María es adicta a mi semen

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“Luego comenzó a sacarla lentamente de su boca, mirándome a los ojos con pura lascivia, se dejó dentro tan solo el capullo y empezó a succionar y lamerlo con su lengua.”

Me encontré con María en el autobús de vuelta a casa. Yo venía de mirar unos libros en la librería y cuando subí al autobús me senté en uno de los asientos del medio. Al cabo de un rato subió ella y cuando pasó a mi lado nos miramos y enseguida nos reconocimos.

– ¡Hey, María!

– ¡Hombre, Juan! ¿Cómo tú por aquí?

– Pues vengo de mirar unos libros y eso, ¿Quieres sentarte?

María se desabrochó el abrigo que llevaba y descubrí un cuerpo de esos que quitan el hipo. Hacía tiempo que no la veía y aunque ella siempre ha sido muy guapa, en este tiempo se había puesto muy pero que muy buena. Ella es de estatura mediana, melena castaña y ojos negros.

Mientras se quitaba el abrigo pude deleitarme mirando esas dos tetazas enormes que tiene. El sujetador que llevaba debía ser muy fino pues le marcaba los pezones una barbaridad bajo la camiseta ajustada. Tenía puestos unos pantalones blancos de algodón, también muy ajustados, que le marcaban la rajita del coño. Mi paquete reaccionó alegremente ante el espectáculo, después ella se sentó a mi lado.

El autobús se llenó y comenzamos el trayecto. Durante el camino estuvimos hablando de todo un poco, yo no dejaba pasar las ocasiones en que ella miraba para otro lado para admirar su cuerpo, además ahora con una mejor vista de su escote que me dejaba verle el sujetador blanco. Me estaba poniendo malo por momentos. En alguna ocasión estuvo muy cerca de pillarme y yo también me fijé en que de vez en cuando se le iban los ojos a mi entrepierna con disimulo.

Estábamos a punto de llegar y me dijo:

– Oye, a ver si quedamos un día y nos tomamos algo.

– Pues cuando quieras, estos días no tengo mucho que hacer.

– Pues yo voy a casa ahora ¿Te apetece venir?

– Pues claro.

Y así nos fuimos hasta su casa, descubrí que se había mudado a una casa no muy lejos de la mía. Al llegar al portal le dije:

– O sea que somos vecinos… ¡Y yo sin saberlo!

– Ja, ja, sí, así podremos quedar más a menudo. Ven, es por aquí.

Ella abrió la puerta del portal y entró, yo la seguí. Al subir las escaleras no podía dejar de mirarle el culo, que aparecía y desaparecía bajo el abrigo. Mi polla empezaba a reaccionar ante el espectáculo.

Llegamos a su casa y colgamos lo abrigos. El apartamento era acogedor, ni muy grande ni muy pequeño. Ella me enseñó un poco la casa y luego nos sentamos en su sofá a tomar un refresco.

– ¿Vives sola?

– Pues sí, tenía novio pero lo dejamos hace ya un par de meses.

– Vaya… bueno, él se lo pierde, je, je.

– Ja, ja, pues sí. Oye y tú, ¿Sales con alguien?

– Que va, solo alguna amiga ‘con derecho a roce’ y de vez en cuando.

– Je, je, ya sabía yo, si es que no estás nada mal.

– Pues tú estás muy buena creo yo.

Tras decir esto ella se mordió el labio. Yo me mojé los míos y me acerqué un poco para tantear. Ella se acercó y nos comenzamos a enrollar. Qué boca más rica tiene María. Enseguida las manos se nos fueron primero a la cara y luego fuimos bajando, yo recorriendo sus hombros hasta llegar a sus tetazas que acaricié por encima del vestido, ella por mi cuello y pasando por mi pecho hasta mi cintura, donde introdujo un par de dedos por el pantalón y bajo los boxer.

Mi polla estaba poniéndose más dura a cada instante, ella no tardó en notarlo pues desabrochó mi pantalón y me puso la mano encima del paquete. Yo mientras tanto había metido mi mano en su entrepierna y me dedicaba a acariciar su rajita que estaba empapada a través del fino algodón.

