MARTA ME ENSEÑO SUS GUSTOS

Marta es una compañera de trabajo, pero también mi amiga. Tenemos bastante confianza y siempre nos hemos contado todo, bueno casi todo, ya sabéis que hay cosas que casi nunca se cuentan. Ella tiene cargo de Director y como tal tiene un despacho, en el cual pasamos muy buenos ratos, junto con otros compañeros con los que también tenemos bastante confianza.

El caso es que Ramón, otro compañero, se nos casaba. Formaba parte del grupo de amistades que quedábamos para tomar café en el despacho de Marta y ese mismo jueves era su despedida, se casaba el sábado.

Estábamos a lunes y teníamos que hacer los preparativos, el regalo oficial, los regalos de broma…lo de siempre, nada nuevo. Después de conseguir que Ramón se fuera del despacho, nos quedamos los de siempre para hablar del regalo y llegamos a un acuerdo, un reloj estaría muy bien. Costaba un buen pico pero Ramón se lo merecía.

Todavía faltaban por decidir los regalos de broma, para entregárselos durante la cena del jueves y después de mucho discutir nos quedamos Marta y yo responsables de comprarlos, ya que no nos poníamos de acuerdo.

Al final nos quedamos Marta y yo en el despacho hablando sobre ello:

– Marta, creo que lo mejor es ir a lo tradicional, ya sabes, me acerco a un sex-shop y le compro alguna cosilla graciosa.

– ¿A un sex-shop?

Marta se quedó pensando.

– Si, ¿no quieres? -le dije.

– No, estaba pensando, que nunca he estado en uno, ¿te importa que te acompañe? – Marta, a mi me da igual, pero bueno, vas a ver cosas "sorprendentes".

– No me importa, jamás he estado en ninguno.

Quedamos en ir esa misma tarde, después de comer. Marta para mi era una gran persona, y jamás hubo entre nosotros nada de nada, en el aspecto sexual, claro. Era bajita y regordita, pero tenía dos tetas descomunales, muy bien puestas, y era muy atractiva de cara, aunque su mayor encanto era sin duda su simpatía y su forma de ser.

Debo reconocer que en alguna ocasión mi mirada se había perdido en su escote y supongo que ella se habría dado cuenta, pero bueno, supongo que debe ser normal para ella, porque con ese par de tetas deben de haberle dicho más de una cosa. Su marido debía pasárselo muy bien con ese par de tetas, cosa que yo echaba en falta, ya que aunque mi mujer esta muy bien y tiene unas tetas muy bonitas, no son de ese tamaño.

Comimos algo rápido para no perder mucho tiempo y cogimos un taxi, le dije la dirección al taxista y nos fuimos. Dentro del taxi volví a preguntarle:

– Marta, ¿estás segura que quieres venir? – Si, pero ¿por qué insistes tanto? – Ya sabes que esos sitios no están pensados precisamente para las mujeres y los vídeos y las fotos que hay son muy explícitos.

– Vaya veo que lo conoces bien.

– Pues hombre, alguna vez si que he estado, ya sabes despedidas, etc.

– Déjalo ya, quiero ver uno y creo que esta es la mejor ocasión.

Al llegar pagué al taxista y entramos, tenía una sensación extraña. Entrar con una mujer allí me resultaba excitante pero que esta mujer fuera Marta me desconcertaba, ¿como reaccionaría?

Nada más entrar, había una exposición de vídeos, imaginaros lo que se veía allí. Pasamos a su lado y Marta no perdía un detalle.

– Madre mía, que bestias…-me decía al oído-…que barbaridad…

La verdad es que el repertorio era de los más variado, había absolutamente de todo.

– Ven, Marta, la tienda es por aquí -le dije señalándole una escalera.

– Espera un segundo, ¿que es eso?

Me dijo señalando las cabinas de la pelis porno y las cabinas de las chicas que hacen striptease.

– Pues cabinas para ver chicas y videos, venga vamos.

– No espera, quiero entrar a una…

– ¿Queeeee? – Si venga, pero entra conmigo no quiero entrar sola…

– ¿Estás segura? – Que si hombre que si…

Fui a cambiar a la entrada y le pregunté si pod&iac

ute;amos entrar los dos a una cabina, me dijo que si, pero solo a la de los videos.

Volvía a por Marta y le dije que solo podíamos entrar juntos a las cabinas de los vídeos.

