Marta en la reunión de negocios II

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Había estado de viaje de negocios por varias localidades en los últimos días y terminaba mi “gira” en la ciudad de Córdoba antes de volver a casa. Había visitado un par de clientes por la mañana y por la tarde había quedado en reunirme con un posible proveedor de servicios, uno de tantos que intentan hacer negocio a mi costa. Había pensado en recibirles en el hall del hotel, nos sentaríamos a una mesa de la cafetería, escucharía lo que tuviera que decirme y a menos que me presentaran algo interesante, cuando nos despidiéramos me olvidaría de su nombre.

Llegaron a su hora y se presentaron, esperaba solo a un aburrido tipo enchaquetado, pero le acompañaba su secretaria Marta, una cautivadora joven, morena, esbelta y hermosa, había algo erótico en su mirada muy sensual. Pero lo que de verdad me atrajo fue su olor. Olía a sexo. Decidí que en lugar de reunirnos en la cafetería del hotel sería más agradable ir a mi habitación, la suite tenía un pequeño despacho separado del dormitorio.

La tomé del brazo y me dirigí al ascensor disfrutando de su tacto, su olor y su sexy forma de andar a mi lado. No sabía como acabaría aquel encuentro, pero al menos sería más entretenido de lo que me suponía en un principio. El plan de negocio que me proponían era interesante aunque no espectacular, parecido a otros que ya me habían presentado. Me pasé buen rato mirando a Marta y de vez en cuando ella también cruzaba la mirada conmigo y sonreía. Quería que se soltara un poco, algo de desinhibición vendría bien, llamé al servicio de habitaciones y pedí que subieran algo de comer y un par de botellas de buen vino.

Mientras acabábamos la segunda, noté que Marta deslizaba un pie descalzo por debajo de la mesa, y frotaba sobre la pernera de mi pantalón, subiendo poco a poco, lentamente, hasta que finalmente colocó su pie en mi entrepierna, moviéndolo despacio mientras me miraba lascivamente. Se quitó la chaqueta y la colocó en el respaldo del asiento, era una clara invitación y yo hice lo mismo, fuera chaqueta y fuera corbata. Su jefe también achispado por el alcohol siguió el ejemplo. Enseguida pasamos a tomar un trago del minibar en el sofá. Le susurré al oído si sería capaz de poner ahí abajo otra cosa que no fuera el pie, Marta se echó a reir, le cogí la mano, la besé, la coloqué sobre el abultamiento de mi pantalón y ella empezó a frotar suavemente a lo largo de la erección que se dibujaba bajo la tela. Le susurré de nuevo al oído si le gustaría montárselo en trío con su jefe y conmigo, me besó y luego empezó también a estimular a su jefe y a besarle, un rato a él y otro a mi. Le metí la mano por debajo de la falda y dirigí mis dedos entre sus piernas para palpar su pubis a través de la tela de las braguitas que estaban bastante mojadas ya. Marta abrió mi cremallera, liberó mi verga y empezó a masturbarla con suavidad, vi que con la otra mano hacía lo mismo con la de su jefe.

Me interesaba saber hasta donde estaría dispuesta a llegar, así que me levanté del sofá, la levanté a ella, la desnudé y la obligué a inclinarse sobre la polla de su jefe y chupársela. La verdad es que no tuve que obligarla mucho, ella parecía encantada de engullir un troncho de carne. Como estaba inclinada hacia delante, leempecé a acariciar sus nalgas, pasando mis dedos por su culo hasta llegar a su vagina.

Estaba muy mojada, el olor de su sexo me excitaba mucho y comencé a follarla con fuerza desde atrás, estando aún enganchada chupando la polla de su jefe que la cogió por la cabeza para mantenerla dentro de la boca. De vez en cuando paraba, se la sacaba y la azotaba palmeándole las nalgas, en mi búsqueda de los límites que ella me pondría. No solo no parecía importarle demasiado sino que tengo la impresión que se excitaba con esa pizca de dolor.

¡Que buena hembra! Me desvestí, cogí el cinturón y amarré sus manos a la espalda. La cogí en brazos y la llevé al dormitorio. Entre besos, la deposité delicadamente en la cama bocarriba y separé sus piernas despacio. Acerqué mi cara a su pubis para oler de cerca ese delicioso aroma a mujer, tan excitante que pronto me encontré saboreándola, pasando mi lengua por su contorno, subiendo hasta su hinchado clítoris y bajando hasta su abertura que rezumaba un fluido delicioso.