– Joder, menudo juguete tienes ahí – dijo ella al sentir mi polla semi erecta.

– Sigue sobándola así y se pondrá más gorda aún.

– Eso lo quiero ver.

– Con mucho gusto – dije mientras me quitaba los pantalones y los boxer y dejaba libre mi polla semi erecta.

– Me voy a comer esta polla enterita, quiero sentirla crecer en mi boca – dijo ella mientras agarraba la base y la apuntaba en dirección a su boca.

María se metió parte de mi polla hasta la campanilla y allí la dejó, jugando con su lengua mientras crecía hasta ponerse completamente dura. Sentía el calor de su boca y la humedad de su lengua abrazando mi polla, parecía que se me iba a derretir con tanto placer.

Luego comenzó a sacarla lentamente de su boca, mirándome a los ojos con pura lascivia, se dejó dentro tan solo el capullo y empezó a succionar y lamerlo con su lengua. A todo esta ella estaba sentada en el sofá, con los pantalones aún puestos, yo le sobaba una teta por debajo del sujetador, jugando con su pezón, pellizcándolo y amasando esa forma divina.

Mientras ella me seguía chupando la polla yo le desabroché el sujetador. Ella se quitó casi con desesperación la camiseta y el sujetador y volvió a agarrar mi polla y se la metió de nuevo en la boca, ahora engulléndola toda hasta la garganta y sacándola lentamente. Yo estaba en la gloria mi polla a reventar sintiendo cada rincón de su boca.

– Te voy a quitar los pantalones, no dejes de chupar.

– Ni se me ocurriría.

Y como pude mientras ella me seguía haciendo una mamada de campeonato, le quité los pantalones como pude. Al bajarlos a la altura de la entrepierna se quedaron literalmente pegados de lo mojado que tenía el coño.

– Joder, estás chorreando, ¿no te da vergüenza? – le dije yo en broma

– Un poco ¿Vas a castigarme?

– Me temo que sí, espera un momento.

Hice ademán de ir a sentarme pero ella me agarró con firmeza la polla apoyándola en su barbilla y con tono de gravedad me dijo:

– Juan, tienes que saber algo.

Me quedé un poco sorprendido y le contesté:

– ¿Qué?

– Pues que tengo una pequeña adicción a chupar pollas.

– Je, je – me reí yo pensando que me lo decía en broma pero ella hizo hincapié.

– No te rías, te lo digo muy en serio. Podría estar durante horas chupando polla. No hay nada en este mundo que me guste más que comerme una buena polla y dejarla completamente seca hasta que escupa el último grumo en mi boca.

Creo que eso fue lo más bonito que había oído en mi vida. Y tenía la suerte de que era mi polla la que se iba a llevar tal homenaje.

– Entonces estás de suerte porque siendo así no voy a dejar de follarte la boca y dejar que me la chupes hasta que le saques la última gota.

María oyó esto y se puso como loca a chupar de nuevo. Ahora me pajeaba subiendo y bajando sumano pegada a sus labios mientras me chupaba. Movía la muñeca en círculos con una suavidad increíble, se notaba que le gustaba de verdad. Con la otra mano empezó a darme un masaje en los huevos, apretando con sus dedos de vez en cuando en mi peritoneo para bombear más sangre.

– Ahhh, así, chúpame la polla, cómetela toda, me estás matando de gusto – le decía yo al tiempo que le sobaba las tetazas y le pellizcaba los pezones.

Ella aceleraba el ritmo y yo creía que me iba a correr en cualquier momento. Pero ella sabía cómo hacerlo y cuando veía que me faltaba poco, dejaba de chuparla empujando mi polla sobre mi vientre con una mano y comenzaba a chupar mis huevos. Se metía uno en la boca, se deleitaba chupándolo, lo succionaba y lo sacaba sonoramente. Luego se iba a por el otro y mientras tanto agarraba mi polla de nuevo y seguía pajeándome.

– Te voy a follar por la boca.

