpame el capullo bien.

– ¿Te gusta cuando tu succiono el capullo,eh?

– Me pone a mil, sigue chupando… eso es… chupaaaahh.

– Ven ponte aquí. – María se hizo a un lado del sillón y yo me senté apoyando mi espalda en uno de los brazos, las piernas abiertas y la polla tiesa sobre mi vientre. Me la cogí con una mano y apuntando a su boca:

 

– Toma polla, cómetela.

– Sí, dame cabrón que te voy a dejar seco.

– Así, chúpala desde los huevos al capullo. Ahora lame el capullo, eso es, muy bien, perrita.

– Quiero más polla, no lo puedo evitar, quiero tragar polla y que me revientes la garganta.

– Pues dame tu boquita que la folle bien, abre, eso es.

 

La agarré el pelo en una coleta y con la  otra mano apuntaba mi polla a su boca. Dejé caer su cabeza para que el capullo  quedara  totalmente dentro de su boca, atrapado por sus labios que se contorsionaban alrededor atrapándolo.

 

– Ahh, síí, chúpame el capullo bien, ahhh, eso es… que mamada  más buena…

 

Un hilo de baba espesa empezaba a escurrirle por la comisura y resbalaba hasta mis huevos, ella no dejaba de mover su lengua sobre todo mi glande.

 

– Así, ahora la punta sólo, chupa la punta.

– Te la voy a chupar así hasta que te corras en toda mi boca.

 

Se metió la punta de mi rabo hasta mitad del glande y comenzó a succionar dentro y fuera como si yo fuera su refresco. Era una sensación de gozo plena, creía que me iba a correr a cada movimiento de sus labios.

 

– ¡Pufff! Que gustazooo, sigue así, chupa bien la punta de mi raboo.

 

Ella siguió un buen rato en esa posición, chupando ruidosamente la punta de mi polla, lamiendo el frenillo, jugando con el glande. A todo esto ella estaba jugando con su coño, frotándolo intensamente con dos dedos y sus caderas temblando.

 

Se notaba que le gustaba mamar pues a cada chupada que daba emitía pequeños gemidos de placer, le ponía muy cachonda chupar.

 

– ¡Joder, me corrooo, ya, aahh… toma mi lefa calentita!

 

Ella sin sacarse la punta de mi glande de la boca siguió chupándolo a la vez que me miraba fijamente a los ojos como  queriendo ver mi expresión al correrme.

 

– ¡¡¡Ahhhh, qué gusto, toma leche, tómala todaaa!!!

 

Entonces mi polla empezó a convulsionarse y a soltar lefa a borbotones. María se limitó a succionar con más fuerza y a seguir metiendo y sacando la punta de su boca así que podía ver como le entraba la lefa en la boca y ella la dejaba escapar de su boca y se escurría por mi polla.

Con la mano recogía los restos de semen y baba en mi polla y me pajeaba con ellos al tiempo que me corría.

 

Mi polla seguía escupiendo semen en su boca, sobre sus labios, su barbilla. El que se le acumulaba y no iba a parar a mi polla se descolgaba como un espeso hilo hasta caer al suelo.

 

María se empezó a correr cuando yo le estaba descargando mi leche en su boca. No dejaba de frotar su clítoris e incluso estaba salpicando todo con la abundancia de flujos. Sus caderas se convulsionaban y empezó a lanzar fuertes gemidos mientras recibía mi leche y se corría.

 

Terminé de correrme y ella se lanzó a limpiar los restos con su boca, de nuevo tragándola hasta la garganta y chupando despacio y con mimo cada rincón hasta que no hubo ningún rastro de mi semen en mi polla o en mis huevos.

 

– Bufff, vaya corridón me he pegado.

– Joder pues yo me he corrido enterita también, qué gustazo.

– Oye nos merecemos un buen descanso, ¿no crees?

– Bueeno… pero no mucho más de cinco minutos, ¿eh? ¡Ja, ja, ja!

– ¡Ja, ja, ja!… vaaale.

– Necesito ir al baño.

– ¿Vas a mear?