– Perfecto -me contestó.

La dejé que pasara ella primero. Aquello no es que fuera muy ancho y le dije que se sentara. Pasé y que quedé de pie junto a ella, lo primero que me fijé es en la vista que tenía de su, casi siempre, generoso escote. Me estaba calentando y no quería pensar que iba a pasar cuando empezáramos con las pelis porno.

Había dos monitores, uno encima de otro y Marta tenía el control de los canales a su lado, junto a los pañuelos de papel. Cerré la puerta y al girarme me fije que en el suelo, había restos de semen, que por cierto, estaba pisando Marta. Esta chica no sabe donde se ha metido, pensé.

Saqué varias monedas y se las di a Marta.

– Tú misma -le dije.

Cogió una moneda y la echó. Se apagó la luz y se encendieron los dos monitores, en uno de ellos había una chica a cuatro patas recibiendo una polla por detrás y otra por delante, mientras que en el otro una chica estaba siendo enculada por un tío que tenía una polla enorme. Aparte de esto el volumen estaba altísimo y los gemidos de las chicas, mejor dicho de la chica que estaba siendo enculada porque la otra no podía por razones obvias, se escuchaban perfectamente. Mi polla no tardó mucho en reaccionar, se me puso dura como una piedra y parecía estallarme dentro del pantalón.

Mientras Marta seguía mirando la pantalla sin decir nada, viendo como ambas chicas eran ensartadas. Después de unos segundos cambió de canal, joder, aquello iba de mal en peor, ahora había una chica a cuatro patas comiéndole el coño a otra y por detrás un tío la estaba dando de lo lindo, volvió a cambiar y entramos en la parte sado, una chica atada con cadenas y otra dándole latigazos, volvió a cambiar, ahora era una peli gay, dos tíos follando como fieras y mi polla a punto de reventar.

Se me pasaba por la cabeza la idea de bajarme la cremallera y hacerme una paja allí mismo, o incluso mejor, metérsela en la boca a Marta y correrme dentro de ella, al fin y al cabo su cabeza estaba a la altura de mi polla.

Marta echó un par de monedas más, hacía mucho calor allí dentro y yo estaba que me iba a dar algo, entre el calor y la excitación debía estar sudando mucho.

Marta me miró y me dijo:

– ¿Te pasa algo?

La miré sonriendo y le dije:

– Imagínate

Pareció entenderlo y clavó su mirada en mi abultado paquete, volvió a mirarme y me dijo:

– ¿Por qué no te sientas tú y actúas como si estuvieras solo?

Me pareció no entenderla muy bien y la miré con cara de no haber escuchado lo que me decía.

– Si, me has oído perfectamente. Que te sientes y te hagas una paja…

Cuando me dijo esto no lo podía creer, mi amiga Marta me estaba pidiendo que me masturbara delante de ella y yo la verdad es que lo necesitaba urgentemente.

Se levantó ella y yo me senté en su lugar. En ese momento Marta había dejado dos lesbianas montándoselo y una rubia siendo ensartada desde atrás.

No me lo pensé, lo primero que hice fue abrirme la camisa, dejando mi torso desnudo, luego me desabroché los pantalones y me baje la cremallera, me incorporé un poco y me baje los pantalones junto con el bóxer dejándolos a la altura de las rodillas. Mi polla apareció erecta como un mástil, estaba seguro que no iba a durar mucho por la excitación previa que ya tenía y me la agarré. Miré a Marta y tenía sus ojos clavados en mi polla, empecé a bajarme la piel y le mostré todo mi capullo, estaba brillante y aparecía una gotita en la punta.

Marta hizo algo que me sorprendió pero a la vez me gustó mucho, apoyó la yema de su dedo sobre la punta de mi polla y se llevó la gotita hasta su boca, donde la saboreó.

Empecé a meneármela algo más rápido, pero recreándome en ello, quería que Marta disfrutara aquello. En ese momento el chico que estaba ensartando a la rubia en el video se corrió en su cara y no me lo pensé, le dije a Marta:

– Quiero correrme en tus tetas…

No me contestó, se quitó la blusa y se desabrochó el sujetador mientras yo me la seguía meneando. Tenía dos teta

s realmente hermosas, grandes y algo caídas, con dos pezones erectos, oscuros que parecía estar llamándome para que se los comiera. No me lo pensé, tal y como estaba sentado solté mi polla y empecé a tocárselas, pellizcando sus pezones. Marta no decía nada, se dejaba hacer. Se puso en frente de mi y mientras escuchábamos los gemidos de los videos se dobló un poco hacia delante y puso al alcance de mi boca sus tetas.