Su jefe se había acercado y estaba meneándosela mientras miraba, le cedí el sitio y me subí a la cama para que Marta me la chupara un rato. Se empleó bien a fondo aun a pesar de tener las manos atadas a la espalda, su sabor aun perduraba en mi boca y tenía unas ganas enormes de correrme. La saqué de su boca y eyaculé en su cara, varios chorros de semen se deslizaron por sus mejillas, alguno de los que cayeron hasta su boca los saboreó voluptuosamente.

Quería una última prueba de hasta donde estaría dispuesta a llegar, así que estando atada y sin que pudiera defenderse le pellizqué los pezones y los retorcí con fuerza, gimió y se contorsionó un poco, pero también sonrió de gusto. Su jefe seguía follándola, aunque la verdad es que tampoco duró mucho más, la sacó y se corrió encima de ella, dejándola regada de gotas de leche.

Deseaba tenerla para mi, al menos unas horas más y disfrutarla a solas, así que me sentí muy complacido cuando le dijo a su jefe que se quedaría un rato y luego pediría un taxi para ir a casa. No vi marcharse al jefe, estaba absorto contemplando ese lujurioso cuerpo de mujer. No esperaba una noche como esta así que no había traído ninguno de mis “juguetes” y tuve que improvisar un poco, le desaté las manos de la espalda, las sujeté con el mismo cinturón a los barrotes del cabecero de la cama, tomé una de mis corbatas de la maleta y le vendé los ojos con ella.

Dediqué largos minutos a acariciar cada centímetro de su piel, recorriendo con mis dedos desde sus anudadas muñecas, rozando levemente sus suaves brazos, bajando hasta los hombros y masajeándole el cuello mientras la besaba en la boca, un beso dulce, suave y largo. Tenía un cuerpo precioso y me apetecía tocarlo, bajé un poco más en dirección a sus pecho, dos preciosas montañas coronadas por unos oscuros pezones, los besé con veneración mientras acariciaba el contorno de sus senos. Paseando mis manos por su vientre y sus caderas llegué a sus piernas, esbeltas, largas y ligeramente musculosas, tan suaves como el resto de su cuerpo. Llegando a los pies me detuve a masajearlos, Marta parecía disfrutar especialmente cuando le tocaba los pies, así que continué ese masaje un buen rato, antes de volver a subir por la parte interior de sus muslos, hasta la zona que había estado reservando para el final.

Estaba prendado de su olor, rocé suavemente su abertura con el dedo índice y fui introduciéndolo muy despacio, observando las reacciones de su cuerpo mientras lo hacía, palpando el interior de su vagina, saturada de cálidos fluidos. Metí dos dedos, luego tres, moviéndolos en circulo, entrando y saliendo mientras escuchaba los gemidos de Marta. Con la otra mano empecé a acariciar su vientre, desde el ombligo hasta su clítoris que aprovechaba para frotar con el pulgar al tiempo que metía los dedos cada vez más profundo y acelerando un poco cada vez. Buscaba conseguir su orgasmo y recrearme mirando su cuerpo mientras lo lograba solo con mis manos. Tardé un buen rato en conseguirlo, Marta parecía empeñada en dilatar su placer todo lo posible y regocijarse en las sensaciones de su voluptuoso cuerpo.

Cuando terminó saqué los dedos de su interior, chorreando con su fluido, los olí y los degusté, era deliciosa. Me senté encima de ella y le di a probar su propio sabor directamente de mi mano. Empezó a chupar los dedos tal como me había chupado el pene anteriormente y la lujuria volvió a apoderarse de mi. Tal cual estaba sentado sobre ella empecé a deslizar mi pene entre sus pechos, tomé uno de ellos en cada mano y los apreté sobre mi erección mientras la restregaba en su canalillo. Necesitaba un poco de lubricación, así que me incorporé un poco y se la metí en la boca para que la lengüeteara un rato, luego volví a la posición anterior, y seguí frotándola entre sus tetas, ahora más suavemente gracias a su saliva. Repetí esta secuencia varias veces hasta que la última ocasión que se la metí en la boca terminé dentro, llenándola de crema caliente de la cual no dejó escapar una sola gota.

Se había portado estupendamente. La desaté por si quería asearse o marcharse, pero se abrazó a mi y quedamos los dos acostados en la cama, ni siquiera se quitó la venda de los ojos. Dormimos juntos hasta el amanecer, y yo mismo la llevé en mi coche a su casa esa mañana temprano. Le pregunté si le apetecería visitarme en otra ocasión para seguir jugando, le dije que le prepararía un ambiente más propicio que una simple habitación de hotel  y me contestó que estaría encantada. En cuanto entró en su casa escribí un email a su empresa desde el movil, pidiéndoles una nueva reunión con la secretaria para perfilar ciertos detalles del “plan de negocio”.

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