– Sí, ¿Por qué? ¿Querías ir tú?

– No, bueno… es que… ¿Puedo ir contigo? – Ella sonrió de forma inocente.

– Bueno, vaaa – Le dije yo siguiéndola el juego y le alargué mi mano para  que la cogiera.

– No quiero esa mano, quiero esta – y agarró mi polla morcillona que empezaba a despertar de nuevo – Pero tienes que llevarme al baño con tu polla  en la boca.

– Me parece bien, toma abre – Y le metí mi polla morcillona en la boca.

 

Ella enseguida comenzó a succionarla  y chuparla, iba despertándose por momentos a pesar de haber soltado dos corridas tan abundantes en la última hora.

 

Así que el cuadro era auténtico: María doblada mamándome la polla y ambos caminando como podíamos hasta el baño. Mi polla estaba de nuevo tiesa, muy dura. Si encontrábamos el más mínimo obstáculo en el camino, lo usábamos de excusa para que la follara por la boca un poco más a fondo. Ella no se despegaba de mi polla y no dejaba de gemir, la encantaba.

 

Yo a todo esto me estaba meando así que intentaba llegar también lo antes posible. Pero justo al llegar al umbral del baño María se agarra al marco y dice:

 

– Aquí no entras hasta que sueltes una corrida más.

– Buff, no creo que pueda, me estoy meando.

– Pues dale – Y diciendo esto abrió la boca y se apuntaba con el dedo índice.

– ¿Qué le de? Quieres… ¿Quieres que te mee en toda la boca?

– Quiero que uses mi boca como si fuera tu retrete particular.

– Joder, cómo me pones…

 

Y con estas que me relajé y me preparé para mear, ahí en la puerta del baño con la dulce cara de María ahora mirando con lascivia y expectación. Se empezó a amasar las tetas y no tardó en bajar una mano  a su coño para acariciarlo. Su mirada se clavaba en la mía.

 

Empezó a salir el pis de mi polla, primero un chorro suelto que le mojó las tetas y ella  aprovechó para restregárselo mientras gemía y se  retorcía de placer. Luego salió el chorro consistente que subió calándole las tetas, la barbilla (donde le  salpicó a toda la cara) y finalmente sus labios y su boca, donde lo mantuve después. Aquél día había bebido mucha agua y tenía bastantes líquidos acumulados así que estuve así un buen rato.

 

Ella no lo tragaba, abría y cerraba su boca dejándolo entrar y escupiéndolo a la vez. En un momento dado se metió el capullo en mi boca y lo dejó ahí. El pis ahora le salía a borbotones de la boca y mi polla empezaba a reaccionar, no sé, era una sensación muy rara que te la chupen mientras meas, mezcla de quiero y no puedo. Pero sin duda reaccionaba y notaba que iba creciendo hasta que cuando acabé de mear se empezaba a poner dura de nuevo.

 

María siguió con mi polla en su boca, ahora asegurándose (parecía todo un ritual) de que quedara bien limpita.

 

– Ahora quiero mi corrida, dame más leche caliente, te voy a ordeñar – dijo ella

 

Al oir esto se me volvió a poner dura y me entraron muchas ganas de follarle la boca fuerte.

 

– Ven aquí, abre bien la boca – le dije mientras le agarraba el pelo por detrás y me agarraba la polla con la mano apuntando a sus labios – Hoy vas a tragar más leche que en toda tu vida, zorra.

– Vamos dame más lechazos en la cara, quiero tragar lefa de tu polla, úntamela todita…

 

Introduje mi polla en su boca y así, como si de un objeto se tratara, comencé a follármela. Le agarraba la cabeza con ambas manos y mi cadera estaba completamente inclinada hacia delante. Mi polla entraba y salía de su boca, se la engullía por completo, hasta la garganta. La dejaba ahí un poquito y la sacaba.

 

Luego comencé a acelerar el ritmo de mete saca y debo decir que con la excitación del espectáculo de hace un momento no me costó llegar a mi tercer orgasmo.

 

– Joder, qué gustazo me das… Me voy a correr follándote la boca.