Tenían un sabor maravilloso, chupé y mordí cada milímetro de aquellas deseadas tetas hasta que noté como me agarraba con su mano la polla y empezaba a pajearme, ya no podía aguantar más. Me levanté e hice que se sentara ella mientras no dejaba de meneármela, la avisé que me iba a correr y apuntó mi polla hacia sus tetas, el primer chorro disparado alcanzando sus labios y barbilla, el segundo y restantes controló mejor el destino y cayeron sobre sus tetas, las cuales quedaron bañadas de mi semen.

Nos quedamos en silencio mientras las monedas del video se acabaron y se encendieron las luces. Marta cogió unos pañuelos y se empezó a limpiar, yo hice lo mismo, dado lo estrecho del sitio no había donde esconderse y me limpié la polla a escasamente 10 ó 20 centímetros de su cabeza.

Ella acabó de limpiarse y se vistió, yo hice lo mismo abrí la puerta y salimos, estábamos bastante acalorados, pero yo había bajado, aunque no eliminado mi excitación. Pero Marta, no se había corrido, debía estar muy excitada.

No hablamos nada, ni nos miramos, hasta que llegamos a la tienda y compramos un par de tonterías, pagamos y nos fuimos.

En el taxi de vuelta no nos dirigimos la palabra y al llegar a la oficina cada uno se fue a su sitio con un simple: hasta luego.

Al día siguiente mis compañeros que llamaron para que fuera a tomar el café diario al despacho de Marta, pero dije que no podía que tenía mucho trabajo. A la media hora me llamó Marta, me dijo que me pasara por su sitio.

No quise ir porque no sabía como iba a reaccionar ella, pero después de su llamada me quedó bastante claro que quería verme y parecía no estar enfadada. Cuando entré me pidió que cerrara la puerta y que me sentara, así lo hice.

Ella se levantó de su mesa y empezó a decirme que lo sucedido ayer no tenía porque afectar a nuestra relación de amistad, que simplemente sucedió porque tenía que suceder y además porque ella me lo pidió. Se acercó a la puerta y la cerró por dentro, volvió a su sitió y se sentó.

– ¿Te gustó lo de ayer?…

– Si, claro que me gustó.

– A mi también mucho, ¿Te gustaría volver a repetirlo? – Claro que si, pero…

– Desnúdate aquí y ahora. Si quieres repetirlo más veces tiene que ser donde y cuando yo diga.

No me lo pensé, me desnudé por completo y me quedé de pie.

– Acércate.

Me acerqué a ella y sin pensárselo me agarró la polla, aún flácida, con una mano y se la metió entera en la boca, donde empezó a crecer. Notaba como iba creciendo mientras que con la otra mano me tocaba los huevos. Me estaba haciendo una mamada en toda regla, sentada en su despacho y yo a su lado, completamente desnudo. Me agarró con las dos manos los cachetes del culo mientras seguía mamándome la polla. Sus manos se iban acercando lentamente a mi orificio trasero hasta que puso uno de sus dedos allí y empezó a jugar con él.

Yo empecé a follármela literalmente por la boca, ahora ella estaba quieta y mi polla entraba y salía de su boca cada vez más rápido. Me metió la punta del dedo en el culo y aquello hizo que me corriera, no sabía si ella quería recibir mi semen en su boca pero no me dio tiempo a avisarla, derramé todo mi semen en su boca y a ella pareció no importarle. Se lo tragó todo, solo un pequeño hilo de semen quedó colgando de su boca y barbilla cuando le saqué la polla.

Marta, se puso de pie, se subió la falda y se bajó las bragas me miró a los ojos y me dijo:

– Cómemelo…

Me puse de rodillas delante de ella y ella subió sus piernas por mis hombros, su coño se abrió delante de mi como una flor, empecé a chupárselo y a saborear sus flujos. Me agarró la cabeza por los pelos y no paraba de decirme lo que le gustaba eso.