– Eso, cabrón, fóllame toda la boca, métemela hasta la garganta.

Dicho y hecho, le agarré la melena con una mano y le hice una coleta y comencé a follármela por la boca. Mi polla estaba cubierta de saliva, toda brillante.

– Suelta mi polla, sin manos.

Ella obedeció y yo comencé a follármela con más intensidad. Estaba usando literalmente su cabeza como si fuera un objeto para hacerme una paja con ella. Al poco sus babas rebosaban de sus labios y resbalaban por toda la longitud de mi mástil hasta los huevos, empezaba a formarse un charco en el suelo.

– Toma polla, zorra. ¿Te gusta chupar mi polla verdad?

Ella intentaba asentir mientras mi polla entraba y salía de su boca. Entonces le agarré la cabeza con las dos manos y la empujé contra el respaldo del sofá. Yo le metía la polla hasta la garganta y la dejaba ahí hasta que ella se empezaba a ahogar, momento en el cual la sacaba lentamente y repetía la operación.

– Seguro que te mueres por una buena corrida, ¿A que sí? – dije quitándole la polla de la boca.

Ella intentaba alcanzarla con desesperación pero yo no la dejaba. En lugar de eso, agarraba firmemente mi polla con mi mano y la abofeteaba los mofletes.

– Ahh, si la quiero, sí – ella se pajeaba al tiempo que mi polla le golpeaba la cara.

– No te oigo bien, ¿Cómo se dice?

– Quiero tu leche, cabrón, quiero que me des tu leche.

– Pues te voy a dar toda mi leche.

Le volví a meter toda la polla en la boca y seguí follándole la cara.

– Ahhh que gusto me das. Creo que me voy a correr… ¡Me corro!… ¡Ahhhhh!

Y así con mi polla metida en su garganta empecé a pegarme una corrida bestial. Me la había estado chupando al menos durante media hora y yo no me había corrido en varios días así que le solte un chorro tras otro en su garganta. Por la cara que ponía ella se estaba corriendo tambien, frotándo frenéticamente su coño y empapando sofá.

– ¡Ahhh, qué corrida más grande! ¡Me corro en tu boca!

Mientras me corría, saqué la polla de su garganta para que pudiera saborear mi leche y le dejé la punta dentro de la boca, donde descargué varios chorros más de espeso semen. Ella no pudo tragarlo todo y la leche acabó rebosando por las comisuras de su boca y chorreando sobre su barbilla hasta sus tetas. Tenía tanto semen acumulado y me había puesto tan cachondo que incluso pude sacar la polla de su boca y descargar un par de chorretones sobre su cara e incluso su pelo.

Su cara ahora mismo era un poema, tenía un chorro de lefa que había caído en la raíz de su pelo, cruzando su nariz, parte goteando hasta su boca, otro en la mejilla, Su boca tenía los restos del semen de la corrida que había descargado allí y parte le caía por la barbilla con multitud de pompas mezclado con sus babas. Tenía las tetas pringosas y la mezcla le llegaba hasta el ombligo y seguía haciéndose camino hasta su coño.

María a todo esto se había corrido otra vez, ahora metiendo y sacando dos deditos de su coño.

– Bufff, menuda follada de boca me acabas de meter. Mira, me has dejado echa un asquito – dijo jugando con la mezcla de babas y semen en su pecho y llevándosela a la boca.

– Sí pues tú no te has quedado corta chupando, joder, hacía tiempo que no me corría tanto.

– Pues a partir de ahora ya sabes a quién acudir cuando tengas una emergencia, je, je.

– Je, je, lo mismo digo, aquí tienes polla a domicilio.

– Dame que la limpio.

Le metí la polla una vez más en la boca y ella la chupó hasta dejarla completamente reluciente.

La tarde era joven y ninguno de los dos teníamos nada que hacer así que la fiesta sólo había hecho que comenzar… pero eso es parte de otro relato… ¡No dejéis de votar si os gustó y hasta la próxima!

(Podéis enviar vuestros comentarios a: belce6u at gmail)

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