– Vamos, quiero que te corrar mientras me follas la boca, pero no pares, ¿vale?

Quiero decir, aunque estés soltando leche por la polla a borbotones tu sigue follándome la boca sin parar, ¿Entendido?

– Pero qué puta eres… claro que sí, como esto.

 

Y con esas me dispuse a follarle la boca como si la estuviera taladrando un martillo neumático. No podía emitir gemidos pues eran todo sonidos guturales de mi polla metiéndose y saliendo a gran velocidad en su garganta. Ella empezaba a babear descontrolada, se pajeaba el coño a la vez pero con dificultad pues la estaba follando la boca muy fuerte. Ya no podía más y estallé:

 

– ¡Aaaaah, me corrrooo, ME CORRRROOO! ¡Toma lefa, tóma leche caliente!

 

Me empencé a convulsionar mientras me corría follándole la boca. Sentía un latigazo de placer con cada chorro de esperma que salía de mi polla. Yo no paraba de subir y bajar mis caderas mientras mi polla escupía un chorro, otro, otro más. La lefa le rebosaba de los labios y caía sobre mi polla y cojones.

 

Cuando no me quedaba más leche que soltar, dejé un rato mi polla en su boca (más bien no me quedaba más remedio pues María no la soltaría). Ella seguía jugando con mi glande y con los restos de semen en su boca, que iba tragando poco a poco.

 

– Fíjate cómo has dejado mi polla… ¡Abrá que limpiarla!

 

Ella se lanzó a limpiarla pero se lo impedí.

 

– No quiero que me limpies con tu boca esta vez. Méame la polla.

– Joder, ¿Me lo dices en serio?

– Sí, ¿Qué pasa? Yo te acabo de mear, ¿No?

– Me pone muchísimo hacer eso, ven aquí.

 

Nos fuimos a la bañera aunque el suelo del baño y del pasillo estaban ahora llenos de meos y lefa y no hubiera importado mucho un poco más.

 

Yo me senté en la bañera y ella se puso delante mía y empezó a acariciarse el coño, preparándose para mear sobre mi polla. Luego se inclinó un poco y suspirando comenzó a mear sobre mi polla. La sensación era increíble, el chorro me pasaba arriba y abajo de mi polla, por los huevos, me daba un gusto incleíble y el morbo de ver a María haciéndolo delante mía era incomparable.

 

Ella estaba embobada mirando con detalle cada milímetro de mi polla que era limpiado a presión con su chorro. Yo no sé que me pasaría aquel día pero me empezaba a poner morcillón de nuevo.

 

– Uffff, qué gustazo. Me he quedado nueva – dijo María entre escalofríos.

– Je, je, y a mi también me la has dejado nueva.

– Ja, ja, es verdad. Oye, me ha encantado hacértelo.

– Y a mí que me lo hicieras, la verdad es que nunca antes lo había hecho y tenía curiosidad. Fíjate como me has puesto – apunté con la mirada hacia mi polla ahora semi erecta de nuevo.

– Eso habrás que apañarlo pero mejor darnos una ducho, ¿No crees?

– Pues ya que estamos aquí me parece bien.

 

María abrió el agua y nos besamos largo y tendido bajo el chorro. Cuando el baño empezó a parecerse a un baño turco, comenzamos a enjabonarnos y acariciarnos los cuerpos.

 

Yo la enjabonaba la espalda, bajando hasta sus nalgas y metiendo mis dedos entre su culo hasta su coño. Ella me enjabonaba el pecho con una mano y con la otra se dedicaba a hacerme una pausada paja con el jabón, pasando su mano por mis cojones.

 

– Me encanta tocarlos cuando están así de suaves.

– Sí, es por el calor.

– Oye, ¿Sabes qué?

– ¿Qué?

– Pues que hace un momento me has follado la boca y te has corrido en ella y ahora empiezo a tener ganas de más leche.

– Eres insaciable.

– Ya te lo dije, soy una adicta.