Nunca la había visto así, estaba completamente fuera de sí misma, parecía otra persona y mi polla se empezó a endurecer de nuevo. Me chupé un dedo y empecé jugar con su culito, igual que ella había hecho conmigo. Le seguía comiendo el coño y no paraba de gemir hasta que empezó a dar pequeños grititos, la quité las bragas por completo y se las metí en la boca para evitar que nos escucharan. Después de un par de minutos y de que mi dedo entrara por completo en su culo se corrió en mi boca, soltó abundantes líquidos que saboreé por completo.

Se quitó las bragas de la boca y me dio un beso, donde ambos saboreamos los restos de mi semen junto con sus fluidos.

Yo estaba de nuevo empalmado pero me pidió que me marchara porque tenía una reunión con el Director General.

Después de vestirme volví a mi sitio y al cabo de un par de horas Marta volvió a llamarme, pero esta vez me pidió que subiera a la décima planta, donde estaba el despacho del Director General.

Su secretaria me hizo pasar a un anexo al despacho que yo desconocía. Al cabo de un par de minutos entraron ellos. Mi sorpresa fue mayúscula al verles entrar. Marta estaba desnuda de cintura hacia arriba y tenía restos de semen por su tetas.

Marta se acercó y me lo explicó claramente. Ella había conseguido ese puesto porque una experta mamadora y tenía muy contento a su jefe, al cual le encantaba que todas las mañanas le hicieran una buena mamada, cosa que se repartían entre Marta y su secretaria, que por cierto estaba buenísima.

Ahora yo tenía la oportunidad de conseguir un puesto que había quedado vacante, ya había pasado la prueba de Marta y solo quedaba la del Director, y ese era el objeto de la reunión. Mientras me decía esto Marta recogía con un dedo el semen que tenía sobre las tetas y lo iba chupando lentamente.

Cuando terminó de hablar ya estaba completamente limpia.

– ¿Y que debo hacer? -pregunte como un tonto.

– Nada -dijo Marta- solo déjate llevar.

Se acercó a mi y me desnudó de nuevo, mi polla no tardó en reaccionar y se Marta se arrodilló delante de mi para tragarse de nuevo mi polla en su boca. Esta vez fuera directa al grano y me abrió los cachetes del culo a la vez que introducía un dedo dentro. Era tanto el placer que me estaba dando con su boca que no me importó que me metiera hasta tres dedos por detrás.

El Director seguía mirando y no me di cuenta cuando se levantó y se puso detrás de mi con la polla erecta apuntando directamente hacía mi culo.

Marta me pidió que apoyara las manos en la mesa y así lo hice, fue en ese instante cuando me di cuenta que el Director quería darme por el culo, y al principio intenté evitarlo, pero Marta me recordó que para triunfar en aquella empresa tenía que sufrir un poco. Intenté relajarme para que el dolor fuera lo mínimo posible, pero aquella polla se abría camino brutalmente en mi agujero sin importarle el dolor que pudiera ocasionar, mientras Marta para intentar camuflar el dolor me la seguía chupando y me tocaba los huevos.

Sentí perfectamente cuando el capullo entró porque mi agujero se cerró un poco y respiré aliviado pero inmediatamente después empezó a entrar el resto de aquella polla que me estaba destrozando.

Cuando estuvo por completo dentro, espero unos segundos para que mi culo se acomodara a la nueva situación y empezó a entrar y salir lentamente, en ese momento creí morir de gusto.

Iba acelerando el ritmo poco a poco hasta que llegué a sentir como aquel ariete entraba y salía a sus anchas de mi maltrecho culito, sin ningún tipo de oposición.

Después de unos minutos así, noté un calor dentro de mi culo que evidenció que mi culo acababa de ser llenado de leche. No pude soportarlo más y de nuevo me corrí dentro de la boca de Marta, que seguía dándome placer de rodillas.

El Director sacó la polla de mi culo y se sentó en su sillón. Marta se levantó y me cogió de la mano, me llevó hasta él y juntos de rodillas empezamos a saborear la polla del hombre que tan solo hace unos segundos acababa de follarme. Marta me enseñó sus gustos, pues a partir de ese día y si yo quería el ascenso debía también estar a su disposición cuando él quisiera.

Así fue, y

después de aquel incidente mi carrera profesional fue meteórica, tenía hasta mi propia secretaría, que como imaginaréis era toda una experta en su trabajo, y las orgías con Marta y mi nuevo jefe eran toda una experiencia.

Aunque Marta y yo siempre quedábamos un día de la semana en su despacho o en el mío para estar más tranquilos.

Autor: Tomasbrentano

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Escrito por Marqueze

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