 

Nos besamos un rato más con el agua caliente cayendo sobre nuestros cuerpos. Era una gozada sentirla y abrazarnos mientras nuestras lenguas se unían. Cuando nos hubimos aclarado bien, salimos y nos secamos. Como hacía bastante calor nos quedamos desnudos los dos.

 

– Joder Juan, nunca me hubiera imaginado que tú estuvieras tan salidillo.

– Pues tú no te quedas nada corta, je, je. Además tienes un cuerpo muy sexy, me pone mucho.

– ¿Hace un sandwich?

– Venga vale.

 

Así que nos fuimos a la cocina y María preparó un par de sandwiches muy buenos y nos los comimos charlando un poco de todo.

 

Ella no había acabado aún su sandwich y me dijo con gravedad:

 

– ¿Te puedo pedir algo muy importante para mí? – me dejó sorprendido.

– ¿Qué es?

– ¿Te correrías en mi sandwich para poder comerme tu lefa?

– Pues claro, eso no se pregunta, vamos – Y ya estaba yo dispuesto a ensartarle la boca cuando me dice:

– Pero esta vez quiero que te masturbes para mí.

– Mejor aún, yo ya no tengo nada que comer y me he quedado con hambre. Quiero que me montes la boca con tu coño hasta correrte y mientras me pajeo para tí.

– Trato hecho.

 

Me tumbé a lo largo en el sillón y ella puso su culo en mi cara, mirando hacia mi polla. Primero me pasó el ojete por la boca, lo cual yo aproveché para lamerlo e introducir mi lengua. Luego se inclinó un poco más para pasarme todo su coño por la boca y la cara. Sus flujos eran abundantes y se me resbalaban por la barbilla, la nariz, las mejillas.

 

Yo mientras tanto me pajeaba para María y seguía comiendo coño y deleitándome con tan suculento manjar. Mi lengua recorría cada recoveco y de vez en cuando ella aprisionaba mi boca con su coño para que le succionara el clítoris, cosa que yo hacía con fruición.

 

Al poco María empezó a moverse más rápido cabalgando mi boca hasta que aprisioné su clítoris entre mis labios y comencé a succionarlo, momento en el cual se empezó a correr.

 

– Ahhh, cabrón, cómo chupas, ahh me corroooo, ¡¡ME CORRROOO!!

 

Moviendo las caderas adelante y atrás yo hacía lo que podía para no soltarme de su clítoris. Ella no paraba de gemir mientras se corría. Sus flujos me chorreaban por toda la cara ahora, yo seguí chupando ese maravilloso coño.

 

– Joder cómo me pones tío, quiero correrme de nuevo, me corro de nuevo joder.

Y diciendo esto empezó a frotar su coño por toda mi cara y comenzó a correrse de nuevo.

 

– ¡¡¡Ahhhh!!! ¡¡¡Me matas!!! Otra vez… ¡¡¡¡¡ME CORRROOOOO!!!!

 

Esta vez los fluidos fueron más abundantes pues me salpicaron al pecho y algunos llegaron hasta mi polla. Mi cara estaba empapada de mujer.

 

Después del doble orgasmo ella cayó rendida sobre mi pierna, convulsionándose aún por la corrida y mirando como yo seguía pajeándome para ella. Estuvimos así un momento hasta que ella dijo:

 

– Necesito tu leche ahora – alcanzó el trozo de sandwich que le quedaba de antes – aquí, y que no se desperdicie nada.

 

Yo me incorporé obediente y muy cachondo con mi polla tiesa en la mano y a punto de estallar por cuarta vez aquel día. Comencé a pajearme delante de  su mano, que sujetaba el sandwich.

 

– ¿Vas a darme tu leche, verdad cabrón? ¿Te vas a correr en mi sandwich para que yo me coma tu lefa caliente, verdad?

 

Yo ya no podía más, sus palabras me ponían a cien. No tardé mucho por la excitación y al cabo de un rato le dije:

 

– Aquí viene tu leche, tómala… ¡¡ME CORROOO!!

 

Y de mi polla empezaron a salir chorros y chorros de esperma. El primero le dió en el labio superior, parte se le metió en la boca y parte cayó en el sandwich. El segundo lo atiné mejor y cayó todo al sandwich. Un tercero cayó parte en el sandwich y parte en sus manos por las que goteó un poco hasta el suelo. Solté dos chorros más que fueron a parar a su boca y al sandwich.

 

Después de correrme ella se había quedado hecha un poema, ahí de rodillas con el sandwich enfrente de la boca, cubierto de semen, la boca con chorretones de esperma rebosando por los labios y la eterna lascivia en su mirada.

 

Como si nada, ella se llevó el sandwich a la boca y comenzó a comérselo.

 

– Hmmmm… Qué rica está, y recién ordeñadita mejor.

– Lo tuyo es puro vicio… me gusta.

 

Terminó de comer el sandwich y continuó con los restos que le colgaban de la barbilla y los labios hasta que tuvo la cara limpia de mi semen.

 

– Y ahora el postre – dijo, y metió mi polla en su boca de nuevo para limpiar los restos de lefa – ¡Qué rica estaba!

– Me alegro de que te gustara, a mi me ha encantado dártela. Dime algo, ¿Te masturbas con frecuencia?

– Bufff, mogollón. Hay veces incluso que tengo que irme al baño en el trabajo para hacerlo.

– ¿Como dos veces al día?

– Qué va, eso sería un día flojo, je, je. Normalmente entre tres y cuatro veces. Hay días que he estado tan cachonda que me he corrido más de diez veces, perdí la cuenta.

– Diez veces, eso suena muy cachondo, me hubiera encantado haberlo visto.

– En realidad fue un día raro, ¿Quieres que te lo cuente?

– Claro, cuenta.

– Me levanté más excitada de lo normal, estaba muy cachonda, no sé si habría tenido un sueño húmedo o si era la presión del trabajo, que en aquella época era muy grande.

– Sí eso me pasa a mí también, supongo que es por el estrés.

– Pues el caso es que era sábado, la noche anterior había estado con una amiga y en particular acabamos hablando sobre si nos lo haríamos con otra tía.

– ¿Y llegásteis a alguna conclusión?

– Bueno, lo cierto es que a mi amiga no le importaría si fuera con una mujer con la que tiene confianza. Ella me confesó esto y yo me quedé un poco sorprendida, no lo esperaba en absoluto.

– Entiendo.

– Yo le dije que quizá pudiera probarlo, pero justo en ese momento nos interrumpieron la conversación y no pudimos acabarla.

– Vaya, qué pena… ¡Y qué intriga! ¿No volviste a hablar con ella?

– Sí, a la semana siguiente, pero recuerda que esto pasó al día siguiente y yo entonces no sabia nada.

– Claro, sigue.

– Pues estaba en la cama y no dejaba de darle vueltas a la posibilidad de follarme a Ana, que así se llama mi amiga. Era verano, hacía calor, el sol se colaba por la ventana.

– Qué poética.

– Je, je, calla. Yo que dormía desnuda me cubría sólo con una fina sábana de algodón blanca que me cubría medio cuerpo. Notaba el calor del sol sobre mis pezones, que estaban al descubierto y me retorcía mientras me despertaba notándome húmeda y excitada como una burra.

– Me estás poniendo malo a mí.

– Pues pajéate que yo lo vea y te sigo contando.

– Venga, toma – y comencé a sobar mi polla morcillona.

– El caso es que me desperté con una calentura descomunal y tenía que hacer algo al respecto. Estaba muy cachonda pensando en las cosas que podría hacer con mi amiga y deslicé la almohada entre mis piernas.

– Joder como me estás poniendo – dije yo mientras pajeaba mi semi erecta polla.

– Comencé a frotar mi coño contra la almohada, con mis manos apretaba la almohada contra mi para sentirla más. Cuando eso no fue suficiente, me arrodillé sobre la cama y doblando la almohada la puse entre mis piernas y me la follé literalmente. Empujaba cada vez más fuerte, mis gemidos más altos, la respiración entrecortada. Acabé derrumbándome sobre la cama aún frotándome contra la almohada y corriéndome como una loca. Mis caderas no paraban de temblar y mis piernas se estremecían aprisionando la almohada contra mi clítoris. Fue una corrida bestial. Cuando separé la almohada de mi coño pude ver que estaba chorreando de mis flujos.

– Mierda, tía que vas a hacer que me corra yo también.

– Ey, tu tranquilo que aún me quedan nueve más que contarte.

– Bufff… vale pero espera abre la boca un momento – dije yo llevando mi polla tiesa hacia su boca

– A ver trae – y ella la engulló sin rechistar y comencé a follarla de nuevo por la boca.

– Qué gusto, cómo necesitaba esto ahora, buffff.

 

Seguí un momento así hasta que se me calmó el capricho de follarle la boca y dejé que prosiguiera.

 

– ¿Satisfecho?

– Por ahora sí, sigue contando, anda.

– Bueno pues lo dicho, me acababa yo de correr como una burra y decidí darme una ducha. Abrí el grifo y dejé correr el agua. Mientras tanto me miraba al espejo y me preguntaba cómo sería tocar el cuerpo de otra mujer. Me comenzaba a imaginar que mis manos eran las de mi amiga Ana y que ella me sobaba las tetas y el coño. Tanto que me olvidé completamente de todo y acabé sentada en la bañera delante del espejo, completamente abierta de piernas.

– Joder que calentura teníamos, ¿Eh?

– Y tenemos, que me estoy poniendo cachonda de recordarlo – y diciendo esto se llevó la mano al coño y comenzó a pajearse ella también.

– Así me gusta, ahora sigue contando, estabas completamente abierta de piernas.

– Sí, no veas, empecé a hacerme un dedo delante del espejo, pensando que se lo enseñaba a mi amiga Ana. Primero frotando el clítoris y después metiéndome dos, tres dedos en mi coño.

Como ya has podido comprobar, a veces eyaculo flujos en abundancia y es algo que más o menos controlo así que decidí levantarme y acercarme al espejo para ver cuántos flujos soltaba estando tan cachonda.

– Sigue que me pones malo.

– Pues me puse delante del espejo, la pierna subida a una banqueta que tengo ahí y comencé a correrme como una salvaje. Chorros y más chorros de flujos salían a borbotones de mi coño. Fue una corrida enorme y dejé el espejo completamente bañado con mis flujos. Después cuando me compuse un poco y limpié el entuerto me metí en la ducha y allí me hice otro, esta vez con un bote de gel que es muy redondito.

– ¿Pero cómo fue?

– Pues nada, yo bajo el chorro del agua y metiéndome el bote por el coño, a veces jugando a meter un dedito en mi culo también.

– ¿Y te corriste así?

– Pues la verdad es que me corrí dos veces en la ducha. La primera fue con el bote. Fue bestial y hasta casi me da un calambre en las piernas. Luego apunté el chorro de la ducha hacia mi clítoris, me imaginaba que era mi amiga Ana que me chupaba el coño. No podía apartarla de mi cabeza y me venía constantemente en imágenes de sexo puro y duro. Me imaginaba que su cabeza era la alcachofa de la ducha y que yo la agarraba aprtándola contra mi coño para que me lo comiera más. Seguí así un rato con el chorro, pero no tardé en frotar mi clítoris a la vez y correrme de nuevo, no sé cuantos flujos salieron pues el agua de la ducha me impedía distinguirlo bien pero por la intensidad del orgasmo puedo decir que no serían menos que los que eché sobre el espejo. Estaba ahí con el chorro de la ducha apuntando a mi coño, estirando mi clítoris hacia arriba y corriendome de nuevo por cuarta vez.

– ¿Va a ser que eso de contar las veces que te corres incluso te pone?

– Pues sí, es algo que me mola.

– Que bien, a mi también.

– Me quedé completamente extasiada, con las piernas temblorosas. Esa corrida supuso un antes y un después en mi día. A partir de ese momento supe que no tendría freno e iba a ser un constante correrme en cualquier parte de la casa. Estaba demasiado cachonda por lo de Ana y no iba a contenerme.

– ¿Qué hiciste después? Espera, métete mi polla en la boca y acercándole mi polla se la metí en la boca. Ella la chupó con diligencia. Luego se la saqué.

– ¿Así más agusto?

– Pues la verdad es que necesito algo más, sigue contándome del tirón y mientras te como el culo.

– Hmmm… eso suena bien – se giró sobre el brazo del sofá y me ofreció su culo en pompa – ¿Así te vale?

– Está perfecto – y me lancé a comerle el culo lentamente y deleitándome a cada lamida – sigue contando.

– Pues… ahhh… joder tío, que… Ahhh… dificil es esto. ¿No puedes parar un poco?

– No, sigue contando mientras te como el culo.

– Bueno lo intento, uffff. El caso es que salí de la ducha y me sequé un poco, luego desayuné, lo típico. Seguía pensando en Ana, lo que haríamos en cada habitación de la casa. En el baño sobre el retrete, una de pie y la otra sentada comiendo coño. Que si en la cocina metiéndonos pepinos y zanahorias… Ahhh, que gustito me das, sigue chupándome el culo, ufff.

– Sigue y calla – paré por un momento y le dije yo, luego continué introduciendo mi lengua en su ano.

– Así que acabé yendo a la cocina y cogiendo un pepino, lo lavé bien y comencé a jugar con él entre mis piernas. Comencé a metérmelo por el coño, no era muy largo pero sí bastante grueso. Finalmente quedó casi completamente dentro de mi coño. Pero ví que mi lujuria se quedaba insatisfecha y cogí también una zanahoria y tras lavarla bien la introduje poco a poco por mi culo. Qué sencación, tener tus dos agujeros llenos de hortalizas. Luego empecé a masturbarme con mi mano sobre mi clítoris a la vez que metía y sacaba la zanahoria de mi culo. Aceleré el ritmo y comencé a correrme, momento en el cual saqué el pepino de mi coño y un caudal de flujos se derramó por todo el suelo. Joder tío vas a tener que follarme el culo ahora.

– Me has puesto muy cachondo con tu historia, eso encantado. Pero recuerda que aún me tienes que contar el resto.

– Sí, lo que tú digas pero fóllame el culo ahora.

 

Mi polla estaba ya otra vez en pie de guerra por la excitación. Apoyé el capullo sobre su ano y empujé. Como acababa de jugar con él estaba muy lubricado así que mi polla comenzó a deslizarse dentro poco a poco pero con facilidad. Comencé a sentir la estrechez de su culo y mi polla se endurecía más por momentos. Qué gusto follarme ese culito.

 

– ¡Ahh, cabrón me partes el culo!

– Joder, sí, toma polla, te rompo el culo, preciosa.

– Siento que me va a reventar, dame más, quiero más.

– Toma, toma polla en tu culo.

 

Yo la embestía cada vez más fuerte. Me había puesto como una moto con su historia y ahora necesitaba descargar de nuevo. Seguí bombeando sin parar hasta que ya no podía más.

 

– Me voy a correr, me corro en tu culo.

– No, no lo hagas en mi culo, quiero que me la eches en la boca – y diciendo esto se sacó mi polla, se dio la vuelta con desesperación y se lanzó a comérmela.

– Ahhh, sííí, qué gusto, chupa bien, eso es – ella chupaba mi polla con frenesí, deseando su deliciosa recompensa – abre bien que me corro… ¡¡ME CORROOOO!!

 

Comencé a descargar semen en su boca, asegurándome de que no se saliera nada. Era la quinta vez que me corría pero a pesar de ello salió una abundante cantidad de esperma. Podía ver como los chorros volaban desde mi polla hasta su boca y se depositaban uno a uno sobre su lengua. Ella soltaba un gemido a cada chorro que sentía. Después me limpió la polla como siempre y prosiguió con su relato sobre sus pajas.

 

Pero eso es en sí mismo parte de otro relato. No os olvidéis de votar y hasta la próxima.

(Podéis escribir vuestros comentarios a: belce6u at gmail)

[starrating template_id=4 select=”]

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.